Economía

Mario Arana: “Necesitamos soluciones de corto plazo”

“Estamos en un estado policíaco, pero también se está creando una nueva efervescencia. Hay presión para buscar una salida en el tema político”

Los pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) son una advertencia del penoso camino que le espera a Nicaragua, si no se encuentra pronto una salida negociada a la crisis política que sufre el país desde hace años, y que explotó el 18 de abril de 2018.

El 12 de noviembre pasado llegó a su fin la visita de la misión del FMI que se efectúa (generalmente una vez al año), en el marco de la consulta del Artículo IV que establece el Convenio Constitutivo de esa entidad multilateral.

Luego de un inusual silencio de ocho días —cuando lo normal es que la Misión publica el mismo día, un comunicado redactado de común acuerdo con el gobierno— el Fondo presentó más recomendaciones y observaciones de lo habitual: hasta 14 en esta oportunidad.

Lo más grave es la confirmación de que la economía decaerá en -5.7% en 2019 (no -5.0 como el pronóstico original), y que la recesión continuará en 2020 con -1.2%, y se manendrá en 2021 con 0.0% de crecimiento, lo que significa, al menos, cuatro años consecutivos de recesión y depresión económica.

“El Fondo Monetario nos está llamando la atención, y nos dice que Nicaragua está no solamente en un decrecimiento económico que ya suma dos años, sino que se queda estancado”, explicó Mario Arana, presidente de la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua (AmCham), al ser entrevistado en el programa Esta Semana, que se transmite en línea.

El economista advierte que el predicamento de los nicaragüenses no termina ahí, porque “todavía el próximo año se pronostica negativo, luego cero crecimiento en 2021, y así hasta llegar a 1.5% en 2024”, mencionó.

Viajando al pasado

Esa proyección implica que el producto interno bruto (PIB), que idealmente debería haber llegado a 14 581 millones de dólares en 2018 —si se hubiera cumplido el pronóstico de crecer 4.7% ese año— se desplomará hasta los 12 600 millones en 2021.

Esa cadena de cifras implica un decrecimiento de 13.6%, y un regreso a los niveles previos a diciembre de 2015, lo que a Arana le parece “una noticia muy desfavorable para el país, porque significaría problemas de generación de empleos, y mayor presión sobre los índices de pobreza”.

Además de enumerar los problemas que aquejan a la economía pinolera, los expertos del Fondo también señalan los caminos por los que hay que transitar para encontrar la solución, y esos caminos pasan por establecer el clima apropiado para arriesgar y esforzarse.

“La recomendación central del Fondo es la confianza, y lo que nos dicen es que si queremos recuperar el crecimiento y el consumo, primero hay que recuperar la confianza, y eso nos lleva al tema que sabemos que está afectando la confianza, que es el tema político”, dijo Arana en la entrevista a Esta Semana.

¿Cómo reacciona el sector privado a este pronóstico del FMI ¿van a esperar tres años más de recesión, o se puede ejercer otra clase de presión para lograr un cambio político?

El país en su conjunto viene ejerciendo esa presión. A la resistencia cívica y pacífica que se ha venido librando, se añade ahora la presión internacional. Ahí está el informe de la Comisión de Alto Nivel de la OEA, y sus recomendaciones, que se discutirá la próxima semana en el Consejo Permanente del organismo.

Necesitamos soluciones de corto plazo, porque no vamos a poder manejar esta situación que vulnera el crecimiento económico que acompaña al desempeño del país, así que hay mucha presión para buscar una salida lo más pronto posible.

Diversos sectores esperan que los líderes de los grupos empresariales se pronuncien abiertamente sobre esta nueva crisis, otros demandan un paro como mecanismo de presión. ¿Qué propone la Alianza Cívica?

Hay discusiones en este momento debido al contexto que estamos viviendo, que es de intensificación de la crisis política, en el sentido que estamos teniendo una nueva ola de efervescencia.

Hay una presión fuerte, un llamado de la sociedad para irnos al paro, que se está sopesando porque es una decisión delicada, que tiene que estar inserta en un contexto específico, en unos objetivos claros, que sean alcanzables.

En este momento hay consultas, y veremos qué acciones se toman. No es tan fácil ni mecánica o mágica la solución que un paro puede dar. Tenemos que darle mucho más peso a la organización que debemos tener como sociedad; a la unidad que tiene que existir para ir cambiando el balance de fuerzas.

Están pasando otras cosas que no podemos minimizar. No olvidemos que la próxima semana, la OEA discutirá una resolución que podría ser una opción que todos los sectores del país deben examinar seriamente, porque lo que queremos es poder trazar una ruta para salir de la crisis, y esa ruta tiene que ser producto de una negociación política.

¿Puede el sector privado incidir sobre la tecnocracia y los empleados públicos que no apoyan la represión, para buscar una salida?

Quien lidera esto e impide la solución es un grupo bien reducido, pero apelamos a todos los demás, que tienen un sentido importante de racionalidad, y están en una situación mucho más vulnerable, porque quienes controlan el poder no están sufriendo las consecuencias de esta crisis.

Ellos están casi en palco y muy bien, pero el resto de la sociedad tiene que pensar qué clase de país y qué clase de futuro queremos para nuestros hijos. ¿Por qué tanta intransigencia de no encontrarle una salida, cuando perfectamente se pudiera lograr sin darle tantas largas?

Ha habido dos oportunidades —el año pasado y este año— que pudimos haberle dado una salida a esta crisis, tratando de encontrar acuerdos según las visiones de ambas partes, y no se ha podido. ¿Por qué? Porque hay una obsesión de permanecer en el poder a toda costa, dando largas al asunto. Eso está dañando la economía. El FMI está diciendo: ‘No estás bien, vas a seguir decreciendo, tenés una serie de riesgos y vulnerabilidades que atender, y lograr que tus reservas internacionales pasen de ser el equivalente de cuatro meses de importaciones, a oscilar entre cinco a diez meses’, lo que significa prácticamente duplicar el nivel actual.

Pero en esta nueva crisis observa una especie de inercia. Pareciera que algunos esperan que el deterioro económico produzca algún cambio y otros, que funcione la presión externa, y la percepción es que no hay un liderazgo nacional en el sector empresarial que asuma, en este momento de intensificación de la crisis política, la misión de presionar más al Gobierno.

La solución que hallemos tiene que ser producto de todos esos factores, incluyendo el liderazgo empresarial —pero también, el de toda la sociedad, y aquí incluyo al liderazgo del régimen— para lograr que se dé la apertura que nos permita salir de esta crisis.

El asunto es cómo y cuándo se puede construir esa presión, y en eso estamos. Existía la impresión —equivocada, desde mi punto de vista— de que las cosas se estaban estabilizando política y económicamente, y estamos viendo que no es así.

El informe del FMI habla de un problema en la economía, que yo consideraría preocupante, pero también se está creando una efervescencia en el país. Nuevamente los universitarios están movilizados.

Las protestas estudiantiles encienden a las universidades de Nicaragua 

Estamos en un estado policíaco. ¡Eso es absurdo! ¿Cómo vamos a recuperar la confianza, el crecimiento y la inversión en esas circunstancias? Eso no es realista, no es posible. Estamos llamados a buscar una solución.

¿Qué podemos hacer? Hay que decirlo con toda claridad, como lo estamos haciendo: si el régimen no hace caso, continuemos trabajando en esta dirección, porque es la decisión sensata para sacar adelante al país, y darle una respuesta a la población.

Dejemos de lado estos cuentos de camino, donde aparecen con un doble discurso, hablando de paz, mientras tratan de forzar las puertas de las iglesias.

¿Se necesita suspender ese estado policíaco para abrir espacio a una reforma política?

Efectivamente. La OEA nos está dando una oportunidad para trabajar lo que pudiese ser un esquema con un mecanismo de compromisos, a lo largo de un periodo que vaya restableciendo la estabilidad del país, resolviendo estos problemas que se está pidiendo atender.

Se tiene que resolver el problema de los prisioneros políticos, en primera instancia. También el de garantizar las libertades cívicas, tal como fue acordado. Tiene que cumplirse, porque en base a eso es que podés plantearte el trabajar en reformas electorales, y eventualmente, tener un proceso electoral limpio.

Si no recorrés ese camino, este país continuará en crisis Eso es lo que la sociedad está demandando, y es lo que se tiene que hacer.

Más en Economía

Send this to a friend