Opinión

La “regulación de redes sociales”: una ley para reducirnos libertad

1984

No hay duda que algo de censura se derivará del anunciado debate nacional que hizo el gobierno sobre las redes sociales y la ley que las “regulará”



Pero, ¿quién puede forzar al pensamiento a permanecer sentado en posición de firme?
(Fragmento del libro El reportaje al pie de la horca, de Julius Fucick

A ciencia cierta, no se sabe el alcance, pero no hay duda que algo de censura se derivará del anunciado debate nacional que hizo el gobierno sobre las redes sociales y la ley que las “regulará”. La primera impresión que tuve es que, en apariencia parece tonto el gobierno si su pretensión es censurar la opinión pública que en su contra se expresa diariamente en las redes sociales. Lo digo porque es casi la única fosa nasal que ha dejado para que la ciudadanía respire, porque – Facebook, sobre todo-  son un canal de desahogo utilizado por miles de personas contra el aire denso que se respira frente a la economía de los hogares que se deteriora, más la insoportable violencia, la corrupción, los desmanes de las instituciones públicas y del poder absoluto. Y ese sentimiento de ahogo, impotencia y rabia, por algún lado tiene que salir, de lo contrario la gente – tal como lo ha mostrado la historia–  buscará otras formas de expresarse y está demostrado que siempre las encuentra. Partiendo de esto, el gobierno no debe olvidar que “tanto va el cántaro al agua, que al fin se rompe”. Incluso, se puede suponer que el gobierno es torpe también porque hay otros miles – lo tengo que decir–  que por las redes es que aplauden las carreteras que construye, los parques infantiles y todos los progresos que en infraestructura– porque no decirlo–  se observan. ¿Pero qué argumento le quedará a favor de su proclamada “libertad de expresión” si censuran las redes sociales, que son casi el último reducto de nuestra libertad de opinión?

Parece tonto y torpe el gobierno – dije – pero no lo es, porque – aunque cualquiera diría que me estoy adelantando-, porque su pretensión de fondo es quitarnos libertad. Cuando “el rio suena piedras trae”, decía mi abuela, y a estas alturas, lo que venga del gobierno es sospechoso porque su descrédito es tan grande que es difícil esperar algo bueno en interés de la sociedad. Así es que, siento que el peligro que se cierne sobre las redes sociales es inminente, no es una simple amenaza, ya se comenzó a crear un estado tendiente a favorecer su control o censura, lo que se ignora es el alcance y profundidad que tendrá. El discurso oficial está apelando a la “protección de los niños”, a “la concordia de la familia”, a “la sensibilidad”, a la “moralidad” etc. todo esto, para el oscurantismo es atractivo, pero para el resto de la ciudadanía es un hachazo más a su libertad de expresión. Apenas ayer la vicepresidente, ante la queja de una magistrada – eso fue en apariencia el detonante y otras cosas en cadena que parecen sospechosas – dictó: “hágase un debate sobre el papel de las redes”, y hoy mismo amaneció en sus manos el calendario de la tarea, para la que – según sus propias palabras – serán invitados a opinar todos los sectores. Ya los diputados anunciaron la necesidad de una ley que las regule y me no es difícil imaginarnos quienes serán esos “sectores” a los que convocarán, y en todo caso ya están amarrados, como listo está este plan contra las redes. Pues la prisa con que hablan y actúan así lo denuncia, y al parecer solo esperaban esa “excusa” para correr a echar a andar ese plan nefasto fraguado – con seguridad- mucho tiempo atrás.

Sabemos qué es lo que pasará, pues de todo “debate” ocurrido en las tinieblas de esos salones llenos de ellos mismos y sus amigos, se engendran leyes oscuras contra la libertad de los nicaragüenses. Impensable es que, a esa falaz discusión, se invite a la sociedad civil realmente representativa y se tome en cuenta su opinión. Cuando mucho, invitarán a algunos jerarcas católicos “amigos” y otros religiosos, junto a los del COSEP y posiblemente algunas asociaciones de padres de familia, o gremios, qué sé yo.

Ciertamente que a nadie que sea serio le gusta el acoso o los “bullying”, ni las noticias falsas que sabemos que existen en FB, igual la pornografía o las insulsas discusiones, o la forma en que algunos denigran a alguien, etc. Sin embargo, ello no puede ser excusa para quitar la libertad a los usuarios, y digo libertad por que las redes sociales – a pesar de sus problemas, que sí los tienen  –representan lo que alguien ya dijo: un espacio de expresión, una especie de mercado de ideas y que uno toma las que les parece, igual que las antiguas “Ágoras” griegas o plazas públicas en que se intercambia, se conversa, se debate, se conocen verdades, medias verdades, opiniones y rumores de carácter colectivo, pero sobre todo se informa, se opina y se denuncia lo que está mal aquí y en la Conchinchina. Y en ese sentido no importan las contradicciones, no importa si hay opiniones blanco y negro, lo importante es que son un espacio de libertad: nos informamos e informamos a los demás, anunciamos y denunciamos.

Ya existen formas de controlar esa “información basura”, y de hecho se denuncian o se borran o se reportan a FB, y en el mejor de los casos, se autorregulan las falacias que aparecen en la boca de fanáticos parados en cualquiera de las esquinas políticas vociferando baratos argumentos.  También se ven o leen un montón de tonterías (para mí) que saturan las redes: esos Linditos en que bailan salsa un par de ancianitos o niños de un año, pasteles de cumpleaños, ramos de rosas artificiales, las caras de los santos, angelitos, oraciones católicas, jesuses crucificados, mensajes de autoayudas hasta por debajo de la lengua, y la vida privada de muchos que exponen en público y que a nadie le interesa, etc. Estoy segura que el gobierno estaría contento si FB estuviese repleto solo de este tipo de tonterías.  Pero no, las redes también informan no solo de lo que sucede con los amigos y con la familia, sino lo que acontece en lo político, en lo económico, en lo social y cultural en nuestra sociedad y en el mundo. Por primera vez, cientos de personas tienen acceso a información importante y pueden denunciar lo que está mal, ya sea en la sociedad, en el sector privado, y sobre todo en el gobierno porque no existe otro camino, no hay canales, no hay acceso a ninguna información, no existe ninguna forma de diálogo con los funcionarios, y menos con el gobierno.

¿Imaginémonos – con los niveles de miedo y de desesperanza social que priva hoy en Nicaragua–, ¿qué pasaría si las decenas de denuncias – de todo tipo –que aparecen todos los días en las redes desaparecieran o fueran prohibidas en nombre de “la paz y la concordia de las familias”? ¿Cómo enterarnos de aquello que no informan los medios de comunicación de papel o electrónicos que son independientes, debido a que tienen límites objetivos? ¿Cuantos femicidios “oficiales” habría? ¿Cuándo abuso ignoráramos? ¿Acaso ese debate y la ley que surja pretende esto que estoy diciendo? ¿Es una estrategia más para reducirnos la libertad y obligarnos a nuevas formas de denuncia y a intensificar nuestros debates, opiniones y crítica en otros espacios? ¿En casi que así sea, después que le quedará por hacer al gobierno?  ¿Acaso cerraran los pocos espacios culturales, o cafés o las cantinas en que se reúne la gente a hablar?  ¿O las tertulias de amigos en casa? ¿O será capaz de penetrar nuestro pensamiento y terminará quemando libros?

Las lecciones de la historia son enormes, y aunque estemos lejos de los viejos contextos en que el poder absoluto fraguaba mil formas para aplastar la libertad, no es nada del otro mundo pensar, que detrás de los argumentos en apariencia razonables, se esté fraguando un zarpazo a la libertad. Pero, en cualquier caso, a menos que se practique una masiva “lobotomía” en la población, el gobierno debe estar claro que nunca podrá controlar el pensamiento de la gente, con o sin redes. Seguirán las denuncias porque es imposible forzar al pensamiento y al cuerpo a permanecer inmóvil y callado. Tarde o temprano “saltará la liebre”.