Economía

26 empresas otorgan US$ 456 millones en préstamos

Microfinanzas atienden a 577,000 clientes, más de la mitad son mujeres

Un servicio con rostro femenino en el comercio, producción agrícola, consumo, y educación. Asomif gestiona cambios en la ley para captar ahorros



La industria de microcréditos organizada en la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), espera crecer al mismo ritmo que el año pasado, además de fortalecer su marco legal, no solo para tener más seguridad en sus operaciones, sino para poder captar ahorro de sus clientes, lo que les permitiría diversificar y ampliar su oferta.

“Queremos crecer 18% a 19% en términos de crédito y de clientes beneficiados, pero también en la gama de servicios que ofrecimos: remesas, compraventa de divisas, microseguros, sistemas de pagos, alianzas con bancos para ofrecerles tarjetas de crédito”, explicó Verónica Herrera, presidenta de Asomif, entrevistada en el segmento ‘Cuentas Claras’ del programa de televisión ‘Esta Noche’ que se transmite por canal 12.

Herrera, también gerente de ‘Mi Crédito’, dijo que “estamos considerando algunos ejes importantes a trabajar este año, como la modificación a la Ley de Fomento y Regulación de las Entidades de Microfinanzas, (Ley 769, prevista a entrar en vigencia en octubre), para que podamos tener una mayor oferta de servicios a nuestros clientes”.

Uno de los objetivos de ese esfuerzo es lograr que “todas las entidades de microfinanzas jueguen con las mismas reglas del juego, lo que genera confianza. Queremos ser inclusivos. Queremos tener las mismas reglas, en las mismas condiciones, porque hay otros actores brindando servicios similares a los nuestros, pero están fuera de un ente regulador. Queremos que todos los que hacen microfinanzas sean regulados por la ley”, abundó.

“El otro eje es que se nos permita captar ahorro, al menos de nuestros clientes”, explica, detallando que eso “requiere un esquema estructurado de seguridad similar al de la Superintendencia de Bancos, con su propio Fondo de Garantías de Depósitos”.

Ese “esquema innovador”, que “permitiría un derecho fundamental a nuestros microempresarios, como es tener una cuenta de ahorro”, les daría acceso a recursos frescos a tasas de interés más bajas que las actuales, que oscilan entre 9% y 10%.

Con todo, la propuesta no sería de aplicación generalizada.

Herrera dice que “las entidades de microfinanzas más desarrolladas deberían ser las que puedan tener la capacidad de captar recursos de sus mismos clientes”, siendo que “ya los conocemos muy bien”.

Garantías inmobiliarias

Otro tema que sigue pendiente es el de las garantías. Herrera señala que “la Ley de Garantías Mobiliarias debería ser el eje que complete todo este ejercicio de dinamizar las microfinanzas”, junto con la puesta en vigencia de las reformas a la Ley 769.

Donaldo Vanegas, directivo de Asomif, forma parte del equipo técnico que está trabajando en el tema de la normativa de Ley de Garantías Mobiliarias.

El también gerente de Finde explica que un ciudadano puede poner en garantía una propiedad, una casa, o un terreno, después de inscribirlos en el Registro Público, y con eso solicitar –y conseguir- un préstamo en una institución financiera, pero no se puede hacer lo mismo con un bien mueble.

Al respecto, señaló que “Honduras comenzó con 3,000 registros hace cinco años, y ahora efectúan 18,000 registros de personas que van a prestar, y pueden poner sus bienes muebles en garantía”.

El tema es crucial si se quiere ampliar el universo de clientes que reciben un microcrédito.

Datos presentados por Vanegas señalan que mientras el sistema financiero nacional dispone de unos US$4,550 millones con los que ha otorgado 1.4 millones de préstamos, las empresas de microfinanzas manejan unos US$456 millones, con los que atienden a unos 577,000 clientes, el 51% de lis cuales son mujeres.

Si bien las entidades de microfinanzas (EMF) obtienen una gran ventaja al comparar con los bancos la correlación entre la cantidad de fondos que manejan y la de clientes que atienden, el tema de las tasas de interés les resta buena parte de esa ventaja.

Vanegas admite que la tasa que cobran las EMF es más alta “desde el punto de vista nominal” que la que ofrece el sistema financiero, pero explica que “en la estructura de costos, nosotros obtenemos el dinero a una tasa más alta”.

Se refiere al hecho que “en los bancos, la tasa de interés promedio de una cuenta de ahorro en dólares, es 0.75% al año, pero el banco colocará esos mismos cien dólares a tasas promedio de 13% a 14%, mientras que las EMF obtenemos fondos a precios promedio del 9% al 10%”.

A continuación, argumenta que “en el 2005, la tasa de interés promedio ponderada de la industria de microfinanzas era del 33% anual, lo que es menos del 3% mensual”, mientras que en esa mismo época, el crédito concedido a través de tarjetas tenía una tasa de 5% mensual. “En los últimos once años, nuestra tasa de interés bajó nueve puntos porcentuales, para fijarse en 24%”, añadió.

Ganado, tomates y estudios

Muchas empresas de microfinanzas nacieron como Organizaciones No Gubernamentales para financiar a pequeños productores del campo, así como a personas dedicadas a la actividad comercial, de donde fueron creciendo para cubrir la actividad pecuaria, el consumo, la vivienda, los microseguros, y financiar la compra de existencias, hasta llegar a los créditos educativos.

Se trata de una iniciativa similar a la que ya existe en cualquier sistema financiero medianamente desarrollado, con la salvedad de que las EMF que ofrecen este producto en el país, están dispuestas a atender a clientes que no resultan poco atractivos para esa misma banca.

Al detallar las actividades económicas que financian las EMF, Herrera explica que tienen una clientela variada, en la que el comercio marcha a la cabeza: más del 30% de las 577,000 familias que atienden se dedican al comercio, así como a servicios, industria, etc.

La empresaria explica que tres de las organizaciones que integran Asomif (Finde, Mi Crédito y Afodenic) están ofreciendo un programa denominado ‘Crediestudio’, que provee recursos para pagar por la formación profesional del prestatario.

El directivo de Asomif, Donaldo Vanegas, explica que el camino seguido para llegar a ofrecer un producto tan especializado como ese, está determinado por la demanda del mercado, y por el surgimiento de nuevas instituciones de microfinanzas, con lo que se va ampliando la gama de ofertas.

“Hay instituciones que se especializan en crédito para las mujeres. Otras para los emprendedores, para los agricultores, los ganaderos, y así hemos surgido algunas que apostamos al tema de la educación”, dice el también gerente de Finde.

Gracias a ese nuevo producto, “estamos financiando carreras técnicas, finalización de estudios, cursos de titulación, postgrados y maestrías dentro y fuera del país. Tenemos alianzas con organismos internacionales y escuelas internacionales que otorgan becas parciales a través de nuestras instituciones”, detalla.

Vanegas explica que “hay gente que se gana una beca académica, pero los gastos de manutención en el extranjero son altísimos. Vas al banco, y lo que te ofrecen es un crédito de consumo. Ahí es donde nosotros entramos y llenamos ese vacío, prestándole a la persona, incluso para sus gastos de manutención fuera del país”.

Llegar hasta ahí requirió seguir los requisitos legales y técnicos determinados por la Comisión nacional de Microfinanzas, (Conami).

Herrera detalla que “cada producto financiero lo diseña la institución que lo propone, pero tiene una aprobación previa por parte de la Conami. Diseñar un nuevo producto requiere un prototipo, un estudio, presentar cierta documentación para la preaprobación. Luego se hace el pilotaje, las pruebas, y luego se escala. Es todo un proceso”, admite.

Además de cumplir con los procesos, las empresas también apostaron por la tecnología para simplificar sus procesos. Herrera recuerda que “enviar un mensaje es menos costoso que hacer una visita, y a la larga, eso se puede traducir en una reducción en la tasa. Si me vuelvo más eficiente, mis costos se reducen y eso podría traducirse en el mediano o largo plazo, en una reducción en la tasa al usuario final”.

Un ejemplo adicional es que, en los productos estudiantiles, los jóvenes aplican a través de Facebook. “Para ellos es más cómodo llenar una solicitud en esa red social que ir a una sucursal y llenarla”, explica.


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