Política

Los nuevos actores sociales

Son movimientos locales con impacto nacional: “han logrado una ruptura con el discurso oficial y el rechazo al miedo”

Más de 50 marchas de protesta contra la ley canalera, la movilización campesina en Rancho Grande contra la minería, la resistencia sindical en Mina El Limón, y el reclamo indígena en el atlántico norte en defensa de la tierra comunal, revelan el surgimiento de nuevos movimientos sociales que, inesperadamente, plantean un desafío inédito al gobierno autoritario del comandante Daniel Ortega.

Estos nuevos actores sociales tienen al menos tres características comunes: surgen en las zonas rurales o alejadas de los grandes centros urbanos; sus banderas no son políticas, sino que enarbolan reivindicaciones sociales y demandas locales; y sus liderazgos se desarrollan al margen del partido oficial y de los partidos políticos opositores.

El pasado martes unos sesenta camiones cargados con campesinos de las zonas rurales del país lograron entrar a Managua a pesar de los obstáculos impuestos por el gobierno a través de la Policía Nacional. En algunos casos se trató de un viaje de hasta cincuenta horas, en el que los vehículos, tradicionalmente utilizados para trasladar ganado o granos, tuvieron que sortear retenes policiales o lidiar con neumáticos reventados por simpatizantes del FSLN. La imagen de los campesinos cansados, desvelados y asoleados conmovió a centenares de personas que los esperaban en Managua y, a decir de analistas consultados por Confidencial, fue una muestra de valentía, resistencia y compromiso de parte de un movimiento que durante décadas estuvo acallado.

Los sociólogos Manuel Ortega, catedrático de la Universidad Centroamericana, y Elvira Cuadra, directora del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP), analizan esta movilización campesina producida en el contexto de la concesión para la construcción de un Canal Interoceánico en Nicaragua entregada al empresario de origen chino, Wang Jing, pero que, dicen, tiene profundas raíces en la historia de guerra y violencia que ha sufrido el país en épocas pasadas.

I. Los antecedentes.

¿La movilización campesina que se ha producido en el marco de la concesión canalera es inédita en Nicaragua?

Manuel Ortega: El movimiento anti canal es nuevo en el sentido de que está organizado frente a una amenaza que ellos perciben frente al desalojo de sus tierras por la construcción de un mega proyecto como es el Canal interoceánico, pero no es nuevo en términos de que en las zonas del Este del país, del lago hasta el mar Caribe, hay toda una experiencia que arrancó con la lucha de la guerra de los ochenta y que generó toda una situación conflictiva, pero también una experiencia social interesante que dejó cierta organización y liderazgo, y que de una u otra manera permitió la sobrevivencia de muchos de esos campesinos en medio del escenario más fuerte de la guerra, que fue el campo.

Esa zona también tiene la experiencia del movimiento campesino que fundó Nueva Guinea. Un movimiento que comenzó en los años cincuenta. Eso generó una experiencia organizativa, de liderazgo, que es lo que explica de alguna manera que un movimiento como este, tan rápidamente, en tres meses, se pase de un movimiento local a un movimiento nacional.

Elvira Cuadra: El movimiento campesino en Nicaragua ha tenido varios momentos de gran movilización social: antes del 79, cuando hubo un apoyo muy fuerte del campesinado a la lucha del Frente Sandinista y para el derrocamiento de la dictadura de Somoza, y luego cuando una buena parte de la contrarrevolución fue alimentada por un movimiento campesino que estaba muy descontento con las políticas agrarias de la revolución y que contribuyeron a engrosar las filas de la contra. El campesinado tuvo un momento de reflujo del movimiento, lo que no quiere decir que haya estado inactivo.

¿Se trata de un movimiento vinculado a partidos políticos o determinadas ideologías políticas?

Manuel Ortega: Detrás hay toda una experiencia muy rica y que explica en gran parte las características que tiene este movimiento: un movimiento local, que no surgió de una iniciativa de partidos políticos, un movimiento estrictamente social y cuyo liderazgo es un liderazgo natural de la zona y que rápidamente logró establecer un liderazgo nacional, pero con fuertes bases locales.

Elvira Cuadra: En el sector campesino se ha venido construyendo un nuevo liderazgo que no tiene que ver con el liderazgo caudillesco tradicional al que está acostumbrado el país a través de los partidos políticos, sino que tiene que ver con un vasto tejido organizativo a nivel local y territorial, que es el tejido de organización que se ha construido desde la década del noventa para acá, y que ha peleado día a día el tema del autonomía municipal, el desarrollo local. En este momento ese amplio tejido de organización se activa frente una coyuntura muy específica. A diferencia de Guatemala o de Honduras, donde las movilizaciones han sido mayoritariamente en los centros urbanos, en Nicaragua la característica es que ha sido rural.

II. El impacto social y las consecuencias políticas

¿Qué impacto tienen estos movimientos sociales –como el del campesinado o los movimientos indígenas del Caribe– en el resto de la sociedad?

Manuel Ortega: En los sectores directamente afectados ocurrió un fenómeno: que el discurso pro pobre del gobierno fue confrontado con la realidad y de pronto, en una zona donde el 71% de la gente era pobre –según encuestas de INIDE–se encuentran con que hay un inversionista extranjero, un millonario, que viene de pronto a quitarles sus tierras para hacerles un Canal que ellos no ven que les vaya a beneficiar y que, por lo tanto, se está afectando a los pobres para favorecer a un rico. Esto rompe por primera vez el discurso pro pobre en la zona de la gente directamente afectada.

Pero también ocurrió otro fenómeno: el de romper el miedo, en las zonas campesinas particularmente, pero también en todo el país. Se rompe una condición de miedo que mantenía a estos sectores con bajo perfil, en una actitud pasiva y sin ningún deseo de entrar a un escenario donde pudieran ser identificados como gente con un discurso distinto al del gobierno, con demandas que de alguna manera cuestionaban la política del Gobierno.

Elvira Cuadra: Es una gran lección para el resto del país. En los centros urbanos, por la forma que transcurre la cotidianidad, la gente tiende a diluir sus preocupaciones en un montón de actividades, y deja la movilización para otro día. El movimiento campesino, por el contrario, ha mostrado empeño, perseverancia y capacidad de resistencia. Da una lección de la justeza de su demanda, porque si no fuera una demanda justa, creíble y con legitimidad, no sería capaz de convocar y autoconvocar a esa cantidad de personas.

¿Cómo afectan estas movilizaciones al Frente Sandinista, un partido cuyo discurso oficial ha sido el de estar del lado de los pobres?

Manuel Ortega: se está dando un proceso no solamente de ruptura de discurso, sino de descubrimiento de que el Frente Sandinista, en su retórica actual, no siempre defiende a los pobres, empieza una alerta entre los pobres alrededor de que si ese discurso es verdadero o no. Eso empieza a resquebrajar la confianza en ese partido. Incluso el discurso del Canal, que tenía una opinión inicial favorable del 83%, actualmente no llega al 70% el porcentaje de la población que dice que lo apoya, con el agravante de que la mayor parte de la gente, según la encuesta LAPOP del año pasado, desconoce o desconocía qué era el Canal, que significaba el Canal para a la gente. En la medida que se han ido haciendo evidentes otras dimensiones del discurso del Canal que se desconocían, como la afectación a los pobres y al medio ambiente, ese apoyo ha venido bajando y creo que va a bajar en la medida que se sigan proyectando estas defensas, mecanismos de resistencia frente a políticas que están afectando a los pobres. Empieza a erosionarse la imagen del Frente Sandinista como un partido y como un gobierno pro pobre.

Elvira Cuadra: El mensaje ciudadano que está detrás es que hay algo que no está caminando bien en esta sociedad supuestamente democrática y que hay un liderazgo nacional que debe prestar atención a esas demandas. Mi campo de investigación han sido los conflictos sociales en Nicaragua. Cuando los espacios de diálogo y negociación se cierran, el camino que se abre es el del conflicto y de la violencia. En periodo del presidente Enrique Bolaños hubo menos conflictividad y violencia social, porque el gobierno intentó establecer un sistema de participación ciudadana que iba de lo nacional a lo local, espacios que aunque no fueran de todo efectivos, sí permitieron canalizar el conflicto y la demanda social y disminuir el nivel de violencia. Eso no ocurrió antes y no ocurre ahora. El discurso oficial de estar a favor de los pobres se queda en el vacío cuando choca contra la realidad. Quien se queda dentro de la burbuja es quien reproduce constantemente ese discurso y se queda fuera de la realidad.

¿Este movimiento se mantendrá en el tiempo o creen que puede ser cooptado por el Gobierno?

Manuel Ortega: En Rivas hay sectores que han sido cooptados, porque en la zona de Rivas el movimiento, tanto campesino como indígena, es un movimiento mucho más inmerso en las condiciones de desarrollo, de modernidad, y con una fuerte influencia de la economía mercantil, por lo tanto las ofertas de compra, incluso de ofrecer mejores precios por la tierra, pueden tener un efecto: que la gente abandone el movimiento y se incorpore a esas dádivas o transacciones.

Pero en la otra zona –entre el Gran Lago y el Caribe– la vinculación del campesino con la tierra es mucho más fuerte. El movimiento indígena y el movimiento campesino tienen una relación fundamental con la tierra, que es el punto central y el eje fundamental de sus vidas. De la tierra sacan el agua, los recursos naturales, la alimentación, ahí encuentran los mecanismos de su propia historia, su identidad. Es un fenómeno complejo que no sólo tiene elementos meramente de una transacción económica mercantil, sino que hay elementos simbólicos profundos, que no son tan susceptibles de compra-venta. Para ellos la tierra no solamente tiene un valor comercial, sino que tiene un valor que va más allá, son valores simbólicos, que el campesino, y sobre todo el indígena, siente que no puede vender, porque está vendiendo su propia vida. En esos sectores, aunque siempre es posible que haya líderes que pueden ser cooptados, no están fácil por la profundidad que tienen todos estos elementos en la identidad y la vida de la gente.

Elvira Cuadra: El movimiento campesino va a retomar la fuerza que tuvo en otros tiempos. Pero una cosa es el movimiento campesino y todo el tejido organizativo que hay detrás de él, que creo que se va a fortalecer y que va a quedar muy vivo, y otra cosa es el ciclo de movilización. Probablemente vamos a ver un periodo de descenso de la movilización, pero eso no quiere decir que el movimiento no esté vivo.

III. La respuesta del Gobierno.

El gobierno reaccionó con violencia e intimidación a la marcha del martes en Managua. Ya lo había hecho en otras manifestaciones populares. ¿Cómo valoran la respuesta del Ejecutivo ante estas movilizaciones?

Manuel Ortega: Hay una reacción equivocada totalmente en la manera de abordar y enfrentar estos movimientos. Hay un profundo temor a la gente. No hay que olvidar que en la década del ochenta al gobierno sandinista lo trató de derrocar un movimiento armado militar, la contrarrevolución apoyada por los estadounidenses, y no lo logró, pero que sí lo logró la gente con su voto. Esta idea de que la gente te puede cambiar me parece que es algo que está, consciente o inconscientemente, en la cabeza de los gobernantes. La idea es que esos movimientos sociales hay que cortarlos de raíz porque se pueden convertir en grandes movimientos que pueden derrocar al gobierno. Hay una cierta sensación, un análisis que no es nuevo pero que ahora se comienza a utilizar con más frecuencia, y es que esos movimientos suelen ser interpretados dentro de la teoría de la conspiración como movimientos que van al derrocamiento, no que van a negociar, resolver un tema concreto, sino que son magnificados como movimientos para derrocar al Gobierno. Esto lleva a una falta de tacto para abordar estos movimientos.

Elvira Cuadra: El gobierno debería aprender de las viejas lecciones. En los ochenta adoptar ese tipo de estrategias para lidiar con los conflictos del sector rural provocó un engrosamiento de las filas de la contrarrevolución. Una movida inteligente sería abrir los espacios de diálogo y negociación. El gobierno ganaría más con una estrategia en esa dirección.

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