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Más fibra para prevenir el cáncer

Entre más fibra consumimos, existe un mayor balance de aquellos microbios que benefician a nuestros cuerpos



La creciente prevalencia del cáncer en sus diferentes formas y el efecto que esta enfermedad tiene en nuestros seres queridos es preocupante. Pareciera que las células cancerosas se desarrollan en nuestros cuerpos con mucha más frecuencia que antes. Pero la cuestión es, ¿quién ganará, nosotros o ellas?

¿Cómo prevenir el cáncer? 

El estudio del cáncer es un área de la ciencia relativamente joven. Esto se da por muchas razones, entre ellas la gran dificultad que tienen los científicos para organizar evidencia lo suficientemente relevante y que tenga en cuenta variaciones de parámetros importantes en el crecimiento de las células cancerosas, tales como el genotipo, el comportamiento de cada ser humano y la interacción genotipo-ambiente.

Sin embargo, el World Cancer Research Fund International (WCRF, por sus siglas en inglés) afirma que un tercio de los diferentes tipos de cáncer que existen se pueden prevenir, siempre y cuando la persona tenga una dieta nutritiva, mantenga un peso apropiado y haga ejercicio.

La evidencia científica destaca el papel que juegan los microbios que viven dentro de nosotros y que nos benefician. Por ejemplo, los alimentos que provienen de las plantas contienen fibra, mientras que las carnes no las tienen. La fibra es importante para una comunidad saludable de microbios beneficiosos que viven en el intestino.

Los miles de millones de bacterias que viven en nuestro tracto digestivo y en otras partes del cuerpo se conocen como “microbioma” y su investigación es reciente. Cuando el microbioma es equilibrado, tenemos un aliado estupendo que ayuda a mantener nuestros cuerpos sanos, pues garantiza la buena digestión, el pensamiento claro y un estado de ánimo equilibrado. Por otro lado, cuando el microbioma se desequilibra, corremos el riesgo de padecer síntomas como confusión mental, depresión, ansiedad, insomnio, obesidad, diabetes y cáncer.

Menos carnes rojas o procesadas

El equilibrio que los vegetales le dan al microbioma se ve afectado por el consumo de carne. La ingesta de carne rojas está relacionada con cáncer colorrectal, de esófago, pulmón, páncreas y de endometrio, mientras que el consumo de carne procesada se relaciona con el cáncer de esófago, pulmón, estómago y cáncer de próstata.

Lo anterior podría suceder porque aunque los microbios prefieren comer vegetales verdes, consumen el revestimiento del intestino cuando estos alimentos no se encuentran en sus proximidades, lo que provoca que el revestimiento del órgano sea más permeable, permitiendo que las toxinas y carcinógenos potenciales ingresen al cuerpo.

Otros científicos aseguran que la fibra que alimenta a los microbios también reducen el tiempo que estos permanecen dentro del intestino, dando a las toxinas y carcinógenos menos tiempo para entrar al cuerpo.

En base a la evidencia acumulada hasta ahora, el WCRF recomienda que el consumo de carnes rojas se limite a no más de 500 g (18 onzas) por semana. Ahora, con nuestra preocupación por la tala indiscriminada y el incremento de la temperatura del planeta, tenemos una mayor motivación para probar reducir el consumo de carne a la semana.