Opinion

La política y la nación

La crisis política del orteguismo reaviva la lucha de clases en torno a los métodos de lucha y al rumbo para salir de Ortega y refundar la nación

Cuando la democracia no existe, nadie hace propuestas programáticas a la nación, porque la nación es, apenas, una conquista pendiente contra el régimen feudal. Con el absolutismo, la modernidad pierde terreno bajo sus pies. Todo el Estado, todo el orden jurídico, la Constitución misma involuciona, y cuando el anacronismo se impone la nación se atrofia como una estructura vestigial, símil a las muelas del juicio que no encuentran espacio para crecer. El absolutismo conduce a un proceso de dispersión de la sociedad, de desorden, los ciudadanos emigran, dejan de participar en política, se sienten asqueados del cinismo, del abuso, del terror como forma de dominación de un aparato burocrático brutal.

La crisis política induce a que la conciencia de las clases fundamentales de la sociedad (que subsisten pese al orteguismo) se manifieste programáticamente, en estrategias contrapuestas. La ideología de los trabajadores apunta a la refundación de la nación con cambios estructurales progresivos en el sistema económico precapitalista, liberando de trabas feudales, con la conquista del poder, el desarrollo de las fuerzas productivas. La ideología de la oligarquía, en cambio, apunta a un acuerdo con Ortega.

La crisis política del orteguismo, sin embargo, reaviva la lucha de clases en las filas opositoras en torno a los métodos de lucha, y en torno al rumbo que debe tomar la sociedad para salir de Ortega y para refundar la nación.

La propuesta ideológica de nación del COSEP

En lugar de formar un partido político para la lucha contra el absolutismo, el COSEP busca una política de unidad nacional (que incluye a Ortega) sobre lo que llama principios y valores.

Ninguna unidad nacional se basa en principios y valores, porque entonces la sociedad se estancaría. La forma más adecuada de entender la realidad –escribía Hegel- es estudiar el desarrollo de las contradicciones dialécticas que anidan en ella. Ello significa, que no hay unidad nacional sin luchas sociales y políticas, debido a las contradicciones de la sociedad. La realidad consiste en unidad y lucha de contrarios, lo cual explica los cambios progresivos por la autotransformación de la realidad.

Cuando las contradicciones se exacerban, durante una crisis política, el énfasis no es entorno a la unidad de la nación, o entorno a principios y valores (como pretende el COSEP), sino, entorno al cambio revolucionario, a la lucha organizada de parte de los sectores sociales progresistas, por un cambio de calidad del poder político. El énfasis radica en la estrategia de lucha contra la opresión, no en la unidad (y, menos aún, con Ortega).

Los puntos de unidad del COSEP

Los15 puntos de unidad aprobados por el II encuentro empresarial, llevado a cabo en el INCAE, el 11 de septiembre, dice que el acceso al poder y su ejercicio debe realizarse con sujeción a la Constitución Política y las leyes.

Es decir, el COSEP ignora olímpicamente el rol policíaco sanguinario del absolutismo, que con su sistema opresivo niega brutalmente el acceso al poder y a su ejercicio con sujeción a las leyes y a la Constitución. O sea, el COSEP ignora que el poder dictatorial no se somete a una disputa democrática.

Es indispensable –dice el COSEP- para la superación de la actual crisis sociopolítica, la implementación de reformas electorales que permitan anticipar las elecciones y que sea a través del voto popular que se decida el futuro del país.

Nuevamente, la dictadura, sus métodos, su estrategia, vienen ignorados por el COSEP. Y así, la lucha se hace innecesaria. Bastaría, para el COSEP, las reformas electorales para que se desencadene un proceso espontáneo en el orden dictatorial, por el cual, los ciudadanos decidirían electoralmente el futuro del país.

Remediar la crisis en los términos de Ortega

En tal sentido, expresa el COSEP: La crisis sociopolítica estableció como prioridad resolver en la mesa de negociación el restablecimiento de los derechos y garantías ciudadanas de los nicaragüenses.

La crisis sociopolítica, para el COSEP, no se origina cuando la sociedad se rebela contra la opresión, y cuando la dictadura acrecienta sus crímenes de lesa humanidad para frenar las protestas, sino, por la falta de negociación y de acuerdos con Ortega para restablecer las garantías ciudadanas. Es decir, la crisis indicaría –según el COSEP- que no debió haber protestas ciudadanas, y que ahora el remedio consiste en suscribir acuerdos con Ortega que restablezcan las garantías ciudadanas.

Sin un acuerdo político –dice efectivamente el COSEP- no hay solución a la crisis.

Ello equivale a decir que sólo Ortega puede resolver la crisis y que es él quien debe dar garantías a los ciudadanos.

Y sigue por ese camino el COSEP: Urge una solución negociada antes que la crisis sociopolítica y sus efectos económicos se profundicen aún más en detrimento de todos los nicaragüenses.

El COSEP aspira que la situación política regrese urgentemente a las condiciones previas al 18 de abril, para lo cual, insiste, se debe acordar lo que proponga Ortega, como solución negociada.

El COSEP reclama el rol protagónico de la empresa privada en la sociedad

El pronunciamiento del II encuentro empresarial del COSEP llama a la unidad de la nación para que el impulso de un modelo de desarrollo económico, equitativo y sostenible, se sustente en el rol protagónico de la empresa privada.

Es decir, el Estado –para el COSEP- debe estar al servicio de los intereses de la empresa privada, y el modelo de desarrollo económico debe tener como eje fundamental, no al ser humano, sino, a la empresa privada, que goza ya de enormes privilegios, de exenciones y subvenciones sin contrapartida alguna.

Concluye el COSEP: Un proceso de transición democrática, debe estar basado en el diálogo amplio e incluyente, que permita el consenso para la elaboración e implementación de un Acuerdo de Nación que nos permita una nueva oportunidad para resurgir como país.

Es decir, el consenso con Ortega debe convertirse –según el COSEP- en un acuerdo de nación para definir el futuro del país, protagonizado por la empresa privada.

Sin embargo, los trabajadores tienen una visión ideológica distinta, sobre la crisis y sobre la solución a la misma.

Un programa de cambios que parte de una estrategia de lucha

Es lógico que la nación se retraiga cuando se impone la incivilidad. En tales circunstancias, la consigna política más elemental tiene como objetivo inmediato frenar bruscamente la caída en el atraso que implica el absolutismo. Es decir, la consigna más elemental debe llamar, no a convivir con el absolutismo, sino, a destruirlo, antes de proponerse la refundación de la nación.

Derrotar a Ortega, sin embargo, no es razón para llamar a la unidad, sin tareas específicas.

El único llamado válido es a una unidad en la acción, es decir, en torno a un método de lucha, en torno a una estrategia de combate, no en torno a un objetivo o en torno a un ideal. Un programa de cambios, si está desprovisto de una estrategia para enfrentar los retos, para derrotar las amenazas, y para eliminar los ataques de las fuerzas que se oponen al cambio, es un programa demagógico.

Un planteamiento programático requiere coherencia ideológica

Un programa revolucionario – ya que refundar la nación es un proceso revolucionario -, no consiste en un programa de gobierno (como piensa la UNAB), ni en metas de desarrollo del país a futuro, ni en transformaciones políticas como transición de gobierno, sino, que el programa revolucionario se refiere a las tareas políticas y a los medios de lucha de los trabajadores, a la lucha no sólo contra el orteguismo, es decir, contra el abuso y la represión, con reivindicaciones democráticas fundamentales, con demandas democráticas que el orteguismo no puede conceder, de manera, que estas demandas no son para negociar con Ortega (como piensa la Alianza Cívica, el COSEP, y la UNAB), sino, para salir de Ortega.

Y con reivindicaciones propias de los obreros y campesinos, contra la oligarquía y los remanentes precapitalistas, contra el monopolio de la tierra y la improductividad agropecuaria, contra la desertificación de los suelos por actividades ajenas a su vocación natural, contra la contaminación de los recursos naturales, contra la miseria de una economía extractiva, rentista, que exporta materias primas sin valor agregado.

El programa revolucionario es obra de un partido político. No de un partido electoral o de una coalición electoral, sino, de un partido formado para dirigir la lucha revolucionaria sobre bases objetivas.

Sin embargo, en esta etapa, el programa revolucionario debe destacar con prioridad la conquista de la libertad política como tarea inmediata del partido revolucionario, en contra del régimen absolutista que oprime al pueblo y que defiende la corrupción, el saqueo, que reprime la organización política de los trabajadores.

Con el orteguismo en el poder no hay forma que puedan ocurrir elecciones libres. Un partido revolucionario participa en las elecciones no porque sean libres, sino, si en tal proceso consigue movilizar más ampliamente a las masas y organizarlas para la lucha directa por el poder.

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