Opinión

Los fanatismos contra la unidad popular

Desde cierto sector opositor surgen críticas y siembra de dudas contra la Alianza Cívica, pero en el fondo, son contra todos los autoconvocados



De forma paulatina nos vamos dando cuenta de la aparición de fenómenos adversos al movimiento cívico de los autoconvocados, los que parecieran nuevos, pero en verdad fueron surgiendo al calor de la represión y la resistencia popular desde el 18 de abril.

Solo hemos atendido al más torpe de los fanatismos, porque el orteguismo es imposible de pasar inadvertido, lo practican a diario los agentes de la dictadura para justificar los asesinatos, la persecución, el encarcelamiento y los juicios, dizque legales, junto a campañas mediáticas de difamación y descrédito en perjuicio de las víctimas.

A estas alturas, lo sabemos, esas campañas solo se han ganado el repudio del pueblo y la condena internacional contra la criminalidad dictatorial.  Pero esto no evita –ni podría evitarlo— que desde cierto sector opositor surgieran críticas y la siembra de dudas contra la Alianza Cívica, pero en el fondo, son contra todo el movimiento de los autoconvocados y sus demandas de justicia y democracia.

Que estas voces vengan de “opositores”, no significa que formen parte y que surgieran dentro de la Alianza Cívica ni de la Unidad Nacional Azul y Blanco, sino entre políticos tradicionales.  De esto no queda ninguna duda, porque esos políticos están dolidos desde cuando la juventud estudiantil y la sociedad civil, que son el alma de estos movimientos, hicieron patente su rechazo a cualquier injerencia, o participación de los partidos políticos tradicionales en el movimiento de resistencia cívica.

El rencor de ese sector de políticos tradicionales que algunos los considera de “los nuestros”, dado su carácter formal de opositores, es difícil de detectar y combatir, por lo tanto, más peligrosa, porque actúa protegida por su incuestionable libertad de opinión.

Esa su libertad, la utiliza un articulista en el diario La Prensa (07/03/19) y si no se puede cuestionar su derecho a la crítica, tampoco es necesario hacerlo, porque el contenido de su opinión se convierte en su acusador, como se puede juzgar en algunos párrafos, en donde el articulista dice estar:

“…convencido que la llamada unidad opositora es un mito o no pasaría de intento mediático infructuoso.  La explicación que encuentro –aparte del formidable obstáculo de las mezquindades— es que las alianzas políticas con probabilidades de trascender son las que comparten principios y valores democráticos, éticos y morales, abrazando los intereses de la mayoría”.

No veo la necesidad de averiguar sobre cuáles son algunos de los “formidables obstáculos de las mezquindades” del articulista, porque se verá en la continuidad del citado párrafo:

“Por eso, ante la realidad actual, es un error citar como modelo la Unión Nacional Opositora (UNO) de 1989, pues si bien incluía catorce partidos, ninguno era refugio de personajes señalados por corrupción y cómplices de dictaduras, como tampoco ninguna pretendía atentar contra creencias y tradición religiosas”.

El “error” a que se refiere el articulista, es comparar la “pureza” de la UNO con la democrática composición no partidaria de la Alianza Cívica (no dice quién hizo esa comparación),  pero recordando lo que el articulista olvida, notamos que su opinión resulta un horror de fanatismo, inconsecuencia e intolerancia. Y usted, lector, será el testigo de si en la UNO no hubo “personajes señalados por corrupción o cómplices de dictaduras”, etcétera.

A mí me basta recordar solo unos pocos corruptos, comenzando con Arnoldo Alemán, cuyo Partido Liberal Constitucionalista fue miembro destacado de la UNO.  De ahí salió hacia la Alcaldía de Managua –su primer centro de operaciones—y después a la presidencia de la república, donde se lució, en la opinión de quienes lo echaron preso, como el mandatario más corrupto de la historia.

Y, por si hiciera falta, recordemos que Alemán llegó a la UNO con un partido que nació en las entrañas del partido liberal somocista.  Ahora, a este mismo PLC, el articulista lo reconoce por ser colaborador de la dictadura orteguista, y lo mira “con militancia incapaz de sacudirse una cúpula que lo ancla junto a la vergüenza y dádivas de El Carmen” (aquí residen los dictadores Ortega-Murillo, ¿lo recuerdan?).  ¿Y eso no es corrupción? El señor articulista, parece haberse dado con una piedra en los dientes.

Aún hay más: en las estructuras de la actual dictadura orteguista, están los excompañeros y cómplices liberales de Alemán: Byron Jerez, Wilfredo Navarro, Francisco (Chicón) Rosales, todos ex ministros de varios gobiernos de la UNO, y ahora diputados y magistrados.  Hay muchos más “unistas-orteguistas” de menor nivel político.

Es posible que usted no advirtiera el odio misógino del articulista detrás de sus palabras al final del segundo párrafo transcrito, donde se refiere a quienes supuestamente atentan contra “creencias y tradición religiosas”.  No importa.  El articulista lo dice a continuación del ya citado párrafo:

“De ahí no es de sorprender que en el presente, organizaciones promotoras de la ideología de género, matrimonios del mismo sexo y adopción de niños, aprobación del aborto, etc., que figuran como opositoras, no generan confianza sino rechazo”.

Fue el regalo de un misógino ultra conservador a las mujeres feministas, en la víspera del 8 de Marzo. Y si las mujeres no le merecen confianza, vamos a ver enseguida cómo el articulista hace compartir su odio contra las mujeres con los sandinistas que combatimos a la dictadura actual, sea dentro o fuera del MRS, de la Unidad Azul y Blanco y de Alianza Cívica:

“Abundantes comentarios en redes sociales ratifican la encuesta de CID Gallup en noviembre 2016: cerca del 90 por ciento de mujeres nicaragüenses rechaza el aborto. Respuesta similar reciben sandinistas que consintieron, por acción u omisión, la destrucción del país en la década de los 80 y años siguientes, algunos ahora en el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y grupos afines a quienes ciertos periodistas y medios, sin conocimiento de la historia, o a pesar de ello, les confieren inmerecido protagonismo como si fueran héroes nacionales o referencias democráticas”.

Quien acusa a “algunos” periodistas de desconocer la historia, ni siquiera conoce la historia de los últimos diez meses.  Es lo que se deduce de su ignorancia acerca de que la mayoría de las víctimas preferidas de la dictadura orteguista, los perseguidos, los encarcelados, a quienes le robaron sus bienes, los asesinados y los exiliados, fueron militantes del FSLN, son hijos y nietos de quienes derrocaron la dictadura somocista en 1979 y ex militares del Ejército y la Policía.

De lo anterior, emana la esencia de la unidad popular que nació el 18 de abril, que los prejuicios del articulista no le les dejan ver: esa juventud procede de las familias sandinistas y de las no sandinistas, y que juntas integran la base del movimiento cívico; no quiere ver que esta juventud –apoyada por adultos mayores de ideas renovadas—actúa conociendo la experiencia de los esfuerzos fracasados de sus antecesores, piensa en corregir esos errores y forja una nueva conciencia acerca que la lleve a construir una sociedad diferente, con justicia, libertad  y democracia.

El articulista “puro”, olvidó que sandinistas como Miguel Mora (preso y robado su Canal de televisión), Carlos Fernando Chamorro (en el exilio, saqueadas sus oficinas de este Confidencial y de sus programas televisivos); Vilma Núñez de Escorcia, directora, y Gonzalo Carrión abogado (en el exilio) del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (cancelado militarmente); directores de la mayoría de las ocho ONG con su personalidad jurídica cancelada, entre ellos la ex comandante guerrillera Mónica Baltodano, su hija Mónica López Baltodano (en el exilio); su hermano, el catedrático Ricardo Baltodano (encarcelado); el ex comandante guerrillero y coronel retirado del EN Carlos Brenes; y muchos más.

Otro dato: ninguno de los mencionados es miembro del MRS, lo que no significa que los miembros de este partido no sean perseguidos ni encarcelados (que los hay), y no los menciono por falta de espacio.  A ninguno de ellos les han regalado su protagonismo, sino que lo practican en la lucha contra la dictadura sin vacilaciones ni cobardías.

¡Ah! Disculpe, señor Sergio Boffelli, que solo me haya referido a usted como “el articulista”, pero ahora que he recordado su nombre, le pregunto: ¿por qué, señor Bofelli, a usted nadie le ha regalado su protagonismo dentro de la actual lucha por la justicia y la democracia?