Opinión

La prensa volvió por sus fueros en elecciones EE.UU.

La prensa escrita se resituó ante los lectores. ¿Persistirá?



I

Más allá de quién gane las elecciones en Estados Unidos, la contienda por llegar a la Casa Blanca deja un sinnúmero de lecciones provechosas para el periodismo. Signada por golpes bajos, un uso escatológico del lenguaje, la polarización de la sociedad estadounidense, el recurso de acusaciones infundadas, la personificación de lamisoginia, la exaltación del machismo, xenofobia a ultranza contra mexicanos y musulmanes, la utilización como nunca del big data, la elaboración de estatuas procaces, la intervención inexplicable del FBI, la pobreza extrema en los debates, el Twitter como arma predilecta de campaña por parte de Donald Trump, en la medida que la puja se desarrollaba, la mayor novedad consistió en el duro revés sufrido por televisión. Ante la sarta de mentiras propaladas por el candidato republicano los grandes diarios —The New York Times y Washington Post, para citar a los más emblemáticos— se dieron a la tarea de pasar por la criba las afirmaciones de Trump, arrojando un saldo adverso a sus pretensiones de asumir la presidencia. ¿Algo inesperado? Es probable.

Como ha venido ocurriendo desde las elecciones en las que participaron John F. Kennedy y Richard Nixon (1960), la televisión se señorea como el dispositivo estrella. Su ascenso fue vertiginoso. En muy poco tiempo pasó a ocupar la centralidad de la política de ese país. Después de los debates Kennedy-Nixon, se dijo que la soltura y apostura del joven demócrata ante las cámaras, habían sido determinantes para conquistar el solio presidencial. Desde entonces la TV empezó a minar la influencia de los periódicos. El puesto principal ocupado por el ghostwriter comenzó a declinar a favor de los asesores de imágenes. A la vuelta de diez años las formas de hacer política habían mudado. Surgía un nuevo fenómeno. Su expansión por América Latina fue caracterizada como la americanización de la política. Propensos a verse en el espejo de Estados Unidos, los políticos se dieron a la tarea de copiar esta modalidad de campaña. Los expertos en marketing y especialistas en imágenes, lograban colarse en la primera fila. Los nuevos escribidores de discursos asumían como suyo el lenguaje televisivo.

La imposición del formato televisivo supuso la personalización y emotivización de la política. Durante el proceso electoral Clinton-Trump ambos aspectos han resultado más que reveladores. Cuando apareció en el escenario el magnate inmobiliario y presentador durante más de una década del reality show The Apprentice de la cadena televisiva NBC, los medios adelantaron entusiasmados la enorme ventaja que tendría frente a su rival. Su superioridad se debía más a su actitud frente a las cámaras que a su expertise política. Durante más de cuarenta años los asesores políticos estadounidenses han venido repitiendo hasta la saciedad, que el dominio de la televisión confiere una enorme ventaja para cualquier aspirante a un cargo de elección popular, especialmente en su camino hacia la Casa Blanca. Hillary Clinton era vista incluso por algunos asesores del partido demócrata —el español Juan Valderde, por ejemplo—como la candidata menos idónea en términos de marketing político. Se ha creado una imagen fría y calculadora. Algo que han  venido machacando los medios.En los debates reía ante las cámaras.

La prevalencia del empaque —algo que obsesiona a los marketingneros— ha sido elevada a la enésima potencia. Uno de los primeros en detectar la importancia que atribuyen al empaquetado los expertos en marketing fue Vance Packard. El sociólogo estadounidense tuvo una visión acertada sobre la forma que la política venía siendo aceleradamente fagotizada por la publicidad. Todas sus conquistas y recursos eran trasladadas al campo político. A eso se debe que Packard haya dado mayor importancia en su análisis a la incorporación de los logros obtenidos en el ámbito sicológico, mercadotécnico, sociológico, ciencias neuronales, etc. Sus investigaciones lepermitieron  constatar que todos estos descubrimientos después eran transferidos al campo político. Este es uno de los tantos hallazgosimportantes incorporados en su libro Las armas ocultas de la propaganda (1953). Las revelaciones de Packard demostrabanla forma que en Estados Unidos se apresuraban a dar mayor importancia a la creación de consumidores que a la creación de ciudadanía. Un objetivo alcanzado plenamente.

II

El modelo mediático mercantil adoptado en Estados Unidos, puso al servicio de los intereses comerciales todo su funcionamiento. Sin precipitarnos a discutir que Europa se inclinó por la fundación de la televisión pública —Giovanni Sartori cuestiona su ineficacia salvo a la BBC— la televisión estadounidense fue causa y efecto de la americanización de la política. Aparte de atribuir más importancia al candidato, en detrimento de la propia existencia de sus dos grandes partidos políticos, rebajó la política a una cuestión de cálculos, afectos y desafectos. La emotividad que caracteriza al dispositivo televisivo se ha manifestado como nunca durante lamedición electoral Trump-Clinton. Ambos han apelado de manera obscena a las emociones y sentimientos de  los votantes. Los dos han hurgado en los recovecos más enrevesados de la trayectoria de vida y política de cada uno de ellos. El primer debate demostró que Trump no era el superestrella televisiva, ni Clinton una novata frente a las cámaras. Seguro que asistió a una de esas escuelas de media training que pululan en Estados.

Trump centró su campaña en acoger los miedos e incertidumbres que vive buena parte de los estadounidenses, atribuyendo sus causas a la presencia de migrantes, especialmente mexicanos y musulmanes. Sus alocuciones encontraron eco en buena parte de los medios televisivos. Al inició CNN le brindó espacio extra, acogió sus peroratas y las difundió sin empacho. Como apuntó el periodista Marc Bassets, corresponsal de El País en Washington: “El mérito de Donald Trump, gane o pierda las elecciones presidenciales de Estados Unidos, es haber detectado una corriente de malestar profundo con las instituciones y los políticos tradicionales. ¿Populismo? ¿Nacionalismo? Hay elementos de ambos, y mucho más”. Su estrategia consistió en apelar al racismo blanco,en denostar contra los partidos tradicionales,en afirmar que repatriará las empresas, llegándose a convertir en un líder para amplios sectores que culpabilizan a los migrantes de la falta de empleo y mejoría en sus salarios. Andaban en búsqueda de alguien que asumiera sus posiciones. Apeló a sus afectos y conquistó sus rencores.

Un año se pasaron los periodistas dando crédito a sus intervenciones; sonrían frente a sus desplantes, disfrutaban escuchándole. Lo mismo pasaba a Trump. Llegado el momento ni los dirigentes más connotados del Partido Republicano pudieron moderar sus exabruptos. Una verborrea incontenible. Mientras las encuestas marcaran que su discurso incendiaba los ánimos de los votantes, nada lo haría retroceder. Los llamados a la moderación fueron desoídos. La acusación contra Clinton en su primera intervención fue por la investigación realizada por el FBI por haber utilizado un servidor privado para el correo electrónico. Clinton siguió izando la bandera de misógino. La divulgación por el Washington Post de una grabación escatológica, parecía haberle dado el golpe de gracia. Sus referencias a las mujeres eran denigrantes,simples objetos sexuales sometidos a sus caprichos. Todo iba en su contra. El director del FBI, James Comey, decidió reabrir una investigación a Clinton. Nadie lo esperaba,ni siquiera Eric Holder, ex fiscal general y antiguo jefe de Comey. ¿A que debió el cambio? ¿Lo hizo para favorecer a Trump? Las suspicacias flotan en su contra.

III

Al convertirse en hegemónica, la televisión ha venido arrinconando a los periódicos, haciéndoles trastabillar. Las recomendaciones de los especialistas, Umberto Eco y Giovanni Sartori —el primero en semiótica y comunicación y el segundo en ciencia política— parecieran no habercalado en quienes están al frente de los medios impresos. Ni sus dueños, directores y periodistas han reflexionado sus propuestas. Como los demás críticos, Sartori lamenta que los periódicos imiten a la televisión, voceando sucesos emotivos, aumentando el color y confeccionando noticias breves como en los telediarios. “Los periódicos harían mejor si dedicaran cada día una página a las necedades, a la fatuidad, la trivialidad, a los errores y disparates  que han oído en la televisión el día antes. El público se divertiría y leería los periódicos para vengarse de la televisión, y tal vez de este modo la televisión mejoraría”. Eco establece la crisis de los periódicos con la llegada de la TV en los años cincuenta y sesenta. El problema para Eco es que los periódicos te cuentan el día siguiente lo que salió el día anterior en los telenoticieros.

Para atenuar el golpe, la invitación de Eco —ahora que Internet disputa el liderazgo a la televisión— es que los periódicos realicen una crítica cotidiana de la Internet. Se requiere de “un periodismo que me diga: ‘Mira qué hay en Internet, mira qué cosas falsas se están diciendo, reacciona ante ello, yo te lo muestro’. Y eso se puede hacer tranquilamente. Sin embargo, se piensa aún que el diario está hecho para que lo lean unos señores viejos –ya que los jóvenes no leen—que además no usan Internet. Habría que hacer, pues, un periódico que se convierta no solo en la crítica de la realidad cotidiana, sino también en la crítica de la realidad virtual. Este es un posible futuro para un buen periodismo”. ¿Será que sus propuestas llegaron a destiempo? ¿Alguien se atreverá? En un contexto como el nicaragüense  resultan posibles de implementar. Con excepción de El Nuevo Diario, cuyo dueño es una corporación bancaria, los demás medios impresos son de propiedad familiar, circunstancia que posibilita la concreción de estas propuestas. Aunque muchos han sucumbido y creen que nada puede hacerse para detener este viaje en picada.

Los medios impresos mostraron ser pieza clave en las actuales elecciones estadounidenses. Además de informar sobre el desarrollo de la campaña, una de sus principales tareas fue salir tras los pasos de la televisión y encargarse de verificar las afirmaciones de los candidatos. Detenerse a examinar su trayectoria. Bassets ha tenido ocasión de comprobarlo. Una de los aciertos fundamentales de los periódicos fue poner “a disposición de los votantes la información necesaria para saber quiénes eran las personas que aspiraban a gobernarlas en los próximos años”. Por el contrario, los directores de los canales televisivos se sentían a gusto con Trump. Jeff Zucker, presidente de CNN, quien dirigía la división de entretenimiento de CBS cuando Trump era el conductor de El Aprendiz, le brindó espacio sin filtros ni verificación crítica, señaló Margaret Sullivan, columnista de El Washington Post. La razón es obvia. Cuestión de rating. Zucker hizo a un lado sus escrúpulos morales para decir convencido: “Quizá no era bueno para América, pero es endemoniadamente bueno para la CBS”.

La CNN dio un giro sustantivo y se sumó a los desmentidos contra Trump. En agosto diarios influyentes tomaron partido a través de sus políticas editoriales. La novedad consistió que medios que no apostaban por los demócratas —Dallas Morning News y Arizona Republic— se subieron al carro de Hillary. Incluso editorialistas de Wall Street Journal, propiedad del magnate Rupert Murdoch, objetaron a Trump. Como subrayó Bassets, lo más significativo fue la posición que asumió la prensa escrita,al romper lanzas contra la falsa equivalencia que da el mismo valor a la verdad que a la mentira. Entraron de llenoa rectificar las mentiras recurrentes de Trump. El vuelco se tradujo en los insultos que suelen hacerlos políticos contra la prensa cada vez que los critican. En el tercer debate Trump no se contuvo,dijo que los “medios son tan deshonestos y tan corruptos”, llevándose de paso a CNN, su antigua aliada. Estas elecciones lesionaron profundamente el concepto que se tenía de la democracia estadounidense.¡Todo ha sido pura emotividad e insultos! La prensa escrita se resituó ante los lectores. ¿Persistirá?