Confidencial

Medios y redes se refuerzan

1. Redes y medios en relación simbiótica. En solo una semana las redes sociales ganaron más dinamismo. A partir del 19 de abril su uso se disparó de manera geométrica. Estallaron las mediciones estadísticas. El desplazamiento informativo de los medios tradicionales de comunicación —prensa, radio y televisión— fue más que evidente. La única forma de seguir paso a paso y medir la temperatura política y económica de lo que ocurre en distintas ciudades del país, se obtiene pegándose en sus costillas. La celeridad con que ocurren los hechos demanda dispositivos capaces de satisfacer las exigencias informativas. El espectro de usuarios se amplió.

Desde hace poco más de un decenio las redes comenzaron a ganar espacio. No solo son usadas por los jóvenes. Encuestas recientes incorporan como usuarios a personas de mayor edad y corroboran cambios en los hábitos de lectura de los jóvenes. A través de programas informáticos, periodistas y dueños de medios, pueden pulsar el número de lectores, radioescuchas y televidentes que les siguen. Las redes constituyen un peligro y una oportunidad para los medios impresos. Demandan la reconversión de las estrategias informativas y de negocios; y cambiar los procesos de formación académica. Solo la nostalgia induce ver hacia atrás.

La particularidad durante las jornadas de abril, mayo y junio, ha sido el papel vital jugado por los medios impresos. Aunque los periodistas más vistos, escuchados y leídos, son aquellos que replican sus videos y textos a través de las redes. La crisis generalizada que vive Nicaragua revela más que en cualquier otro momento, la necesidad y urgencia de insistir, que el futuro de la prensa escrita radica en su capacidad analítica. Tienen que volcarse en esta dirección. Cuentan con suficiente capacidad para hacerlo. El actual contexto ha demostrado que las personas gustan y esperan análisis y comentarios de lo que ocurre en el país. No la noticia del día anterior.

Las redes trastocaron el paisaje informativo, precipitaron la crisis del periodismo y patentizan la necesidad de su existencia. Las cifras de seguidores revelan que la prensa debe redireccionar su camino. El reto genera incertidumbre. Las turbulencias abren nuevas posibilidades para los impresos. Situaciones extremas como las que vive Nicaragua ponen a prueba su sobrevivencia. Más allá de la polarización los periodistas se han empeñado por verificar y contrastar fuentes. Muy pocos medios —excepto los medios escritos debido a su naturaleza— han ofrecido recuentos pormenorizados de los hechos. Esta debería ser su apuesta. No perder el rumbo.

Los entrecruzamientos redes—canales de televisión—radio—prensa escrita ratifican una relación simbiótica. Las redes han funcionado como auténticas cajas de resonancia de las publicaciones periodísticas y como plataformas para la participación masiva de diferentes estratos sociales. Lo destacable en Nicaragua ha sido la creciente difusión de piezas informativas escritas por periodistas a través de las redes. Una actividad en ascenso. ¿Se mantendrá? ¿No se circunscribirá únicamente a la crisis que padece Nicaragua? ¿Estos casos solo ocurren cuando hay inflexión política? La relación medios—redes para ser fructífera debe ser de doble vía.

2. Medios y redes se refuerzan. El número de reproducciones y visualizaciones de videos y textos originados en los medios a través de las redes son una buena señal. Las cifras tienen importancia, aunque no agotan la explicación del fenómeno. Periodistas y medios se juegan día a día su prestigio. Los nicaragüenses valoran enormemente la veracidad de las informaciones. En la actualidad muchas personas han creado blogs y foros de discusión, en el otro extremo una minoría sigue utilizándolas para hacerse selfis y otras naderías. Los primeros acrecentarán su respetabilidad. Las oportunidades hay que saber encararlas.

El activismo en las redes obedece al estupor generado por las más de mil agresiones y más de un centenar de muertos. Los nicaragüenses no pueden mostrarse insensibles ante lo ocurrido, menos los jóvenes, motor y nervio de las reivindicaciones. Los usuarios en las redes han desmontado mentiras y contradicho el discurso oficial. Las acciones policías—fuerzas de choques agrediendo a la población, han sido registradas y circulan en centenares de videos subidos en las redes. Su difusión sistemática tiene como propósito que sean conocidos por amplias mayorías y se sancione a los culpables. La ciudadanía espera un castigo ejemplar. ¡Ninguna complicidad!

Las difusiones en Facebook, Instagram, YouTube y Twitter, compiten y complementan el trabajo de los medios tradicionales. Algo más que obvio. Muchas de dichas publicaciones provienen de la radio, prensa escrita y televisión. Patria Libre Nicaragua (el asesinato de Jonathan Morazán tenía 91,758 reproducciones); Memes del Norte (Los antimotines de Daniel Ortega arrastran los cadáveres y los tapan con ramas, esto ocurrió en Masaya, 96,958 reproducciones); Román Estrada (Subió un video registrando la muerte de Álvaro Conrado, ataques y fallecidos en la Upoli, 235, 443 reproducciones). Cifras más que elocuentes.

Hay perfiles que concitan interés; Huellas Nicas (Una canción tan perfecta es la que vamos a entonar todos juntos, cuando nuestra revolución, la del 19 de Abril triunfe, 72,000 reproducciones); Tania Ortega (Padre Edwin de San Miguel, recorriendo las calles de Masaya, hoy 2 de junio, día del ataque de los antimotines, 26, 425 reproducciones); Chavalo Jodido (Pide a Camila Ortega que  diga a su papá que cese la represión y pide por la democracia de Nicaragua; declaraciones de Shantall Lacayo, 125, 433 reproducciones). El video Félix Maradiaga en Washington, defendiéndose de las acusaciones policiales, en menos de 24 horas tenía 203 mil 142 reproducciones.

La constancia de los usuarios de Facebook y blogueros, sigue frenética. Desde el 19 de abril, medios y redes se refuerzan mutuamente. El empecinamiento y riesgos asumidos, son hermanos siameses de los peligros vividos por periodistas y corresponsales de medios. En muchos casos los medios pliegan sus agendas en informaciones originadas en estas plataformas. Las sinergias entre ambos actores han sido productivas y continúan su curso. El fenómeno más visible ocurre a la inversa. Las redes comparten y difunden muchas piezas periodísticas. Los usuarios de Facebook, Instagram y Twitter, las destacan. Un intercambio fecundo.

3. Cambió el concepto de noticias. Los lectores premian la calidad de los trabajos. La investigación de Wilfredo Miranda, ¡Disparaban con precisión: a matar!; (Confidencial, 27 de mayo-2 de junio 2018); logró 69,060 visitas orgánicas, 6 mil 400 compartidos, más 6 mil 500 visitas en Facebook. La sumatoria aumenta cuando los medios publican artículos de alta calidad o gozan de la simpatía de los usuarios en las redes. Algo comprensible. La relación sinérgica entre textos y videos generados por la prensa, copan las redes. Su invención provocó una nueva una reformulación del concepto de noticia. Muy insidiosa y especialmente discutible.

El primer golpe demoledor —a lo tradicionalmente entendido por noticia— fue asestado por la televisión. La relación triangular acontecimiento-mediador-ciudadano, fue desdibujada. Como reconoce Ignacio Ramonet, el acontecimiento era relatado por el mediador (periodista), quien lo filtraba, analizaba y hacía llegar a la ciudadanía. Con la TV el triángulo quedó convertido en eje: en un extremo está el acontecimiento y en el otro se ubica la ciudadanía. Con la salvedad de pensar que ver es comprender (falso) y la actualidad pasó a fundamentarse en hechos ricos en imágenes (terremotos, maremotos, incendios, voladuras de puentes, sangre, etc.).

Otro cambio preocupante —con el significado de noticia— lo ocasionaron las redes. Hoy en día lo preponderante de una noticia es su emotividad. Entre más impacto emocional provoquen mayor será su aceptación. La razón —en cuyo nombre se cometen muchos crímenes— fue dada de baja. Una vuelta al pensamiento pendular. El efecto en el periodismo ha sido catastrófico. En el siglo dieciocho fueron guillotinadas las emociones y hoy queremos deshacernos de la razón. Los fakes news son su engendro. En estos meses de lucha muchas personas siguen cargando sus publicaciones con la mayor emotividad posible. La verdad poco les importa.

La incidencia de las redes en la prensa tiene igualmente efectos positivos: vinieron a dar mayor valía al periodismo. El español Antonio Caño está convencido que los fakes news revalorizan el papel de la prensa, último reducto para el ejercicio de un periodismo fiable, que no renuncia ni hipoteca su función fiscalizadora del poder. Las tendencias actuales son graves. En el plazo de dos años el 50% de las noticias que circulen en las redes serán falsas. El problema es que la gente “quiere creer en ellas, las consume, aunque sospeche de ellas, porque lo que desea es ver confirmada su ideología y sus prejuicios”, explica Cano. Tenemos el antídoto a mano. Hay que potenciarlo.

Contra diagnósticos pesimistas, no vislumbro por ninguna parte la desaparición del periodismo. Una cosa es ofrecer destellos episódicos de las agresiones, asesinatos, edificios y radioemisoras consumidas por las llamas y otra informar apegado a normas éticas y profesionales. Conviene diferenciar a un periodista que arriesga su futuro si falsea los hechos, de una persona que insiste en mentir y escudarse en el anonimato. Los periodistas sufren las consecuencias que impone la sociedad a quien adultera el ejercicio de su profesión. Mentir equivale a descrédito y violación de normas legales que apuntalan la existencia y permanencia del periodismo.

P.D. Sería atrevido si prescribiera por cuánto tiempo más sobrevivirá la prensa escrita. Algunos agoreros entusiasmados adelantaron que para 2018 habría desparecido. Contrariando las predicciones, ¡continúa existiendo! Seguirá mudando hacia la red. Tampoco puedo imaginar el momento que el ser humano dejará de escribir. Solo entonces podremos aceptar que el periodismo se precipitó a los infiernos. Por ahora corresponde profundizar las sinergias medios—redes. La crisis política permite vislumbrar, mejor que en cualquier otro paréntesis de nuestras vidas, que habrá periodismo para rato. ¡Mientras tanto reconozcamos sus virtudes!