Política

El comandante mantiene el silencio sobre quién será su compañero de fórmula

“Lealtad” a Murillo y críticas a disidentes

Daniel Ortega dio un discurso vacío, rencoroso, y sin propuestas electorales en la celebración del 19 de julio



Antes de que el comandante Daniel Ortega elogiara la “lealtad” de Rosario Murillo y no la proclamara candidata a vicepresidenta como se rumoraba, la primera dama bailó y presidió la tarima central de este 19 de julio, aniversario 37 del triunfo de la Revolución Sandinista. Ella fue el primer personaje que subió al podio enflorado, a las 3:10 de la tarde, bajo un cielo encapotado y los ‘Árboles de la Vida’ y banderas metálicas de Nicaragua y del partido de fondo, que ocultaban el manso oleaje del lago Xolotlán.

Murillo apareció de imprevisto, acompañada del cardenal Miguel Obando y Bravo y sus hijos. El secretario de la Alcaldía de Managua, Fidel Moreno, cuidaba la coreografía de los miembros de la Juventud Sandinista que se movían de un lado a otro, marcando con las palmas el compás de las canciones con loas al comandante Ortega. Murillo ingresó sin Ortega. El entusiasmo reventó. La primera dama se apropió del escenario. Sonrió. Hizo la señal del dos con ambas manos. Saludó a la masa que empezaba a agruparse en Plaza la Fe, en Managua.

Empleados de la Empresa Administradora de Aeropuertos Internacionales (EAAI) cargaban un cartel en el que expresaban su respaldo para las elecciones de noviembre al comandante Ortega y Murillo. El caudillo sandinista todavía no elige su fórmula presidencial, en un proceso electoral en el que la oposición fue inhabilitada de participar por un fallo de la Sala Constitucional del Poder Judicial.

Murillo irradiaba alegría. Vestía un conjunto floreado y una visera rosado fucsia. Se movía de un lado para otro. Consultaba el reloj y le pedía a su hija Camila que llamara a Fidel Moreno. El secretario de la comuna capitalina asentía. A las 3:31 de la tarde, el padre Neguib Eslaquit subió a la tarima secundaria izquierda. Vestía un negro riguroso y el alzacuello blanco daba la sensación de que lo sofocaba. Cuando Eslaquit vio a Murillo en medio del plató principal, lanzó desde lejos saludos con las manos. La primera dama no lo vio, porque estaba inmersa en una conversación con sus edecanes. El sacerdote sonrió y siguió el paso, aflojándose el cuello. En la tarima de la derecha, estaban la mayoría de funcionarios públicos que responden al comandante Ortega: Roberto Rivas quien cuenta los votos, Aminta Granera quien fue reelegida como jefa policial, la comandancia del Ejército, diputados como Edwin Castro y Gustavo Porras, entre otras figuras del elenco sandinista.

La tarima principal de la celebración del 19 de Julio estuvo presidida por el Cardenal Obando y Bravo; Miguel Díaz Canel, vicepresidente de Cuba; Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador; Nicolás Maduro y su esposa, entre otras personalidades de la izquierda regional. Carlos Herrera/Confidencial
La tarima principal de la celebración del 19 de Julio estuvo presidida por el Cardenal Obando y Bravo; Miguel Díaz Canel, vicepresidente de Cuba; Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador; Nicolás Maduro y su esposa, entre otras personalidades de la izquierda regional. Carlos Herrera/Confidencial

Pasadas las cuatro de la tarde, Murillo empezó a hablar. Sorprendió porque el comandante Ortega no había llegado a la celebración. “Juventud divino tesoro de la patria libre”, gritaba, con voz gangosa, la primera dama, parafraseando los versos de Darío de La Canción de Otoño en Primavera. Murillo apoyaba sus manos en un pedestal de cristal que flotaba sobre las rosas multicolores que adornaban el borde de la mesa. De inmediato comenzó a declamar el himno de Nicaragua y los parlantes estallaron con la melodía escrita por Salomón Ibarra Mayorga.

A las 4:27 de la tarde (después que habían tomado lugar en la tarima Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador; Wilfred Elrington, canciller de Belice; Miguel Díaz Canel, vice presidente de Cuba; y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela junto a su esposa, Cilia Flores, y la canciller Delci Rodríguez), el comandante Ortega apareció por una calle al costado del Teatro Rubén Darío sobresaliendo de su Mercedes Benz G63 V8 AMG. El mandatario decía adiós a la multitud que no podía acercársele por el batallón de policías que corrían a cada lado del vehículo valorado en 300 mil dólares.

Ortega ingresó a la tarima principal con su canción de campaña preferida: El Gallo Ennavajado, su himno de las elecciones que perdió en 1990. Tras los discursos de Sánchez Cerén, Miguel Díaz Canel y Nicolás Maduro, quien llamó a Ortega “maestro revolucionario”, Ortega tomó la palabra por casi 50 minutos. Durante el discurso dijo que después de las elecciones de 1990, “cuando el barco se hundió, las ratas huyeron”, en una alusión a los cuadros históricos que abandonaron el Frente Sandinista y fundaron el Movimiento Renovador Sandinista (MRS).

Según Ortega, en el partido solo quedaron los cuadros más firmes y la “lealtad” de Murillo. Un elogio que no es usual en las intervenciones de Ortega para con su esposa. “La lealtad de Rosario viene desde cuando vivía en la casa de sus tías en el barrio San José Oriental”, dijo Ortega, tras pedirle a Murillo ayuda para recordar el nombre del barrio. El mandatario rememoró cuando “Rosario recitaba poemas junto a la guitarra de Carlos Mejía Godoy”. “Una vez en Estelí fue arrestada”, narró el secretario general del Frente Sandinista.

Ortega sostuvo que la primera dama “quiere ayudar al desarrollo del país”. Sin embargo, antes de que los elogios pasaran a más, el mandatario arremetía contra el antiimperialismo y el acuerdo de París sobre el calentamiento Global. Pese a lo que muchos pensaban, Murillo no fue ungida la noche del 19 de julio como candidata a la vicepresidencia sandinista.

Cuando Ortega terminó su discurso, ya la multitud se había deshecho. Pocos quedaban en la Plaza la Fe. Quienes quedaron fueron las estructuras de la Juventud Sandinista que en esta jornada se dividieron roles: los de camisas verdes eran una especie de muro contención de la tarima principal, y los de camisa blanca con la efigie de Sandino sofocaban los varios pleitos que se dieron.

Mientras Murillo era halagada por su esposo, ella no mostraba mayor entusiasmo. Miraba a Ortega absorta. Cuando el mandatario terminó su discurso, la primera dama siguió contoneándose y observó los fuegos artificiales que brillaron por encima de los ‘Árboles de la Vida’. Por esta noche, Rosario Murillo Zambrana no fue proclamada candidata.