Migrantes

¿Qué voy a hacer si no renuevan el TPS? Los nicas en vilo en Estados Unidos

Nuevamente la amenaza de deportación llegó para unos 2500 nicas y sus familias, tras el fallo de un Tribunal que respalda decisión de Trump

Carolina Sediles es una nicaragüense que llegó a Estados Unidos en 1998, el mismo año en que el Huracán Mitch causó estragos en su país de origen. Recién había terminado la universidad y aunque su plan inicial no era quedarse, pronto cambió de opinión al pensar en el panorama poco prometedor que le esperaría tras el devastador fenómeno que asoló una Nicaragua que apenas se recuperaba de la guerra civil de la década de 1980. 

Decidió entonces acogerse bajo un programa de Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) creado por el Gobierno estadounidense en 1999 para que ciudadanos de Nicaragua afectados por el Huracán Mitch pudiesen quedarse de manera regular en Estados Unidos. 

El TPS es un beneficio migratorio temporal otorgado por el Departamento de Seguridad Nacional a extranjeros que viven en Estados Unidos en cuyos países se vive una crisis ya sea por un conflicto armado, un fenómeno natural u otras condiciones extraordinarias y de carácter temporal y que, por tanto, no pueden regresar a su país de forma segura o bien porque no existen las condiciones económicas para recibirlos. 

En Estados Unidos, ciudadanos de El Salvador, Honduras, Haití, Guinea, Liberia, Nepal, Sierra Leona, Siria, Somalia, Sudán, Sudán del Sur y Yemen también son sujetos de TPS.

En total, en Estados Unidos hay más de 400 000 “tepesianos”, de los cuales se calcula unos 2500 son nicaragüenses. Inicialmente eran más de 5000, pero se sabe que parte de ellos han encontrado otras maneras de lograr la residencia permanente en Estados Unidos. La mayoría vive en ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Miami, explica Damaris Rostrán,  activista nicaragüense por los derechos de los migrantes y directora de Liderazgo Comunitario en CASA, Central American Solidarity Association. 

Migrantes regulares, pero en vilo

Carolina Sediles, nicaragüenses bajo TPS y su hijo nacido en Estados Unidos. // Foto: Cortesía.

Carolina ha residido por 22 años de forma legal y con permiso de trabajo en Estados Unidos, pero en vilo, cada año pendiente de que el TPS fuese renovado para los nicaragüenses. 

Entre 2017 y 2018, el Gobierno de Donald Trump había anunciado la cancelación del programa, pero en octubre de ese año el juez federal estadounidense Edward Chen bloqueó la suspensión alegando que la decisión de la Administración de Trump estaba basada en la hostilidad contra los extranjeros no blancos y no europeos y que violaba la Constitución. Pero ahora, un fallo de la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito anuló la decisión de Chen y ordena el fin del TPS para ciudadanos de Sudán, Nicaragua, El Salvador y Haití.

“El peor de los escenarios es que en marzo de 2021 comiencen a deportar gente. Lamentablemente, de más de 20 jueces, tres fueron los únicos que votaron y de ellos votaron dos a favor del presidente Trump, pero estamos apelando, que realmente se revise el caso con un mayor número de jueces para que haya una mayor perspectiva”, explica Rostrán.

Ante la noticia, Carolina está preocupada, pero no alarmada. “Todavía falta apelar. “Todavía está pendiente una demanda. Mientras no haya una respuesta, lo van a tener que renovar de nuevo. Si hay una respuesta y lo cancelan, hay 120 días donde todavía se puede llegar a otra Corte a apelar”, dice. De apelación en apelación, los “tepesianos” esperan ganar tiempo para poder quedarse.

“No voy a salir corriendo”, explica Carolina. Tras 22 años en este país, no puede hacerlo. Compró su casa en Arizona donde actualmente reside y toda su familia está aquí, incluyendo su hijo de 19 años, nacido en Estados Unidos. 

Es el caso de muchos ciudadanos bajo TPS, que después de dos décadas han formado familias, que incluyen probablemente uno o dos hijos, “jóvenes adolescentes con un promedio de seis a dieciocho años. Todavía dependen de sus padres. Estarían, indirectamente, deportando ciudadanos estadounidenses también”, agrega Rostrán.

¿Qué voy a ir a hacer a Nicaragua?

“Ni siquiera me puedo hacer una idea de lo que voy a hacer yo en Nicaragua. Voy a empezar de cero. No tengo nada en Nicaragua. Mi casa la compré aquí… y la situación en la que está Nicaragua, sociopolítica y económica, humanitaria… Es terrible”, exclama Carolina, quien no ha puesto un pie en su país desde que se fue.

“Mi mayor deseo por todos estos años ha sido regresar a Nicaragua, pero el país nunca ha ofrecido las condiciones y en este momento no están. Luego mi hijo… su vida está aquí. Llegar a Nicaragua, ¿a hacer qué? Sería muy, muy difícil”, añade.

Rostrán coincide en que la economía de Nicaragua, en recesión por tercer año consecutivo, no permitiría recibir a los nicaragüenses, de ser deportados, menos bajo la actual crisis sociopolítica provocada por la represión estatal desatada a partir de abril de 2018 y que más bien empujó a más de cien mil nicaragüenses a salir del país por persecución política y falta de empleo. 

Además, las repercusiones de las deportaciones se sentirían en todo el istmo, ya que en el caso de El Salvador, son 195 000 los salvadoreños en riesgo de verse obligados a regresar.

El impacto de las elecciones próximas en EE. UU.

Rostrán y Sediles coinciden en que los resultados de las elecciones presidenciales del próximo tres de noviembre tendrán un impacto en el futuro de los “tepesianos” en Estados Unidos, ya que el tema migratorio es central en las discusiones de las políticas de los candidatos a presidente. 

Sin embargo, ya que la lucha de estos migrantes es obtener un estatus legal de residencia permanente, la clave estará en la configuración del Congreso de los Estados Unidos, donde podría aprobarse una ley que lo permita.

“Nosotros tenemos 20 años aquí, estuvimos bajo los demócratas, estuvo (Barack) Obama (en la presidencia) y en ningún momento se hizo nada para regularizarnos. No es tanto una cuestión de si el presidente es republicano o si es demócrata, sino cómo va a quedar divididos los poderes en el Congreso para que alguien que tenga la fuerza y que sí esté interesado en apoyar a los inmigrantes, tenga la mayoría para aprobar una ley de estatus permanente de residencia para el TPS”, comenta Carolina.

Tanto republicanos como demócratas han propuesto iniciativas de ley para regularizar a ciudadanos bajo TPS y otros protegidos bajo figuras como la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, DACA, conocidos como “dreamers” y bajo Salida Obligatoria Diferida, DED. Ninguna ha logrado concretarse. 

Carolina pide consistencia a los políticos estadounidenses de ambos partidos: “Tendrían que ser coherentes con la política exterior. Por ejemplo, saben que la situación política de Nicaragua y de otros países como Venezuela, por ejemplo, no está en condiciones de recibir a gente, porque a sus ciudadanos los persiguen y no les dan las condiciones. Si por un lado están llamando a Daniel Ortega dictador y están llamando a Maduro dictador, entonces que, por el otro lado, los que aprueban este tipo de leyes migratorias sean congruentes y tomen en cuenta qué es lo que está pasando en esos países. No es una cuestión de política nada más, sino humanitaria”, expresa.

En el caso de Nicaragua, el fallo del Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito justifica la cancelación del TPS asegurando que el país se ha estabilizado tras el Huracán Mitch, que recibió significativa ayuda internacional para los esfuerzos de reconstrucción, que hay mayor acceso a agua potable, que el porcentaje de la población que ahora cuenta con electricidad ha aumentado y que las condiciones han mejorado al punto que atrae turismo e inversión extranjera”, por lo que “ya no es el caso de que Nicaragua sea incapaz de manejar adecuadamente el regreso de sus ciudadanos”. Sin embargo, la opinión de los jueces no toma en cuenta la crisis sociopolítica y económica que atraviesa el país por tercer año consecutivo.

Entre el miedo y las ganas de seguir adelante

¿Qué le queda a la comunidad nicaragüense? Para Rostrán es importante que los migrantes nicaragüenses sigan trabajando, organizándose e informándose con el apoyo de diferentes organizaciones comunitarias proinmigrantes que existen en Estados Unidos. 

Sediles coincide en la importancia de informarse para tomar mejores decisiones. “La gente está pensando en moverse de estado porque ya las autoridades los tienen registrados y ya saben dónde viven, entonces la gente se imagina que viene la deportación inmediata y realmente pues esperemos que no. No pueden sacarnos de la noche a la mañana”.

Para esta nicaragüense ha sido difícil vivir con el temor de ser deportada en cualquier momento. “Cada año la pregunta ha sido ‘¿qué voy a hacer si no renuevan el TPS? ¿Para dónde voy? Qué hago con mi hijo?’ Hubo un tiempo en que para mi hijo fue traumático estar esperando cada año, cada renovación. Al final te desestabiliza emocionalmente por momentos porque no sabés tu futuro. Sin embargo, decidí quitarme el miedo y planear a largo plazo y gracias a Dios logré comprar mi casa. No sé qué va a pasar, pero no puedo detenerme por el miedo”.

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