Opinion

Las trampas y los chantajes políticos

Muchos sandinistas, somos opositores sin partido... a mí, nadie me va a chantajear con eso

No se puede concebir la política sin la polémica. Ninguna ha podido ni podrá existir sin la otra. Por eso no hay que sorprenderse acerca de las discusiones públicas sobre los temas políticos y entre unas u otras expresiones contrarias, entre las diversas corrientes políticas que existen en nuestro país. Ambas, política y polémica se necesitan, además.

Lo que no merece sorpresa, sino rechazo, es que se esconda detrás de las polémicas una gama de manifestaciones groseras para la descalificación del otro como argumentos políticos, siendo nomás una tonta manera de pensar en que con eso se les ganan calidad de justo, legítimo y verdadero a nuestros puntos de vistas, a nuestro partido u organización política en la cual nos movemos.

Esa debilidad se está poniendo de “moda”, cuando más se gasta saliva y tinta hablando de unidad y de alianzas, la cual desautoriza aún más a quienes utilizan la descalificación como su arma política. Siempre se ha señalado esa práctica de atacar con “cierta sutileza”, pero también se está imponiendo la otra práctica, la vulgar descalificación.

La primera, la de “cierta sutileza” y la segunda, la vulgar descalificación, se alternan y hasta tienen expresiones simultáneas. Aquí tenemos un ejemplo del primero de los dos estilos, para descalificar la calidad opositora del Movimiento Renovar Sandinista, sin tener que mencionarlo:

“No obstando los desencuentros entre el FSLN y otras agrupaciones sandinistas, hay una comunidad ideológica que impone la previsión a los otros coaligados”. Y más adelante, viene la descalificación y la trampa chantajista:

El sandinismo opositor posee valiosas personas, pero siempre urge aclarar: ¿Qué actitud asume ante dictaduras como la castro-cubana?” (Álvaro Taboada, leído en La Prensa, viernes 3 de julio de 2020)

Una mixtura de sutileza y vulgaridad: hay que desconfiar de los sandinistas opositores, pero si quieren merecer nuestra confianza, que se sumen a los ataques contra Cuba, conforme lo hacemos los fieles seguidores y defensores de la geopolítica imperial estadounidense contra la isla. Si no lo hacen… ¡a los leones!

Muchos sandinistas, somos opositores sin partido –como otros muchos los hay en el MRS y en otros movimientos, los cuales tendrán su propia respuesta. En cuanto a mí, nadie me va a chantajear con eso, pues al mismo tiempo que he sido crítico del orteguismo desde 1995, soy igualmente crítico, sin concesiones, de la política de bloqueo imperial e ilegal de los Estados Unidos contra Cuba, no obstante que también critico a su Gobierno por su solidaridad política con la dictadura de los Ortega-Murillo.

El otro estilo del sectarismo contra la unidad opositora, la vulgar, la ha esgrimido en varias ocasiones la señora lideresa del Partido Ciudadanos X la Libertad: ella proclama que están en la Alianza Cívica, pues mucho aman la unidad de la verdadera oposición, pero no entran a la Coalición Nacional… ¡porque ahí domina el MRS a través de la Unidad Nacional Azul y Blanco!

A esa idea vulgar (porque carece de distinción e irrespeta también a los otros miembros de la UNAB), no es necesario hacerle ninguna interpretación, como a la idea mixta del otro señor, de la sutileza y la vulgaridad. Desde luego, estas formas descalificativas de la Coalición Nacional no son únicas, pues hay otras descalificaciones y hasta negaciones de su existencia como factor de oposición ante la dictadura, con señalamientos adornados con chispazos ideológicos sacados “de sus libritos”.

En fin, hay de todo lo que puede expresarse en contra de algo, y, en este caso, en contra de la forma que ha adquirido la ansiada unidad opositora para hacer frente a la represión y contra la incapacidad de la dictadura Ortega-Murillo ante las necesidades sanitarias y económicas del pueblo nicaragüense, acosado por la pandemia del covid-19.

A la intolerancia política que perjudica la unidad opositora se la denuncia y contrasta, como hemos pretendido estarlo haciendo en todo momento. Pero, ¿y las sutilezas más ocultas, las que se ejercen tras bambalinas, cómo combatirlas? Es muy difícil, pero no se puede evadir hacerlo. Y por esa dificultad, es que se recurre a las observaciones necesarias acerca de los movimientos, las actitudes, declaraciones y palabras de algunos actores políticos –más o menos prestigiados— que se mimetizan como analistas o asesores de ciertos partidos políticos, o como francotiradores para atacar a la alianza política opositora.

¿Simplemente por ejercer esas funciones, son objetos de dudas y especulaciones? No por eso, ni porque sus criterios antiunitarios están relacionados con la situación que analizan, sino por cómo lo hacen y en favor de qué partido u organización política. Sobre todo, cómo argumentan y qué fines políticos persiguen. Con estas observaciones sí, es relativamente fácil acertar, por ejemplo: cuándo sus opiniones chocan con la realidad, o cuándo sus opiniones desfavorecen la tendencia unitaria de la oposición.

¿Por qué también es relativamente fácil aproximarse a conocer la verdad de sus posiciones? Porque:

*Todo político, de cualquier tendencia que sea, tuvo una actividad o posición política, o fue indiferente a ella en su pasado, lo cual no interesa a los demás actores políticos, porque no hay uniformidad política total, y cada persona, sea cual sea su sector social, tiene su propio modo de concebir a la sociedad y al mundo.

*Si de ese su pasado, se supiera que su comportamiento o la conducta personal fue negativa respecto a los problemas nacionales, los intereses, los derechos del pueblo y a la justicia social (sin haber cometido delitos punibles), pero en el presente su conducta respecto a los mismos casos ha cambiado, merece tenerlo en cuenta y ser tolerante con esa persona.

*Todos tenemos un presente político que bien puede ser coherente con nuestra conducta actual, o contraria a lo que antes tuvimos, porque nadie nace con un indeleble sello ideológico en su cabeza.

*Todos procedemos de una determinada clase o sector social, y nuestras actividades políticas fueron y son coherentes con eso, y por el contrario, en el presente actuamos en la oposición de modo fiel a sus objetivos democráticos, entonces, esto es lo que define nuestra personalidad política y no el origen de nuestro nacimiento.

*En todo caso, fuese como haya sido la actividad anterior de cada quien, nadie está autorizado ni con derecho para juzgar y condenar por ello, aunque estamos moralmente indicados para que, si cometió delitos, pedir que ese individuo cumpla con la justicia. El origen social de la persona, tampoco debe ser motivo de adulación y obediencia en lo personal.

*Se atacan las actitudes políticas, según estas perjudiquen abiertamente los intereses populares, de la patria y de la humanidad, y no por sus concepciones religiosas ni filosóficas.

Hacerlo solo porque el otro piensa de una manera que no es la forma nuestra de pensar, no vale. El hecho real, es que, casi todo lo que hacemos y pensamos se manifiesta en contradicción con lo que otros hacen y piensan, y por ello, las polémicas son inevitables. Nada nuevo ni para asustarse, pero es bueno tenerlo en cuenta para que nuestras ideas, convicciones y modos de expresarlas sean de lo más tolerantes.

Fijándolo todo en el presente, habrá contradicciones y críticas mientras hagamos de nuestras actividades e ideas sobre la política nacional algo que tienda a sabotear la urgente consolidación de la alianza opositora frente a los opresores del pueblo.

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