Nación

El único tranque en pie en la carretera Managua-Estelí

La Trinidad resiste entre Managua y Estelí

La Trinidad

“Nosotros decidimos” sobre este tranque. “Queremos que Ortega se vaya. Si se queda gobernando nueve meses, mientras hay elecciones, nos matan"



“Culebra” es uno de los más viejos en el tranque de La Trinidad, pero uno de los primeros en incorporarse al turno de la mañana. A muchos, la edad les da por madrugar. El cambio de guardia a es las seis y “Culebra” siempre llega una hora antes. Sabe de los fragores de la guerra —combatió en el Ejército Popular Sandinista en los ochenta— aunque señala que la rebelión cívica contra el gobierno de Daniel Ortega en la actualidad “es muy diferente”. Antes habían armas en ambos bandos, hoy no. Aunque no descarta el uso de ellas para “nuestra legítima defensa”, cuando los “antimotines” vengan a “matar de puro gusto a niños”.

En la definición de “niños” de “Culebra” caben sus hijos, dos jóvenes universitarios que desde hace 40 días participan en el tranque de La Trinidad, el único que queda en pie en el tramo norte de la carretera panamericana tras “la limpieza” ejecutada en semanas anteriores por la Policía Nacional y paramilitares en San Benito, Las Maderas y Sébaco.

Comandante Culebra junto a otros miembros del tranque en La Trinidad | Wilfredo Miranda. Confidencial

Los jóvenes del tranque llaman a Ivan Ramón Cruz Rocha “Comandante Culebra”. Sin embargo, él se presenta llanamente como “soy Culebra”. Tiene 58 años. Lleva en uno de sus hombros un machete sujetado de extremo a extremo con una faja de cuero, y en las manos un lanzamortero. Es de los más enérgicos requisando a las personas que pasan por el tranque. “Es por su seguridad y la de nosotros”, excusa. Cada día esperan un ataque. “Dicen que los de Estelí y Sébaco quieren matarnos a todos, pero le decimos al pueblo de Nicaragua que a los antimotines no les tenemos miedo”, advierte.

La Trinidad no ha sucumbido al control policial y paramilitar como Sébaco y Estelí. Aunque en esas ciudades continúan algunos piquetes ciudadanos, el terror oficial ha ganado campo. En cambio, en esta ciudad asentada en medio de tres prominentes montañas, que inician donde termina el valle de Sébaco, continúa en rebelión absoluta: No solo el tranque corta el paso en la Carretera Panamericana, sino decenas de barricadas impiden el acceso a los principales barrios de la ciudad, y desde el 16 de junio los oficiales abandonaron de forma intempestiva la estación.

El ataque del 30 de mayo

El tranque de La Trinidad solo ha sido atacado de forma frontal una vez. Sucedió el 30 de mayo cuando la caravana oficialista, que viajaba hacia Managua para participar en la contra marcha convocada por el gobierno de Ortega, intentó atravesar el retén autoconvocado. El alcalde de La Trinidad, el liberal Bismarck Rayo, intentó mediar con el edil de Estelí, Francisco ‘Pancho’ Valenzuela, y el comisionado mayor departamental, Alejandro Ruíz. El alcalde sandinista y el comisionado le pidieron que convenciera al tranque de abrir el paso. Pero los dirigentes universitarios se negaron bajo la premisa que los buses sandinistas iban a Managua a reprimir la marcha de las madres de abril celebrada ese mismo día. No hubo acuerdo. Cuarenta minutos después, patrullas de antimotines, una pala mecánica y diez camionetas Hi-Lux cargadas con turbas de la Juventud Sandinista atacaron el tranque.

En las paredes de las casas adyacentes al tranque quedan orificios como constancia de las balas de AK empleadas por los policías. El alcalde Rayo dijo a Confidencial que al ver la represión, “el pueblo triniteño salió a defender a los jóvenes”. “Este es un pueblo de comerciantes y muchos tienen portación de pistolas y escopetas. Entonces la gente defendió a los muchachos del tranque de los antimotines”, relató el edil.

Resultaron más de veinte heridos en ambos bandos. Para los dirigentes del tranque el uso de armas no es algo deseable, pero “Culebra” insiste que es en “defensa propia… no nos queda de otra”. Aunque las armas no han vuelto a ser disparadas en La Trinidad, la tensión persistió durante los quince días siguientes al 30 de mayo, al punto que los oficiales abandonaron la estación. El cuartel policial fue entregado al alcalde Rayo. El inmueble policial y las patrullas están intactas tal cual la dejaron los policías. El tranque fue desmontado pocos días tras el ataque el día de las madres, pero luego fue reinstalado. Para muchos en La Trinidad, el hecho de que no haya habido otro ataque al tranque responde a la fiera resistencia de los pobladores.

La Trinidada
El paso para los vehículos no está cerrado por completo. Liberan la vía tres veces al día. Wilfredo Miranda | Confidencial

Organización en torno al tranque

El tranque nació como iniciativa de los universitarios tras el 19 de abril, fecha en la que despuntó la matanza del régimen contra la rebelión civil, y que deja más de 212 muertos. La organización fue rediseñada para “garantizar mayor seguridad”.

Joel David Torres es estudiante de economía. Cursa cuarto año en la UNAN-León. Después de participar en las protestas universitarias en occidente, regresó a su pueblo natal para organizar la resistencia. Junto a Iván Suazo coincidieron en que “La Trinidad estaba apagada”. Siete jóvenes organizaron el primer tranque y, al paso de los días, no “se ha detenido el apoyo ni la afluencia de la gente”.

Los universitarios siguen al frente de la organización. Decidieron montar dos turnos para resguardar el tranque. José Luis Palacios, de oficio panadero, fue uno de los pobladores que decidió respaldar a los estudiantes en persona. Él está en el turno nocturno, “que es el más peligroso”. Alrededor de 150 manifestantes participan en cada turno.

El pase de vehículos no está cerrado completamente. Tres veces al día abren la vía. “Culebra” detalla que esas horas son a las seis de la mañana (una hora después que se presenta al tranque), a las doce del mediodía, y a las seis de la tarde. Por la noche, no hay paso por “seguridad”.

El universitario Suazo explicó que la apertura del tranque está determinado por el nivel de represión que el gobierno de Daniel Ortega infrinja en el país. “Yo soy el coordinador del tranque y nosotros hacemos reuniones cada día. Así decidimos si mañana vamos a estar más duros, o si necesitamos cerrar por completo en dependencia de los asesinatos, la represión que existe y las acciones que tome el gobierno para seguir matándonos y reprimiéndonos”, afirmó.

Según Suazo, los camioneros son con quienes tienen mayores problemas. Más de un centenar de cabezales estaban trancados el día que Confidencial visitó La Trinidad. Más de cuatro kilómetro de cola. Aunque los conductores de carga pesada son pacientes y hasta suelen comprender las motivaciones del tranque, pierden la paciencia cuando carros livianos atraviesan el tranque cuando el pase está cerrado.

“Que se vaya Ortega”

“El problema es que casi siempre los vehículos pequeños llevan casos especiales. Hay gente que va a quimioterapia. Hay personas que van embarazadas. Gente de la tercera edad y por todos esos motivos se les da preferencia. No podés tenerlos retenidos mucho tiempo porque corren peligro”, agregó el universitario Torres.

Otro punto importante en las actividades diarias del tranque es la alimentación. El coordinador logístico —que prefiere no dar su nombre— afirma que los ciudadanos de La Trinidad son quienes donan la comida, ya sea cocinada, cruda o dinero en efectivo.

Las horas en el tranque discurren entre revisar a los transeúntes, bromas, y atención puesta en los teléfonos móviles con las noticias sobre la crisis nacional.

El universitario y líder del tranque, Iván Suazo, destaca la autonomía de su movimiento. “Hemos tenido varias reuniones con don Medardo Mairena, pero los tranques son autónomos. Tenemos cierta organización, trabajamos de la mano para que sea una sola voz, pero somos autónomos. Nosotros decidimos mediante la situación porque no vamos a poner en peligro a la misma gente del pueblo por acciones que se toman en otros tranques que se ameritan. Dependiendo de la disposición de los tranques actuamos”, explicó.

“No tenemos necesidad de estar aquí porque tenemos nuestra familia, nuestros hogares, nuestros hijos, pero queremos que Daniel Ortega y Rosario Murillo se vayan”, expresó “Culebra”. Si nosotros dejamos que Daniel Ortega siga esos nueve meses gobernando mientras haya elecciones, nosotros no vamos a aceptar, porque nos van a llegar a buscar casa por casa y nos van a matar”, añadió el hombre con la mirada fijada en una de las montañas verdosas que dominan el panorama de La Trinidad.