Opinión

La televisión digital en Nicaragua

Televisión digital en Nicaragua

El entusiasmo de los personeros de gobierno debe ir acompañado de un realismo muy apegado a la tierra.



“Nuestra labor es darles herramientas a los desarrolladores, y a los usuarios la responsabilidad de saber lo que comparten y cómo. La razón por la que lo hemos cambiado es porque muchos compartían sin entenderlo bien. Nos hemos dado cuenta de que podíamos hacer más y vamos a tomar esa senda”.    Mark Zuckerberg

El presidente ejecutivo del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones (Telcor), anunció que el 21 de marzo se realizaría la primera prueba de señal digital en Nicaragua. Se instalaron monitores en diversos rumbos de la capital, especialmente en centros de negocios. Lo que desconocemos a estas alturas son los resultados. Antes de darse este paso, el gobierno debió efectuar un proceso de alfabetización digital. El país carece de políticas públicas en el ámbito tecnológico. Una vez más se pretende poner la carreta delante de los bueyes. Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs), constituyen uno de los desafíos más importantes de la sociedad contemporánea. Lo son incluso para países con un amplio desarrollo tecnológico.

Desde hace varios años se necesitaba crear un conjunto de disposiciones —debidamente consensuadas—  que indicaran las acciones y medidas que debían implementarse para su debido aprovechamiento. Mientras no se acelere el proceso de integración empresas—universidades, para discutir y concertar el tipo de profesional que demanda el país para el próximo decenio y no exista una instancia que indique y potencialice el uso de las tecnologías, seguiremos a la deriva. Los gobiernos nunca se prepararon para enfrentar los retos que suponía decidir cuáles eran las tecnologías más adecuadas para el desarrollo de Nicaragua. Sin ningún posicionamiento crítico se fue adoptando cuanta tecnología venía de fuera. Todavía es hora de hacer un alto.

La digitalización de las comunicaciones es inevitable, lo deseable era que ocurriese contando con el entramado pertinente, que señalase un norte sobre la mejor forma de llevar adelante este proceso en Nicaragua. Si Mark Zuckerberg, puesto hoy contra la pared por la Cámara de Representantes de Estados Unidos, reconoció lo imperioso que resulta educar a la ciudadanía estadounidense, acerca de la manera de utilizar las redes sociales, no resulta difícil imaginar el apremio que tiene un país como el nuestro, de adecuar planes y programas de estudios de las universidades en materia de digitalización. Tanto las que cuentan con las carreras de ingeniería de sistemas, como las de comunicación y periodismo. Pareciéramos condenados a actuar a la inversa.

Entusiasmar a lo televidentes haciéndoles ver las ventajas que tiene la Televisión Digital Terrestre (TDT) no estaría de más, si a la vez se le indicaran los costos que supone su implementación. Tendrán una mejor calidad en la recepción de imagen y sonido, es casi seguro que dispondrán de un mayor número de canales, obtendrán la prestación de un buen número de servicios adicionales y por primera vez, debido a la amplitud de cobertura que implica la TDT, los televidentes podrán recepcionar la señal en los lugares menos pensables. La televisión tendrá capacidad de cubrir el país de punta. De la Costa Caribe Norte, hasta San Juan de Nicaragua por el sur. De las estribaciones de la Cordillera Isabelia, hasta las zonas montañas de Matagalpa, Boaco y Chontales.

El gobierno estaba obligado a informar a los nicaragüenses, que entre los distintos retos que trae aparejados la TDT, está la necesidad de incrementar la producción televisiva nacional. Un mayor número de canales exige como correlato una copiosa producción nativa. Históricamente la producción de televisión nacional ha sido exigua, muy pobre, pobrísima. Si como contrapartida esto no ocurre, el cambio hacia la TDT no representará ningún avance. Seguiremos en las mismas. Conectados a la sonda internacional. La ciudadanía siempre ha urgido una producción que muestre al país de cuerpo entero. La enorme falla de la televisión ha sido permanecer de espaldas al discurrir de la nación. La TDT abre infinitas posibilidades. ¿Se dará el paso?

Cuando en Estados Unidos ocurrió la explosión de la TDT, algunas empresas de televisión por suscripción, pusieron quinientos (500) canales a disposición de los televidentes. El experto del Instituto Tecnológico de Massachusetts (ITM), Nicolás Negroponte, fue de los primeros en adelantarse a cuestionar, en su libro clásico Ser digital (México, Océano, 1996), la enorme disponibilidad de canales, sin haber preguntado a los televidentes si lo qué requerían era mejores contenidos. Las recriminaciones de los especialistas estadounidenses, tuvieron su réplica en el ámbito comarcal latinoamericano. Con agudeza, el colombiano Omar Rincón, exclamó: Tantos canales y nada que ver. Esta es la cuestión mi querido Hamlet.

También debería informarse a los televidentes, los gastos que van incurrir al momento de conectarse a la TDT. Damos por descontado que se producirá un aumento en el cobro de sus servicios. ¿A esto obedecerá que la empresa Claro —sin aviso previo, como manda la ley de telecomunicaciones— dispusiera sacar de la parrilla de la televisión por suscripción tres canales? ¿Desde ahora están preparando la cama para hacernos creer que nos darán algo nuevo, cuando no va ser otra cosa, que más de lo mismo? La multiplicación de los canales debería traducirse en una mejor propuesta televisiva. Nunca he entendido las relaciones del ente regulador con las empresas que prestan los servicios de televisión por suscripción. ¿Por qué será tanta condescendencia?

También tendrán que comprar nuevas antenas para recibir la señal. En muchos países los gobiernos dispusieron abaratar sus costos, igualmente tendrán que adquirir el convertidor de la señal digital. Personeros de Telcor afirmaron que su costo andará por los veinte, veinticinco dólares. ¿Han pensado que una buena parte de los televidentes carece de los ingresos necesarios para su adquisición? ¿El gobierno se ha planteado este escollo? ¿Está dispuesto a subsidiar su adquisición para este sector? En distintos países latinoamericanos lo han hecho. El entusiasmo de los personeros de gobierno debe ir acompañado de un realismo muy apegado a la tierra. La bienvenida a la TDT tiene que ajustarse a la realidad económica de millares de hogares nicaragüenses.

La TDT también plantea desafíos en el campo legal; la negativa del gobierno de cumplir la promesa que hizo en 2017, de aprobar una nueva ley de telecomunicaciones, dada la obsolescencia de la ley actual, ¿obedece a que ya tiene preparado el nuevo cuerpo jurídico? ¿Qué tipo de participación tuvieron los actuales dueños de la televisión en Nicaragua? No tengo dudas que el gobierno respetará los derechos adquiridos por los prestatarios de la televisión. Incluso es posible que les asignen la misma numeración con que operan ahora. Lo que está por conocerse es el tipo de reformas que tendrán que hacer a la Ley de Derechos de Autor y Derechos Conexos (Ley 312). ¿Qué tipos de sanciones impondrán a quienes incurran en el delito de piratería?

¿Las licencias de la TDT no serán licitadas? Una de las fortalezas de la Ley de Telecomunicaciones (Ley 200), es que cualquier persona jurídica o natural puede fundar una estación televisiva o de radio en Nicaragua. Aunque en la práctica, Telcor se ha mostrado extremadamente parcializado en el otorgamiento de las frecuencias. Pese a que el presidente Ortega firmó el Acta de Chapultepec (1994), nunca se ha atenido a lo dispuesto en el Artículo 7.  Las políticas arancelarias y cambiarias, las licencias para la importación de papel o equipo periodístico, el otorgamiento de frecuencias de radio y televisión y la concesión o supresión de publicidad estatal no deben aplicarse para premiar o castigar a medios o periodistas”. Un mal histórico que no se acaba de extirpar. ¿Qué hacer?

El presidente ejecutivo de Telcor, Orlando Castillo, siempre ha mostrado un desbordante optimismo. Dijo que Xinwei (es decir, Wang Jing) iba a invertir dos mil millones de dólares, para la prestación de servicios telecomunicaciones en Nicaragua. Cootel, nombre de la empresa con que opera en el país, entró con tres años de retraso y con una pobre inversión. Castillo adelantó que, para el último trimestre de 2015, Nicaragua dispondría de su propio Satélite de Telecomunicaciones (Nicasat-1) y que para 2017 contaría no solo con uno, sino con dos satélites de telecomunicaciones. Ahora viene con la buena nueva: en 2020 se iniciará el apagón analógico. Si fuese más prudente no cometería tantos yerros. ¿No hay funcionario ni amigo que se lo diga?

En un país con las características y particularidades como el nuestro, cuando se inicie el apagón analógico, “el país tendrá una cobertura del 90%”, anunció Castillo. Demasiado optimista. Se trata de un proceso lento y complejo. Debe tomarse en consideración la situación real que atraviesan millares de hogares nicaragüenses. No se trata nada más de soplar botellas. Aun cuando la televisión les resulta imprescindible, los gastos que tendrán que realizar son considerables. En todo caso debe imponerse el realismo. Doy como un hecho que los dueños de la televisión ya hicieron números. Están conscientes y sabidos de los costos que deberán hacer para echar a funcionar la TDT. Mientras tanto, ¡esperamos que el gobierno nos diga que la prueba fue todo un éxito!


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