Emergencia Coronavirus

La vida atada a una línea telefónica en el Hospital Alemán

CONFIDENCIAL acompaña a una familia que preguntaba por el estado de salud de su pariente hospitalizado, pero falleció el viernes

La familia se despidió de ‘Pablo Antonio’ el pasado 31 de mayo, sin sospechar que no lo volvería a ver. La tarde de ese domingo, el hombre de mediana estatura, robusto que rondaba los 60 años de edad, fue ingresado en el Hospital Manolo Morales, de Managua, con sintomatología de covid-19: tos excesiva, fiebre y dolor en el pecho. A la mañana siguiente lo trasladaron al Hospital Alemán Nicaragüense. Desde ese día, su esposa e hijos supieron poco o nada concreto sobre su estado de salud, hasta la mañana del viernes cinco de junio, cuando les avisaron por teléfono que había muerto de “causas naturales”.

“¿Qué tratamiento le suministraron? ¿Cómo reaccionó a los medicamentos? ¿Sufrió con la enfermedad? ¿En qué condiciones estaba al morir? ¿Se pudo hacer algo más?”, esas preguntas han embargado a la esposa ‘Patricia’, quien pide mantener los nombres de la famila en reserva para evitar represalias en su barrio. “Hay mucho sandinista y no quiero que molesten a mis hijos”, se excusa.

Las condiciones de salud de ‘Pablo Antonio’ y las causas de su muerte serán un misterio para su familia. Nunca pudieron hablar con el doctor que lo atendió. Lo único que supieron de su esposo y padre fue lo poco que un funcionario del hospital les dijo un par de veces por teléfono. Les habló generalidades de su paciente, o en términos que ellos desconocen. En la escasa información les indicó qué podían llevarle como paquetería.

“El miércoles, (el funcionario) nos dijo que lleváramos pampers desechables y toallitas húmedas. Yo supe que algo no estaba bien. ¿O por qué nos pidieron eso?”, se pregunta ‘Patricia’.

Funcionarios con listas

La búsqueda de información de esta familia, sobre su pariente en el Alemán Nicaragüense se encontró con la misma respuesta, pero con diferentes palabras: “Espere, la van a llamar”; “no se preocupe, la van a contactar por teléfono”; “esa información solo se la darán por teléfono”; “ni siga preguntando, no sabemos nada de la salud de su paciente”.

Un equipo de CONFIDENCIAL acompañó a esta familia a preguntar por la salud de su pariente en el Alemán Nicaragüense. El Portón No. 2 —donde se ubica el área específica que el hospital habilitó para la atención de pacientes con covid-19— fue al primer sitio que se dirigieron. Ahí, los familiares de otros pacientes son los guías: “Acá ya no están dando información. Deben ir al área de Emergencia o en Consulta Externa. Ahí deben preguntar”.

En la entrada principal del hospital no existe señalización sobre dónde deben dirigirse los familiares con pacientes en el Portón No. 2. En Emergencia, el guarda de la puerta se limita a: “En la mera entrada busque a unos enfermeros con unas listas”.

En el hospital que fue el primero con un área habilitada para recibir a pacientes con sospecha de covid-19, el área de Consulta Externa ha desaparecido. En la entrada principal no quedan más que unas bancas y en el interior no hay nadie. En una entrada lateral, atiende una sola funcionaria, quien se encarga principalmente de entregar las epicrisis. Ella hace la misma indicación del guarda: “Busquen a unas personas con unas listas”.

Trabajadores del Hospital Alemán Nicaragüense son vistos con tapabocas y trajes de protección entre los edificios de Consulta Externa y Emergencia. Foto: EFE/ Carlos Herrera

Esos funcionarios se mantienen a un costado de una especie de aguja vehicular que hay entre los edificios de Emergencia y Consulta Externa. Sentados al abrigo de un árbol y en los restos de lo que fue una caseta, tres trabajadores con batas y gorros descartables, guantes y mascarillas, con listas en mano, orientan a las familias en cuál sala y en qué cama está su pariente.

No dan ningún tipo de información sobre el estado de salud de los pacientes. “Eso se lo dirán por teléfono”, responden a cada persona que pregunta cómo está su familiar. Los funcionarios del hospital se limitan a indicar la localización del enfermo y apuntar un número de teléfono celular, al que después llamará otro empleado del hospital.

Ellos recomiendan también qué le pueden llevar al paciente: “Si él está comiendo le pueden traer jugos, galletas, gerber. Y recuerden el papel higiénico”. Todo paquete debe venir rotulado con el nombre, la sala y el número de cama del paciente.

Hospital desbordado

Cada trabajador tenía un listado diferente, con al menos 20 nombres en cada hoja. Entre todos sumaban unos 300 pacientes en el hospital. El Alemán se ha convertido en el hospital público de referencia nacional para atender los casos de covid-19. En un principio, se estableció que solo atendería casos “importados” que llegaran por el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino; sin embargo, la realidad de la pandemia ha trastocado los planes del Ministerio de Salud (Minsa) y de las autoridades del hospital que han ido habilitando más áreas para atender los cientos de casos del nuevo coronavirus.

Dos trabajadores del nosocomio relataron al diario La Nación, de Costa Rica, que el hospital está desbordado hasta en la morgue, y los cuerpos de los fallecidos por la pandemia se amontonan uno sobre otro, a unos cien metros del acceso al Portón No. 2.

“Las seis camillas disponibles ya no alcanzan para guardar los cadáveres. Entonces, los cuerpos son empacados en bolsas de plástico y deben ser amontonados, uno sobre de otro, para que puedan caber en el cuarto frío”, afirmó La Nación, en una crónica basada en informaciones de trabajadores dentro del hospital.

Tras dos meses y medio desde la confirmación del primer caso de covid-19 en Nicaragua, el pasado 18 de mayo, todo el hospital trabaja en función de la pandemia.

CONFIDENCIAL comprobó que el área de Consulta Externa ha sido desalojada. El mobiliario ha sido trasladado a otras dependencias del nosocomio destinadas a la atención de covid-19.

Fuentes médicas del Alemán Nicaragüense agregaron que además el edificio de Consulta Externa será acondicionado próximamente para atender más pacientes con síntomas del nuevo coronavirus. Varios de los cambios en esa área se realizaron en los últimos diez días.

Los pacientes son distribuidos en las diferentes salas que se habilitaron y aquellos que empeoran son trasladados a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde se dispone de 20 camas con equipos de ventilación artificial.

Vista general del área de Consulta Externa, que según fuentes del hospital será acondicionado próximamente para atender más pacientes con síntomas del nuevo coronavirus. // Foto: J.C. Bow

La espera de la llamada

El nombre de ‘Pablo Antonio’ estaba en una de las listas de los trabajadores. Su familia supo la sala y la cama dónde estaba. Sin embargo, no todos los pacientes están en esos listados. ‘Azucena’, la hija de un señor del barrio Belén, al norte de Managua, habló con los tres empleados y el nombre de su papá no apareció.

—¿Cuándo lo trajeron?— le preguntaron.

—Anoche.

—A veces no nos apuntan a todos los recién llegados— se excusan.

—Pero, ¿dónde lo tienen?

—Dame su nombre y espera que vayamos a preguntar— con eso el empleado del hospital pone fin a la conversación.

La espera de ‘Azucena’ unos cuarenta minutos. Hasta que uno de los tres trabajadores se desocupó de atender a otros familiares, y entró por un costado de Emergencia, en dirección al Portón No. 2. El funcionario volvió con una nueva lista, y varios nombres escritos a mano.

‘Azucena’ y otras personas que esperaban al trabajador se levantaron presurosos al verlo. Dejaron que se sentara en la vieja caseta y rehicieron la fila. Uno a uno le dio la ubicación de sus parientes. Todos ya estaban advertidos que no les darían información sobre el estado de salud de sus familiares. Deben esperar una llamada.

La llamada a la familia de ‘Pablo Antonio’ se materializó por la tarde; uno de los hijos dio su número. Le indicaron que su papá tenía problemas en los pulmones y que lo mantendrían en observación unos días. Que se estaba alimentando por su cuenta, así que al día siguiente le podrían llevar algo de comer. Además de papel higiénico.

Cualquier paquete con ropa, utensilios o alimentos se entrega exclusivamente en el Portón No. 2. La hora oficial de entrega es a las once de la mañana, aunque desde temprano se agrupan familiares ante la ancha puerta de metal y madera vieja.

Muy pocos cumplen a rajatabla el horario establecido, por lo que los trabajadores dan la salvedad que, sino se puede llegar a las once, pueden hacerlo antes de las tres de la tarde, como hora límite.

Salidas de ataúdes

—“¡Ay, mi madre!”, “Maldito Daniel, maldita Chayo”

—“¡Ay, mi madre!”, “Maldito, Gobierno”

—“¡Ay, mi mamá!”

Los gritos desesperados de una mujer rompen de tajo el silencio y la parsimonia de la fila para hablar con cualquiera de los tres trabajadores con las listas. Todos se vuelven a ver y encogen de hombros. Nadie dice nada sobre la mujer que vocifera frente a ellos, mientras dos familiares o amigos la ayudan a salir del hospital.

Entre los edificios de Emergencia y Consulta Externa, hay un portón de malla que bloquea el acceso, por el que entran y salen todos los vehículos con ataúdes. El equipo de CONFIDENCIAL observó, durante un lapso de tres horas, la salida de cuatro coches fúnebres.

Trabajadores del hospital han señalado que de un fallecido que se registraba a diario, previo a la pandemia, la cifra ascendió a entre 10 o 15 por día en tiempos del nuevo coronavirus.

Estas cifras desmienten la narrativa oficial que reduce a 46, las muertes por covid-19, desde que se confirmó el primer caso en el país. El Gobierno admitió la primera muerte por covid-19 el 26 de marzo, seis días después de confirmar aquel contagio: un reconocido estilista que había regresado de un viaje a Colombia. Las estadísticas del Minsa suman un total de 1118 casos confirmados, un número que crece exponencialmente cada semana, pero está casi cinco veces por debajo de los reportes independientes basados en denuncias de la población, fuentes familiares y el seguimiento de médicos independientes. El Gobierno no ha aceptado la propagación comunitaria o local de la enfermedad.

Los datos oficiales son contrarrestados por informes semanales que reporta el independiente Observatorio Ciudadano COVID-19, compuesto por una red de médicos y colaboradores voluntarios de toda Nicaragua. En su último registro —fechado al tres de junio—, esta organización eleva a 5027 los casos sospechosos y a 1114 las muertes vinculadas al coronavirus.

No les advirtieron de lo “peor”

En la casa de ‘Patricia’ y ‘Pablo Antonio’ el nombre de la covid-19 no se menciona. Se le llama: “Eso”. Al hablar por teléfono, ella nunca menciona a la enfermedad por su nombre. Teme que los vecinos se enteren y comiencen las habladurías. “Alquilamos algunos cuartos y no se verá bien que digan que acá hay ‘eso’”, zanja.

‘Patricia’ compró el jueves pasado dos libras de hígado para hacerle una sustancia a ‘Pablo Antonio’. “Ya le había mandado sustancia de res y de pollo. Ahora (viernes) le tocaba la mejor, pura vitamina”, subraya.

La noticia de la muerte sorprendió a toda la familia. El trabajador del hospital que los había llamado anteriormente nunca les sugirió que se prepararan para lo peor o que su enfermedad era de gravedad mortal. Jamás les mencionó la palabra covid.

“Nos dijeron que estaba mal, que no había mejorado desde que llegó, pero jamás nos alertaron que se podía morir. Nos hicieron creer que se podía mejorar”, se lamentó uno de sus hijos.

A la familia le duele que no se pudieron despedir, que no lo vieron por última vez. “Esa no es forma de morir. Solo. Sin ninguna mano amiga o el abrazo y beso de un ser querido. Espero que mi Diosito lo tenga en un lugar mejor”, se reconforta la esposa de ‘Pablo Antonio’.

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