Política

En un derroche de recursos, oficialismo celebra 36 aniversario de la Revolución

Lo que Ortega no dijo en su discurso

El presidente Daniel Ortega tuvo tiempo para criticar en su discurso de 25 minutos al "imperialismo estadounidense", contestarle a Donal Trump sus declaraciones en contra de los mexicanos, pero no mencionó ni una palabra sobre el Canal interoceánico. Sobre la matanza de Las Jagüitas, que permanece en la impunidad, se refirió brevemente.



Debe ser el discurso más corto del comandante Daniel Ortega en las celebraciones del 19 de julio. Inusualmente este domingo en el 36 aniversario de la Revolución apenas habló 25 minutos. Escuetamente se refirió a la masacre de Las Jagüitas pero no dijo una palabra sobre el proyecto que según su Gobierno sacará al país de la pobreza: el canal interoceánico.

“Tenemos que revisar muy bien los operativos que se realicen en contra del narcotráfico y el crimen organizado para que no se vuelvan a presentar hechos doloroso como los que se presentaron en estos días”, dijo el mandatario refiriéndose a la masacre de Las Jagüitas  cuando  dos niños y una joven fueron muertos a balazos –y otros dos resultaron heridos– en un fallido operativo antidrogas cuando la Policía confundió el vehículo en el que viajaban.

La masacre permanece en la impunidad porque la Fiscalía no ha acusado a 14 policías involucrados. Prometió que lo hará hasta este próximo miércoles.

Ortega, que gobierna el país sin ningún tipo de contrapeso —con todas los podes del Estado a su favor—  desde que volvió al poder en 2007, sí hizo espacio en su discurso para condenar el racismo en Estados Unidos: “… se discrimina a la población latinoamericana caribeña: hemos escuchado los aullidos de un representante de los sectores más retrógrados del imperio del (pre) candidato del partido republicano (Donald Trump) despotricando contra los pueblos de nuestra américa, despotricando contra el pueblo mexicano… seguro que este personaje no hace más que reflejar el pensamiento ultraconservador, guerrerista, racista que está incubado en las raíces del imperio”, dijo.

El “discurso antiimperialista” de Ortega no podía quedarse por fuera en este aniversario de la Revolución que puso fin a la dictadura de la familia Somoza. El mandatario nicaragüense dijo que Estados Unidos tenía que cambiar”…no disparar gases lacrimógenos, ni culatear a la población norteamericana cuando protesta por sus derechos básicos, porque los están lanzando a la calle, porque les están quitando las viviendas porque están en el desempleo”.

Contradictoriamente el pasado ocho de julio, la Policía, de la que Ortega es el jefe supremo, esparció gas lacrimógeno, golpeo y apresó a diputados y destruyó cámaras fotográficas a periodistas  en una manifestación que pedía cambios en el CSE, para tener elecciones libres y transparentes en 2016.

Cobijados por los “árboles de la vida”

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A las 4 y 20 de la tarde bajo una llovizna fugaz que refrescó el ambiente en la Plaza Juan Pablo II, hizo su entrada el comandante Ortega junto a su esposa, la primera dama Rosario Murillo. Ambos levantan los brazos como señal de victoria mientras de fondo suena aquella canción de protesta de Carlos Mejía Godoy: “La tumba del guerrillero dónde, dónde, dónde está, su madre está preguntando nadie le responderá… como dijo el poeta trapense de Solentiname (Ernesto Cardenal) no quisieron decirnos el sitio donde te encontras y por eso tu tumba es todito nuestro territorio…” y las muchedumbres acarreadas en buses de todas partes del país aplauden, cantan y los aclaman.

Ortega como cualquier modelo de pasarela camina hasta el final del escenario principal, el del centro, saludando desde lo alto al público. A sus espaldas, un nutrido grupo de jóvenes, encabezados por sus hijos menores, Luciana, Camila y Maurice ocupan un lugar privilegiado en la tarima. Más al fondo y en lo alto como cobijando el escenario, 15 árboles de la vida, construidos de latas, a gusto de la primera dama, adornan el escenario. Son de todos los colores: verde, amarillo, rojo, azul, blanco…

Quince minutos después del ingreso, después de escuchar y cantar tres canciones de protesta, Murillo, maestra de la ceremonia, como siempre, toma el micrófono para darle paso a una bendición del Cardenal emérito Miguel Obando y Bravo… Luego siguen más canciones, de la misa campesina, música juvenil que habla de amor, encargada recientemente a grupos musicales nuevos y alternativos…

Más tarde Murillo vuelve a tomar el micrófono para presentar al hombre que más representa a la corrupción en el país: Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral… También presentó a la jefa de la Policía Aminta Granera y a Bayardo Arce, el único de los nueve comandantes que dirigieron la revolución en los ochentas que hoy acompaña a Ortega en lo que él llama la segunda etapa de la revolución.

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Arce, Granera, los jefes del Ejército encabezados por el general Julio César Avilés, y los representantes de los poderes del Estado, ocuparon una tarima secundaria a la derecha de Ortega. A la izquierda, había otra tarima en donde el personaje de más peso era el ex mandatario de Guatemala Vinicio Cerezo y Manuel Zelaya, ex presidente de Honduras.

Ningún presidente vino a la celebración de la revolución. En la tarima principal ocuparon un lugar privilegiado el vicepresidente de Cuba Miguel Díaz Canelo, y el de Venezuela, Jorge Arreaza, que fueron los únicos a los que se les permitió brindar un discurso.

Díaz Canelo, heredero de los hermanos Castro exaltó a Ortega diciendo que se había mantenido fiel al Frente Sandinista después de la derrota electoral de 1990. Arreaza, yerno del fallecido ex presidente Hugo Chávez y acompañado de su esposa, Rosa Chávez, igual que Ortega habló en contra del “imperialismo” estadounidense.

A las 6 y 26 de la tarde, ya cuando la luz de la noche permitía que los 15 “árboles de la vida” brillaran e iluminaran el escenario, fue el turno del discurso del comandante, antes sí, sonó aquella canción de Diego Aguirre que más contribuye al narcisismo y al mesianismo de Ortega: El Gallo ennavajado, la canción de la campaña presidencial de 1990 que Ortega perdió con doña Violeta Barrios de Chamorro.

“Se acercan las elecciones ya mi pueblo se prepara para confirmar su fe en el Frente Sandinista, ya están lista las apuestas no aceptamos más propuestas que las que ya tiene el pueblo con su gallo que está listo, ese es Daniel, Daniel ortega es el gallo ennavajado que ya tiene preparado el pueblo trabajador… Ese es Daniel, Daniel ortega el que confía la gente para que sea presidente de este pueblo luchador…”, suena en los parlantes por toda la plaza. Ortega levanta los brazos, la gente lo aplaude. Y el único candidato presidencial que el FSLN ha tenido en su historia, deja claro, una vez más, quien será el candidato el próximo año.

Puede consultar la galería de fotos de la celebración.