Opinión

La rebelión de las audiencias

Las redes sociales son como un martillo, compara Jenaro Villamil: "Pueden ayudar a construir una mesa y también para atacar o matar"



Con abundantes argumentos, soportes bibliográficos y mediciones de encuestas, Jenaro Villamil expone el cambio mediático ocurrido en México. El duopolio televisivo conformado por Televisa y TV Azteca, empezó a perder el monopolio de la opinión pública. El surgimiento de las llamadas audiencias convergentes ha impactado en sus intereses, afectando severamente su posición dominante en el dispositivo mediático mexicano. Los sondeos y encuestas citados por Villamil reflejan una caída en picada de sus porcentajes de credibilidad. El deterioro de su ascendiente sobre las audiencias sigue incrementándose de manera acelerada.

Las características de las nuevas audiencias son múltiples: a. Interactividad para impulsar una comunicación más horizontal; b. Intertextualidad que permite a sus usuarios explorar redes de conexión a través de la navegación; c. Instantaneidad que posibilita la transmisión de información y entretenimiento en tiempo real; d. Interacción que facilita la flexibilidad en los contenidos y fluidez en las comunicaciones; e. Movilidad en la que convergen la radiodifusión, las telecomunicaciones y la informática. La conjunción de estas características rompe la homogeneidad y propicia la fragmentación. La configuración de este nuevo contexto inicia el declive de los grandes ratings. Una onda en proceso expansivo.

Los cambios introducidos por la convergencia e integración de las tecnologías de la información y comunicación, hicieron entrar en crisis las mediciones diseñadas para la televisión analógica. El rating, el share y la masividad ya no garantizan el éxito de los contenidos. La forma más adecuada para hacerlo ahora es a través del cross media, una derivación de las transformaciones tecnológicas. Las posibilidades de comunicar un mismo texto en distintas plataformas, vuelve posible complementarlo, reinventarlo o reproducirlo, como sucede en YouTube, Streaming, Periscope o Facebook Live.

Las nuevas audiencias aludidas por Villamil en La rebelión de las audiencias, (Grijalvo, México, julio 2017), constituyen un fenómeno en rápido crecimiento. La existencia de referentes globales similares en América Latina (adolescentes y jóvenes), determina la importancia de sus planteamientos. Pueden extrapolarse hacia Nicaragua. Permiten analizar el surgimiento de este nuevo tipo de audiencia. Una generación que empieza a escapar del ascendiente hegemónico de la televisión. Desafían su estatuto.

Entre los distintos efectos conseguidos sobresalen los procesos de interacción y retroalimentación. Tienen la virtud de cuestionar los sistemas políticos a partir de sus formas de ocultamiento y dosificación de información que realizan. Siempre ocultan más de lo que dicen. La metáfora a la que acude para comprender que las redes sociales son poderosos instrumentos binarios, es la del martillo. Pueden ayudar a construir una mesa y también para atacar o matar.

Como acontece con el martillo, la revolución de las audiencias se desplaza en dos sentidos: constructivo y destructivo, disidente y conformista, comprometido y enajenante, crédulo y desconfiado. Igual acontecía con los medios tradicionales. Villamil acota que el problema para muchos obedece a que tienden a confundir a los grandes superpoderes afanados por el control de la comunicación digital en las redes sociales, con los auténticos protagonistas: las propias audiencias. Una verdad a medias. Los superpoderes cuentan con cantidades de recursos para atemperar estos usos. Las tensiones saltan a cada paso.

La rebelión de las audiencias resulta pertinente para conocer la irrupción de nuevos actores mediáticos. Su autor tiene el cuidado de anclar el análisis en las rupturas. Torna comprensible el paso del rating hacia la era del zapping: la intensificación de los contrastes, la convergencia y la conectividad. Todo está sujeto a cambios. Los medios además funcionan como un sistema. En palabras de Edgard Morin son un bucle recursivo. Los procesos de concentración galopantes se traducen en la existencia de oligopolios y duopolios televisivos en el ámbito mundial.

Nicaragua no se sustrae a esta realidad, la estructura de la propiedad de la televisión en nuestro país es duopólica. La programación de los diferentes canales difiere muy poco. Ante la escasa o nula producción nacional, el grueso de la programación proviene de afuera. Están conectadas a una sonda internacional. Compiten con estos canales. Las series, películas y telenovelas corren el riesgo que personas conectadas en la TV por paga, ya las hayan visto o les lleguen tarde. Un problema irresoluble.

El especialista mexicano contribuye a comprender el funcionamiento de la digitalización. Expone los peligros que supone un mundo que recibe alborozado sus propuestas. Muy poca criticidad. Deshace el mito del uso de las nuevas plataformas digitales. En verdad han revolucionado la ecuación medio-mensaje-receptor y han modificado la fórmula de los contenidos. Con la salvedad que el poder fundamental de la ecuación no depende de la plataforma tecnológica. Más bien proviene del uso que hagan las audiencias.

El binomio entumecimiento-sonambulismo subsiste. Como también —aclara Villamil— hay un nuevo empoderamiento como resultado de la masificación de los usos tecnológicos. Todo depende de los usos individuales o sociales. Lo novedoso ha sido la aparición de un ecosistema digital. La imbricación de los medios —posibilitada por la revolución tecnológica— resulta envolvente. Una aguja imantada que atrae hacia sus redes a los medios tradicionales. Los reconvierte y somete a un proceso de resemantización.  No escapan a su influencia.

El declive acelerado de la hegemonía televisiva ha surgido más bien como efecto del cambio tecnológico —una mudanza retardada tanto por Televisa como por TV Azteca— que por razones políticas e ideológicas. Los resultados de las características que contribuyen a configurar las audiencias convergentes, sobrepasan las fronteras  propiamente mediáticas. En sí mismo constituyen una auténtica revolución sociológica, psicológica, política, cultural y económica. Los nuevos yacimientos de oro —como testimonia Ignacio Ramonet— provienen de innovaciones y realizaciones  sujetas a disputa.

La instalación de esta nueva era —así prefiere llamarla Manuel Castells— trajo como resultado que los Smartphone se convirtiesen en verdaderas terminales. El ascenso de los medios digitales metió en una crisis irreversible —aunque a largo plazo— a los medios impresos y a la televisión. El problema es que no encuentran el modelo de negocios que vuelva rentable su desplazamiento hacia la web. Todos los esfuerzos han sido infructuosos. Los impresos y la TV no saben cómo sortear la embestida.