Opinion

Los desafíos de la libertad

Los poderes políticos y económicos encontraron en la adquisición de medios y el control de la información una nueva forma de censura

El 8 de Septiembre es el Día Internacional del Periodista. La fecha conmemora la memoria del periodista checo, Julius Fucik, ejecutado por los nazis el 8 de Septiembre de 1943. El periodismo ha sido un oficio arriesgado. Cuarenta y dos periodistas han muerto ya en 2015 en el mundo; sólo en México, desde 1992 han muerto 32. En Honduras 37 desde 2003; 24 periodistas fueron asesinados en Guatemala en los últimos 13 años. Estas cifras no dejan dudas de que es un oficio donde decir la verdad puede resultar mortal.

Fucik murió en la horca y su obra “Reportaje al pie del patíbulo” narra lo que le sucedió en la prisión. Fue escrito en 167 hojas de papel higiénico que le suministró uno de sus carceleros, que también se encargó de sacar el escrito, hoja por hoja, de la prisión.

El relato es poderoso. Mientras lo torturan y va narrando los golpes y heridas que acumula, los dientes que pierde, él imagina lo que en ese mismo momento sucede en la ciudad: el hombre que reparte el pan, el padre que lleva el niño a la escuela, los novios que se besan bajo un farol sin percatarse que el breve parpadeo del alumbrado eléctrico es la descarga de la picana eléctrica que le están aplicando a él. Nada de lo que le está sucediendo detiene el mundo, piensa. La vida continúa. Lo hermoso y el horror conviven.

Yo diría, sin embargo, para cada persona que ha leído su reportaje, traducido a más de 90 idiomas, el mundo se ha detenido. Las palabras pueden tener ese efecto, las imágenes pueden tener ese efecto; un efecto breve quizás, pero contundente. No en balde el poder teme el oficio de reportar la realidad y a sus oficiantes.

La semana pasada la foto de un niño de tres años sobre la arena circuló por las pantallas de millones de personas alrededor del planeta y transformó la percepción sobre la dimensión trágica de una crisis que lleva años y meses agravándose y chocando contra argumentos y contra-argumentos.

Hubo diarios que optaron por no publicar la foto, haciendo las del avestruz. Todos los días hay cosas que no se dicen, imágenes que el poder, la indiferencia, o los intereses económicos o políticos no toleran o temen. Imágenes como las del niño que invalida el argumento de que la realidad se ha vuelto tan compleja que no es posible llegar a un acuerdo sobre cómo interpretarla. Ciertamente que ideas que se creían salvadoras han resultado fallidas y doctrinas cuestionadas han resultado más tozudas y capaces de generar consensos duraderos. Pero la foto del niño hizo trizas la idea de que se ha vuelto muy difícil distinguir el bien del mal y que todo depende del prisma con que las cosas se miren.

Periodistas y escritores hoy en día se encuentran ante el desafío de este dilema. ¿Cómo lograr que sobreviva la libertad de información sin que el temor y las presiones la fuercen a mediatizarse? ¿Debe la libertad de pensar, decir y denunciar someterse a las demandas que intentan obligarla a silencios impuestos por la violencia o la política? ¿Cómo contrarrestar las fuerzas del mercado que quieren convertir la información y el ejercicio intelectual en entretenimiento, vehículo para el consumismo o la para la propaganda partidaria?

Hay que poner sobre la mesa el desafío contemporáneo de creadores e informadores que están siendo presionados de mil y una maneras a trivializar y frivolizar su oficio, callarse o auto-censurarse para conservar ya no digamos espacios de libertad o su empleo, sino su vida. Los ratings de los medios, el número de libros vendidos y no la calidad o la veracidad de lo que se reporta o se escribe se está convirtiendo en la medida de valor y el fiel de la balanza.

Los poderes políticos y económicos han encontrado en la adquisición de los medios y el control de la información y en la masificación de la mediocridad y la frivolidad, una nueva forma de censura que no vacila en acallar la difusión de ideas que interroguen la versión de la realidad que se quiere imponer como “el mejor de los mundos posibles”

Pero esta es también la era de las redes sociales, de los blogs, de la comunicación alternativa. La Internet provee a los ciudadanos con el potencial de informarse por fuentes diversas. La democractización lleva consigo el reto de saber a quién o no se le asigna credibilidad. En la competencia de espacio y menú de opciones en línea, la pregunta es si el ciberespacio debilita o refuerza la transmisión de ideas o promeve la superficialidad y en última instancia la muerte de los medios tradicionales y hasta del periodismo profesional. En el caso de los escritores, las facilidades de auto-publicarse, ¿qué retos implican?

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Gioconda Belli es escritora y presidenta del PEN-Nicaragua.
Palabras de introducción en el Panel de PEN: “Libertad bajo Fianza”.
Managua, 8 de Septiembre, 2015

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