Nación

El entierro de la víctima más reciente de la represión policial

“Mi hijo era sandinista, ellos mismos me lo mataron”

Al entierro de Nelson Téllez Huete, en Ciudad Sandino, acudieron decenas de personas y una caravana de taxis. Los pobladores claman justicia.



Las calles del municipio de Ciudad Sandino no dan abasto para las decenas de personas que acompañan al féretro de Nelson Téllez Huete, de 34 años, quien el 20 de abril —el día tres de las protestas estudiantiles en Nicaragua— recibió un balazo en el pecho que lo dejó durante 12 días hospitalizado, hasta que falleció producto de varias causas en el hospital capitalino “Antonio Lenín Fonseca”, el 2 de mayo.

Nelson Téllez no estaba lejos de su casa, ubicada en la Zona 4 de Ciudad Sandino, cuando un motorizado le disparó. Esa tarde, había salido de su trabajo cuando estallaron las trifulcas en el municipio. Antes de llegar a su hogar, pasó por un negocio de comida, ubicado en la esquina donde él vivía. Allí fue cuando le dispararon a él y a otro joven que estaba en la calle opuesta.

Martha Huete, madre de Nelson Téllez, había hablado por teléfono con su hijo momentos antes de la agresión. Le había dicho que llegara pronto a la casa, que las calles estaban alborotadas: “Se oía que tiraban morterazos y todo eso”, cuenta.

—¿Qué estás haciendo panza de mona?, ¡Aligerate! –eso fue lo último que le dijo a su hijo—. No había pasado ni tres minutos cuando me pasan diciendo que le habían pegado en el pecho.

  • Amigos y familiares de Téllez, uno de los últimos muertos confirmados a manos de la represión policial, lloran y se despiden del joven antes de ser llevado al cementerio municipal de Ciudad Sandino. Foto: Carlos Herrera | Confidencial
  • Minutos antes del entierro, en la casa donde vivía Nestor Téllez Huete, su cuerpo fue velado hasta las 03:30 de la tarde del 3 de mayo. Foto: Carlos Herrera | Confidencial
  • La familia de Nelson Téllez llora desconsoladamente y pide justicia. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Nelson fue traslado al centro “Nilda Patricia Velazco”, ubicado cerca del mercado municipal de Ciudad Sandino. Fue atendido por doctores y luego trasladado al hospital “Antonio Lenín Fonseca”, en Managua, donde murió 12 días después debido a una serie de causas, que según el expediente médico que recibió la familia fueron: shock neurogénico, lesión auricular derecha y del septo interauricular, herida por arma de fuego en tórax izquierdo y un edema cerebral severo.

–Nelson era sandinista y ellos mismos lo mataron. Era un gran sandinista que hasta discutía conmigo, pero así es la vida. Uno no sabe quién es el verdugo de uno –cuenta Martha Huete horas antes que inicie el cortejo fúnebre de su hijo hacia el Cementerio Municipal “Carolina Calero”–. Quién lo mató no era una persona novata, porque tanto a él, como a su amigo le pegaron en el pecho. Yo he visto que solo les daban en el pecho y en la cabeza –agrega.

Pero ¿quiénes lo mataron? La familia de Nelson no titubea al decir que fueron policías vestidos de civiles que salieron en motocicletas aquel día, con el fin de reprimir las manifestaciones llevadas a cabo en rechazo a las reformas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), y que luego se volcaron en masivas protestas en repudio al Gobierno del comandante Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, considerados por un amplio sector de la población nicaragüense como los responsables de estas muertes.

Martha Huete no puede esperar justicia, al menos por la vía legal en Nicaragua. Antes de darle el cuerpo de su hijo, le hicieron que escribiera y firmara una desestimación de denuncia, porque si denunciaba, no se lo entregarían y tendría que ser llevado al Instituto de Medicina Legal.

–Me dijeron que ahí abrían el cuerpo, y no quería que mi hijo terminara así.

Nelson Téllez
La carta que a Martha Huete, madre de Nelson Téllez, le hicieron firmar para impedir futuras denuncias. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Los familiares de Nelson Téllez no son los únicos que creen que el joven cadete de taxi murió a manos de un oficial de la Policía Nacional. A lo largo de la procesión que acompaña la ataúd hacia el cementerio municipal de Ciudad Sandino, varios de los caminantes vestidos de luto exclaman: “fueron ellos, vestidos de civiles y acompañado por un oficial de la Policía Nacional”.

En medio de sollozos, aquellos susurros se vuelven casi gritos. 

Camino al cementerio

La muerte de tres jóvenes en Ciudad Sandino ha impactado a los pobladores de este municipio. En las velas y los entierros realizados durante los primeros días de mayo, no solo han asistido los familiares de las víctimas, sino personas de otras zonas y de toda la ciudad. La familia de Nelson Téllez tuvo que alquilar más de 500 sillas de plástico para la vela de su difunto.

El féretro, junto a decenas de personas y una caravana de taxis de distintas cooperativas, ha recorrido casi dos kilómetros. Por las calles en las que el cortejo fúnebre pasa, los vecinos salen de sus casas y observan con aire de tristeza la procesión de flores encabezada por la ataúd de Nelson Téllez, la cual es cargada por amigos y colegas de trabajo. Uno de ellos es Elías Morales, un amigo de Nelson desde la infancia.

Nelson Téllez
La procesión del féretro salió de la casa donde vivía Nelson Téllez, ubicada en la Zona 4 de Ciudad Sandino. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Morales tiene la misma edad que su amigo difunto, es delgado, de piel morena y rojiza por casi una hora que ha camido bajo el sol de la tarde. Junto a otros hombres, se turnan cada quince o diez minutos para cargar la caja donde va su compañero.

–Tuvimos muchas anécdotas buenas en común, eso es lo que más me gustaba de él. Era una persona que te ayudaba –afirma Elías mientras su hombro descansa y es relevado por otra persona. Sus ojos están rojos y habla con voz quebrada en un intento por no llorar. Él, como Téllez, asegura ser sandinista, “pero no danielista”, sentencia.

–Aquí todos somos sandinistas. Estos dictadores mierdas se han tomado muchas vidas. Él fue uno de ellos. Por sus seguidores de mierda él está así, y hoy nos vamos a despedir de él –exclama con dolor Elías Morales–. Hay una justicia divina, pero la justicia divina a veces tarda mucho. O una de dos, o llega antes la justicia divina, o llega antes la justicia de nosotros –agrega sin reparo.

Elías fue uno de los jóvenes que salió aquel 20 de abril a las protestas: “andábamos defendiendo los derechos que tenemos como nicaragüenses”, pero él no vio a su amigo en las manifestaciones. Nelson Téllez recibió el disparo en la esquina de su casa, cuando se dirigía a ella después de una jornada de trabajo, así lo ha afirmado su madre.

–Sea a como sea, haya andado o no haya andado (en las protestas), es una injusticia que hace este Gobierno que tenemos.

Nelson Téllez
Decenas de personas se unieron a la procesión mientras pasaba por las calles del municipio de Ciudad Sandino. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Elías Morales tiene que relevar a otra personas. Ha caminado casi una hora y todavía falta un trecho por recorrer para llegar al cementerio. La ruta se ha tornado larga, porque el ataúd ha recorrido las principales calles de Ciudad Sandino, bajo voces como la de él que demandan justicia y encierro a “los verdaderos culpables”.

Al pasar delante de la Alcaldía Municipal, un cordón de policías está tras los portones de la instalación. Una mujer que camina detrás de la procesión le dice a otra: “Saben lo que hicieron los malditos desgraciados”.  

Más adelante, un grupo de hombres que también van en el cortejo exclaman con ímpetu y desconsuelo“¡quebrémosle las ventanas maje!, ¡quebremósle!”. No obstante, la rabia no se materializó.

Comerciantes y taxistas de luto

Antes de ser cadete de taxi, Nelson Téllez tuvo tramos en el mercado municipal de Ciudad Sandino. El cortejo fúnebre se detuvo durante diez minutos en este punto, a petición de los comerciantes, quienes colocaron una mesa y le dieron “el último adiós”.

Uno de ellos es Leonardo López, que ha caminado desde el “mercadito”, como se le conoce popularmente. Camina junto a las decenas de personas que acompañan la procesión. Anda cabizbajo, con rostro cansado y las bolsas de sus ojeras hinchadas. Conoció a Nelson cuando este tenía tres tramos en el sector. También está seguro que quienes lo mataron a su amigo fueron policías.

–Uno andaba de civil y otro uniformado, pero el que andaba de civil era policía –comenta en tono cansino mientras camina despacio al lado de la acera.

—¿Por qué cree que también era policía?

–Porque así trabajan ellos, no andan viendo quién es manifestante, porque no quieren que nadie ande en las calles manifestándose, esa es la razón. Ha sido indignante esto, porque en Nicaragua hay leyes que rigen a este país y el ciudadano se manifiesta de acuerdo a las leyes y el Gobierno no respeta las leyes –sentencia López.

El féretro llega a eso de las 05:00 de la tarde al Cementerio Municipal “Carolina Calero”. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Este comerciante es uno de los tantos nicaragüenses que han perdido la confianza y repudian el actuar de la Policía Nacional. Hasta el momento, se han calculado más de 40 muertes y muchos creen que la cifra no ha llegado a su fin.

El enojo ante esta ola de muertes es generalizado. Se percibe en el rostro de los pobladores que acompañan el ataúd de este entierro y también en los que salen a la puerta de sus casas a ver el cortejo. La tristeza ha sido desplazada por la impotencia y la sed justicia, que sale en medio de susurros mientras Ciudad Sandino entierra a sus muertos. Solo en este municipio han fallecido tres personas durante los días de protestas: Carlos Alberto Bonilla López, de 17 años; Juan Carlos “Kayko” López Martínez, de 24 años y Nelson Téllez Huete, de 34 años.

El recibimiento de las cruces

Casi tres kilómetros de trayecto después, el ataúd donde está el cuerpo sin vida de Nelson Téllez llega al Cementerio Municipal “Carolina Calero”. Una decena de taxis reciben el cortejo parqueados en fila a lo largo de la fachada principal del camposanto. Durante todo el camino, taxistas de distintas cooperativas se unieron a la procesión e iban detrás, ocupando dos carriles que se extendían a lo largo de varias cuadras, mientras sonaban sus bocinas.

Uno de los que encabeza este cortejo de taxis es Marvin Antonio Pérez, taxista de la Cooperativa “Eduardo Contreras”.

–Estamos consternado con la muerte de nuestro compañero. Queremos que se haga justicia, que se encuentren a los culpables, y si no, pues se lo dejamos todo a Dios –asevera Pérez, quien calcula que salieron unos 180 taxistas a “darle el último adiós a Nelson”.

A las 05:00 de la tarde, el féretro entra al cementerio y es recibido por una fila de cruces. El cortejo fúnebre recorre unos diez minutos más, hasta llegar a un terreno recién habilitado en el camposanto. Los hombres que cargan el ataúd piden a un grupo de mariachis una de las canciones favoritas de Téllez: “Mi último deseo”.

–Antes de meterme en el agujero, no quiero que lloren, no quiero sus lágrimas, lleven a mi entierro música de banda –canta el mariachi al son de trompetas.

  • Por última vez, los familiares de Néstor Téllez le dan "una última despedida" antes de ser sepultado. Foto: Carlos Herrera | Confidencial
  • Su esposa, Adriana Flores (cara oculta), es consolada mientras sepultan el ataúd de Nelson Téllez. Foto: Carlos Herrera | Confidencial
  • Nelson Téllez
    La muerte de Nelson Téllez y dos personas más en Ciudad Sandino ha causado conmoción y dolor en los pobladores. Foto: Carlos Herrera | Confidencial
  • Un pastor cristiano lee algunos versículos de la Biblia. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Otra decena de personas esperan alrededor de la fosa ya cabada. El sol ha bajado su intensidad y entre sollozos, un grupo de pobladores de Ciudad Sandino entierra a su último muerto.

De repente, los mariachis son interrumpidos por un pastor, que ha empezado a leer algunos versículos bíblicos.

–Y dijo Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida y quien crea en mí, no morirá”.

—¡Qué lo reviva Daniel Ortega! –grita un anciano desconsolado.

–Las palabras de Dios son para el consuelo –contínua el pastor.

—¡Ellos nos lo mataron! ¡El pueblo se está levantando, esta muerte fue injusta! –vuelven a interrumpir los pobladores, mientras la ataúd donde está el cuerpo de Nelson Téllez desciende bajo tierra y las flores de las coronas fúnebres son desmontadas y tiradas a la fosa. Un primer palazo deja caer tierra en la yacija, y a este le siguen uno tras otro.