Nación

El obispo auxiliar da su última eucaristía en Nicaragua

Monseñor Báez antes de partir: “¡No se negocian libertades!”

“¿De parte quién estamos? ¿De los que crucifican o los crucificados?”, increpó el religioso en una despedida apoteósica



El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, lo volvió a remarcar en la última homilía que dio en Nicaragua antes de partir a Roma: “¡No se negocian las libertades! Ni la dignidad ni la vida de las personas”. Los fieles y ciudadanos interrumpieron a monseñor con un rotundo aplauso. Báez formuló un Salve por la vida e instó a oponerse contra todo aquel que la mancille.

En la misa del Cristo Resucitado, este domingo, en la iglesia de Nuestro Señor de Esquipulas, en Managua, el templo desbordaba de creyentes y no creyentes, que asistieron a escuchar en persona por última vez —y quién sabe hasta cuándo— al obispo que durante estos doce meses de crisis sociopolítica se ha erigido como un faro moral y ético.

El papa Francisco ha llamado a monseñor Báez a Roma, pero antes de irse tras las fiestas de Pascua, el obispo dio su verbo encendido contra la masacre ante un aforo que devolvía elogios al púlpito. El mismo verbo profético que ha cuestionado la violencia tanto en iglesias como en Twitter y ante los medios de comunicación. Silvio Báez siendo Silvio Báez, directo y sin ambages: “Quienes seguimos a Jesús no lo olvidemos: Tenemos que adoptar siempre una postura clara y firme contra todo lo que destruye o degrada la vida o la dignidad humana. ¡No se negocian las libertades! Ni la dignidad ni la vida de las personas”, remarcó.

La resurrección de Jesucristo al tercer día de su crucifixión le sirvió a Báez para verter argumentos en favor de la vida y contra los poderosos. “Para los poderosos de la política Jesús también se volvió insoportable. Jesús criticó a los que gobiernan, porque oprimen a su pueblo, y luego quieren hacerse llamar bienhechores”, aseguró el jerarca religioso.

El obispo señaló que Jesús “no dudó en denunciar que las ambiciones políticas son un dios que esclaviza al corazón, enfría el amor y exige sacrificios humanos”. “La labor de los creyentes es ver a Dios en los crucificados de hoy”, agregó Báez, en referencia a los más de 325 asesinados por la represión de la dictadura Ortega-Murillo.

Báez fue vitoreado, aplaudido y elogiado por la feligresía y los presentes en la iglesia. Una despedida apoteósica de abrazos, besos y bendiciones para un obispo que no ha titubeado en tomar bando “con los oprimidos” durante la crisis iniciada el 18 de abril de 2018. Monseñor Báez ratificó su apostolado en esta misa antes de partir: “¿De parte de quién estamos? Hagámonos siempre esa pregunta: ¿de parte de los que crucifican o los crucificados?”, recomendó el religioso.

El obispo sugirió a sus feligreses ser solidarios y defender a las “víctimas de los poderosos, a los oprimidos que son violentados en su dignidad humana”. “Es la mejor expresión de la fe viva en el Cristo resucitado”, zanjó Báez.

El obispo auxiliar Silvio Báez abogó este domingo por estar siempre al lado de las víctimas y defender la vida y la dignidad humana. // Foto: EFE

Al final de la misa, en una breve conferencia de prensa, Báez evitó referirse a las razones del papa Francisco para reclutarlo al Vaticano, en un momento en que su presencia en Nicaragua es apreciada por la ciudadanía y los fieles. El traslado por un tiempo indeterminado a Roma ha sido calificado por fuentes católicas como un “exilio forzado”.

“Yo no he pedido salir. He sido llamado por el Santo Padre. Esta decisión de que yo abandone Nicaragua es una responsabilidad únicamente del Santo Padre”, repitió Báez, quien agregó esa frase que se ha vuelto consigna desde que anuncio su salida del país: “Un pueblo crucificado resucita siempre”.