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Laguna de Apoyo: el santuario tropical

Una alternativa para Semana Santa que incluye doce hoteles y restaurantes para turistas de todos los estratos económicos

Un sábado al mediodía Vilma Valenzuela reparte un suculento caballo bayo a decenas de turistas que llegaron a la Laguna de Apoyo para sofocar el calor y probar la comida típica de Nicaragua. Vilma se autollama “La Abuela” y así nombró a su negocio: La Posada ecológica La Abuela, uno de los sitios más visitados en este santuario natural que en los últimos años se ha convertido en uno de los centros turísticos con mayor dinamismo.

A 45 kilómetros de Managua, entre la carretera Masaya a Granada, la Laguna de Apoyo posee 12 hoteles y restaurantes para diversos gustos y bolsillos. Esta laguna de origen volcánico, sus aguas de color azulado y las especies de monos, ardillas y aves atraen a jóvenes y adultos. “Yo encontré como mi segundo hogar aquí en la Laguna de Apoyo y siempre vengo a nadar, me encanta la naturaleza, el agua, lo fresco, el viento, todo precioso”, dice Debbie Medina, una joven neoyorquina de padres peruanos que desde hace un año trabaja de voluntaria en el país.

Medina trajo a conocer la laguna a su colega Julia Rowlant. Para esta joven originaria de California, Estados Unidos, el sitio le parece “muy bello”. “He estado en Nicaragua como por cuatro semanas y todo el tiempo quería venir aquí y ahora (que vine, me parece que) es muy bello”, declara Rowlant mientras hace crujir un trozo de chicharrón en su boca.

Gerd Wirmirskirch y su esposa Kristina Naudit vinieron desde Alemania para repetir su experiencia en la laguna. Según comentan, estuvieron en este sitio hace 10 años y “y nos gustó tanto que pensamos ‘ok, estamos otra vez en Nicaragua, entonces tenemos que venir otra vez por aquí”, dice Naudit mientras sale de su habitación en el hotel Monkey Hut. “Hemos escogido este lugar porque es un lugar maravilloso y algo mágico”, dice por su parte Wirmirskirch.

El gerente de Monkey Hut, Filemón Rivera, atribuye el crecimiento de la Laguna de Apoyo a la cercanía entre la reserva y la capital. “Las personas que no pueden ir a las playas o tienen un presupuesto más bajo, y se quieren divertir y tener un ambiente como de playa prefieren venir a este lado”, explica.

Vilma Valenzuela hace una pausa después de despachar el caballo bayo y se asoma al muelle instalado en su negocio, para hablar con los turistas que la vistan. “¿Cómo se sienten? ¿Todo bien?”, les pregunta con esmero.

Valenzuela es además la presidenta de los negocios turísticos de la laguna. Según explica, todos los empresarios se esfuerzan para preservar el equilibrio ecológico de la reserva y garantizar la salud de los visitantes.

“Aquí pueden venir con sus amigos y con su familia y puedan pasarla bien, disfrutar del agua, bañarse, a los jóvenes les gusta hacer los clavados desde el muelle y también ver nuestra fauna”, dice la empresaria turística.

Oferta que se adapta al bolsillo

De los precios, ni preocuparse. Los dueños de hoteles y restaurantes preparan una oferta especial para la Semana Santa. Según el representante de Monkey Hut, en este hotel hay opciones variadas para permanecer durante el día o para quedarse alojado en sus habitaciones y cabañas.

“Hay negocios que tienen opciones económicas, dormitorios compartidos. Y para una clase un poquito más alta tenés también resorts aquí en la Laguna de Apoyo, ellos tienen habitaciones o cabañas con mayores comodidades. Hay diferentes precios para diferentes gustos de los clientes, pero hay para clase baja, clase media, clase alta”, insiste el gerente de Monkey Hut.

Este hotel también ofrece, por un costo de seis dólares, la posibilidad de quedarse en sus instalaciones durante el día. El precio incluye el uso de cayaks, chalecos salvavidas, neumáticos, café, uso de asadores y chozas.

“Yo creo que con unos 20 o 25 dólares por persona pueden pasarla bastante bien. Si no quieren traer sus alimentos, aquí en el restaurante con ese presupuesto pueden pasar un excelente día aquí”, invita Rivera.

En la posada de La Abuela la estancia durante el día cuesta 200 córdobas por persona, esta cifra aplica para el consumo. Por ejemplo, explica Valenzuela, “si vos querés comerte un pescado entero y vale 20 dólares, pues ya sabés que 200 córdobas es parte de eso que vas a pagar”, resume.

Un resort exclusivo

Para un público más exigente, recientemente abrió sus puertas el exclusivo hotel Pacaya Lodge, un lujoso resort, cuya inversión rondó los tres millones de dólares.

Cuidadosamente decorado con detalles de la artesanía de la zona, este hotel fue calificado con cinco estrellas por el Instituto de Turismo (INTUR). En su página web, el Pacaya Lodge invita a los visitantes a vivir la aventura de escuchar a “los (monos) congos que aúllan todas las mañanas y hay una brisa refrescante que brinda un respiro predilecto para los viajeros que buscan destinos apacibles”.

El gerente de Pacaya Lodge, John Morel, explicó que los inversionistas seleccionaron esta reserva para instalar el hotel “por la parte cultural y el apoyo de los pueblos blancos. Nosotros estamos buscando la promoción de la cultura nicaragüense a base de artesanía y a base de la gastronomía”, comentó.

Igualmente explicó que analizaron el auge de los hoteles de playa en las costa del Pacífico en Tola y notaron la necesidad de establecer el lujo y confort de un hotel de playa en un sitio tranquilo y fresco. “Vimos que las personas que van a la playa también quieren pasar un tiempo conociendo lo artesanal y lo cultural de Nicaragua, entonces nos complementamos mucho. Hacía falta, hay una demanda de un hotel de 5 estrellas en esta zona”, comentó Morel.

El hotel Pacaya Lodge tiene habitaciones que van desde los 160 hasta los 260 dólares y su enfoque principal de mercado son turistas de Europa, Estados Unidos y Canadá, pero también están abiertos para estadías durante el día para todo público.

“Incluso ayer, llegaron más de 60, 70 personas de Managua a comer… La piscina no está abierta al público porque es un espacio pequeño y sería un conflicto demasiado grande, pero el restaurante, el spa y los salones de conferencia están abiertos al público”, insiste el gerente de este hotel exclusivo.

Las oportunidades del auge turístico

La Laguna de Apoyo ya está en las rutas de las operadoras turísticas. José Adán Paredes, propietario de la empresa turística Nicaragua Tour Paredes aprovecha las oportunidades que abre la laguna. “Nosotros estamos trayendo por semana a unos 100 turistas a este punto”, explica entusiasmado, mientras espera a los extranjeros que se bañan en uno de los muelles.

Otros que reciben los beneficios directos del impulso que está teniendo el turismo en esta zona son los pobladores originarios de las mismas comunidades. “Muchos habitantes tienen mucho trabajo aquí y hay mucho beneficio. Hay muchos extranjeros viniendo y con Semana Sant es bastante bueno y se está viendo el cambio”, dice Maura Palacios, originaria de la comunidad de La Laguna, mientras baja por un sendero, acompañada del aullar de los monos.

Preservar las bellezas naturales

Uno de los mayores retos que enfrentan los empresarios turísticos y los comunitarios de la laguna es preservar el equilibrio ecológico de la reserva. El gerente de Monky Hut es consciente de que la mayor fortaleza de su negocio es el entorno. “A veces ves tucanes, ardillas, monos o una familia de monos que se acercan hasta las laderas de aquí de la laguna o incluso del negocio y los visitantes se quedan asombrados de la vegetación, porque hay muchos aventureros que se van por los senderos de la reserva”, comenta orgulloso.

Al mediodía, en la Posada Ecológica La Abuela, el sol calienta y la brisa neutraliza el calor. La alemana Kristina Naudit se deleita con “el clima fantástico y es ese sentimiento de que estás en los trópicos y a la vez tienes este lago tan lindo y tan agradable”, resume.

El ambiente es perfecto e invita bañarse. Los turistas todavía disfrutan del caballo bayo de “La Abuela” y otros se lanzan en clavados desde el muelle. “Hemos tenido una afluencia increíble. todo el mundo se está desbordando a disfrutar las playas de nuestro país, a saborear las comidas”, narra Valenzuela en el preludio de la Semana Santa (que ahora ya está en curso), mientras prepara toda su capacidad para recibir a centenares de turistas.

“Ya tenemos una gran parte de reservaciones y estamos listos para atender, concluye “La Abuela”, mientras conversa con el turista belga Rin Bouwens, quien con un difícil español elogia el paisaje que tiene en frente. “La montaña, es más bonita y las personas aquí son gentiles”, dice el visitante con rostro de satisfacción.

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