Opinión

¿Serán irreversibles los cambios en la cobertura informativa de El Nuevo Diario y Acción 10?

Medios y redes toman partido



“Internet es el lugar de la guerra y la paz”

Manuel Castells

I

El gobierno nicaragüense se ha visto compelido a recurrir a la agitación, propaganda y contrapropaganda, para tratar de desacreditar a sus oponentes. Una postura similar adoptó su adversario. El vacío informativo ha sido sustituido por una escalada interminable de rumores. Se trata de sembrar dudas. Denigrar al oponente. Las jornadas de abril y mayo han sido ricas en estos de recursos. Al ver demolidos sus símbolos, el gobierno se ha visto forzado a echar mano de los símbolos utilizados por el movimiento estudiantil y sectores opuestos a la permanencia en el poder del presidente Ortega, y de la vicepresidente Rosario Murillo. La bandera de Nicaragua constituye su símbolo por excelencia. No hay forma que el presidente Ortega convenza a los nicaragüenses que ese símbolo es suyo.

Las protestas se mantienen en las calles, todos buscan ganar la confianza y el sentimiento mayoritario de los nicaragüenses. La emotividad crece. La naturaleza de las redes sociales exacerba los ánimos. La información gira en torno a las reyertas callejeras, al carácter multitudinario de las manifestaciones convocadas por el movimiento estudiantil y los sectores populares; aluden a la realización de las marchas por todo el país, la simultaneidad con que se efectúan, la presencia masiva de madres en las calles, las contradicciones de la narrativa oficial y por vez primera a la condición contestataria de la política informativa del gobierno y el uso de adjetivos altisonantes para desprestigiar a los dirigentes del movimiento estudiantil y obispos de la Conferencia Episcopal. La ética informativa ha sido dada de baja.

Cuando ocurren rupturas como las que vive el país, los medios que se rehúsan informar sobre estos acontecimientos, están condenados a no ser leídos, vistos o escuchados. Existe avidez por saber qué pasa. Los hechos duros —hard news— entran en la agenda mediática por su propio peso. Reclaman espacio. Entre más ajeno o más distante se muestre un medio, sobre lo que está ocurriendo en Nicaragua —del 18 de abril a la fecha— menos posibilidades tiene de incidir en el comportamiento de radioescuchas, lectores y televidentes. La credibilidad de los medios siempre está puesta a prueba. Se acumula o desacumula todos los días. La obsesión por el rating se dispara. Es su santo grial. Darle la espalda a lo que acontece en Nicaragua, implicaría un suicidio mediático. Nadie hasta ahora se ha rehusado hacerlo.

Son tan contundentes los hechos, que El Nuevo Diario se vio arrastrado —también por otras razones— a romper el mutismo en que cayó a raíz del cambio de dueño en 2011. Muy pocos hechos alteraban su agenda informativa y editorial. Prefería pasarlos por alto. Con las jornadas de abril y mayo no podían seguir haciéndose los desentendidos. ¿Qué otra cosa hacer ante decenas de muertos y heridos? ¿Cómo no informar acerca de la creciente ola de violencia? No podían seguir callando. ¿Tomaron la decisión de no seguir arriesgando su futuro? Sus dueños conocen mejor que nadie el altísimo costo que vienen pagando. El Nuevo Diario ha perdido una alta cuota de lectores. ¿Los habrá empezado a recuperar? ¿Qué otros gestos tendrán que hacer sus propietarios para atraerles? ¿Ya no habrá retroceso?

Igual dilema enfrentó Acción 10. ¿A qué obedeció que Ángel González cambiara de señal a los conductores del telenoticiero? Su director, Mauricio Madrigal, firmó el documento publicado por un grupo de periodistas, demandando cero agresiones en su contra. No lo hizo a título personal. Firmó a nombre de Canal 10. Esto implica que recibió luz verde para hacerlo. ¿El cambio en la política informativa de Acción 10 será para siempre? ¿Persistirán? ¿Se atreverán a criticar y cuestionar al gobierno? ¿Dejarán de hacer escarnio con los pobres? ¿Evitarán seguir violando derechos humanos elementales de los nicaragüenses? ¿Se trata de una decisión sin vuelta de hoja o únicamente obedece a las circunstancias? ¿Estará dispuesto Ángel González a desafiar a sus benefactores? ¡Habrá que esperar! ¡Ver para creer!

II

Las redes sociales siguen ganando terreno, marcan el rumbo informativo del país. El creciente valor emotivo que otorgan las personas a sus informaciones, las convierte en plataformas indispensables. Las salidas de tono y la agresividad verbal se han convertido en norma. Es muy fácil comprobar el peso de la emotividad en las redes. Centenares de desencuentros se han dado entre amigos durante abril y mayo. También han servido para ratificar los altos niveles de intolerancia de la sociedad nicaragüense. Evidencian el final y el principio de nuevas amistades. Dieron origen a nuevos afectos y profundos rencores. El listado de exclusiones en los muros es enorme. Las redes han puesto al rojo vivo —más que cualquier otro medio de comunicación— los sentimientos de los nicaragüenses. ¿Algún día seremos tolerantes?

Durante el último mes las redes han sido utilizadas para los usos más nobles y las mayores vilezas. Las filtraciones se las tomaron por asalto. Los especialistas en estos juegos de poder, llevan adelante la guerra sucia de desinformación a través de las redes, como precisó el obispo Silvio José Báez. La guerra informativa continúa. Algunos topos fueron quemados. Sus mandamases los dejaron en evidencia. Desprotegieron su identidad. En los medios tradicionales sus operaciones al menos quedan encubiertas. En las redes acontece lo contrario. Personas que jamás pensé que estaban al servicio de oscuros intereses, fueron puestas a desquitar la paga. Entre más se ufanaban por desacreditar a los adversarios del gobierno, mayor era la posibilidad de ser identificados. ¡Quedaron al desnudo! ¡Les quitaron las caretas!

La celeridad de las redes —la noche del sábado 19 de mayo— dio pie a un rifirrafe con el jefe en funciones de la Policía Nacional. Los estudiantes desmintieron al comisionado general, Francisco Díaz. Mientras la policía los agredía en la Universidad Nacional Agraria (UNA), (rompiendo el cese de hostilidades suscrito en la mesa del Dialogo Nacional), Díaz negaba en los canales televisivos de la familia gobernante, toda veracidad a la información difundida en las redes. Pidió a los miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), fuesen a comprobar que se trataba de una falsedad. El jefe de la policía ignoraba que miembros de la CIDH estaban dentro de las instalaciones de la UNA. Estos mismos ratificaron el ataque. ¡Un duro revés para la credibilidad de Díaz!

Actuando a contra corriente, el gobierno incurrió en una enorme novatada. Decidió que los canales de la familia presidencial —4, 8 y 13— no transmitieran el informe de la CIDH y el Diálogo Nacional. Creyó que lo más conveniente era evitar que sus bases y aliados se enteraran del contenido de la agenda.  Enviaban un mensaje claro. Procuraban que sus seguidores no tuviesen oportunidad de valorar a quién asistía la razón, a la vez que evitaban oxigenar el Diálogo Nacional. Una decisión equivocada. El Diálogo… mantenía en vilo al país. No existía un solo nicaragüense, partido político, alianzas partidarias o movimiento social, que no siguiera de cerca los pormenores de los diferentes planteamientos. Se trataba de una controversia de la que nadie podía sustraerse.

¿No sabrán el enorme contrasentido en que incurrieron? ¿Serán tan ingenuos? Sin un horizonte claro en el manejo de los medios, los gobernantes han cometido grandes pifias. Primero presentaron a través de la televisión a una señora llorando porque los estudiantes habían quemado el bus en que viajaba. Al ser preguntada por el periodista de canal 4, en qué ruta venía, ¡no supo decirlo! Después presentaron a una madre ficticia de Carlos Alberto Bonilla López. Sus padres —Franklin Bonilla e Idalia López— desmontaron la farsa. Mancillaba la memoria de su hijo. Indignados exigieron “por respeto a la familia, por respeto a nuestros seres queridos, dejen de estar manipulando la memoria de nuestros muchachos”. ¿Están tan desesperados como para recurrir en montajes que luego se revierten en su contra?

¿Quién aconsejaría a los gobernantes? ¿No consideraron que sus aliados se preguntarían sobre los motivos que les indujeron a crear el vacío informativo? Un yerro grandísimo. Los nicaragüenses estaban expectantes. Deseaban saber a qué tipo de acuerdos podrían llegarse. ¿Por qué eludir un asunto de primerísima importancia? ¿Temían presentar los argumentos de los adversarios? ¿Trataban de poner a buen resguardo sus bases? ¿Evitaban que conociesen las demandas? Ningún estratega puede morderse la cola. Omitieron. Desde el punto de vista informativo, hasta el estudiante menos aventajado de periodismo o comunicación, sabe que la ciudadanía —cuando ocurren hechos de gran impacto— buscan canales alternativos para suplir las carencias informativas. ¡Los vacíos informativos otras fuentes los suplen!

III

A través de la historia, medios y redes han sido actores clave en la defensa o conquista del poder. Las señales de humo, las palomas mensajeras y los caballos de posta, han sido utilizados de manera estratégica en diversos conflictos. La prensa escrita fue considerada por Bolívar —en su larga lucha por la independencia latinoamericana— como la caballería ligera, por su efectividad en el ablandamiento de las defensas anímicas del adversario. La radio y la televisión intensificaron las luchas por el poder. Entrelazadas con satélites, las redes son ubicuas y funcionan en tiempo real. Son un arma temible para enfrentar dictaduras y gobiernos autoritarios. En Nicaragua los estudiantes de secundaria, universitaria y ciudadanía en general, las mantienen como columna vertebral en su enfrentamiento contra el gobierno.

A través de medios y redes, el movimiento cívico ha batallado para dimensionar sus luchas y saltarse los cerrojos de la censura. No hay forma de eludir su presencia. Millares de mensajes, fotografías y videos, circulan a diario originando un debate interminable. Javier Esteinou las denomina el ágora electrónica. Verdaderas y auténticas plazas públicas, donde convergen diversos actores políticos y sociales para discutir sobre cuestiones de Estado. Casi de manera unánime han concedido especial atención a la situación política y económica del país. No hay tregua para nadie. Enmascarados o parapetados en perfiles falsos o verdaderos, los usuarios y todos los dueños de medios, tomaron partido en la rebelión cívica. Lo seguirán haciendo. Se trata de actores políticos privilegiados.

Las crisis continuarán sirviendo como catalizadoras —para que medios y redes— ocupen la centralidad de la política. La polarización de la sociedad nicaragüense ha contribuido —desde hace rato— a deslindar el campo mediático. Los mismos gobernantes se encargaron —a través de diferentes medidas— de arrinconar a los medios disidentes, agredir a periodistas, cerrar programas televisivos y acaparar en su beneficio la publicidad oficial. Las jornadas de abril y mayo acentuaron la polarización que vivía el país. El Nuevo Diario y Acción 10 tuvieron que replantear sus agendas informativas. La experiencia nicaragüense no hace más que confirmar, que en momentos de ruptura social y política, medios y redes toman partido. En estas circunstancias, ¡el gran perdedor ha sido el gobierno!