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La salud, ¿un mal negocio?

En nuestro sistema de salud hay insensibilidad, falta de empatía con los enfermos y poco o nulo interés por la vida de la población



Ha causado revuelo en las redes sociales las recientes declaraciones de Ismael Reyes a un conocido medio, en las que se refiere de forma irrespetuosa e insensible a los jubilados que eran atendidos en Salud Integral y en las que reafirma que el objetivo central de los servicios que presta es simplemente hacer dinero. Los jubilados son un estorbo para sus fines. Así de simple. No importa que hayan cotizado treinta o más años a la seguridad social con la esperanza de poder contar con servicios dignos en su vejez. Ahora los “bolean” a ver dónde podrán recibir la atención que merecen.

Desafortunadamente, no hemos escuchado por parte de las autoridades de salud – Ministerio e INSS – ningún comentario que los distancie de semejantes declaraciones y nos envíe una señal, por leve que sea, de que la “restitución de derechos” de la población va por otros derroteros.

Acabamos también de ver en los medios el caso de una persona víctima de un accidente de tránsito, que fue dejada morir, sin atención, en la acera del Hospital Lenín Fonseca, sin que las autoridades de salud se pronuncien al respecto. Un caso escandaloso de insensibilidad, que precisamente por las connotaciones que tiene, puede estar sujeto a una acusación por denegación de auxilio, sancionado en nuestro código penal.

La hija de una trabajadora nuestra, afectada de dengue, estuvo internada por varios días en un centro de salud en el que supuestamente se le atendía por la seriedad de su situación. Al quinto día, fue trasladada de emergencia al hospital más cercano con un cuadro crítico: vómitos, fiebre, hemorragia, arritmia cardíaca, inflamación del hígado y la vesícula. No hubo ambulancia disponible sino una camioneta de las de fumigación en la que la joven fue llevada. No hubo camilla o silla de ruedas para recibirla sino que desfalleciendo tuvo que hacer el trayecto por su pie hasta la emergencia. Los mismos médicos del hospital se preguntaban por qué los médicos del Centro de Salud la habían enviado tan tarde ya que el cuadro clínico era crítico y los riesgos mayúsculos. Sobrevivió gracias a su fortaleza física y su juventud.

Deplorable situación del sistema de salud 

Los tres casos ilustran con claridad meridiana la dura situación de la salud en nuestro país, en cuya base destacan la insensibilidad, la falta de empatía con los enfermos, el poco o nulo interés por la vida de la población por parte de quienes están supuestos a cuidarla y la premisa que la salud es, para muchos, un buen y lucrativo negocio. Pero no importa si tienes plata; las condiciones en muchos de nuestros hospitales privados dejan mucho que desear y las autoridades se siguen haciendo de la vista gorda.

Conozco casos concretos de víctimas de la negligencia, la falta de aplicación de estrictos protocolos de higiene, mala praxis médica, que han fallecido o enfrentan la vida disminuidos en sus funciones por culpa de profesionales de la salud irresponsables a quienes el sistema imperante protege y apaña. No hay que quedarse callados ante estas situaciones, son que hay que denunciar con todas las letras. Solo así se podrá ir rompiendo el ciclo de la impunidad imperante.

Nosotros como población tenemos la obligación de demandar mejor atención, respeto a nuestros derechos, protección ante la mala praxis, empatía y apoyo de los profesionales de la salud. Enfermeross que ni siquiera levantan la vista de su teléfono para responder a una solicitud de un paciente o un familiar del mismo, deberían ser al menos amonestados y en último caso, retirados de sus puestos. Médicos que cubren sus errores escudándose en excusas peregrinas y cuyos colegas hacen causa común ante cualquier demanda, deberían ponerse una mano en la conciencia y asumir sus limitaciones con valentía y humildad.

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La mejoría de nuestros servicios de salud no requiere, en la mayoría de los casos, grandes inversiones, sino que se necesita humanizar, sensibilizarse al sufrimiento de otros, responsabilizarse ante los posibles errores o limitaciones, pero no esconder la cara y escudarse en su condición de “todopoderosos”. Este pueblo, esforzado, solidario, cálido e ingenuo, merece el mejor trato y los mejores servicios de salud, con lo que cuestan un par de tanques de guerra se podrían construir unos cuantos hospitales con servicios dignos. No debemos conformarnos con las migajas o la mediocridad.