Opinion

Nadie debe olvidarlos…pero

Muchos que entregaron su vida a la causa revolucionaria nunca pensaron que su sacrificio sería olvidado

En nuestro país, muchos hombres y mujeres entregaron su vida a la causa revolucionaria, en variados frentes de lucha, sin pensar en ningún tipo de recompensa. Pero tampoco pensaron en que después de su sacrificio solo merecerían la ingratitud del olvido. Uno de esos hombres, fue Germán Gaitán. El historial de Germán, comienza en una situación muy singular, diría que hasta novelesca. Hijo adoptivo de un alto militar somocista, Germán descubrió a Gregorio Selser, y este, a su vez, descubrió a Sandino.

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El coronel de la Guardia Nacional somocista, Francisco Gaitán –padre adoptivo de Germán—, fue uno de los cercanos colaboradores de Anastasio Somoza García, en el asesinato del general Augusto C. Sandino, pero cayó en desgracia ante Anastasio y Luis Somoza Debayle, después del ajusticiamiento de su padre en 1956. Como fieras heridas, y ambicionando heredar todo el poder, sin sombra de competidores, los dinastas comenzaron a limpiar la GN de los elementos que, por su estrecha complicidad con Somoza García, podrían aspirar a heredar el poder.

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El coronel Gaitán fue uno de los primeros en quien recayeron los celos de los hermanos Somoza Debayle, tal vez sin ninguna razón, y lo sometieron a muchas humillaciones, sin atreverse a echarlo de la GN, debido al respeto que Gaitán tenía entre los viejos guardias. Luego, optaron por apartarlo de Managua, el centro político del país, y lo enviaron a la Costa Caribe como jefe militar de la región. Eso no les bastó, y lo mandaron como su embajador a la república Argentina, quizá por la lejanía, o porque suponían que por su escasa formación académica, desde allá no les causaría problemas.

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Ese fue uno de esos pequeños sucesos que en la historia han sido claves para el desenlace de sucesos extraordinarios: los Somoza Debayle, jamás podían haber imaginado que un hijo adoptivo de Gaitán, encontraría en Argentina un lugar propicio para desplegar sus inquietudes políticas, ni que establecería vínculos con jóvenes del peronismo, del Partido Comunista y de otras organizaciones políticas. Menos podían pensar en que, de esos vínculos, nacería un hecho histórico: que Germán conocería al periodista Gregorio Selser, quien desenterraría la historia de Sandino con la cual se fortalecería la conciencia de quienes los iban a derrocar.

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Germán contó a Selser lo que sabía sobre Sandino, y este decidió investigar en bibliotecas de diferentes países sobre su lucha armada contra la intervención militar yanqui en Nicaragua. Resultado de esa investigación, fu su primer libro “El pequeño ejército loco”. Este y su siguiente libro sobre Sandino ofrecieron conocimientos sobre esa historia celosamente ocultada por la dictadura, e inspiraron actividades combativas en la juventud nicaragüense, hasta la creación de las primeras estructuras que culminaron con la organización del Frente Sandinista.

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Selser le entregó a Germán una copia del primer libro, quien se vino a Nicaragua y contactó con el doctor Adán Selva, liberal independiente, enemigo de la dictadura y propietario de la imprenta “Asel” donde editaba El Gran Diario, un combativo periódico muy popular entre los años cincuenta y sesenta. Allí se imprimió “El pequeño ejército loco”, a cuenta personal de Gaitán, y ese libro fue como un potente faro que iluminó el camino revolucionario a las generaciones juveniles de la época, y la primera oportunidad que tuvo el pueblo nicaragüense de conocer mucho más acerca de la epopeya de Sandino.

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Con solo esa acción de Germán Gaitán, ya era más que suficiente para darle un lugar destacado en el FSLN, y luego en su historia, pero se lo negaron, aunque él nunca consideró que eso fuera todo lo que podía hacer por la liberación de Nicaragua, y junto a la difusión del libro, con Carlos Fonseca se dedicó a la organización del Movimiento Nueva Nicaragua, paso inicial hacia la formación del FSLN. En esa actividad, que incluyó la compra y trasiego de armas, Germán fue capturado junto al poeta Luis Rocha, y la GN los castigó con una temporada de cárcel.

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Germán murió cuando ejercía labores de la revolución con el opaco grado de Teniente en el Ministerio del Interior, una opaca función comparada con los extraordinarios aportes que él le hizo al desarrollo de la conciencia y la organización revolucionaria de los nicaragüenses. Y esa obra de Germán, nunca debió verse opacada con la sombra del olvido que, hasta ahora, sigue envolviendo su memoria.

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Es un hecho reconocido, que la revolución sandinista triunfante el 19 de julio de 1979, fue esencialmente un fenómeno popular y social más allá del contenido de sus objetivos políticos, pues también fue popular en sentido más estricto, porque la participación de las masas fue algo obvio y determinante, como nunca la hubo en ningún otro hecho histórico sobresaliente de Nicaragua. Ese heroísmo popular, por desgracia, no fructificó por largo tiempo, y lo masivo más bien sirvió para lo único que la ingratitud humana quiso hacer con muchos héroes y mártires: un santuario silente al anonimato.

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Igual hemos tenido que reconocer que esa irreverencia hecha con el olvido a quienes sacrificaron sus vidas por la liberación de Nicaragua, no se le hace solo a nicaragüenses, sino también a hermanos latinoamericanos que no pensaron si su entrega a nuestras luchas de liberación solo les depararía un lugar en nuestra tierra para su descanso en la eternidad. Conocemos muchos nombres de hermanos extranjeros y la entrega generosa de su vida a una causa que hicieron suya, pero también ignoramos a muchos otros.

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Desde el municipio de Nabón, Cuenca, Ecuador, nos llegó la noticia acerca de que uno de sus hijos, Jorge Vicente Patiño Aguirre, combatiente sandinista caído durante la liberación de León con el seudónimo de “Comandante Ariel”, no ha sido olvidado. Y, por lo que hacen familiares y paisanos suyos, tampoco quieren olvidarlo. Ellos lograron contactar a un ex compañero de lucha de Patiño Aguirre, residente en Managua, y el resultado fue que lo invitaron a Nabón, para que diera su testimonio durante la presentación del libro “Entre balas y rosarios, memorias de un sandinista naborense”, escrito por su sobrina Johanna Ochoa Aguirre, periodista y profesora de periodismo.

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El libro fue presentado en el Salón del Pueblo de Nabón, el 6 de diciembre del 2015, lo cual fue ampliamente divulgado por los diarios de Cuenca El Mercurio y El Tiempo. A través de esos diarios se dio a conocer el testimonio de Carlos Cuadra Montalván, sobre la experiencia en combate de Patiño Aguirre y de su caída en las proximidades de “La 21”. ¿Por qué “balas y rosarios” en el título del libro? Porque Patiño Aguirre, fue seminarista en el Seminario de los Jesuitas en Quito.

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Dato interesante es que el leonés Cuadra fue reclutado por el nabonés para el FSLN, cuando ambos laboraban en el Banco Nicaragüense de León. Patiño Aguirre cayó combatiendo el 19 de junio de 1979, y había nacido en 1944. En un parque de Nabón hay un busto de Jorge Vicente Patiño, del cual su familia desea traer una réplica a la ciudad de León, para lo que solicitarán un pedacito de tierra para ubicarlo donde cayó por la libertad de la tierra de los nicaragüenses. Ojalá eso se materialice, y que el busto de Juan Vicente Patiño Aguirre, confirme la solidaridad entre dos pueblos hermanos.

Cronología imperial (*)

1924.- 1) El 28 de enero, hubo un desembarco de marines gringos en Honduras, y ocuparon la capital, Tegucigalpa. La causa de ese atropello, esa vez fue la lucha entre dos voraces compañías norteamericanas rivales: la United Fruit Company y la Cuyamel Company, por la obtención de concesiones de tierras.

2) Situaciones análogas que reproducirían entre compañías yanquis en Guatemala y Costa Rica, las que finalmente terminaron en 1927, cuando Minor C. Keith compró las acciones de Samuel Zamurray. Lo que no terminó, fue la explotación de las tierras centroamericanas.

3) El 12 de julio comenzó el retiro de las tropas de ocupación gringas de la República Dominicana, después de formar y entrenar una Constabularia o Guardia Nacional de donde emergió su buen discípulo: Rafael Leónidas Trujillo (lo ocurrido en Nicaragua, tres años después, 1927, no fue ninguna coincidencia).

4) Entre el 10 y 15 de septiembre, los marines yanquis ocuparon varias ciudades hondureñas, para apoyar al candidato presidencial grato a Washington.
(Continuará)

(*) Resumida de Guía del Tercer Mundo-86.
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