Política

El expresidente Bolaños habla de su libro “La lucha por el poder”

“Me quitaron los poderes, lo peleé, y les gané la partida”

Enrique Bolaños

"El pasado siempre regresa. Los caudillos quieren atornillarse, si es posible de por vida, en la silla del Ejecutivo"



La lucha por el Poder, escrito por el expresidente Enrique Bolaños, es un libro de historia política de Nicaragua, desde 1821 hasta 2007, y también una memoria de su actuación como protagonista cuando le correspondió ejercer la presidencia.

El ingeniero Bolaños documenta la historia de Nicaragua como “una persistente contienda fratricida entre los partidos políticos y sus caudillos por alcanzar el poder, y para atornillarse, si es posible de por vida en la silla del Ejecutivo”. Y resalta que la amenaza de los caudillos políticos que demandan “el poder o la guerra”, y el hecho de que se hayan otorgado 52 amnistías por delitos políticos, la última en el año 2000, son factores explicativos sobre el atraso del país, que ha frenado el desarrollo humano y sus instituciones democráticas, convirtiéndolo ¨en uno de los más pobres de América Latina¨.

Este libro también presenta una parte de las propias memorias de Bolaños como protagonista, primero como dirigente empresarial del Cosep y líder opositor, durante la revolución en los años 80, después como vicepresidente de Arnoldo Alemán entre 1997 y el año 2000, y sobre todo como presidente de la República, entre 2001 y 2007.

El texto de más de 480 páginas, respaldado ampliamente con documentos, decretos gubernamentales y estadísticas económicas, se divide en ocho capítulos históricos, y culmina con la transición democrática entre 1990 y 2007. Y sobre el régimen de Daniel Ortega, en esta entrevista que realizamos en el programa televisivo Esta Semana, el ingeniero Bolaños dice que no lo aborda en su libro porque todavía está en el poder y “no es historia”, aunque advierte que “hay una regresión….es igualito que lo que sucedió atrás, y estamos esperando a ver cómo termina”.

Empecemos por la tesis de su libro ¿Por qué se ha impuesto en la historia de Nicaragua este patrón de violencia política ejercido ya sea por los partidos o por los liderazgos caudillistas?

Bueno, el por qué, es realmente una pregunta que le corresponde a los sociólogos contestar.  Está  dentro de nuestra naturaleza, además, no creas que solo Nicaragua, toda América Latina es igual: Bolivia, Argentina, cualquiera ha tenido estos trastornos similares.

El  problema en Nicaragua es que, dice Pablo Antonio (Cuadra) en sus escritos, que lo heredamos también desde las tribus originales que existían en Nicaragua. Los nahuas y los chorotegas. Los nahuas eran gobernados por un cacique y su familia, con puño de hierro, guerreristas, prepotentes; y los chorotegas gobernados por un grupo de ancianos, escogido por el mismo pueblo, amantes de su familia, de sus hijos, pacíficos y tolerantes, y que esa mezcla de los dos, de repente, cuando vienen turistas aquí dicen -hombre, que pueblo más acogedor es Nicaragua-. Porque sí, en realidad somos acogedores con los turistas y se sienten bien cómodos, los tratamos muy bien; pero cuando somos violentos, somos violentos.

Esa es una influencia cultural, pero ¿es un factor determinante, a lo largo de 200 años?

Es uno  de ellos, y lo traemos en la sangre,  con una mezcla de los españoles que vinieron a conquistarnos. Las circunstancias que ellos encuentran aquí de riqueza aquí en el  país, como había una población de 500,000 habitantes cuando los españoles vinieron a conquistar Nicaragua, los hace que ellos pueden disponer de mano de obra gratis, de todos estos que ellos subyugan y conquistan.

Diferente,  por ejemplo, en Costa Rica había menos aborígenes, y ahí el que no trabajaba  no comía porque tenía que servirse mejor. Y Costa Rica en 1948, hace pues relativamente pocos años,  a lo largo de la historia, abolieron el ejército y siguieron un sistema diferente  de democracia,  que la han practicado, aunque hay vicios grandes también de corrupción ahí en Costa Rica.

Veamos ahora el otro ángulo. ¿Qué es lo que ha impedido que en este país las instituciones democráticas, como eso que está describiendo en Costa Rica, echen raíces?

Bueno. Es que esa es una pregunta que la deberían contestar los sociólogos, que expliquen qué es lo que nos hizo diferentes a muchos otros países. Pero generalmente ha reinado en Nicaragua una constante. ¿Cuál es el período más tranquilo hemos tenido aquí la historia? ¿Los 30 años (conservadores)? Hubo cuatro guerras en ese periodo, y es el más tranquilo, pero yo como historiador narro los hechos.

El sociólogo nos debería contestar, que nos explique y nos ayude a cambiar, que nos ayude a detectar dentro de nosotros qué es lo que nos motiva.

La herencia del caudillismo

Usted insiste en el libro en la responsabilidad de los caudillos y sus aduladores como los principales responsables de esta situación. Pero detrás de esos liderazgos siempre han existido proyectos económicos, fuerzas económicas. ¿Tienen las élites económicas alguna corresponsabilidad en esta falta de desarrollo democrático del país?

Claro que la tienen, y también la narro, ahí aparece cada vez en los escritos, pero básicamente lo que es guerra, que ellos financian también, porque eso ellos son los que ponen el dinero para comprar las armas y mantener los ejércitos, eso aparece perfectamente bien en el libro, pero digo, es el liderazgo, los caudillos los que, una vez que llegan, se quedan muchísimo tiempo!

Pero también han existido períodos prolongados de dictadura o estabilidad autoritaria en la que incluso hubo crecimiento y modernización económica, como los más de 40 años de la dinastía de los Somoza, o podría decirse algo parecido de esta etapa de Daniel Ortega que ya va por los 15 años…

Ya va a alcanzar a la otra.

¿Cómo se interpretan esta clase de tendencias?

Buena pregunta para los sociólogos. Yo lo que narro es historia: esto sucedió, eso sucedió. Nos encontramos en esta situación: somos el país más pobre de América desde hace 40 años para acá, ¿y qué explica que no hemos podido subir y recuperar?

Durante el Gobierno del presidente Alemán, en el que usted fue vicepresidente,  se hizo el pacto entre Alemán Ortega que partidizó las instituciones del Estado,  y que usted cuestiona en este libro. 

Verídico, y lo narro bien.

Pero mientras se cocinó el pacto el vicepresidente Enrique Bolaños estuvo en silencio, ¿por qué?

Me invita Arnoldo a ser su vice para ganarle a Ortega, con mi trayectoria del COSEP,  que le ayudaba, porque no podían ser todos liberales, me dice, y me convence. Me metí, pero dije yo, –voy a ver si puedo seguir con mi tarea que yo quiero llevar–. Pero si yo desde el primer día digo –esa es mi intención, no llego ni a hombre de turno al bate, entonces tengo que jugar con cara de póker–.  En los gabinetes yo me oponía a Arnoldo, yo le decía desde el comienzo, cuando yo comienzo con él de vicepresidente,  le digo:  –dejá de pagar los sueldos en dólares, ponelos en córdobas, ya que no exista nada de eso–. No lo hizo, y solo tres personas me acuerparon de ese gabinete que tenía él.

Pero ese pacto sobre el cual en ese momento usted no se pronunció, finalmente terminó atenazando a su Gobierno cuando llegó a la presidencia. 

Claro, ideay, pero si no desde ese momento lo combato de otra manera más firme no llego a la presidencia para tratar de componer las cosas.

Su Gobierno tuvo mucha popularidad, sobre todo al final del segundo año, cuando lanzó una cruzada contra la corrupción, sin embargo, después quedó en minoría política. ¿Alguna vez contempló convocar el apoyo popular de manera abierta?

¡Claro que sí! tuvimos unas grandes manifestaciones, ¡uh, claro que sí! te puedo enseñar las fotos, grandes manifestaciones.

Corrupción, Alemán y Amnistía

Pero eso no se tradujo en fuerza política de respaldo. 

Pues no se tradujo ¿ajá, y…? pero yo tanteé, yo hice mi parte, cada quien hizo su parte, hubo otros que jugaron otro papel, yo hice mi papel que me correspondía y defenderme.

Todo estaba basado en una cosa dentro de todos esos pleitos. Recordá la (resolución de la) Corte Centroamericana de Justicia, y que mandan, la OEA, a Dante Caputo. Vino Dante Caputo a  investigar, a ver, y cómo podía arreglarse. ¿Qué informe le da Dante Caputo a la OEA? su primer informe, que me molestó muchísimo, – es culpa del presidente porque es terco, no quiere aflojar y negociarlo-. Le digo a Norman Caldera, recorra con estos documentos América del Sur, México hasta abajo, y el vicepresidente Javier Williams, costeño, que recorra las islas.  Y cambian de opinión, y ven la verdad. ¿Qué es lo que querían ellos?  Que yo le diera una amnistía a Arnoldo Alemán.

Habría sido la amnistía número…

Cincuenta y tres, hubiera sido la número 53.

¿Por qué no?

Por principio. Imposible. Eso no se puede dar. Déjame explicarte. Yo le digo: indulto lo puedo dar. Indulto es te levanto el castigo. Amnistía es amnesia, ese hecho no existió. Y vos querés que luchando contra la corrupción, que es tu pregunta, yo firme un decreto-ley, que lo ponen en La Gaceta, y es ley de la República, que todo lo que hemos estado diciendo no existió, que se olvide y que no existió. ¿Yo  lo voy a firmar? En mis principios, no puedo firmar eso.

Les digo yo una vez: –hagan ustedes la ley de amnistía que le quieran dar, escríbanla ustedes a su modo, tenés los votos del PLC y los de Ortega. Háganla, pásenla en la Asamblea. Después que la pasen en la Asamblea, me la mandan a firmarla, porque tengo que firmarla. Yo se las veto y se las devuelvo. Ustedes tienen los votos para vender ese veto, carguen ustedes con ese estigma.  Nunca lo quisieron hacer porque querían que yo lo hiciera, para manchar toda la lucha contra la corrupción–.

“Me quitaron los poderes y peleé”

Usted dice que la terquedad se convirtió en un mérito de su gestión.

No es que se convirtió, mis principios ellos los quisieron mal convertir en terquedad. Que es diferente. Yo tengo principios y creo en mis principios. No me doblego. No los negocio.

Según relata en este libro, dedicó la mayor parte de sus energías en la segunda parte de su período presidencial a defenderse, para evitar que lo derrocaran y sobrevivir 

Pasaron una (reforma constitucional), quitándome poderes, y quedo, pues, como jefe de protocolo nada más, como presidente. Lo peleé, verdad, porque solo una Constituyente podía hacer eso. Lo peleé. El asunto es que pasó lo que pasó, y ya esa historia la conocemos,  cuando  termino y tengo que entregarle a Ortega,  pues yo le entrego todo, y le entrego 1,851 millones  de dólares en proyectos y dinero en efectivo, porque no son míos, ahí los dejo, y entrego todo.

Entonces firmamos una Ley Marco  en que estas reformas, quitándole todos los poderes al presidente, van a aplicarse en el periodo siguiente, que va a haber nuevo presidente y nueva Asamblea, ellos decidirán, veinte días después que tomen posesión  van a decidir si van valen o no valen.  Llegan los veinte días y pasan una ley, que le dan un año de prórroga para que no le apliquen a Ortega. Pasó el año, puntualmente a las ocho de la mañana el día que cumplía el año, la Corte Suprema de Justicia saca una resolución, –esa Ley Marco es inconstitucional, todas las leyes pasadas a las que se refiere, que pasó la Asamblea, a las que se refiere la Ley Marco,  son inconstitucionales, ninguna de esas vale, y todo–.  Nada de eso valió, a él no le aplica que le quitan todos los poderes.

¿Desde su propia experiencia, cuál es la lección más importante que debería aprender el país en relación a este fracaso en la construcción de instituciones democráticas?  Se hicieron buenas leyes, había cooperación internacional, pero pareciera que la clave depende de si las instituciones tienen o no respaldo político. 

Pero es que no solo es de  respaldo político, es de personas, es la decencia de la persona.  Es decir, yo como presidente nunca fui político, de los politiqueros que hemos conocido, generalmente son los que han llegado al poder, yo no era político, yo tengo mis principios y yo no me voy a doblegar. Me botan, bótenme. Pero yo me paré firme. Nunca he cargado pistolas, no he estado en guerras, no he estado en revoluciones. Yo he llevado una lucha cívica nada más, y les gané la partida.  El libro, ves los resultados de mi gobierno. Hay muchos que hoy día me ven y dicen:  –hacés falta vos todavía–.  Emilio Álvarez, nos hicimos muy amigos, y me dice: –escribí tus memorias, tenés mucho que contar–.

¿Ortega? hay una regresión

Usted dice que el gobierno de Ortega aun no es historia para analizarlo en su libro, pero ya tiene diez años y va por quince. ¿Cómo ve las proyecciones, o el final de esta película que estamos viviendo…?

Estamos esperando a ver cómo termina.

¿Vamos a otra dinastía? ¿Vamos  hacia otro final como el de Somoza, o hacia otra transición democrática? 

No tengo la bola de cristal para saber eso. Todo Nicaragua pregunta eso. Yo mismo pregunto: ¿Qué es lo  que viene? Yo lo que recomiendo es que hay que acabar con esas guerras y esas cosas que nos tienen atados ahora, el último puesto en América Latina, el más pobre en América Latina. Pero hay cosas que yo quisiera tener la bola de cristal, o la varita mágica, para que suceda lo que yo quiero.

Su libro termina en la transición democrática de 2007. ¿Sigue la transición? ¿Adónde estamos hoy?

Hay una regresión, sí, claro, y hablo de ella yo ahí al final, verdad, que es este nuevo, es igualito a lo que sucedió atrás.

¿Qué pretende usted como historiador o como escritor con este libro?

Yo quiero por lo menos, y estoy encaprichado por eso de que he podido conseguir ciertos acuerdos para poderlo vender en veinte dólares, y vale mucho más, porque quiero que lo lean todos esos jóvenes de cuarenta, cincuenta años, jóvenes digo yo, pues, a mi edad, que no vivieron esa época y no conocen de lo que ha pasado en el país, que tengan una idea de dónde es que viven, y que es lo que nos ha pasado, entonces les cuento desde la independencia hasta hoy  para  que vean que esto es repetitivo.  Y bien lo dice el doctor Alejandro Serrano Caldera en su recomendación que pone en la contraportada del libro, verdad, que es circular, vuelve, pero además es espiral porque se intensifica cada vez más, pero es el pasado que regresa, dice, esa es nuestra historia, así la define él.