Opinion

Lecciones para el presente

J.L.Medal cree que la historia dependería del azar. El futuro pasa por desmontar el orteguismo, a partir de la acción de las fuerzas sociales

José Luis Medal escribió en Confidencial del 13 de mayo un artículo que tituló “Lecciones de la historia y el camino hacia el futuro”, que tiene por objeto dar pautas estratégicas sobre los retos políticos que enfrenta el país.

Escribe Medal: La visión marxista simplista del poder supone que el Estado es el medio de dominación de una clase sobre otra y que el proletariado al derrotar a la burguesía y alcanzar el poder por medio del partido comunista, necesariamente tiene que controlar todas las instituciones del Estado.

Esa no es una visión marxista. Criticar al marxismo sin conocer al marxismo no es intelectualmente serio. En primer lugar, la dominación de una clase por otra se basa en relaciones de producción, no en el Estado. El Estado, por supuesto, reproduce el sistema de producción del cual derivan las relaciones entre las clases sociales.

El reto actual –dice Medal- es construir la institucionalidad democrática.

El reto actual es desmontar el orteguismo. De ello depende las características de la institucionalidad que se podrá construir con posterioridad. Y en esto radica la diferencia cualitativa de nuestro enfoque político con relación al enfoque de Medal.

Remarca Medal: Naturalmente que en la coalición opositora es necesario un balance con predominio de los sectores de mayor tradición a favor de la democracia.

Obviamente, ni el rol de la coalición en la sociedad, ni su capacidad de dirección tiene nada que ver con mayor o menor tradición democrática de sus distintas corrientes, sino, con la capacidad estratégica que prevalezca en la dirección para luchar contra el orteguismo.

La historia no está predeterminada, dice Medal. En realidad, agrega, no existe un camino hacia el futuro, sino varios caminos. El futuro camino en el que se enrumbará Nicaragua dependerá de las decisiones que adopte la oposición y la comunidad internacional en los meses venideros.

Cuando Medal dice que hay varios caminos hacia el futuro, ¿quiso decir que hay varios futuros posibles o que se llega al mismo futuro por varios caminos? Ve posibilidades donde, con un enfoque científico, debió ver tendencias, preparándose para aprovechar lo inesperado. Medal niega el determinismo histórico y —para él—, el futuro se vuelve un cruce de caminos opcionales que no se sabe adónde conduzcan.

En realidad, el futuro está predeterminado objetivamente en sus aspectos esenciales. Las leyes de la ciencia nos permiten prever la relación entre causa y efecto, y la historia, en la modernidad, se enfoca como ciencia. Pero, algunos aspectos de la realidad dan también lugar a fenómenos estocásticos, con saltos y discontinuidades, por la presencia de variables aleatorias en el tiempo, de las que ignoramos su impacto en la sociedad.

De modo, que experimentalmente no hay un control total sobre todas las variables, es cierto. Pero, la aleatoriedad tiene también una distribución de probabilidad, cuyo valor —cuando sea posible— se debe especificar en cada instante de tiempo. Aleatoriedad que opera sobre condiciones sometidas a leyes naturales, lo que nos lleva a pensar que pudo ser previsible.

El tiempo se agota para reformas y elecciones, dice amenazadoramente Medal.

Pero, las reformas y las elecciones no agotan las perspectivas del futuro, como piensa erradamente Medal. De modo, que el futuro se puede adelantar diversamente o se puede retrasar por obra del azar, pero, la solución de la crisis significa un cambio previsible, necesariamente posible, aunque se concretice por sucesos impredecibles.

Medal tiene su idea propia de gobierno provisional. Y rebate su idea peregrina sobre el tema, no el concepto dialéctico: Crear un Gobierno de transición no es viable, dice Medal. No existe el respaldo de la comunidad internacional para ello, la oposición no controla ninguna parte del territorio nacional y no existe una fuerza beligerante que respalde a un eventual gobierno de transición. Además, esa alternativa implicaría una guerra civil que nadie desea y que no es viable.

Un Gobierno de transición es una alternativa de poder. Es expresión de una fuerza de cambio emergente (no de la oposición actual). Es una consigna que surge en condiciones de urgencia de toma del poder. Medal debió argumentar por qué esa urgencia, a su criterio, no tiene base real, por qué no está inscrita en la evolución más probable de las circunstancias actuales, cuando se agudizan las contradicciones en la sociedad por el avance de la epidemia sin política sanitaria de contención, cuando el avance de la pobreza extrema, a consecuencia de la recesión mundial, es de una certeza casi absoluta en nuestro país, con una economía abierta, dependiente, frágil, en crisis.

Pensar que la comunidad internacional debe respaldar de previo una alternativa de poder, significa pedirle a ella que defina una estrategia nacional única. El futuro sería —para Medal— el que decida la comunidad internacional.

La oposición no controla ninguna parte del territorio nacional…, dice Medal. Ni la va a controlar nunca. Ese no es un argumento en contra, sino, a favor del Gobierno provisional, que significa que se desbordar en la acción a la oposición tradicional, cuya única opción es electoral (aunque las elecciones sean nada creíbles).

No existe una fuerza beligerante –dice Medal- que respalde un eventual Gobierno de transición… Pero, es la fuerza beligerante la que se convertiría en alternativa de poder. El asunto estriba en constatar si el surgimiento de esa fuerza beligerante es altamente probable en las circunstancias actuales. La tontería mayor es que lo previsible no sea previsto. Hay que prepararse, positivamente, aún para lo imprevisible.

Dice Medal: Nadie desea una guerra civil… Al fin, ¿el proceso de lucha política es determinista o es estocástico? Es decir, hay condiciones objetivas que conducen al enfrentamiento con el sistema dictatorial, pero, en circunstancias aleatorias que nos impiden decir de antemano qué es lo que no sería viable y qué es lo que nadie desea. Todo ello depende de la probabilidad de que ocurra el cambio en la correlación de fuerzas.

Los eventos políticos no son producto del deseo o del gusto personal. El gusto o el deseo personal no es un argumento racional, sino emocional.

Otros pronostican –dice Medal- que la crisis agravada por la pandemia producirá otra explosión social como la de 2018. De ocurrir, lo cual es posible, terminaría en otra matanza de imprevisibles consecuencias.

¿Cómo hace Medal para saber –de manera predeterminada esta vez- cómo terminaría otra explosión social? Ninguna explosión social se parece a otra, ni los actores son los mismos, ni las circunstancias, ni la correlación de fuerzas, ni las estrategias. La pregunta es ¿qué tan probable es que la pandemia genere otra explosión social ante la falta de política de contención del contagio, ante el hambre, el desempleo, frente a un gobierno ausente, sin política social alguna? El país se tambalea ante el riesgo creciente del colapso.

Las luchas sociales y políticas no figuran en la ecuación de Medal. A su modo de ver, los factores objetivos que producen las crisis y las contradicciones sociales, no tienen relevancia en la marcha de la historia. Su visión es sumamente simple: Solo una política de sanciones contundentes, de shock, podría obligar al régimen a realizar elecciones creíbles y legitimas. Es decir, las decisiones cruciales –para Medal- corresponden a la comunidad internacional.

¿Esas sanciones de shock afectan las condiciones de existencia de la población nicaragüense? ¿Cómo reacciona la población? ¡Válganos dios!, en eso nadie quiere pensar, dirá Medal. Para Medal la desesperación, la angustia de la población no es una variable que incide en el futuro.

Aunque somos pesimistas -insiste Medal- reconocemos que el futuro no está predeterminado.

¡Vaya contradicción! Si se es pesimista es porque se asume, con algún método (no por emoción), que el futuro es negativo y que su desarrollo negativo estaría predeterminado, en sus aspectos esenciales, aún por los efectos probabilísticos del azar sobre la realidad. El pesimista ha hecho un cálculo probabilístico, o es un sombrío adivino hipocondríaco.

Concluye Medal: Si la oposición y el sector empresarial no están dispuestos a adoptar una posición firme y si la comunidad internacional no está dispuesta a aplicar sanciones contundentes, en nuestra opinión, y deseamos   estar equivocados, el escenario más probable es que no habrá reformas creíbles, habrá abstención y no se resolverá la crisis.

La crisis –piensa Medal- puede resolverse con sanciones contundentes que logren reformas electorales creíbles. Pareciera que las reformas permitirán desmontar el orteguismo.

Es el modelo absolutista el que está en crisis, en vías de colapsar. Es un colapso predeterminado, como la caída de un árbol podrido. La crisis es una manifestación de rechazo de la sociedad, de la inviabilidad actual del régimen. El futuro pasa, inevitablemente, por desmontar el orteguismo (aún por su propio colapso). Una estrategia nacional debe partir de la acción de las fuerzas sociales, de sus intereses, de sus conquistas vitales impostergables que el orteguismo obstaculiza.

*Ingeniero eléctrico

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