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Las tolvaneras de León y riesgos a la salud

Los suelos del Pacifico de Nicaragua se caracterizan por ser de origen volcánico, fértiles, de topografía plana, y bien desarrollados y por consiguiente, los convierte en los mejores suelos de Nicaragua para desarrollar la agricultura. El uso potencial del suelo y las características hidrodinámicas de los acuíferos, son el binomio perfecto para maximizar la producción agrícola, sin excluir los factores institucionales, políticos, económicos y ambientales.

Particularmente, desde los años 50’s, los suelos de León han sido utilizados para la agricultura de forma intensiva, en correspondencia con el modelo agroexportador de esos tiempos. El modelo agroexportador, implicaba mayor productividad a través de los diferentes medios de producción. Por consiguiente, la utilización de excesivo volúmenes de insumos químicos (fertilizantes, plaguicidas, herbicidas etc.), sistemas de riego tecnificados, semillas mejoradas y sin faltar el uso de maquinaria pesada para preparar el suelo hasta el punto de pulverizarlo.

Unos de los primeros efectos que aparecieron en 1965 producto de la agricultura intensiva, fueron las nubes de polvo que cubrían a la ciudad de León, conocidas popularmente como “Tolvaneras”. En 1973, se estimó que cayeron 752 toneladas de suelo sobre León y sus alrededores. Para contrarrestar el problema, en 1980, el Instituto de Recursos Naturales (lRENA) sembró aproximadamente 1,200 kilómetros de cortinas rompe-viento, en un área de 57,000 manzanas desde la Paz Centro hasta León. En el presente las cortinas rompe viento se han reducido al 45% y el problema de la Tolvaneras continúa en León.

Las Tolvaneras se forman a partir de la preparación del suelo y particularmente de la trituración del suelo en partículas muy finas. Posteriormente, los vientos alisios con dirección este – oeste, y velocidades variables, se encargan de levantar las partículas finas del suelo hasta grandes alturas, que termina cubriendo los municipios del departamento de León y ahora en la comarca de Sabana Grande perteneciente a la capital.

Las Tolvaneras son un problema socio ambiental que se encuentra vinculado a un proceso natural de pérdida de suelo, conocido como erosión eólica. Es decir, que los suelos que se encuentran desprovistos de vegetación, pierden el material más fino y menos denso por la acción del viento. El proceso consiste en el desprendimiento, transporte y sedimentación de partículas.

Las partículas finas son menores de 2 micras (0.002 milímetros) y son conocidas como arcillas y son muy diversas. Las arcillas presentan alta superficie específica de contacto, en comparación a los limos y arenas, que son de mayor granulometría (> 2 micras). Está característica, le atribuye otras propiedades físico-químicas como mayor capacidad de intercambio iónico y una alta capacidad de retención de constituyentes inorgánicos y orgánicos. Es decir, que las arcillas pueden atraer hacia sus superficies iones, moléculas, compuestos, incluyendo contaminantes (arsénico, silicio, aluminio, aldrina, clordano, DDT, dieldrina, endrina, heptacloro, toxafeno, benceno, etc.). La retención de iones en la superficie de las arcillas, dependerá de las características físico químicas de los contaminantes (persistencia, concentración, solubilidad, polaridad etc.).

En términos de riesgo a la salud humana, las partículas finas y otras más gruesas (< 100 micras), ingresan al cuerpo a través del sistema respiratorio (alvéolos, pulmones, bronquios, macrófagos alveolares etc.). Sin embargo, no todo lo ingresa al cuerpo humano por las vías respiratorias, representa un peligro, ya que el sistema respiratorio tiene mecanismo de defensa o protección, antes eventualidades.

Existen partículas finas que pueden ingresar al cuerpo por diferentes vías. Las partículas reaccionan químicamente con el torrente sanguíneo y con los tejidos del cuerpo y dependiendo de las características físicas químicas de los contaminantes, se puede derivar la disposición, persistencia y toxicidad en el cuerpo. Los riesgos a la salud humana principalmente se mide a través de tres parámetros: peligro, exposición, dosis-respuesta.

Lejos de cualquier evaluación al riesgo a la salud humana, en Nicaragua ya existen numerosos antecedentes de las afectaciones a la salud humana (sin excluir los efectos sobre la calidad del agua y fauna acuática), que se han derivado del uso excesivo de sustancias peligrosas. Entre ellos sobresalen las personas afectadas por el Nemagón y Toxafeno, en zonas destinadas al cultivo del algodón y banano.

En la actualidad en el departamento de León, se está destinando grandes extensiones de tierras para el cultivo del maní y nuevamente ha empezado afectar la salud de los habitantes. Es probable que ahora para el manejo agronómico del cultivo, no se utilicen agroquímicos del grado de peligro que los utilizados en el pasado, pero los contaminantes todavía se encuentran en el medio, especialmente los compuestos orgánicos persistentes. Adicionalmente, los suelos son ricos en silicio, y puede provocar la enfermedad conocida como “silicosis” y “fibrosis pulmonar” y ese podría ser el mayor peligro ahorita, sin menospreciar los ocasionados por los plaguicidas y derivados.

La silicosis es una enfermedad derivada de la inhalación de aire con silicio, que tiene diferente grado de afectación (aguda, crónica, acelerada), y puede provocar insuficiencia respiratoria, cáncer en los pulmones y tuberculosis, mientras la fibrosis pulmonar es una condición en donde el tejido profundo de los pulmones se va cicatrizando. Esto hace que el tejido se vuelva grueso y duro y es posible que la sangre no reciba suficiente oxígeno.

Por otro lado, el problema de las Tolvaneras y los riesgos a la salud pública, se escapan del control, cuando la situación se vincula a fenómenos naturales (erosión eólica) y en otro particular cuando no se aplica la normativa legal que regule las emisiones de partículas por parte de las industrias agropecuarias.

La Norma Técnica Obligatoria Nicaragüense de Calidad del Aire (NTON 05 012-02) publicada en la Gaceta (7 de junio 2002), tiene por objeto establecer los límites máximos permisibles de inmisión de los principales contaminantes atmosféricos en el aire ambiente sobre el territorio Nicaragüense; con el fin de proteger el ambiente y la salud de la población Nicaragüense”. En teoría la actividad del cultivo del maní, debería generar concentraciones de partículas totales en suspensión y material particulado menor o igual a 10 micrómetros (0.01 milímetros) y por debajo del límite máximo permisible establecido en la norma. Será que se cumpla este requerimiento legal?

Las soluciones para detener el problema son variadas. En principio obligar a la industria del maní a que cumpla con la normativa nacional en términos de calidad del aire. Así mismo, se deberá mitigar el transporte de partículas por efecto del aire, mediante cortinas rompe vientos con especies de rápido crecimiento, sin perder de vista, los principios técnicos del diseño. Valorar sí se puede disminuir el número de pases de maquinaria, de tal forma, que el suelo no quede tan fino. Establecer las líneas de siembra en contra de la dirección del viento. Preferiblemente sembrar en áreas que presenten algún tipo de obstáculo natural (relieve escarpado, domos, colinas, etc.).