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Lo que Ortega no dijo en la plaza

Tras diez años de gobierno, el discurso del presidente Daniel Ortega en la toma de posesión del pasado diez de enero —para iniciar su tercer mandato consecutivo ahora al lado de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo— se destacó por omitir los problemas que afectan a cientos de miles de nicaragüenses.

Ortega no mencionó el desempleo joven, la pobreza masiva, la desigualdad o la creciente violencia que golpea a las regiones del Caribe de Nicaragua. Tampoco presentó una propuesta clara ante la incertidumbre que se abre con la caída de la ayuda petrolera venezolana, la amenaza de la iniciativa legislativa estadounidense conocida como “Nica Act”, la llegada del oligarca Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y el desaceleramiento de la construcción, uno de los motores del crecimiento económico del país.

En un discurso de exactamente una hora, 19 minutos y 45 segundos en el que —además de aburrir a los miembros de la Juventud Sandinista acomodados en la Plaza de la Revolución para saludar al líder— Ortega presentó su versión unilateral de la historia reciente del país. Desde el filibustero William Walker hasta los problemas económicos de los noventa, atribuyó todos los males del país al imperialismo norteamericano, provocando el retiro de la embajadora de Estados Unidos Laura Dogu, quien se encontraba en la tarima junto al resto de invitados internacionales.

Un oficial de la embajada de Estados Unidos reveló a Confidencial por qué se levantó la diplomática que representa al principal socio comercial del país, mientras hablaba Ortega.  ¨La Embajadora se retiró temprano debido a que en una buena parte de su discurso, el Presidente se dedicó a criticar la relación de nuestros países en el pasado  en lugar de enfocarse en el presente y en el futuro.  La historia entre Estados Unidos y Nicaragua es bien conocida¨, comentó.

¨En el presente, Estados Unidos está enfocado en el futuro de nuestra relación con Nicaragua y cómo podemos ayudar a los nicaragüenses.  Hemos estado trabajando en la construcción de una agenda de futuro para apoyar una Nicaragua próspera, segura y democrática¨, resaltó la fuente.

Quemó” a Rivas

Ortega admitió que Roberto Rivas, el presidente del Consejo Supremo Electoral, cometía fraudes incluso antes que él asumiera la Presidencia en el 2007. “El doctor Roberto Rivas era aplaudido por los que hoy lo malquieren, y cuando le dio la victoria a Arnoldo Alemán, aplaudieron al doctor Roberto Rivas y nosotros decíamos:  -no estamos de acuerdo, esto fue un fraude, pero al final no queda nada más que aceptar-”, dijo Ortega durante su discurso.

Para Dora María Téllez, exguerrillera e historiadora, el discurso de Ortega fue una admisión de que Rivas ha sido quien ha urdido varios fraudes electorales. “A Roberto Rivas le pegó una gran quemada porque dijo que cuando Roberto Rivas hizo los fraudes anteriores nadie se quejó. En realidad Rivas quedó ahí consagrado como el “doctor fraude” por Daniel Ortega”, dijo Téllez.

Ortega aseguró que durante las elecciones de Alemán y Bolaños se cometieron fraudes, algo que niega el doctor José Pallais, quien admite que aunque hubo irregularidades, no se puede decir que existiera fraude.

“Nos quiere vender la idea de que el fraude es lo normal, que es lo que siempre ha pasado. En la elección del 90 de doña Violeta, todo fue super vigilado y por eso no pudo robársela. No puede decirse que como él pretende falsear, que fue impuesta, el pueblo votó voluntariamente y se pudieron contar los votos porque hubo una participación masiva de la Organización de Estados Americanos  y de las Naciones Unidas”, señala Pallais.

Fuimos una oposición constructiva

Ortega además alegó que cuando lideró la oposición ejerció un papel “constructivo”. Dora María Téllez menciona que la oposición de Ortega se fue construyendo en el camino “con componendas, pacto y desestabilización”.

La dirigente del Movimiento Renovador Sandinista, considera que actualmente Ortega no tiene control de los movimientos sociales del país y que las marchas contra la construcción de un Canal Interoceánico son una clara prueba de ello y resume la forma de hacer oposición del caudillo sandinista de esta manera: “si yo estoy en la oposición incendio el país y si no estoy en la oposición lo controlo”.

Para el experto en comunicación, Alfonso Malespín, el discurso de Ortega, denota “una cultura política vieja que se niega a morir”. Malespín escribió en su cuenta de Facebook que el presidente trató a su auditorio “como gente tonta, en tono condescendiente y rodeado de nepotismo, providencialismo, clientelismo, sectarismo y amiguismo”. Agregó que Ortega “cuenta la Historia a su manera y atropella la verdad histórica”.

La ausencia de los Obispos

Miembros de la Juventud Sandinista distraídos con el discurso de una hora y 18 minutos que ofreció el comandante Ortega. Carlos Herrera/Confidencial

En la concurrencia de la investidura de Ortega asistieron cuatro jefes de estado, delegados internacionales, y empresarios de las cámaras de Cosep y Amcham. Además, pastores evangélicos y sacerdotes que se destacan por su alineamiento político con el régimen, encabezados por el cardenal Miguel Obando y Bravo.

La ausencia más notoria fue la de los obispos de la Conferencia Episcopal, considerados como la autoridad moral más respetada del país. Monseñor Silvio Báez resaltó en su cuenta de Twitter, durante la toma de posesión, la ausencia de los obispos, quienes han mantenido una posición crítica e independiente en relación al régimen de Ortega. Y luego agregó: ¨hay épocas en que la historia deja de ser real pues los acontecimientos que se viven son una vuelta al pasado¨.

Murillo y Ortega juraron sus cargos “con el poder de Dios”, instalando un gobierno dinástico en el mismo lugar donde se celebró, en 1979, la caída de los Somoza.

A criterio de Dora María Téllez, esa clase de juramento se asemeja a ¨la posición de una  monarca. Más que la toma de posesión es una coronación, porque se hacen parecer como designados de Dios, es decir, se atribuyó ella misma el poder de Dios”.

“Los monarcas en la antigüedad creían que gobernaban por derecho divino y en representación de Dios. No en representación del pueblo, no fruto de una elección popular”, explica el abogado José Pallais.

El cambio en la promesa de ley realizado el día diez también implica una violación a las leyes de Nicaragua. Aunque el abogado constitucionalista Gabriel Álvarez considera que eso no debería ser motivo para que se pueda pedir una impugnación.

La soledad de Ortega

Carlos Herrera | Confidencial

Entre los invitados internacionales hubo cinco presidentes entre los que destacaron Nicolás Maduro, presidente de Venezuela de Venezuela y la mandataria de Taiwán Tsai Ing-Wen. Los demás jefes de Estado se justificaron y enviaron delegaciones de bajo nivel a la toma de posesión. “Lo que tenemos es un nivel de aislamiento muy grande”, comentó Téllez.

En anteriores tomas de posesión, Ortega contó con el respaldo de por lo menos trece  jefes de estado y en este momento en que garantiza la sucesión dinástica en el poder, parece tener menos apoyo de los demás países. “La izquierda tiene aislado a Ortega”, expresó Téllez.

Carlos Langrand, uno de los diputados expulsados de la Asamblea Nacional, no cree que Ortega “conduzca a los nicaragüenses por el buen camino” y explicó que con la toma de posesión queda claro que el mandatario nicaragüense solo está consolidando el poder para su familia y su grupo.

Langrand advierte que “los representantes de organizaciones y grupos relevantes de este país no le van a hacer el trabajo al resto de los nicaragüenses. Es un mensaje, pero también somos los nicaragüenses que debemos estar claros del país que queremos”.

Los escenarios a partir del diez de enero

El excandidato presidencial Edmundo Jarquín advirtió en entrevista con el programa Esta Noche, que “a diferencia de los dos períodos anteriores del gobierno de Ortega, a futuro ahora se abren un escenario caracterizado, entre otras circunstancias, por tres grandes ausencias”. Estas ausencias son la falta de la cooperación venezolana, que antes le permitió a Ortega consolidarse en el poder a pesar de la salida de la cooperación tradicional; la ciudadanía que se manifestó en la masiva abstención del seis de noviembre y la amenaza de las sanciones de la NicaAct, de Estados Unidos.

Según Jarquín, en Nicaragua se abre “un cambio de escenario” con la salida de la cooperación petrolera venezolana, de la manifestación que hizo el pueblo nicaragüense absteniéndose de participar en la farsa de noviembre (de 2016) y el mensaje que Ortega ha transmitido a todos los actores, dentro y fuera de Nicaragua, de que él solamente cambia de curso por presiones, por cambios en la correlación de fuerzas  y no por razones de Estado”.

Azahálea Solís, del opositor Frente Amplio por la Democracia (FAD), dijo que es necesario “presionar” al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, con cuya instancia el gobierno de Ortega inició una “mesa de conversación e intercambio“, en octubre de 2016, cuyo resultado se dará a conocer el próximo viernes.

Solís precisa que la demanda a Almagro debe ser por “un diálogo inclusivo, que no sea porque se quiere pactar, sacar provecho prebendario, que tampoco se decida quiénes son o no los dialogantes, como los muñecos de zacate que fueron a las elecciones con Ortega”. No obstante, sostiene que “no podemos dejar en manos de Almagro las soluciones, (porque) las soluciones tenemos que ponerlas nosotros”.

*Con la colaboración de Arlen Cerda