Nación

Monseñor Báez: “Yo no pedí salir de Nicaragua”

Confirma plan para asesinarlo en 2018 y detalla amenazas. Dijo al papa: Nicaragua es un pueblo “crucificado” y “secuestrado” por poderes fácticos

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, fue claro: “Yo no he pedido salir de Nicaragua”, su traslado a Roma por tiempo indefinido se lo pidió el papa Francisco. El religioso, nacido en Masaya y una de las voces eclesiásticas más solidarias con los perseguidos del régimen, debe obedecer a su superior, tal y como lo manda el juramento que hizo en 1985, cuando lo ordenaron sacerdote.

Su salida de Nicaragua la ve como un gesto de “obediencia amorosa” ante una reciente solicitud del papa Francisco, quien en persona le dijo: “Me interesa tenerte conmigo acá (Vaticano). En este momento, te necesito”. El obispo no quiso entrar en detalles sobre las motivaciones de su traslado o por qué Jorge Mario Bergoglio decidió que esté era el momento de tenerlo a su lado.

Báez, que desde hace varios años lidera dentro de la Iglesia nicaragüense al sector más crítico frente a los atropellos  del poder régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, abandonará Nicaragua después de esta Semana Santa. Se desconoce cuáles serán sus responsabilidades en el Vaticano y cuánto tiempo estará allá, aunque el obispo subrayó que espera que sea por “poco tiempo”.

“Cómo no llorar… llevo todo en mi corazón”

“Quiero dejar claro que mi corazón siempre ha estado aquí en mi tierra, en mi patria y en medio de mi pueblo, mi corazón de pastor seguirá aquí en Nicaragua. Yo no he pedido salir, he sido llamado por el Santo Padre”, dijo Báez, quien la semana pasada sostuvo un encuentro privado con el pontífice argentino. “Me recibió de una manera muy afectuosa, muy fraterna, con un gran interés por mi ministerio, por mi vida y por la situación de Nicaragua”.

En una comparecencia de prensa acompañado por el cardenal y arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes, Báez mencionó que la decisión de su traslado es una “responsabilidad” del Santo Padre, y que, aunque lo ha hecho “llorar”, la ha “aceptado y asumido con plena obediencia amorosa”.

“Cómo no llorar al recordar estos diez años, el cariño, la confianza, el apoyo, la cercanía, las oraciones de nuestra gente, de nuestros niños, nuestros jóvenes, hombres y mujeres de las parroquias, a los campesinos, a las madres de las víctimas de la represión, a los jóvenes perseguidos y sufridos, a quienes están en las cárceles, llevo todo esto en mi corazón”, destacó.

Mantendrá las críticas

El obispo, que se ha destacado por su apoyo incondicional con los perseguidos y detenidos por la dictadura orteguista, aclaró que no se desentenderá de la crisis nacional. “A partir de este momento, continuaré con fidelidad mi vocación de obispo iluminado por el Evangelio de Jesucristo, y donde vaya enarbolaré con orgullo y esperanza el pabellón azul y blanco de nuestra patria”, aseguró.

“No voy a dejar de estar al lado de los más pobres, que fueron los preferidos de Jesús, y no voy a dejar nunca, como lo hizo Jesús, de hacer la crítica a todos aquellos poderes e instancias que se autodivinicen. No voy a dejar de denunciar la idolatría, la injusticia y el pecado contra Dios y el ser humano”, prometió el obispo, quien añadió que continuará presente en las redes sociales como Twitter y que su homilía dominical se mantendrá en Youtube.

Ordenado obispo el 30 de mayo de 2009, Báez señaló que siente una “paz profunda” porque durante la última década ha “hecho lo que tenía que hacer”. “No he hecho otra cosa que servir a Jesús y al evangelio, y el gozo de haber llevado adelante esta misión me da una paz profunda en mi corazón, aunque ahora dentro de mí tenga que llorar con mucha tristeza el tener que dejar mi patria y tener que dejar a mi pueblo”.

Protestas de abril

Durante las protestas cívicas de 2018, Báez y otros sacerdotes arriesgaron sus vidas para evitar la matanza de ciudadanos, amenazados por las fuerzas policiales y paramilitares del régimen. Desde el primer momento de las manifestaciones, utilizó el púlpito y la red social Twitter para exigir a Ortega y Murillo el fin de la represión, que dejó miles de heridos y más de 327 asesinados, según organismos internacionales de derechos humanos.

En su charla con el papa, el obispo aprovechó para explicarle su papel dentro de las protestas cívicas y aclararle que Nicaragua es “un pueblo crucificado” y un “país secuestrado” por unos poderes facticos “dominados por la mentira, la injusticia, la represión y la ambición”.

Añadió que “lastimosamente” estos poderes “adoran al dios riqueza y al dios dinero y por él sacrifican seres humanos. Esta es la realidad de Nicaragua. En Nicaragua no hay un enfrentamiento entre dos grupos, lo que hay es un grupo idolátrico que sacrifica seres humamos”.

Precisamente por tal circunstancia tiene pocas esperanzas en el diálogo entre el régimen y la Alianza Cívica. “Aunque estén los mejores mediadores del mundo, si no hay voluntad política, sino se camina en la verdad, sino se piensa en el futuro de Nicaragua, más allá de las ambiciones personales, no se va a lograr nada. Me parece que eso es lo que tiene estancadas estas conversaciones”.

Plan para asesinarlo

Sus duras críticas al régimen lo han puesto en el centro de una brutal campaña difamatoria de parte de simpatizantes y medios de comunicación orteguistas, quienes han exigido su encarcelamiento o traslado. Durante el acto del 19 de julio del año pasado, el presidente Ortega atacó verbalmente a Báez, a quien calificó como “bravucón” y “golpista”.

Más allá de las amenazas. La exembajadora de Estados Unidos en Nicaragua, Laura Dogu, declaró la semana pasada a un medio estadounidense que existió un plan para asesinarla junto a líderes nicaragüenses, entre los que se encontraba el obispo auxiliar de Managua. Báez lo confirmó.

“Una noche recibí una llamada del Departamento de Política de la Embajada de Estados Unidos para decirme que tenían plena certeza que había un plan para asesinarme, que tuviera cuidado porque iba a ocurrir en los próximos días e incluso me dijeron en dónde podía ser, cómo podían estar vestidos los que iban a tomar tal acción y que tomara las precauciones”, reveló el monseñor.

Báez dijo por la “alta certeza de la seguridad americana” informó “inmediatamente” al cardenal y a los demás obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN). Por su parte, Brenes comentó que “unos más y otros menos”, los prelados nicaragüenses “constantemente” reciben amenazas, a través de números que no han podido rastrear.

“Lo que la exembajadora (Dogu) dijo es una de las tantas amenazas de muerte. A lo largo de los últimos meses he recibido amenazas de muerte, a través de las redes sociales, a través de mi teléfono”, destacó el obispo auxiliar, quien agregó que las intimidaciones nunca lo han “paralizado para anunciar el evangelio y para desde ahí hacer crítica constructiva para mejorar la sociedad”.

Detalló que, a lo largo de estos meses, continuamente drones sobrevuelan su apartamento en el Seminario de Managua, y que una ocasión unos motorizados entraron al parqueo de ese centro. “La  cantidad de amenazas es incontable, he cambiado mi número (de móvil) cuatro veces en menos de un año”.

Pontífice le confirmó su ministerio

Pese a la tristeza que trajo consigo la decisión del papa, Báez destacó que al final de su encuentro se abrazaron fraternalmente. “Esta es la obediencia de la iglesia, no somos un ejército donde se obedece por temor, donde hay autoridades por encima que mandan en modo drástico y a veces irracional, somos un colegio, una fraternidad, unidos en la fe. Vivimos a la obediencia de Jesús, no es la obediencia militar, del soldado que ciegamente hace lo que le dicen”.

Al anunciar el traslado “temporal” del obispo, el cardenal Brenes resaltó el tema de la obediencia. “Nosotros somos hijos de la obediencia, cuando nos ordenamos sacerdotes prometemos obediencia”.

Al respecto, el prelado mencionó que “en este momento el dolor y la tristeza están acompañados por una profunda paz y un profundo gozo de poder servir y colaborar con el Vicario de Pedro, porque para mí, no solamente es una cuestión teológica ni una obediencia ciega, es una cuestión de afecto”.

Báez recibió una buena noticia en su reunión privada con Jorge Mario Bergoglio. “Me vine de Roma con el gozo de que el papa ha confirmado mi ministerio de los últimos diez años. No me hizo una sola observación ni un solo reproche ni una sola corrección, lo único que me dijo fue: ´Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo espero de los obispos´”.

Nicaragüenses: “Exilio forzado”

La próxima salida del obispo auxiliar de Managua generó una ola de pesar y solidaridad entre los nicaragüenses y extranjeros, quienes a través de las redes sociales lamentaron la decisión papal y la calificaron de un “exilio forzado”.

El laureado escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, escribió en Twitter que la salida del obispo es un “exilio forzado” y un “duro golpe a la lucha por la democracia en Nicaragua”.

El periodista Carlos Fernando Chamorro, director de Confidencial, se solidarizó con Báez, y escribió en Twitter que el traslado del prelado “representa un gran desafío para los obispos de la CEN”, para mantener la voz profética de la Iglesia y no callar.

Erika Guevara-Rosas, directora de Amnistía Internacional para las Américas, destacó en Twitter que donde esté Báez “continuará siendo una de las voces más legítimas y éticas en la defensa de los derechos humanos del pueblo Nicaragüense”.

Xiskya, conocida como la monja tuitera, sugirió crear la etiqueta #SilvioAmigoNicaraguaContigo para expresar el amor y apoyo al obispo Báez.

El politólogo Félix Maradiaga indicó también en Twitter que la salida del prelado “es una gran pérdida para el pueblo nicaragüense, al irse físicamente uno de los pastores con la voz profética más valiente y creíble en Nicaragua”.

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