Opinión

Las trampas de los dictadores

Ante las protestas realizadas en Metrocentro durante los últimos fines de semana, la Policía ahora "vigila" desde adentro de las instalaciones de este centro comercial. Carlos Herrera | Confidencial

Urge frustrarles a los dictadores el jueguito del “ahora sí, pero mañana no, y tal vez pasado mañana”, con el objetivo de ganar tiempo



La actividad política de los dictadores Ortega y Murillo pareciera basarse en la absurdidad en esta etapa declinante de su poder, porque todo lo hacen con carencia de lógica y de razón, en completa contradicción con la crisis nacional entre otras cosas, para ganar tiempo. Eso lo revelan en su propuesta de una “comisión de la verdad” integrada por funcionarios de las instituciones menos recomendables para ello, por su complicidad con su represión.

¿Quién aceptaría a un comisionado de la Policía, jefe inmediato de los ejecutores de asesinatos, secuestros y torturas, investigándose a sí mismos?  ¿Quién puede creer imparciales a los funcionarios de la comisión oficial para “los derechos humanos”, si mientras la dictadura reprime y mata se la pasan imitando a los monitos de la historieta: tapándose oídos, ojos y  boca?

No son necesarias las respuestas, todos sabemos lo que motiva la absurda actitud de los dictadores, porque sus actos les denuncian,  pero entre más absurdos lancen como carnada a la Alianza Cívica, más alejarán la solución de la crisis… porque de trampa en trampa, los dictadores esperan llegar al 2021.

Para proceder de esa manera, los dictadores no necesitan de ninguna “consejería cubana”, como lo suponen algunos expertos que se hacen eco de las opiniones de los halcones yanquis y luego –para agradarlos—se las retornan a sus oídos como ideas propias, porque los consejos se los da su propia desesperación de saber que se les agota el tiempo, sin poder hallar todavía cómo proteger la fortuna que amasaron en el poder.

Aunque esos absurdos sean rechazados y denunciados por la Alianza Cívica, y nadie más le pare bolas, menos las madres de las víctimas mortales y los secuestrados, no se pueden evitar las especulaciones que se convierten en una pérdida de tiempo a favor de los dictadores.

En las actuales condiciones, no hay nada que pueda crear confianza en las trampas dictatoriales, porque sean tontas o complejas, propias o aconsejadas, continuará incólume el aparato criminal y anacrónico del régimen orteguista, lo que motiva la continuidad de la resistencia popular.

Entre la población opositora autoconvocada, que le da vida a la Alianza Cívica por la libertad y la Democracia, y las organizaciones sociales y políticas agrupadas en la Unidad Nacional Azul y Blanco, nadie ignora el propósito diversionista de los dictadores, lo que sugiere a sus delegados en las pláticas tomar una nueva actitud.

Urge frustrarles a los dictadores el jueguito del “ahora sí, pero mañana no, y tal vez pasado mañana”, con el objetivo de ganar tiempo… y hasta pretender provocar cansancio entre la población.

La Alianza debería ir más allá de no aceptar ninguna otra reunión mientras el régimen no cumpla cabalmente los compromisos firmados el 29 de marzo, como podría ser proyectar un posible paro nacional.

Este paro, encontraría como aliada, objetivamente, la crisis económica que afronta la dictadura, la cual se empeora cada día, y no por mera casualidad, sino por la heroica resistencia popular a la represión dictatorial que ya dura un año, y no decae la decisión de continuarla.

Se trata pues, de  utilizar nuevas armas de lucha cívica que acerque la derrota de la dictadura, no de aspirar a democratizar lo imposible. No se trata de reclamar a los dictadores que “permitan” ejercer derechos, sino de ponerle fin a sus violaciones a todos los derechos constitucionales y humanos.

No deben distraernos los jueguitos políticos de nadie, estando  en juego la libertad y la vida del pueblo nicaragüense.

El oportunismo de los partidos

El oportunismo de los partidos tradicionales es un componente de su naturaleza política y, en la actualidad, un hijo legítimo de dos  dictaduras.  Esos partidos, con desvergüenza y su oportunismo redivivo, ya comenzaron a buscar un lugar en la mesa de negociaciones, lugar que nada han hecho por merecer durante el año de represión.

Los partidos colaboracionistas, apenas hacen inútiles críticas a las leyes del régimen en la Asamblea Nacional, sin dar señales de querer abandonar sus curules. Tampoco insinúan el retiro de sus magistrados y funcionarios en los poderes del Estado, adonde llegaron en condición de parásitos del presupuesto nacional, gracias al pacto político que favoreció a la dictadura.

A lo más que han llegado algunos, es pedir la libertad de los secuestrados políticos, pero sin fuerza ni convicciones, como para no molestar a los responsables.  Con todas esas deudas pendientes, líderes de algunos de esos partidos no solo comienzan a reclamar su participación en las pláticas políticas, sino que alegan también tener un derecho histórico y exclusivo en materia electoral.

¿Cuál es ese su “derecho histórico” y esa exclusividad que reclaman los partidos tradicionales?

Dejo a los lectores sus respuestas a esa pregunta, pero antes les transcribo los razonamientos de los líderes políticos tradicionales: que los partidos políticos son los únicos capaces de construir la   democracia.

Es suficiente rascar un poco en la historia nacional para encontrar la falsedad de su argumento:

*La democracia verdadera en Nicaragua aún está por vérsele la cara; pasaron ya 198 años de independencia formal, y en la mayoría de esos años los partidos liberal y conservador controlaron el poder político de forma anti democrática.

*La “democracia”, con ese apodo, fue la de los criollos hacendados, divididos entre los partidos liberal y conservador, desde 1821 hasta finales del siglo xix. Fue un sistema político limitado, conservador y clerical, con una fuerte herencia colonial en sus estructuras económicas y sociales.  En sus elecciones no tenían derecho a votar las mujeres, los pobres y los analfabetos.

*“Democracia” y dictadura, fueron dos etapas de una misma “revolución liberal” (1893-1909), que solo rasguñó las estructuras económica y sociales de la “democracia” conservadora.

*Esa “democracia” volvió con los fusiles de la marinería de los Estados Unidos, y tuvo larga duración (1912-1933), tiempo de servidumbre total del partido conservador y del partido liberal, uno tras del otro, ante los interventores.

*La “democracia” de 45 años con la dictadura somocista, hija de la marinería yanqui (1936-1979), fue protagonizada por el partido liberal y compartida con el partido conservador zancudo.

*Prometiendo una verdadera democracia, una revolución con pretensiones socializantes (1979-1990) nació sobre el cadáver de la dictadura liberal y la marginación de los conservadores, pero fracasó por su mala gestión política (equivalente a una indigestión ideológica) y por la puñalada del poder imperial norteamericano.

*La democracia neoliberal, significó el rescate capitalista con  intenciones democratizantes de una mezcolanza de partidos ideológicamente multicolor –entre ellos conservadores y liberales—, nacida de la victoria electoral de la UNO (1990) sobre la fracasada revolución sandinista.

*Esa experiencia democratizante, fue simultáneo con el ocaso de la UNO, cuyos partidos, en buena parte, pasaron a ser súbditos de solo UNO: el Partido Liberal Constitucionalista de Arnoldo Alemán, hijo putativo del liberalismo tradicional, quien se empeñó en reeditar con gran lujo la corrupción somocista (1996-2001).

*Varios partidos ex UNO, más los subproductos surgidos durante el gobierno liberal descolorido de Enrique Bolaños (2001-2006), pasaron a ser aliados de Daniel Ortega en calidad de zancudos, cuando este alcanzó la presidencia, gracias a su pacto con Arnoldo Alemán.

Esos partidos aliados de Ortega, que reclaman protagonismo en las pláticas políticas, arrastran sus pesadas culpas históricas y si apenas respiran, es gracias al oxígeno del presupuesto nacional.

Para su merecido castigo, esos partidos fueron desahuciados como opción política por la juventud rebelada contra la dictadura desde el 18 de abril del 2018.  Cuando Nicaragua logre democratizarse por primera vez –si entonces esos partidos aún existieran—no se les podría impedir participación en las elecciones para que puedan morir en paz por inanición… es decir, por la falta del alimento ético que produce la vinculación con los intereses populares.