Opinion

Mechnikov, algunas preguntas y aclaraciones necesarias

En el discurso y la propaganda oficial alrededor de este proyecto ha habido una intención clara de engañar a la población

En abril de 2019 una delegación de alto nivel del gobierno de Rusia visitó Nicaragua para participar en lo que se anunció como el lanzamiento de la primera producción de lotes de vacuna contra la influenza del Instituto Latinoamericano de Biotecnología Mechnikov. En el acto oficial estuvieron presentes Sergei Kraevoy, viceministro de salud de Rusia, el Embajador de Rusia en Nicaragua, una delegación del gobierno de Nicaragua presidida por Laureano Ortega, en su calidad de asesor de inversiones de Pro-Nicaragua y funcionarios de la industria biofamaceútica de Cuba, entre ellos el doctor Rafael Pérez, director general del Centro Estatal para el Control de Medicamentos de Cuba (CECMED). Este Centro es el que emitió la certificación para que la vacuna producida en Nicaragua pudiese ser aplicada masivamente.

Antes y después de este acontecimiento el proyecto de fabricación de vacunas en el Instituto Mechnikov ha estado rodeado de misterios, como todos los megaproyectos anunciados por el gobierno Ortega-Murillo. El proyecto se anunció como una sociedad entre el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) y el Instituto de Investigación Científica de Vacunas y Sueros de San Petersburgo, una dependencia del gobierno de la Federación Rusa. En su momento se dijo que el INSS participaba con el 40% de las acciones, pero nunca se ha informado del monto exacto de la inversión del INSS en este proyecto, ni los detalles de su participación.  Para complicar más las cosas, en una reciente entrevista brindada a un canal de televisión local el Gerente General del Instituto Latinoamericano de Biotecnología Mechnikov se refirió a la contraparte rusa como “nuestro socio y ex accionista”.  Sería muy importante conocer quiénes son ahora los socios de esta empresa, cuál es su participación y cómo funciona su junta directiva, sobre todo en la toma de decisiones tan trascendentales como los productos que se elaborarán y sus precios.

La reciente noticia dada a conocer por Rosario Murillo de conversaciones con funcionarios rusos para producir en Nicaragua una vacuna contra la covid-19 ha reavivado el interés sobre este centro. ¿Qué es y cómo funciona el Instituto Latinoamericano de Biotecnología Mechnikov? El nombre ya da lugar a algunas confusiones ya que al denominarse “Instituto”, sugiere que podría ser una institución académica, un centro de investigación o de formación de alto nivel, lo que en la práctica no parece serlo.

En un reportaje publicado en el vocero oficioso del gobierno en ocasión del lanzamiento del primer lote de vacuna contra la influenza, la reportera se refiere al evento de la siguiente manera: “Este es el primer envasado que se hace en el Instituto Latinoamericano de Biotecnología con la planta Mechnikov”. Esto nos obliga a preguntarnos si el Instituto y la planta son la misma cosa o son dos organizaciones diferentes, en cuyo caso cabe la pregunta de cómo es que eso funciona.

En los discursos oficiales este centro se presenta como un gran centro de producción de vacunas, lo que da la impresión de que ahí se desarrollan y diseñan vacunas producto de investigaciones sofisticadas y de una actividad científica de muy alto nivel. Las fotos del acto realizado en abril del año pasado, que ha sido una de las pocas ocasiones en las que los periodistas han tenido acceso a las instalaciones, y el reportaje antes referido que habla del “primer envasado” resumen muy bien la verdadera naturaleza de este centro. Es una planta para el envasado de vacunas que seguramente se producen en un laboratorio muy sofisticado, en Rusia en este caso, mediante procesos muy complejos y delicados hasta llegar a un producto final que se liofiliza, es decir, se convierte en polvo mediante un proceso en el que el agua que disuelve el producto se congela y se elimina aplicando vacío, y luego se envía a plantas como la de Menchikov en Managua, donde se envasa en los viales que todos conocemos, se etiquetan, se empaquetan y se distribuyen.

Sin duda esto tiene un mérito, seguramente envasar aquí las vacunas ahorra buena parte del pago del flete de millones de vasitos llenos en su mayor parte de agua, lo que debería traducirse en una disminución apreciable del precio que el país paga por esta vacuna. Sería interesante saber cuánto cuesta ahora la vacuna para la influenza en comparación con lo que costaba antes de ser envasada en Menchikov.

Obviamente en el discurso y la propaganda oficial alrededor de este proyecto ha habido una intención clara de engañar a la población haciéndole creer que este proyecto está contribuyendo a desarrollar una capacidad científica muy sofisticada y avanzada, propia de los países más ricos y desarrollados del mundo, lo cual no es cierto. En esencia esta planta es una línea de envasado de inyectables, muy similar seguramente a la que poseen los laboratorios farmacéuticos que producen medicamentos o soluciones inyectables.

La realidad es más complicada, este gobierno no ha mostrado ningún interés en promover y financiar un verdadero desarrollo científico. No ha velado porque las universidades públicas formen al relevo de la magnífica generación de científicos que se formó gracias a la cooperación de Suecia en los años 80 y 90. Ha permitido que se disminuya el financiamiento hasta niveles preocupantes a la única universidad que realmente está realizando investigación de nivel internacional en los campos que podrían ser la base para el desarrollo de vacunas, la UCA; hizo desaparecer, en la práctica, al Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología y canceló el minúsculo apoyo que recibía la Academia de Ciencias de Nicaragua del presupuesto general de la república.

Cuando se dice que este Instituto va a producir la vacuna para la covid-19, debemos saber exactamente de qué se está hablando y es mejor que lo comencemos a averiguar ahora.

*Ph.D. Miembro de la Academia de Ciencias de Nicaragua

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