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Madre de Josué Mojica: “Dictadura asesinó a mi hijo y ahora no respeta ni su tumba”

Elizabeth Velásquez denuncia la profanación de la tumba de su hijo enterrado en Diriamba y asesinado en la "Operación Limpieza" en Carazo.

“Me destruyeron la vida. Me traumaron asesinando cruelmente a mi hijo y ahora le vienen a destruir su tumba”, lamenta Elizabeth Velásquez. Son casi las siete de la noche del dos de noviembre, Día de los Difuntos en Nicaragua, y ella sigue aferrada a la tumba de su hijo, Josúe Mojica, en el cementerio de Diriamba. Este día amaneció destruida y profanada en un ataque, que ella denuncia fue dirigido de las turbas de la dictadura de Daniel Ortega.

Este joven de 20 años fue asesinado el ocho de julio de 2018 durante la llamada “Operación Limpieza”, ordenada por la dictadura para barrer con los tranques colocados por los manifestantes del departamento de Carazo. Ella pensaba pasar el día junto a la tumba de su amado hijo y llevarle flores. Una pequeña caseta de cerámica, un libro de piedra pintado de azul y blanco en el que escribieron la frase “nunca te olvidaremos” y la fotografía de Josúe fueron destruidos.

Finalmente Elizabeth pasó el día entero junto a la tumba, pero llorando y con miedo. “La dictadura asesinó a mi hijo y ahora no respeta ni su tumba, no lo dejan descansar en paz y yo no me quiero ir de aquí porque me da miedo que lo vengan a sacar”, dice llorando al anochecer.

“Son los orteguistas”

Velásquez cuenta que ella estaba en el mercado de Diriamba comprando flores cuando la llamaron para avisarle que la tumba de su hijo había sido profanada.

“Son los mismos sandinistas los que destruyeron la tumba. No les bastó con asesinarlo y siguen todavía. ¿Quiénes más van a ser, si solo la bóveda de él destruyeron en todo el cementerio? Fue un ataque dirigido, y su dolor es que le pinté el libro de piedra en azul y blanco, le colocamos flores azul y blanco. Eso es lo que ellos tanto odian”, denuncia la madre de Josué.

Comenta que dos vigilantes del cementerio de Diriamba le respondieron, ante sus reclamos, que a las seis de la mañana la bóveda donde descansa su hijo estaba bien. “Pero no podemos estar seguros de nada, no sé a qué hora lo hicieron, pero estoy segura que fueron esas turbas a las que les pagan doscientos pesos”, reclama. Cuando unos policías se acercaron a la tumba de su hijo también los encaró y estos solo le respondieron: “vaya a poner la denuncia”.

“¿Cómo voy a denunciar si ustedes mismos son cómplices? Podemos agarrar al que hizo est y seguro ni lo van a enjuiciar”, asegura Velásquez le respondieron a los policías.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó el vandalismo en tumbas de personas asesinadas durante las protestas. Además, respaldó el reclamo de las Madres de Abril “para alcanzar un proceso de memoria, verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición”.

El acoso es constante

mamá de Josué Mojica
Elizabeth Velásquez en una fotografía hace unos dìas junto a la tumba de su hijo Josué Mojica. Cortesía

“¿Por qué no me hacen algo a mí? Mi hijo no les va a poder responder porque ya me lo mataron”, insiste Elizabeth. Pero a su familia tampoco la han dejado en paz. Constantemente pasan patrullas por su casa y camionetas tomando fotos. Ella cree que es porque no ha parado de denunciar el asesinato de su hijo y por pertenecer a la Asociación Madres de Abril (AMA).

Ella trabaja en el mercado y con esfuerzo sacó una mototaxi que trabaja su otro hijo. “Lo han intentado parar, porque les molesta que la moto tenga la fotografía de Josué. Este es nuestro único sustento y quisiera que nos dejaran de molestar”, manifiesta.

Velásquez no se explica por qué tanto odio contra jóvenes que solamente se manifestaron contra el régimen de Ortega. “A mi me dejaron traumada, se ensañaron con él, le dispararon, le quebraron sus costillas, le robaron su celular, le dislocaron el hombro, le robaron sus zapatos y su gorra. Y todavía se atreven a decir que fue porque eran delincuentes, terroristas, cuando los ladrones son ellos”, expresa.

Un estudiante y deportista

Josué Mojica era menudo y delgadito. Cursaba el segundo y tercer año de bachillerato en el colegio La Salle. A su hermano mayor por ser delgado le apodaron “Feto” y cuando él empezó a estudiar se ganó el mismo mote, pero le decían “Fetito”.

Su mamá relata que su pasión era el fútbol. “Jugaba fútbol campo y fútbol sala, era delantero. Su otra pasión era el taekwondo, deporte en el que hasta se había ganado una medalla de plata”.

Josué Mojica tenía 20 años cuando fue asesinado por la dictadura en un ataque al departamento de Carazo. Cortesía

“A Josué le gustaba cantar las canciones de los Mejía Godoy y también la música nicaragüense. Tenía un gran amor por Nicaragua y su sueño era que se acabara el régimen para vivir en un país libre. Iba a las marchas con una gran alegría, no hallaba dónde ponerse la bandera… se la ponía en el cuello, se la ponía en la cintura. Un día que fue a una marcha, al salir de la casa con su bandera, en una pared del parquecito escribió Josué M, 19 de abril. Se tomó una foto con la bandera y la publicó en las redes sociales”, dice la madre en un relato en el Museo de la Memoria de las Madres de Abril.

El 19 de junio había cumplido 20 años. “Sigo esperando justicia y no voy a parar hasta conseguirla”, insiste Elizabeth.

Brenes llama a respetar a los muertos

El cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua, exigió respeto para las tumbas de las víctimas de la dictadura que han aparecido destruidas o con pintas durante los últimos días.

“Creo que debemos respetar nuestras tumbas, porque ahí descansa un santo, creo que los santos están aquí y aquí los guardamos y aquí lo recordamos y aquí oramos por todos ellos”, respondió Brenes tras oficiar una misa, aunque periodistas afines al régimen intentaron interrumpirlo para que no se pronunciara sobre la profanación de tumbas.

tumba Josué Mojica
La familia de Josué Mojica pasó todo el dos de noviembre vigilando su tumba, tras ser destruida. Cortesía

La Asociación Madres de Abril (AMA) alertó que se siguen profanando tumbas de sus hijos y parientes asesinados por el régimen de Daniel Ortega y ha aumentado la escalada de hostigamiento e intimidación en contra de sus miembros, quienes han sido reprimidos en las misas de sus hijos muertos y son vigilados en sus hogares por la policía y fuerzas paramilitares.

Los sepulcros han sido marcados con pintas y algunas lápidas han sido quebradas en Carazo, Ticuantepe, León, Estelí y Managua, explicaron.

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