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“Me mataron a toda mi familia”

Cinthia López durante la vela de sus familiares en el barrio Carlos Marx en Managua. JB2 | Confidencial

La mujer tocó los piececitos del niño. Jugó con ellos, los acarició, los besó. Pasó lentamente su dedo índice sobre la naricita. “Mi niño, mi niño”, exclamó tristemente tantas veces como pudo. El bebé de apenas cinco meses, estaba inmóvil, con sus ojos cerrados, con quemaduras en su cuerpo y su cabecita. Matías Pavón Raudez estaba muerto, en un ataúd tan pequeño como él.

Cinthia López rompió en llanto. De nuevo tocó los piececitos de “su niño” y los acarició. Luego levantó su cabeza y observó a su alrededor los otros cinco ataúdes que estaban en el salón. Ahí estaban los cuerpos de Oscar Pavón, su padre; Maritza Muñoz, su madre; Alfredo Pavón, su hermano; Ángela Raudez, su cuñada, y Daryelis Pavón Raudez, de apenas dos años de edad. Todos, muertos en un incendio provocado a mansalva.

Su mirada se llenó de enojo, culpa, desesperación y tristeza. Cinthia fue una de las tres sobrevivientes que escapó del incendio que ocurrió a eso de las seis de la mañana de este sábado, en el barrio Carlos Marx, en Managua. “Me mataron a toda mi familia, fueron los policías y las turbas sandinistas”, declaró con mucho dolor y furia.

Los vecinos que auxiliaron a la familia de Cinthia relataron a CONFIDENCIAL que muy temprano en la mañana un contingente de policías y paramilitares fuertemente armado, que se movilizaba en varias camionetas de tina, se desplegó por el barrio. Su objetivo era remover las barricadas que los ciudadanos tenían sobre la pista que va hacia el mercado El Mayoreo.

Al menos seis personas de una misma familia murieron, entre ellos dos niños, a raíz de un incendio en una casa de tres pisos, que también funcionaba como un negocio, en un barrio del este de Managua, informaron los bomberos. EFE/Jorge Torres

Los armados, según los testigos que observaron desde sus casas, se proponían ubicar a uno de sus francotiradores en la casa de Cinthia, una construcción de tres pisos que desde la planta alta tiene una vista privilegiada hacia la carretera y los barrios colindantes.

“Ellos iban buscando tener ventaja, para dispararnos a todos y que no nos resistiéramos cuando quitaran las barricadas”, aseguró un testigo.

Ubicar a un hombre en las alturas, les permitiría que las espaldas de los oficiales y paramilitares quedaran cubiertas mientras desmantelaban las barricadas. Rodearon la estructura de tres pisos, y luego golpearon las puertas. Los dueños de la vivienda se rehusaron a abrir y esto desató la furia de los atacantes, que lanzaron sin piedad bombas molotov, morteros y balas.

La casa de Cinthia estaba dividida de la siguiente manera: en el primer piso estaban los colchones y demás materiales que utilizaban en su fábrica artesanal. En la segunda planta se encontraban los dormitorios y en la parte de arriba, había un gran espacio en los que la familia realizaba cultos evangélicos.

Las bombas molotov y morteros provocaron que todo el primero piso se incendiara rápidamente. El fuego avanzó hasta la segunda parte de la casa, donde se encontraban nueve personas encerradas en una habitación, incluida Cinthia. Abajo los paramilitares, disparando contra los ciudadanos que se acercaron a intentar ayudar. La película de terror continuaba con un guión espeluznante.

El relato de un sobreviviente

Javier Pavón está sentado en la acera de la casa de tres pisos. Ve pasar a sus vecinos con baldes llenos de agua. Intentan sofocar las últimas llamas del incendio que arrasó con la vivienda en la que vivía él, y ocho de sus familiares. Tiene el semblante triste, los ojos rojos y la mirada perdida. Se le acercan unos “hermanos” de la iglesia. Le preguntan cómo fue que sobrevivió al incendio.

Javier vivía y trabajaba en el negocio de elaboración y venta de colchones de Oscar. “Mi tío era bien bueno conmigo, siempre me apoyó”, dice mientras tapa su rostro con una camisa. Llora, porque no pudo salvar a todas las personas que estaban en la casa.

“Yo me levanté porque escuché los disparos. Todos estábamos en el segundo piso. Mi tío había dicho que no iba a abrir a los que estaban disparando. Nos encerramos esperando a que dejaran de atacarnos, pero un humo negro llegó hasta el cuarto y nos comenzamos asfixiar”, relata Javier.

La habitación se llenó de más humo. Se estaban ahogando, pero Oscar dijo que no saliera nadie. Que podía ser peligroso. Javier no hizo caso y abandonó el lugar en dirección hacia el balcón, que estaba en el mismo segundo piso.

“Yo no sé cómo, pero con  mis manos quebré la puerta. Me ensarté un montón de vidrios, pero cuando sentí que podía respirar continué. No sé de dónde saqué fuerzas, pero abrí el portón, lo doble y cuando logré salir, sentí cómo el aire llegaba a mis pulmones”, indicó.

Lo primero que se le vino a la cabeza a Javier fue lanzarse del balcón hacia la calle. Lo iba a hacer, cuando escuchó la voz de dos de sus primas: Cinthia y Maribel Pavón. Entonce regresó por ellas y las trajo consigo hasta la zona de seguridad que él había llegado.

En medio de la desesperación los tres se lanzaron desde el balcón hacia afuera de la casa. Ya no había paramilitares cerca, tampoco oficiales. Fue entonces que los vecinos acudieron para ayudar a los que todavía estaban adentro.

“Yo quería en ese momento tener superpoderes, entrar y rescatar a mi tío, a los niños, pero no pude, no pude, solo a mis dos primas logré sacar”, afirmó Javier, en medio de lágrimas.

Todos se refugiaron en una casa cercana. Cinthia aprovechó para grabar un video, y acusó directamente del ataque a los grupos paramilitares y de la Policía Nacional. También señaló al presidente Ortega y a su familia.

“Quemaron mi casa, la colchonería y toda mi familia está muerta, los niños, mis hermanos, mi mama. Quemaron mi casa. La quemaron, salí porque me tiré del balcón…. Mis padres, los mataron… pero maldigo a Daniel Ortega y a toda su familia y a toda su descendencia, los maldigo”, dijo Cinthia en una publicación que pronto se volvió viral.

Los vecinos abrieron las puertas de la vivienda. Con baldes trataron de sofocar el incendio. Era una tarea casi imposible apagar las llamas de esa forma. Afortunadamente el Benemérito Cuerpo de Bomberos acudió al lugar y con el apoyo de los pobladores, lograron detener el avance del incendio. No obstante, ya era demasiado tarde para las seis personas que quedaron en el tercer piso.

Durnte las labores de rescate, los bomberos encontraron los cuerpos de Alfredo, Oscar, Maritza y Ángela, completamente calcinados. Matias y Daryelis estaban en la misma habitación, pero con aparente signos vitales. Los bajaron a los dos, sin embargo, solo el niño tenía pulso. Él fue trasladado en un taxi hacia el hospital Alemán, pero camino al centro hospitalario, expiró.

Los vecinos aseguran que si los grupos armados no hubieran permanecido en frente de la casa disparando a quienes intentaban auxiliar a las víctimas, probablemente ninguna de las personas hubiese muerto.

“Intentamos salir a ayudar a las personas pero la Policía nos decían, así vulgarmente, ‘hijueputas métanse’. Incluso cuando estábamos sacando el último cuerpo, una camioneta de policías pasó por aquí y nos dispararon a todos. Nosotros tuvimos que meternos a la casa para resguardar nuestras vidas”, explicó uno de los testigos.

Otra ciudadana manifestó que las patrullas policiales tenían el plan de tomarse la casa y lo querían ejecutar desde temprano, sin embargo, no contaron con que los dueños de la vivienda se iban a negar.

“Desde las cinco de la mañana ellos pasaron filas tras filas, iban de civil, encapuchados, y se pusieron en la esquina de una casa que estaba vacía. A la gente que iba pasando les decían que se regresaran. Después de que ellos comenzarona quemar la casa, no se movieron, ellos dejaron que la familia se quedara atrapada, y se murieran quemados”, informó otra ciudadana.

Dos muertos en la 9 de junio

Unos minutos después del incendio provocado en el barrio Carlos Marx, los paramilitares y oficiales se dirigieron a los alrededores de Villa Miguel Gutiérrez y la Colonia Nueve de Junio a derribar otras barricadas que estaban sobre esa pista.

Los armados entraron a este sector disparando contra las barricadas. Los ciudadanos no salieron de sus casas. Se defendieron desde adentro con armas artesanales y morteros. También grabaron con sus celulares a los oficiales y paramilitares que dispararon en contra de las viviendas.

En el enfrentamiento dos personas, identificados por los pobladores como paramilitares, cayeron entre las barricadas. “Lo que hicieron los policías fue quitarles las armas y luego se fueron, los dejaron como perros en la calle, poco les importó si estaban vivos o muertos. Así los ven, como cualquier mierda”, relató uno de los ciudadanos de la Colonia 9 de Junio.

En su pantalón los pobladores encontraron una tarjeta de vacunación. El hombre fue identificado como Francisco Aráuz Pineda, originario de Matagalpa y de 54 años, quien según medios oficialistas, era un “histórico combatiente del FSLN” e hijo de Amanda Pineda, víctima de las torturas de la guardia de Somoza en los años setenta. Según la misma información, Aráuz ayudaba a labores de limpieza cuando lo mataron. Esta versión todavía no ha sido confirmada.

El otro ciudadano fue identificado como Antonio Fernández. Este cayó en el sector de los semáforos de Villa Miguel Gutiérrez. De él los pobladores indicaron que su cuerpo fue retirado del lugar por los paramilitares a bordo de una Hilux.

Luego de registrar sus bolsas y encontrar esa tarjeta de vacunación, los protestantes de las barricadas llevaron el cuerpo sin vida de Aráuz hasta en medio de la calle. Le rociaron gasolina, y en un acto de venganza, le prendieron fuego. El acto de barbarie fue condenado de inmediado por miles de ciudadanos

¿Y por qué lo quemaron?

Porque ellos (los paramilitares) quemaron a una familia completa. A seis personas. Pero sabe algo, al menos nosotros lo quemamos cuando estaba muerto, mientras que ellos quemaron a esa familia estando vivos.

Las mentiras de Edwin Castro

Mientras los cuerpos de las seis personas que habían fallecido en el incendio eran llevados a la casa donde iban a ser velados, en la mesa de Diálogo Nacional, los representantes del Gobierno, alegaron que estas personas eran simpatizantes del FSLN y habían sido víctimas de los supuestos “vándalos de la derecha”.

“Y quería decirles que la familia fallecida, era una familia reconocida sandinista de ese barrio”, declaró el diputado Edwin Castro. Sin embargo, los familiares de la familia Pavón, desmintieron al legislador del partido de Gobierno.

Oscar Pavón, hijo de las víctimas, declaró que su familia nunca ha pertenecido a ningún partido político, menos al Frente Sandinista. Afirmó que quienes mataron a su padre y su madre, fueron las turbas y la Policía Nacional. Insistió en ser testigo de cómo estos grupos incendiaron la casa y apuntaban a los vecinos que intentaban auxiliar a las víctimas.

“Fue la JS y la Policía la que mató a mi familia, me mataron a toda mi familia, esos malditos perros”, sentenció.

Durante la mesa de Diálogo la representación del Gobierno leyó un comunicado emitido por la Dirección General de Bomberos de Nicaragua, en el que aseguraban que vecinos del lugar manifestaron que delincuentes encapuchados “han mantenido acechando el sector desde hace varias semanas, quienes lanzaron bombas molotov provocando el incendio”.

El documento indicaba que “al momento de llegar para controlar el incendio, no pudieron intervenir de manera rápida porque las puertas del local estaban enllavadas… mientras los bomberos desarrollaban su labor, estuvieron siendo asediados y atacados por grupos encapuchados”.

Sin embargo, esta versión fue desmentida por los vecinos, quienes aclararon que quienes se presentaron al sitio, fueron miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos. “Eso que dicen es mentira, si aquí a nadie se atacó”, explicó una vecina.

El subteniente Oscar Robleto, del Benemérito Cuerpo de Bomberos, dijo a los medios de comunicación que trabajaron en conjunto con la población para que el incendio no se propagara. Afirmó que nunca fueron asediados y siempre se coordinaron con la población para apagar las llamas.

El director jurídico del Cenidh, Gonzalo Carrión, responsabilizó al Gobierno por esta nueva masacre. Asimismo aseguró que no tenía comparación reciente de los niveles de criminalidad en los que se encuentra el país.

“Estamos sometidos a un estado de terror, es propio de una

expresión de un Estado terrorista porque son estructuras criminales que actúan completamente organizadas desde el poder central, no hay vuelta de hoja. Esta es una ejecución atribuible, es responsabilidad del Gobierno de Nicaragua”, aseguró.

Intimidan en la vela

En el salón de la iglesia, los ataúdes de los dos niños están ubicados al centro. Adelante de estos se encuentran los féretros de sus abuelos y atrás, los de sus padres. Todos están rodeados de amigos, familiares, conocidos.

Algunas personas no soportan y lloran. Otros solo dirigen su mirada a Cinthia, que sigue jugando con los piecitos de Matías. El ambiente está tenso. Los demás familiares no quieren que se hagan videos ni fotos. Tienen miedo que los policías y los paramilitares los busquen para matarlos.

“No me grabés, por favor, no me grabés”, dice el hijo de Oscar y Maritza. Los periodistas hacen caso. A la iglesia se acercan más personas, en busca de dar aliento y fortaleza a los familiares de las víctimas. Javier no está presente, dijeron que estaba muy afectado.

Por la noche un grupo de paramilitares realizó varios disparos en los alrededores de la iglesia. Esto provocó el pánico entre los presentes por lo que decidieron retirarse a sus casas. Las fuerzas represoras no cesaron en su intimidación.

“La Policía no quiere que sigan denunciando lo que pasó. Aunque está difícil porque los videos abundan en las redes sociales. Ellos mataron a estas personas, ellos les pegaron fuego, ellos dejaron que se murieran”, expresó una vecina, que tuvo que abandonar la vela, como el resto de presentes.