Opinión

Lucha por la vida en dos frentes globales

Si Venezuela quiere seguir construyendo su revolución, tiene que ser fuerte ante las agresiones de enemigos externos y sus agentes criollos



La vida de los pueblos está debatiéndose en medio de una competición desastrosa: los embates de la naturaleza y las perversiones humanas de carácter político.  Por un lado, huracanes y terremotos, y por otro lado, guerras de conquista, amenazas nucleares, conspiraciones, chantajes políticos y sanciones económicas.  Mientras la naturaleza –con brutal ceguera— se reconstruye a sí misma, afectando de paso la vida humana, minorías privilegiadas desgracian la vida de las mayorías de su propio género, guiados por su ciego egoísmo en busca de satisfacer necesidades enfermizas de dominio y enriquecimiento ilimitados.

En esta competición, por el lado humano, no queda arma sin uso, desde las armas nucleares, pasando por las “convencionales” que de todas formas matan, hasta las concepciones conservadoras más reaccionarias de las religiones. En un breve lapso, se logra sintetizar en el escenario global de ambas guerras en destructiva competición. En el round de la naturaleza, a los  terremotos y huracanes se agregan inundaciones, sequías con hambrunas y la destrucción de los glaciares que alteran el clima mundial, y en el round humano se dañan la vida y el medioambiente con la polución, las invasiones y ocupaciones militares, con sus consecuentes cuotas de hambre, muerte y éxodos en masa, sabotajes y sanciones económicas tras el control de soberanías ajenas, en una reedición con métodos capitalistas de la vieja dominación colonial.

Las armas políticas y religiosas siguen siendo tradicionales acompañantes del poder.  En Europa son adaptadas a las nuevas condiciones políticas que propician el retorno al poder político de expresiones ideológicas derrotadas militarmente en la Segunda Guerra Mundial, y están en plan de venganza sin cesar desde 1945. Me refiero al neofascismo dominante en países de Europa del Este, rehabilitado por sus aliados capitalistas europeos y norteamericanos después de la fallida experiencia de la URSS, y ahora convertidos en sedes de las bases militares de la OTAN que cercan a Rusia, tratando de imponer el poder unipolar de los Estados Unidos sobre el mundo entero.

En Polonia, por ejemplo, los partidos fascistas colaboradores con la invasión nazi de 1939 y aliados en la agresión a la URSS en 1941, han resurgido con espíritu vengativo ahora como factor de poder, y aplican políticas ultra reaccionarias, como la más reciente, significativamente ignorada por los medios de comunicación: el gobierno polaco eliminó de la enseñanza pública el estudio de la teoría de la evolución de Darwin para explicar la evolución humana… ¡según la historieta de Adán y Eva!  Esta medida “educativa” arrasa incluso con los personajes históricos que contribuyeron a la restauración del capitalismo en Polonia, como Lech Walesa… ¡quien fue borrado de la historia oficial! Se ignora en qué sitial de su historia han colocado al Papa anti comunista Karol Wotyla, Juan Pablo II.

Entre los países ex socialistas con similares características neofascistas que Polonia, están Hungría y Eslovaquia. Y no es casual que estén con una actitud racista y xenófoba, rechazando de modo rotundo a los refugiados que han inundado a toda Europa desde los países atacados por el terrorismo alimentado por Occidente como Siria y de países del norte de África como la desintegrada Libia por una agresión armada.  Es posible que la actitud xenófoba de los gobiernos de esos países, se deba a que sus gobernantes piensen en que a sus países no les toca el problema de los refugiados, porque no participaron por igual en el saqueo colonial de sus pueblos. Pero es difícil que piensen en que los refugiados están en un reclamo histórico a los países europeos que deben su riqueza y desarrollo al saqueo colonial que les hicieron y aún les hacen a sus pueblos de África, y con las guerras de la rapiña petrolera en Medio Oriente.

Esta ofensiva reaccionaria y neofascista en Europa, no es muy diferente a la que despliegan los gringos en Asia y América Latina, pues en ellos juegan los mismo intereses globales del capitalismo monopolista, son los mismos actores de los conflictos en aquella región y en la nuestra. En la península de Corea no hay un conflicto nuevo, sino la continuidad de la injerencia norteamericana, que arrancó desde la liberación de esta península del yugo japonés y tres años después de la creación de Corea del Norte, en 1948. Con la mampara de la ONU, los Estados Unidos le hicieron una guerra tres años después (1950-1953) para que la liberación no avanzara hacia el lado Sur. La derrota gringa terminó, no con el fin de la guerra, sino con un armisticio que partió en dos la península en el Paralelo 38.

Técnicamente esa guerra está vigente, y el armisticio de setenta años ya (que suspendió la acción armada sin firmar la paz) ha sido aprovechado por Estados Unidos no solo para neo colonizar Corea del Sur, sino también para ocuparla con sus bases militares, con las cuales han provocado a Corea del Norte con sus permanentes ejercicios militares en conjunto con el ejército creado por ellos en el Sur de Corea. La situación se ha vuelto más crítica con el singular caso de un joven que utiliza su poder dinástico absurdo –heredado de padre a hijo y de hijo a nieto— en Corea del norte, viciando su causa nacional con esa aberración política. Esta combinación de injerencia imperial con desviación política, provoca graves amenaza a la paz mundial.

Está lucha global nos toca muy de cerca: la ofensiva reaccionaria por la restauración del control imperial de los recursos naturales de Venezuela, con una conspiración extra continental, partiendo de la acción violenta de una derecha política interna, heredera de gobiernos cipayos tradicionales traidores a la causa de Bolívar. Junto a la amenaza militar, el gobierno del fascistoide multimillonario Donald Trump, le está aplicando sanciones económicas de factura imperial.

Tan imperiales son, que sus agentes diplomáticos en nuestro país –como lo deben estar haciendo en otros países—, están amenazando al gobierno y a los empresarios; a uno por tener relaciones comerciales con Venezuela, y a los otros por si acaso las tienen. Actúan descaradamente con la venia de un gobierno dual y una derecha desmedrada, cuyos medios les hacen eco, y lo publican sin críticas, como si fuera un derecho natural de los gringos actuar como si fueran los dueños de Latinoamérica. Por eso hablan de una nación “castigada por Estados Unidos”, y con igual descaro se refieren a Puerto Rico como “territorio norteamericano”.

Muy natural les parece también omitir noticias sobre la reacción del país agredido. Han guardado silencio acerca de las ocho leyes constituyentes en defensa de su economía y su soberanía política, dispuestos a no cederle a nadie el derecho de inmiscuirse en asuntos propios de los venezolanos. La primera ley busca la protección del pueblo ante las consecuencias de la agresión económica con un aumento salarial, y dándole autoridad para la vigilancia del cumplimiento de los precios acordados para cincuenta productos de consumo popular a los fiscales de los Clap –Comités Locales de Abastecimiento y Producción—, los que actuarán con la misma autoridad de los fiscales del Estado para impedir y penalizar la especulación con esos productos.

Una de esas leyes constituyentes tiene la finalidad de hacer efectivo el cobro de las deudas de petróleo con Venezuela, y ojalá eso incluya a quienes en Nicaragua han privatizado la colaboración de aquel país, hoy bajo la ofensiva imperial más brutal, que solo le falta sumar la agresión armada directa del imperialismo.  Las otras leyes también refuerzan al poder popular, para defender la economía, sin contemplaciones con traficantes y especuladores, incluido el justamente llamado “dólar criminal” especulativo de los agentes de la agresión desde el exterior, en especial desde Colombia.

Si Venezuela quiere seguir construyendo su revolución, tiene que ser fuerte ante las agresiones de enemigos externos y sus agentes criollos, saber corregir los errores que se hayan cometido y autocriticarse cuando sea necesario. Pienso que los venezolanos lo están logrando, máxime si toman el ejemplo de la Cuba indómita que seguirá combatiendo el bloque criminal que Trump se lo acaba de prolongar por un año más –para superar los 55 años—, sin dar señales siquiera de que algún día cederá al imperio gringo un ápice de su soberanía.