Opinion

La peste como acelerador del tiempo

La telemedicina, teleconferencias, ventas en línea, y el teletrabajo, se han visto incrementadas como resultado de la peste

Una verdad irrefutable

Más allá de las distintas teorías sobre la aparición del coronavirus, la peste está sirviendo como catalizadora para acercarnos a un futuro que ya hizo presencia. Las nuevas tendencias surgidas a raíz de la revolución científico-técnica experimentaron un enorme empuje. Los cambios y transformaciones en el ámbito económico, agrícola, médico, educativo, cultural, político, militar, aéreo-espacial, vienen a ser el resultado de la confluencia de la biotecnología, el desarrollo acelerado de la informática, la automatización y la inteligencia artificial. En menos de 40 años asistimos a mudanzas prodigiosas. Las innovaciones tecnológicas siguen su curso.

Los avances en el conocimiento del ADN de los seres humanos producen transformaciones que no alcanzan el ritmo deseado ni en esta ni en otras áreas. En medio de estas transformaciones, los intereses en juego por parte de los propietarios de las grandes corporaciones, en vez de acelerar el proceso vienen retardándolo. Suscriben una conducta idéntica a la que han manifestado a lo largo de la historia los dueños de diversos imperios económicos. Las alianzas y absorciones empresariales hicieron posible la aparición de mastodontes farmacéuticas, comercio electrónico, comunicación satelital, software y productos y servicios relacionados con internet.

Cuando los grupos contraculturales de San Francisco, San Diego y Silicon Valley terminaron de redondear la creación de internet, operación iniciada por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, el estamento militar dispone de un dispositivo excepcional para ejecutar sus planes. El sector empresarial empezó aprovechar por su parte los enormes beneficios que le depara la revolución científico-técnica. La telemedicina, teleconferencias, ventas en línea (Amazon y Alibaba son unos gigantes indisputados) y el teletrabajo, se han visto incrementadas como resultado de la peste y como derivación estas mutaciones. Estamos frente un universo cambiante.

Algunas expresiones en marcha

Con internet todo pasó a ser aquí y ahora, impuso la velocidad del vértigo como norma. Las nociones de tiempo y espacio fueron modificadas. Dentro de este marco embriagador, el maridaje de la comunicación social, con la electrónica y los satélites, reconfiguraron el paisaje mundial de la comunicación. Impusieron la instantaneidad para apreciar los sucesos locales, nacionales y mundiales. Las tablets modificaron las formas de lectura, tienen muchas ventajas frente a los libros impresos. Muchísimas casas editoriales entraron en barreno. Durante estos días de encierro numerosas librerías están cerrando operaciones. El golpe ha sido mortal.

Las plataformas de streaming cambiaron por completo la forma de ver cine y televisión. Todo es a la carta. Cada quien decide en qué momento desea detenerse para dedicarse a otros menesteres. Una opción lúdica. Durante la peste han servido como ungüento para sortear el mal. Mientras las salas de cine languidecen ante el distanciamiento social —nadie quiere contagiarse debido a la alta mortalidad que presenta la peste— el consumo de las plataformas digitales se disparó. Todavía queda por medir en qué proporción. No hay duda que su funcionamiento incidirá de manera determinante en la manera de ver cine en las generaciones más jóvenes.

Información y comunicación

A pesar del enredo conceptual —hay ingenuos que piensan que ambos términos significan lo mismo— medios y ciudadanía reivindicaban que las noticias exigen verse en tiempo real. Ninguna persona está interesada en enterarse de hechos ocurridos el día de ayer. Héctor Lavoe lo dice muy bien en Periódico de ayer, una canción pegajosa.  Todos queremos noticias del momento. Al recibir información televisiva al instante, caemos en el error de pensar que ver equivale a ser testigo de los acontecimientos. Plantados frente al televisor confirmamos estar asistiendo en vivo a los sucesos y podemos dar fe de que son ciertos. Es más, lo que ocultan, que lo que muestran.

Las redes sociales han revolucionado la manera de hacer periodismo, cómo ciberperiodismo o bien al recibir informaciones elaboradas muchas veces por fuentes anónimas. Los medios se han asistido durante la peste de envíos hechos a sus salas de redacción, por personas interesadas en dar a conocer diversos acontecimientos. Algunos expertos denominan este fenómeno como periodismo ciudadano y otros como periodismo cívico. Distintas informaciones no alcanzarían a conocerse si no fuese por una práctica que día a día viene generalizándose. Facebook Live es una herramienta de la que asisten numerosos periodistas y programas televisivos.

Deportes

Los deportes son otra actividad que reclama ser vista en tiempo real. Los fanáticos de boxeo, futbol, beisbol, volibol, básquetbol, artes marciales mixtas, tenis, etc., desean ver e informarse de eventos deportivos en pleno desarrollo. Solo que estén muy ocupados, tengan que ir a divertirse o por cuestiones de trabajo, se privan de verlos en tiempo real. De lo contrario no hay manera que se sustraigan de disfrutar en vivo actividades deportivas de su preferencia. Incluso hay personas que invierten dinero (Pay-per view), para ver en vivo deportes de su preferencia, cuando estos no son transmitidos a través del cable. Una modalidad que viene expandiéndose.

La peste ha obligado a las ligas de futbol europeo a desplegar sus actividades sin la asistencia de fanáticos. Los estadios lucen completamente vacíos. Por mucho que se empeñen los camarógrafos, uno acaba por constatar que nadie está viendo el desempeño de los jugadores. En su análisis del mundial del futbol en Sudáfrica, Martín Caparrós y Juan Villoro, advierten que son mucho mayores las ganancias percibidas por el pago de publicidad, que lo obtenido por los organizadores a través de la venta de entradas a los estadios. Ese momento llegó. ¿Qué sentirán los jugadores la falta de aplausos —un gran estímulo— provenientes de palcos y graderías?

Educación

Centros de enseñanza de diversos niveles (secundaria, pregrado, maestrías y doctorados) han tenido que acelerar la impartición de clases en línea. Muchos planteles educativos que no lo hacían convocaron de emergencia a su profesorado. El distanciamiento social se convirtió en un verdadero catalizador. La única forma de echar a andar las clases es a través de cursos a distancia. Las universidades que mantenían una modalidad mixta (presencial y en línea) terminaron rindiendo su rey ante las actuales circunstancias. Las clases presenciales fueron eliminadas. El desafío planteado es doble: para maestros y alumnos. No queda alternativa.

Con la aparición de internet en los noventa del siglo pasado, algunas universidades decidieron poner de inmediato en línea su biblioteca. Harvard invirtió $80 millones de dólares para lograr este propósito. Posee la biblioteca universitaria más grande del planeta y es la cuarta del mundo, precedida por la Biblioteca del Congreso USA, la Biblioteca Británica y la Biblioteca Nacional de Francia. A partir del curso lectivo 2020-2021, sus directivos decidieron impartir a distancia todas sus carreras. Por razones obvias únicamente recibirán clases presenciales los alumnos de primer ingreso. Desean familiarizarlos con la vida en el campus universitario.

Bibliotecas

Un año después de haber asumido (1991) la decanatura de la Facultad de Comunicación de la UCA, solo un estudiante se matriculó en la carrera de Bibliotecología. Una determinación que no esperaba tan pronto. El tiempo y las circunstancias fueron convenciendo que el desarrollo de las tecnologías de la información, precipitaba la crisis que vivían las carreras de Biblioteconomía. El acceso ilimitado a millares de libros puestos en línea a disposición de estudiantes, profesionales y demás sectores resultó aleccionador. En Nicaragua hubo quienes pensaron que en el futuro inmediato no se requerirían bibliotecólogos.

Nuestra generación tenía horario limitado de acceso a las bibliotecas. Hoy adolescentes y jóvenes disponen las 24 horas del día los 365 días del año, de un caudal de documentos, investigaciones, libros, enciclopedias, reportes de investigación, etc., cómo jamás la tuvieron las generaciones precedentes. Adquirir libros impresos es más caro que comprarlos en línea. Durante estos meses, con las universidades cerradas, los estudiantes no han interrumpido el proceso de consulta para su formación académica. Una ventaja de la que nosotros nunca gozamos. Algunos profesores se quejan de los estudiantes por su poco interés por los cursos en línea. Igual ocurre con la lectura.

Inforicos e infopobres

Una consecuencia adversa para sociedades empobrecidas, como resultado de la digitalización de diarios y revistas, con la intención de no sucumbir ante el costo de los insumos y falta de anuncios, ha sido el cobro a sus lectores. De manera progresiva diarios europeos, asiáticos y americanos (en Nicaragua es igual), cobran por las noticias etiquetadas. Por ahora carecen de otra forma de subsistencia. ¿Será distinto mañana? Cómo ha ocurrido a través de la historia, la falta de recursos privará a numerosos sectores de acceder a sus páginas. Cómo tampoco hoy en día muchas personas no pueden asistir al cine ante el encarecimiento de las entradas.

Aun suscribiendo distintas formas de pago para acceder a su lectura, habrá quienes no puedan hacerlo. Especialmente en las investigaciones y reportajes premiun. Esto me lleva a recordar una prevención hecha en los años noventa por José Joaquín Brunner. El especialista chileno avizoraba que en el futuro los ciudadanos iban a dividirse entre inforicos e infopobres. Personas ricas en información versus personas pobres en información. Eso momento llegó. La línea divisoria crece a pasos agigantados. Las nuevas formas de pobreza tienen origen en estas manifestaciones. Estoy convencido que más temprano que tarde, los pobres encontrarán la manera de burlar el cerco.

Una conclusión provisional

Muchos de los cambios en el comportamiento humano —sus relaciones sociales, culturales, educativas, trabajo y esparcimiento— se quedarán para siempre. No habrá vuelta atrás. Es aterrador que siendo seres sociales por naturaleza tengamos que distanciarnos de nuestros semejantes. ¿Por cuánto tiempo? Los laboratorios de análisis sicológico y psiquiátrico, interesados por explicar los diferentes tipos de reacción ante la peste, van a señalar directrices a los grandes centros de poder y a las enormes corporaciones de negocios. En la sociedad de consumo, los resultados serán aprovechados al máximo, como lo denunció desde mediados de los cincuenta del siglo pasado, el sociólogo estadounidense Vance Packard. ¡Solo hay que esperar!

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