Opinión

Los que renuncian y los que se aferran

Hay una izquierda que no renuncia a encontrar a otro Fidel Castro en cada país latinoamericano y caribeño



Es estereotipado y de mal gusto hacer paralelos sobre la alta calidad democrática del Occidente desarrollado y la persistencia de autoritarismo en la cultura política latinoamericana. La conducción corrupta y autoritaria de la política se manifiesta en cualquier lugar del mundo y la recurrencia a la misma, en América Latina, tiene que ver cada vez más con fallas institucionales que con predisposiciones culturales. Al fin y al cabo, la forma de gobierno predominante en la región, desde hace más de tres décadas, es la democracia, y las corrientes antisistémicas, incluso dentro de la izquierda más radical, no son mayoritarias o hegemónicas.

No deja de ser contrastante, sin embargo, la práctica de la renuncia presidencial dentro de algunos regímenes parlamentarios de Europa, frente al empecinado reeleccionismo de algunos líderes latinoamericanos. En lo que va de año, dos mandatarios europeos han dimitido luego de que plebiscitos convocados por ellos mismos, les resultaran desfavorables. Después del triunfo del No en la consulta sobre el Brexit, el primer ministro David Cameron, que llevaba apenas un año de reelegirse al frente del gobierno, renunció. Hace unos días fue el turno del jefe del gobierno italiano, Matteo Renzi, quien dimitió luego del resultado del referéndum de reforma constitucional y la aprobación del nuevo presupuesto del parlamento.

¿Cuándo se produjo la última renuncia de un presidente latinoamericano? Las que vienen a la mente, de Alberto Fujimori en el año 2000 o de Fernando de la Rúa en 2001, fueron, como en la década anterior, salidas antes de ser derrocados o destituidos. Las de Jean Bertrand Aristide en Haití en 2004 o las de Gonzalo Sánchez de Losada o Carlos Mesa en Bolivia, en 2003 y 2005, también fueron colapsos de gobiernos, no dimisiones deliberadas. Cameron y Renzi, además de políticos muy jóvenes, 50 años el primero y 40 el segundo, salieron con una relativa popularidad.

Esas renuncias podrían indicar que el régimen parlamentario en Europa goza de buena salud. Pero lo mismo podría decirse del presidencialismo en América Latina, aunque haciendo la salvedad de que el reeleccionismo más desenfrenado, sobre todo en los países gobernados por las izquierdas neopopulistas, distorsiona elementos del propio régimen presidencial. La reelección indefinida, instalada constitucionalmente en países como Venezuela y Nicaragua, y con corrientes favorables en Ecuador y Bolivia, es la mejor muestra de esa perversión del presidencialismo.

En el actual debate sobre el legado de Fidel Castro, buena parte de la opinión pública de izquierda, en América Latina, no considera como algo negativo la permanencia del líder cubano en el poder por 47 años consecutivos. Esa idea de que la “grandeza” del líder hacía necesaria la reelección permanente se transfirió, en la izquierda autoritaria de la región, de Fidel Castro a Hugo Chávez y de éste a Ortega, Morales y Correa. Esa izquierda no renuncia a encontrar a otro Fidel Castro en cada país latinoamericano y caribeño.

La reelección ronda varias coyunturas políticas de la región. En Brasil trata de reelegirse Lula, en Chile Ricardo Lagos, en Bolivia Evo Morales, en Paraguay Horacio Cartes y en Ecuador, a pesar de declarar lo contrario, Rafael Correa. El caso paraguayo es del mayor interés. A pesar de contar con una Constitución aprobada luego de la larga dictadura de Alfredo Stroessner, que limita la reelección, el actual presidente y su opositor, Fernando Lugo, están presionando en favor de la permanencia o la vuelta al poder.

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Publicado originalmente en ProDavinci.