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Literatura centroamericana “es muy rica” y valiosa, destaca Sergio Ramírez

"Yo nunca pensé quedarme en la política como oficio. Yo entré como escritor y salí como escritor", asegura Sergio Ramírez en entrevista con DPA

“Muchos escritores centroamericanos pasaron más desapercibidos de lo que realmente merecen”, advierte en entrevista con DPA Sergio Ramírez, quien hace unas dos semanas se convirtió en el primer autor de la región en adueñarse del Premio Cervantes.

El nicaragüense, quien devino en invitado estelar de la 31 Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, asegura que la centroamericana “es una literatura muy rica, que ha estado siempre formada por hombres muy valiosos, desde la concesión del Premio Nobel a Miguel Ángel Asturias en 1967”.

El anuncio del máximo galardón de las letras en español revolucionó su “vida cotidiana y rutinaria” consagrada a las letras. Tras sus gafas, el autor de Adiós muchachos hace gala de su habitual sencillez para contar que todavía tiene una innumerable cantidad de mensajes que no termina de responder.

A sus activos 75 años, el laureado narrador, periodista e intelectual presentó estos días dos libros en la importante cita editorial de la ciudad mexicana: su nueva novela Ya nadie llora por mí (Alfaguara) y su Antología personal. 50 años de cuentos (Océano).

Sobre su efímero paso por la política nicaragüense, el ex vicepresidente de Nicaragua (1985-1990) expresa sin vueltas en un hotel frente a la feria: “Yo nunca pensé quedarme en la política como oficio. Yo entré como escritor y salí como escritor”.

Sergio Ramírez
El escritor Sergio Ramírez en su estudio de Managua. Foto: D. U. | Confidencial

¿Qué se siente en ser el primer centroamericano en recibir este premio, es un reconocimiento en general a esa literatura?

Creo que sí, es una literatura muy rica, que ha estado siempre formada por hombres muy valiosos, desde la concesión del premio Nobel a Miguel Angel Asturias en 1967, que ahora se están cumpliendo 50 años precisamente.

Pues muchos escritores centroamericanos pasaron más desapercibidos de lo que realmente merecen. Poetas, narradores, poetas de Nicaragua, narradores en Guatemala, pero claro, yo creo que esta plataforma del premio Cervantes permite visualizar más sobre todo a los escritores jóvenes. Hay muchísimo talento en Centroamérica y yo espero que el premio contribuya a hacerlo más visible en el mundo hispanoamericano.

¿Cómo ha tomado este premio, es difícil manejar las enormes repercusiones que genera?

Un premio como éste significa una irrupción en la vida cotidiana y rutinaria que llevo de escritor. Pues ya a partir del jueves (16 de noviembre) interrumpí mi vida de escritor para dedicarme al premio y lo que significa. Y luego venía lo de la feria, y ya se juntó y he seguido subido sobre la cresta de la ola.

¿Es distinto venir a la feria siendo Premio Cervantes?

Creo que sí, porque hay focos nuevos. Yo soy veterano de la feria. He estado aquí por los últimos 25 años viniendo casi todos los años. De manera que sí es una sensación nueva, un nuevo foco de atención, que yo espero se traduzca en más número de lectores, que es lo que a un escritor le interesa sobre todo.

¿Pensó en que dirá en su discurso de aceptación del Cervantes?

Estoy viendo algunas ideas. Quizás me interesaría hablar de la relación de Cervantes, Darío, como renovadores de la lengua, la comunicación nueva que se creó entre el español peninsular y el español latinoamericano, devuelto renovado por Darío. Y lo que Cervantes ha significado para mí como escritor. No lo sé todavía muy bien, tendré que sentarme a meditarlo.

¿Cuáles son los mayores placeres y las mayores torturas que depara la literatura?

El placer es inventar, crear, personajes, situaciones, sobre todo cuando son divertidas, y reírse uno mismo de lo que está escribiendo. Y luego la parte difícil viene al corregir, al depurar la página, tachar, suprimir, cambiar. Eso ya es el trabajo verdadero de escritura, el trabajo artesanal, la carpintería.

Si tuviera que elegir alguno ¿cuál es su libro más querido?

Pues quizá “Un baile de máscaras” (1995), porque es una novela en la que yo cuento la historia de mi familia, y por lo tanto de mi infancia, de mis dos familias, materna y paterna, lo que ocurre un día en mi pueblo, que es el día de mi propio nacimiento. Quizás ésta es la aproximación más sentimental que he hecho a una historia.

¿Si su proyecto político hubiera funcionado piensa que habría abandonado la literatura?

Pues a lo mejor sí, si hubiera ganado las elecciones del 96 (cuando se presentó por el disidente Movimiento Renovador Sandinista, MRS) no estaríamos sentados aquí. Pero eso son hipótesis irrealizables, porque la verdad que perdí por muchísimos votos. Eso depende también de la voluntad política que uno tiene. Yo nunca pensé quedarme en la política como oficio. Yo entré como escritor y salí como escritor. Nunca dije voy a ser un político verdadero, porque los políticos verdaderos siguen aunque los derroten, buscando la oportunidad siguiente.

¿Se puede hablar de que hay una democracia en Nicaragua?

Pues yo diría que no, una democracia como la que conocemos en otros países, no.

¿Y cómo piensa que puede cambiar la situación política?

Creo que con participación ciudadana, no sé de dónde va a salir esa fórmula mágica. Todo cambio tiene que ser pacífico y tiene que depender de la conciencia de los ciudadanos. Si esa conciencia no despierta, no hay nada que hacer.

Silencio absoluto del Gobierno no disminuye Premio Cervantes

  • “La respuesta del país ha sido muy calurosa, muy cariñosa, y ha despertado un orgullo de que Nicaragua haya ganado este premio”, asegura el escritor.

Sergio Ramírez

Sergio Ramírez (Masatepe, 1942). Es parte de la generación de escritores latinoamericanos que surgió después del “boom”. Abandonó por un tiempo su carrera literaria para incorporarse a la revolución sandinista, de la que luego se distanció. Entre sus libros traducidos a numerosas lenguas están las novelas “Castigo divino” (Premio Dashiell Hammett), “Margarita, está linda la mar” (Premio Alfaguara de Novela y Premio José María Arguedas), “Un baile de máscaras” (Premio Laure Bataillon), “Sombras nada más”, “Mil y una muertes”, “El cielo llora por mí” y “La fugitiva”, además de volúmenes de cuentos, ensayos y memorias como “Adiós muchachos”. También ganó el Premio José Donoso y el Carlos Fuentes.

El Cervantes nicaragüense Sergio Ramírez cuenta en entrevista con dpa que “hay un silencio absoluto del Gobierno” de su país respecto de su obtención del premio, que lo transformó en el primer centroamericano que se alza con el galardón más prestigioso de las letras en español.

“Eso no es algo que disminuya el premio ni me afecte a mí personalmente. La respuesta del país ha sido muy calurosa, muy cariñosa, y ha despertado un orgullo de que Nicaragua haya ganado este premio”, asevera en el marco de la 31 Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

El narrador, periodista e intelectual (Masatepe, 1942) presentó en estos días dos libros durante la FIL: su nueva novela “Ya nadie llora por mí” (Alfaguara) y su “Antología personal. 50 años de cuentos” (Océano).

Asimismo el laureado autor de “Adiós muchachos” y “Margarita, está linda la mar” advierte que “muchos escritores centroamericanos pasaron más desapercibidos de lo que realmente merecen”.

Ramírez indica que la centroamericana “es una literatura muy rica, que ha estado siempre formada por hombres muy valiosos, desde la concesión del Premio Nobel a Miguel Ángel Asturias en 1967”.

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