Nación

Los dilemas de una revolución pacífica

La demanda de reformas políticas y elecciones anticipadas resulta inseparable del reclamo de verdad y justicia sin impunidad

16 de mayo

La encrucijada de los grandes empresarios

Ante el colapso del régimen autoritario, pueden hundirse aferrados al status quo de 2021, o convertirse en actores de cambio democrático

Alianza Cívica
Representantes de la sociedad civil, estudiantes, campesinos y miembros del sector privado que integran la Alianza Cívica. EFE | Jorge Torres | Confidencial

Ante el colapso del régimen autoritario, del que fueron cómplices y también rehenes, la encrucijada de los grandes empresarios consiste en apostar otra vez por la inercia y dejar su suerte en manos del régimen, o convertirse, finalmente, en actores de un cambio democrático.
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8 de junio

La salida de Ortega de El Carmen

La revolución pacífica demanda una salida constitucional y elecciones anticipadas, pero con justicia y sin Ortega en el poder

Daniel Ortega
Daniel Ortega durante el inicio del Diálogo Nacional. Archivo | Franklin Villavicencio | CONFIDENCIAL.

El diez de diciembre de 2000, cuando el comandante Daniel Ortega lideraba la oposición contra el presidente Arnoldo Alemán, me brindó una entrevista televisiva en Esta Semana, en la que reivindicó el derecho a la lucha cívica como el medio más eficaz para cambiar a un Gobierno y un presidente impopular. Ortega se refería a las protestas populares que libraba el Frente Sandinista contra el Gobierno corrupto de Alemán, y se jactaba que “después de tanta marcha por todo el país, con un ambiente muy caldeado”, solamente “un Policía resultó seriamente herido (en Diriamba) y un compañero militante del Frente terminó parapléjico”.
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15 de junio

Cuatro premisas para negociar la rendición

Esta es la última oportunidad histórica que tenemos los nicaragüenses para implantar un cambio democrático duradero, con justicia y sin impunidad

ProtestaManagua
Manifestación contra el régimen de Daniel Ortega, en Managua EFE | Bienvenido Velasco | CONFIDENCIAL.

Todo mundo entiende que ha llegado la hora de negociar la rendición y el desmantelamiento de la dictadura de Daniel Ortega. Los orteguistas intentarán alargar la agonía del régimen, ganando tiempo para mejorar sus posiciones con más represión, mientras a la Alianza Cívica le corresponde negociar “en caliente”, apoyándose en la movilización del pueblo y sus formidables marchas cívicas multitudinarias, las barricadas de autodefensa y los tranques en las carreteras, el paro ciudadano y el paro nacional. Ellos representan el anhelo nacional de justicia y democracia refrendado en el dolor de las familias que perdieron a sus hijos. Deben tener presente, por lo tanto, que esta es la última oportunidad que tenemos los nicaragüenses para implantar un cambio democrático duradero, con justicia y sin impunidad, y por ello es pertinente recordar cuál es el mandato de las calles y las trincheras, y lo que los mismos mediadores y los voceros de la Alianza han establecido como las premisas de la negociación.

  1. El cese de la represión y la supresión de los paramilitares
  2. La salida de Ortega y Murillo y la sucesión constitucional
  3. Las reformas para asegurar la justicia sin impunidad
  4. Los garantes internacionales: ONU-UE-OEA y su mandato

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8 de julio

Ortega quema sus naves y el último puente

¿Se embarcarán el FSLN, los empleados públicos, los policías y militares honestos, a defender una dictadura familiar?

Daniel Ortega, en un acto público este 7 de julio, en Managua. EFE | Confidencial

Irónicamente, mientras el pueblo en las calles y en los tranques demanda la salida de Ortega del poder de forma inmediata y no el próximo año, han sido los empresarios y los obispos quienes abogaban, incluso contra la advertencia sobre su inviabilidad política, para que Ortega permaneciera en el poder hasta entregar la banda presidencial en 2019. En esa misma posición estaban, al menos hasta antes de este discurso, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y el Gobierno de Estados Unidos, alegando que la salida de Ortega antes de las elecciones anticipadas generaría un vacío de poder, aunque nunca han ponderado el caos, la ingobernabilidad, y el desastre económico que representa cada día adicional de permanencia de Ortega en el poder.
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20 de julio

Hora de solidaridad con los obispos

Una amenaza de máxima gravedad, también reclama una respuesta de máxima solidaridad, y la reacción contundente de toda la nación

Los obispos rodeados de turbas sandinistas en la ciudad de Diriamba. Carlos Herrera | Confidencial

Ortega habló el 19 de julio en la plaza con arrogancia y desprecio, como un general ensoberbecido que recién ha ganado una cruenta campaña militar, cuando todo mundo sabe que sus bandas paramilitares se enfrentaron contra ejércitos inexistentes en La Trinidad, Lóvago, Jinotepe, Diriamba, la Unan Managua, Masaya, y Monimbó. Y desde la cúspide de su ola de terror, después de masacrar, perseguir y capturar a centenares de ciudadanos en su “operación limpieza”, dirigió su embestida final contra los obispos. Los acusó de “golpistas” ante sus partidarios fanatizados en plaza pública, usando una abusiva cadena nacional de televisión, y exhibió como única “prueba” la hoja de ruta de la democratización nacida del Diálogo Nacional, una propuesta que incluye profundas reformas políticas, una limpieza total del sistema electoral, y la celebración de elecciones anticipadas en marzo del próximo año.
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Lea la I Entrega:
La rebelión de abril y la matanza de Ortega

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