Opinión

Nacho y el periodismo político

Decir que Nacho Briones Torres fue un periodista político, no es ninguna novedad. Igual sus compañeros de generación, el periodismo fue su trinchera



  1. Una aclaración histórica. Un atributo fundamental del periodismo nicaragüense a través de la historia ha sido la predominancia del periodismo político-partidario. La falta de tolerancia y una concepción funcional de la prensa condujo a políticos a reprimir a medios y periodistas desafectos. Un mal persistente. Desde su nacimiento hasta la fecha —con escasísimos ejemplos ajenos al partidarismo político— medios y periodistas han sido castigados por asumir posiciones críticas contra los gobernantes. Diario de Nicaragua (1884), con el que irrumpe el diarismo en nuestro país, no sobrevivió a las críticas formuladas por Rigoberto Cabezas a los expresidentes conservadores Adán Cárdenas y Vicente Quadra. Joaquín Zavala presidente de la república de filiación conservadora lo condenó al ostracismo.

Después de ciento treinta y cinco años, la prensa sigue siendo víctima de arrebatos políticos. Pareciera estacionada en el mismísimo lugar. El periodismo que se ejerce actualmente en Nicaragua —igual que ayer— tiene sesgo partidario. No por simple gratuidad. La crisis sociopolítica originada en abril de 2018 continúa. Una de las instituciones más afectadas por las acciones gubernamentales son los medios y consecuentemente los periodistas. El comandante Ortega creyó que para el éxito de su gestión, bastaba la creación de su propio dispositivo mediático, grave equivocación. Con una tradición de lucha histórica los medios ajenos a su influencia política-partidaria no hipotecaron la crítica ni renunciaron a la fiscalización del poder.

El asedio a medios y periodistas se transformó en una actitud hostil. En la medida que la autocensura fue siendo vencida, el gobierno optó por la persecución y agresión. La situación empeoró a partir de abril. Un periodista murió asesinado (Ángel Gahona) y una radioemisora (radio Darío) fue consumida por las llamas. Nicaragua entraba en la lista roja mediática. El último asesinato de un periodista nicaragüense había ocurrido en febrero de 2004. Más de medio centenar de periodistas se han visto forzados a tomar el camino del exilio. Cuatro medios de comunicación —Confidencial, Esta Noche, Esta Semana y 100% Noticias— fueron ocupados por la policía y dos periodistas permanecen prisioneros, Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau.

  1. Un periodista político. Decir que Nacho Briones Torres fue un periodista político, no debería constituir ninguna novedad. Igual lo fueron sus compañeros de generación, el periodismo que hicieron fue su trinchera. Desde sus orígenes la prensa escrita en Nicaragua estuvo orientada hacia la lucha político-partidaria. Los periodistas actuaban fundamentalmente por motivaciones políticas. Solo basta revisar sus escritos y nombres de los periódicos para comprender las razones. Muy pocos periodistas y medios —incluyendo las abundantes publicaciones religiosas— escaparon de la necesidad de apuntalar sus preferencias político-partidarias. La prensa escrita ha sido una prensa de combate. Ni Rubén Darío, fundador de la crónica moderna, se sustrajo y fue ajeno al periodismo político-partidario.

Los dos tomos del Catálogo de Periódicos y Revistas de Nicaragua (1830-1930, septiembre 1992; y 1931-1978, octubre 1993), permiten corroborar el componente partidario que inspiró a la inmensa mayoría de los periodistas nicaragüenses. Ambos textos resultan piezas indispensables para comprobar las prioridades político-partidarias y religiosas que subyacen en su creación. Justo reconocer el aporte sustantivo hecho por Jorge Eduardo Arellano. Él estuvo al frente —en su condición de director y coordinador general— del equipo de trabajo que realizó esta investigación, auspiciada por la Biblioteca Nacional Rubén Darío, entonces dirigida por el profesor Fidel Coloma González. Dos mojones valiosos para seguir los pasos del periodismo.

Nacho inició su peregrinar en las filas del periodismo nacional, en la década de los cuarenta, cuando la prensa partidaria dominaba el escenario. Ejemplo. La Noticia, medio liberal, fundada en 1915 por Juan Ramón Avilés y Novedades (1937) dirigida al  inicio por Hernán Robleto, órgano por excelencia dedicado a defender los intereses de la familia Somoza-García y Somoza Debayle. La Prensa, dirigida por Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, se ubicaba en el otro extremo: de tendencia abiertamente conservadora. La Noticia fue el medio más influyente hasta los primeros años de la década del cincuenta del siglo pasado. La Prensa comenzó su ascenso a mediados de la misma década, al asumir la dirección Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

  1. Fundador de Impacto. Las contradicciones entre Hernán Robleto y Anastasio Somoza García, fueron determinantes para que el escritor y periodista liberal fundara Flecha en agosto de 1943, medio en que alzaría vuelo Nacho Briones Torres, conducido de la mano por Sofonías Salvatierra, liberal de linaje. Nacho emprendió su trajinar identificándose con periodistas de izquierda: Manolo Cuadra y Emilio Quintana. Se convirtió en crítico permanente del somocismo. En un contexto dominado por grandes figuras del periodismo nacional, decidió fundar su propio medio de comunicación. Buscaba como no sentirse atado a los vaivenes de la dirigencia política liberal, mucho menos conservadora.

El 20 de septiembre de 1956, veinticuatro horas antes que Rigoberto López Pérez segara la vida de Anastasio Somoza García, apareció el primer número de Impacto. Con el ánimo de tomar distancia de los medios libero-conservadores, Nacho puso como lema de Impacto:  Medio independiente. ¿De quién o frente a qué? Hizo suyo el pensamiento de Sandino y defendió al campesinado. Estaba convencido de la necesidad de incorporar nuevos temas y actores en la agenda mediática. Una osadía. Si en algo coincidían los dirigentes de las paralelas históricas, era en limitar otras expresiones político-ideológicas que no fuesen las suyas. La prensa obrera era marginal, acosada y mal vista. Incluso perseguida y censurada.

Nacho fue firme impulsor de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap), entusiasmo que se tradujo en un ir y venir, hasta conseguir su fundación en 1976 en Ciudad de México. Tenía clara la necesidad de crear una instancia que se hiciese cargo de la defensa de los periodistas a nivel latinoamericano. Estaba convencido que el indicado para hacerse cargo de impulsar y consolidar la Felap, era el peruano Germán Carnero Checa. Muchísimo antes —en 1951— había recibido una de las distinciones más importantes a las que podía aspirar un periodista centroamericano: la Orden Julius Fucik, otorgada por la Organización Internacional de Periodistas (OIP). Nacho tenía puesta la mirada más allá de nuestras fronteras. Un internacionalista.

  1. Promotor del Día Nacional del Periodista. Donde resulta más visible el compromiso gremial de Nacho, fue en los esfuerzos desplegados hasta conseguir que el presidente René Schick Gutiérrez, emitiera el Decreto No 904, el 28 de febrero de 1964, consagrando el 1 de marzo, como Día Nacional del Periodista. Nacho intercedió ante Pedro J. Quintanilla, secretario de la presidencia. Le hizo ver la importancia de establecer una fecha que enalteciese la labor desempeñada por los periodistas. El somocismo nunca supo lidiar con la prensa. A Quintanilla no le resultó difícil convencer al presidente Schick Gutiérrez. Era una manera de acercarse a la prensa nacional y reconocer la labor que desarrollaban en provecho del país. Nacho sintió el reconocimiento como un logro político.

La escogencia del 1 de marzo como Día Nacional del Periodista, se debió a que en esa fecha tiene un significado emblemático en la historia del periodismo nicaragüenses: fue fundado el Diario de Nicaragua en 1884. El liberal Rigoberto Cabezas y el conservador, Anselmo H. Rivas, se juntaron para iniciar una nueva etapa en el desarrollo de la prensa escrita. Diario de Nicaragua tuvo vida efímera por divergencias político partidarias. Nacho pensó que el 1 de marzo era la fecha más indicada para homenajear a los periodistas. Creía que el trato que se les dispensaría en el futuro sería más digno y decoroso. Se les reconocería su estatuto profesional. La Escuela de Periodismo tenía poco más de tres años de haberse integrado a la UNAN-Managua.

Nacho intentó relanzar Impacto en 1959, los vientos que soplaban en el Caribe eran de cambio. Inició la aventura un mes antes que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, lanzara desde Costa Rica la invasión aerotransportada de Olama y Los Mollejones y dos meses antes de las acciones guerrilleras en El Chaparral. Ferviente defensor de la revolución cubana, pensó que el momento era propicio para contar en Nicaragua con un dispositivo informativo favorable a las transformaciones políticas y económicas por las que luchaban distintos sectores sociales, económicos y culturales, opuestos al somocismo. El tercer y último esfuerzo por asentar Impacto lo hizo en 1976. No sobrevivió. Pereció en el intento. El fracaso editorial no amilanó su ánimo.

  1. Defensor magisterial. Cuando Nacho trató por última vez que Impacto lograse calar entre los lectores, venía de participar como columnista de Semana, dirigida por el experimentado Horacio Ruiz. El director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, había decidió crear un semanario con portada full color, artículos de fondo, una amplia sección de deportes, despliegue de fotografías de jóvenes guapas, una página dedicada al horóscopo, con reportajes que recreasen la vida de distintos rumbos del país y un apartado que tratase temas políticos, sociales, económicos y culturales. Nacho se hizo cargo de esta columna, bautizada con el nombre de Esta Semana, punzadas con estricto apego a la síntesis.

Al despuntar los setenta del siglo pasado, las luchas emprendidas por la Federación Sindical de Maestros de Nicaragua (FSMN), estaban orientadas a contener los despidos del magisterio nacional. La dirigencia sindical encontró en Nacho un aliado incondicional. Esta Semana servía de tribuna a los maestros. Exponían su sentir y expresaban su rebeldía. Los enfrentamientos contra Antonio Mora Rostrán, ministro de Educación, era cuestión de todos los días. Nacho se solidarizó con los maestros. Canalizó las inquietudes magisteriales. Los enfrentamientos tenían profunda base política. Los maestros Lilly Soto, Silvio Mora, Leonel Delgado, Juan Alberto Enríquez —entre otros— terminaron haciendo periodismo.

Ignacio Briones Torres, controversial, bohemio, oscilante, contradictorio, conversador como pocos, dueño de una amplia biblioteca sobre periodismo nacional, logró que su magisterio alcanzara hasta el presente siglo. Este 2019 se cumplen diez años de su muerte. Nacho jamás dejó de escribir. Su compromiso político fue permanente. Supo reivindicar los intereses populares. No solo conocía la historia del periodismo nacional, también recitaba de memoria distintos episodios de nuestra historia sociopolítica. Daba la impresión que ahí había estado. Nacho hizo periodismo político-partidario. En aquellos años tormentosos —igual que ahora— no podía hacerse un periodismo diferente, ajeno por completo al destino de Nicaragua.