Opinion

Los siete puntos ambiguos de J. S. Chamorro

¡Alargar la angustia del pueblo le tiene sin cuidado a Ortega! La sostenibilidad de una dictadura es relativa, porque es circunstancial

Juan Sebastián Chamorro, Director Ejecutivo de la Alianza Cívica, dio una entrevista a la Prensa, publicada en la edición del 25 de octubre bajo el título de “La gente quiere una opción de gobierno”, en la cual dice que se podrá derrotar a Ortega si la oposición se une en torno a siete puntos que él propone.

La expresión, una “opción de gobierno”, carece de significado. Habría que darle un calificativo político al gobierno alternativo al orteguismo. Es decir, habría que referirse a un gobierno de izquierda, de derecha, de centroizquierda, etc. O a un gobierno populista, democrático, totalitario, etc. Chamorro, con esa ambigüedad, quiso decir, que el pueblo desea una opción electoral opuesta a Ortega. En realidad, es su visión particular, su deseo, de que la situación política actual evolucione a una salida electoral.

“La unidad –dice Chamorro- es un proceso complejo, que requiere de mucho trabajo y sacrificio. Yo visualizo la unidad como una estrategia política, a través de un acuerdo político donde existan compromisos puntuales”.

El poco o mucho trabajo o sacrificio no tiene nada que ver con la complejidad. Un proceso es complejo cuando la interrelación entre sus partes puede generar un autodesarrollo, un cambio cualitativo. La unidad, tampoco es una estrategia política ni resulta de un acuerdo político. La unidad es un fenómeno circunstancial, posible por conveniencia cuando en una coyuntura coinciden parcialmente los intereses fundamentales de sectores diversos, cuyas contradicciones, sin embargo, subyacen prestas a reactivarse con el cambio de circunstancias o con el cambio de la correlación de fuerzas sociales. No son los acuerdos políticos quienes inducen a la unidad, sino, la táctica coincidente en un momento dado.

Chamorro no habla de táctica, sino, de puntos. He planteado –dice- los siete puntos de la unificación de la oposición:

  • Participar o no en las elecciones.
  • La selección, en un proceso participativo, de un candidato único.
  • Que quienes no son seleccionados apoyen al candidato único y que el candidato único se acompañe de los demás para hacer un buen equipo.
  • Que la lista de los diputados sea seleccionada con esa misma lógica, para quitar el dedazo.
  • Casilla única.
  • Que una vez ganadas las elecciones sea una agenda política basada en justicia, reparación, derechos humanos, crecimiento económico y democratización plena.
  • Elaboración en consenso de un plan de país.

El primer punto, participar o no en las elecciones, indica que no existe aún una reflexión táctica. Sin esa decisión, el resto de puntos son absurdos. La incoherencia interna es evidente visto que no hay un solo punto que se derive de la posible decisión alternativa de no participar en las elecciones.

Cualquier político bisoño sabe que la unión se debe suscitar en torno a un plan. No en torno a procedimientos burocráticos (proceso de selección de candidatos y de listas de diputados, puntos 2, 3. 4 y 5). Ese proceso de selección no es fundamental para derrotar a Ortega, que es el tema que se debe abordar cuando se propone dirigir un cambio en la correlación de fuerzas entre la nación y la dictadura. Lo que se hará después de ganadas las elecciones está fuera de lo que es posible planificar, ya que ello depende de circunstancias que podrían no ocurrir (puntos 6 y 7).

¿Estos siete puntos son producto de una decisión tomada por la Alianza Cívica, o son resultado de una reflexión personal de Chamorro?

Si éste último es el caso, ¿cómo es posible que el Director de la Alianza Cívica no exprese las posiciones de la alianza que dirige, en un tema tan crucial? Ello demostraría la enorme confusión e improvisación con que procede esta organización luego de 31 meses de su formación. En política nada es peor que la indecisión.

“Lo importante –dice Chamorro- es tener acuerdos a respetar por todos”.

Eso no es importante, es elemental. Sería absurdo llegar a acuerdos que no se respeten. En un combate político, las decisiones, los planes, se ejecutan sin vacilación, como en una guerra. Proponer que los acuerdos se respeten indica que la organización no tiene carácter político, y que se trata de un club de amigos mal avenidos.

“La nueva forma de hacer política –dice Chamorro- es la importancia de que se definan los verdaderos opositores. Que se definan a quienes nos unan los objetivos comunes, principios y objetivos de lucha”.

Esa es una frase presuntuosa sin sentido. La política –desde siempre- es expresión consciente de conflictos sociales, que se resuelven en torno al control y uso del aparato estatal. No se ha inventado un aparato infrarrojo que mida el nivel de oposición verdadera, lo que se pondera –si es el caso- es la estrategia de lucha consecuente. Desde los albores de la humanidad, se juzgan las estrategias y su ejecución en los conflictos sociales y políticos.

La esencia de una organización política son sus principios, con los cuales determina sus posiciones políticas y su línea de acción. Es absurdo pensar que distintas organizaciones, y distintos sectores, puedan tener principios políticos comunes.

En lugar de hablar de objetivos de lucha comunes (como hace Chamorro), lo correcto es determinar si hay una táctica o una estrategia común. De manera, que toda unidad debe darse no en torno a objetivos comunes, sino, en torno a una táctica compartida contra un mismo rival circunstancial.

“La gente –dice Chamorro- lo que quiere ver es una opción de cambio, una opción de gobierno, un plan de rescate de las necesidades de la población. Tenemos que elevar la discusión política a un nivel más llegador a las necesidades de la gente”.

No hay opción de cambio con independencia de la capacidad estratégica de derrotar a Ortega. Lo que se espera es una conducción capaz de librar combates políticos exitosos contra Ortega. Un plan de rescate de las necesidades de la población no sirve a nada sin la capacidad de tomar el poder mediante la lucha. No se trata de que se eleve la discusión política, sino, de que se organicen los combates de las masas.

“La ruta más sensata –dice Chamorro- es el acuerdo político. Yo no quisiera hacer referencia a condiciones mínimas, porque al decirlas se convierten en máximas”.

Un acuerdo político no es una ruta. El rumbo de un conflicto se define mediante un plan táctico. ¿Bajo qué perspectiva las condiciones mínimas, planteadas a Ortega, se transforman en máximas? Bajo la perspectiva del negociador sin fuerza, que solicita concesiones a Ortega como una limosna.

Las condiciones mínimas constituyen un ultimátum. Sin las cuales, Ortega va a enfrentar un panorama de lucha más desfavorable para él. Sun Tzu, para evitar que el enemigo cercado se disponga a combatir como león hasta el final, aconseja que se le hagan concesiones mínimas que le incentiven a deponer la lucha encarnizada. A Ortega se le dice que, sin esas condiciones mínimas, enfrentará una lucha más directa en su contra (aunque es difícil que Ortega entienda a Sun Tzu).

“Esa misma debilidad (de Ortega, que le conduce a promulgar leyes represivas) puede llevarlo –dice Chamorro- a no hacer reformas, porque cualquier tipo de reformas que pueda hacer va en contra de mantenerse en el poder”.

Entonces, ¿se concluye, por lógica, que no habrá elecciones libres?

Efectivamente, afirma Chamorro: “La dictadura no tiene voluntad política para permitir el pluralismo político”.

En consecuencia, ¿cuál es la decisión política que corresponde a ese escenario (que Chamorro describe como el más probable)?

“Una dictadura –dice Chamorro- no es sostenible. Lo que haría en ese escenario tan negativo es alargar más la angustia del pueblo nicaragüense. Yo quisiera pensar que el escenario (de elecciones libres) que estamos empujando es el que se va a dar. La dictadura va a tener que negociar reformas electorales. Quiero quedarme concentrado en ese escenario porque es el que le convendría a Nicaragua”.

Vemos que hay una incapacidad subjetiva de razonar metódicamente. El Director de la Alianza Cívica se muestra no sólo voluntarioso, sino, irracional. Ante la pandemia, mutatis mutandis, Chamorro diría: Yo quisiera pensar que el coronavirus desaparecerá por sí solo porque es lo que más le conviene a Nicaragua. Quiero quedarme concentrado que ese escenario es el que se va a dar. En consecuencia, no tomaremos ninguna medida sanitaria como las que han adoptado el resto de países que han razonado científicamente al respecto.

¡Alargar la angustia del pueblo le tiene sin cuidado a Ortega! La sostenibilidad de una dictadura es relativa, porque es circunstancial (los Somoza estuvieron 44 años en el poder).

Chamorro no razona con objetividad, toma decisiones -que afectan a la colectividad- conforme a sus deseos subjetivos, sin considerar la tendencia que muestra la realidad. No dudo de las buenas intenciones de Chamorro. Pero, en ninguna actividad humana, y menos en la política, bastan los buenos deseos. En toda actividad se impone un método científico específico, máxime cuando, para derrotar a la dictadura se requiere con urgencia una conducción estratégica con formación científica en la política.

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