Política

Nicaragua está entrando en etapa de “resolución del conflicto”

Manuel Orozco Nicaragua

Puede durar dos o tres meses, hasta un año, si la resistencia civil logra "una solución política, sin caer en la guerra civil"


  • Roberto Fonseca
  • 16 de julio 2018

La crisis en Nicaragua, que surgió el pasado 18 de abril por una reforma a la Seguridad Social y que se ha extendido en el país debido a la feroz represión por parte del régimen de Daniel Ortega, está actualmente en una etapa de desgaste y se aproxima a una etapa de resolución, en la que hay cuatro potenciales escenarios, concluye el Dr. Manuel Orozco, Senior Fellow del Diálogo Interamericano en Washington DC. 

Sobre estos escenarios, sobre el impacto de la crisis para el país, y sobre las respuestas del gobierno de Donald de Trump y del resto de la comunidad internacional, hacia la represión y las violaciones a los derechos humanos que ha cometido el régimen de Ortega, a través de sus fuerzas policiales y parapoliciales, conversó E&N en exclusiva con Orozco.

¿Cuál es la resiliencia entre ambas partes en conflicto?, ¿cuál pesa más?

Y, en el caso de Nicaragua, la resiliencia es bastante sostenible, y proviene de diferentes sectores cuando estamos hablando de la oposición. Proviene de la Alianza Cívica, de la Iglesia Católica, de la comunidad internacional, de los ciudadanos y de la empresa privada, e incluso de otros sectores sociales y políticos que no simpatizan con el régimen de Ortega. 

De parte del gobierno, la resiliencia proviene básicamente de dos círculos pequeños. Primero, del círculo que acompaña a Daniel Ortega y Rosario Murillo, que está integrado de un grupo bastante pequeño que casi exclusivamente está compuesto de aliados que se juntaron en lo últimos 10 años.  El llamado ¨sandinismo histórico¨ no está presente ni a favor de Daniel Ortega.  El segundo círculo que conforma el capital político de Daniel proviene de una Policía dividida y de un Ejército que todavía no se ubica en esta situación de conflicto.  Las fuerzas llamadas paramilitares o parapoliciales, que en realidad han operado como tropas de choque y se han constituido básicamente en la guardia presidencial, son grupos cuya lealtad es limitada por su naturaleza rentista.

Entonces, dentro de esa circunstancia, la comunidad internacional sí ha jugado un rol importante en cambiar el balance de poder. 

Ortega ha desatado una feroz ofensiva miltar, ¿ésta ganando, está imponiéndose?

Una visión superficial diría que la estrategia de represión estatal de Ortega va ‘ganando’ porque hay continuidad del número de muertos (Ortega está asesinando a un promedio de 5 personas diarias desde el 19 de abril, con puntos de incremento en momentos claves, como el 30 de mayo), de la desarticulación de los tranques, y que en algunos casos, la presencia de la gente protestando en las calles se ha disminuido. De gran manera lo que esto representa es un desgaste mutuo. La gente siente y resiente la represión con dos meses de continuidad, pero Ortega sabe que este tipo de mecanismo es de corta duración (porque sus fuentes represivas se van agotando).

Por otro lado, cuando te fijas en términos prácticos que la continuidad de la protesta es real, que la Alianza Cívica más bien sigue más fortalecida que debilitada (el país casi de forma entera deposita su confianza en ellos, responden a las llamadas abiertas al paro, por ejemplo, y la condena más reciente contra el acoso a los líderes religiosos constata de qué lado está la nación), que la comunidad internacional sigue movilizándose y llamando en pro del cambio político en Nicaragua y que el Ejército se siente presionado de que no puede intervenir a favor de Ortega, y que el sector privado también se resiste a las presiones de Ortega y a los chantajes que intentó hacer (como la presión a la banca de reportar los nombres de personas que estaban retirando sus depósitos, acto que es violatorio de acuerdos internacionales de privacidad bancaria), pues lo que se nota de sobremanera es que esa resistencia de la oposición está ganando terreno.

El punto clave en este mismo momento es cómo se aprovechan, o cómo se apalancan de estos logros para presionar un poco más a Daniel Ortega, hasta que llegue un punto en que tenga que aceptar su salida negociada. 

Etapa de resolución 

En ese análisis que has hecho, ¿cuál sería la siguiente etapa del conflicto?, ¿la resolución?

La tercera etapa es el conflicto de desgaste prolongado y esto puede durar dos, tres meses, puede durar hasta un año. En un país como Nicaragua, bajo las circunstancias en que se encuentra, este desgaste tiene una caducidad más pronta, que lo que ocurre en Venezuela, o en Siria por ejemplo, porque el régimen es mucho más débil (no cuentan con un padrino fuerte), la economía no resiste (ni le está reportando muchos ingresos al régimen), y el Estado no puede resistir tanta presión (las fuerzas de seguridad se están dividiendo más, aunque se miren más represivas en la calle). 

Entonces, la siguiente etapa es de la resolución del conflicto, donde surge una solución política a la situación. Es difícil en este contexto estallar en una guerra civil, ya que hay un pequeño chance que aunque la resistencia civil en algunos casos ya deje de aguantar la represión, salga a armarse a las calles. La gran diferencia de esta movilización política sobre otras en la historia de Nicaragua está en la decisión consciente de oponerse con todos los medios políticos, aun sabiendo los costos que esto conlleva en vidas dada la forma y el modus operandi de Daniel Ortega. El señor Ortega realmente se quitó la ropa de oveja para mostrar la ferocidad represiva de su autoritarismo.

La mayor probabilidad es que la oposición cívica continúe creciendo con más fuerza (como ha sucedido) y logre presionar al régimen de manera que acepten una salida y ahí es donde la Magnitsky Act tiene un rol muy importante, porque lo que está diciendo es que por un lado está deslegitimando el uso de la fuerza del Estado nicaragüense en la figura de tres personajes claves en la seguridad pública y, en segundo lugar, los está desarmando porque son personas que también se han venido beneficiando corruptamente del régimen nicaragüense. Cualquier persona bajo esa ley pierde sus riquezas guardadas en el sistema financiero y en otras relaciones económicas. Entonces, este tipo de acciones sí tiende a tener un efecto positivo. 

Cuatro escenarios 

Entonces, ¿vos visualizas dos escenarios de resolución?

Uno es un conflicto prolongado de naturaleza armada, que se puede decir que asume el rol de guerra civil; y el otro, un conflicto prolongado con una resistencia civil, que concluye en una negociación política (depende en que momento Ortega decida negociar, entre más tarde él, menos que negociar tendrá). 

La probabilidad de este último resultado es más alta que la opción de que el país entre en un conflicto armado. 

Ahora, dentro de eso (solución política negociada), hay varios escenarios.

Un escenario es que la presión internacional, con la presión nacional, logren obligar al régimen de Ortega a negociar su transición con elecciones para marzo de 2019, que es lo que se ha venido proponiendo, que es lo que la Iglesia ha traducido como parte de la demanda de la población. 

El segundo escenario es que si la presión internacional es más fuerte y se conforma además un liderazgo común dentro de la Alianza Cívica, que conglomere a un grupo de oposición (incluyendo disidencia sandinista) mucho más amplio y que le dé legitimidad a una voz en el país y que le dé un poder de convocatoria mayor (la resistencia popular aún puede lograr ampliar su poder de convocatoria si se presenta un liderazgo aceptable por los dirigentes miembros de la Alianza), y en donde la comunidad internacional los apoye, las opciones de Ortega terminan siendo nulas. El ejército se verá presionado a manifestarse ante esta circunstancia. Y la Policía ya desprestigiada reevaluará sus costos de oportunidad. 

Esos factores en conjunto, van a tener un efecto devastador sobre el régimen, para que termine negociando y cediendo una transición posible, aun mas en sintonía con una salida mas temprana. 

Y, ¿cuáles son los otros escenarios?, ¿cuáles son sus características?

Hay un tercer escenario donde la presión internacional crece aún más (con más sanciones de parte de Estados Unidos, condena de países Latinoamericanos, y de Europa), y donde la presión nacional sea más fuerte, con un nivel de protesta en la calle dispuesta a aguantar las balas, con tal de llevar a Daniel Ortega en la cárcel. 

Este tercer escenario, en estos momentos no es improbable porque refleja que la paciente impaciencia–para citar a Tomás Borge- del pueblo nicaragüense se habrá agotado en los próximos meses, a un nivel que la gente ya no quiere más a Daniel Ortega y Rosario Murillo, y los quiere en la cárcel. En este momento, la población promedio se está manifestando en esta dirección al ver la exagerada forma en que el régimen sigue reprimiendo. Conociendo la historia política de Nicaragua, uno no debería de sorprenderse que ese escenario es real.

Si en este momento se hiciera una Consulta Nacional, más de la mitad de la población nicaragüense diría que a Daniel Ortega no se le tiene ni debería ofrecer una transición, de volver a su casa a jubilarse, sino que pediría que fuese juzgado por sus crímenes y su abuso de autoridad que incluye el enriquecimiento ilícito de su familia. 

En un inicio se habló de un escenario de aterrizaje suave, que proponía esperar que Ortega concluyera su mandato, ¿es viable?

Creo que en la medida que va avanzando este conflicto, se van aclarando un poco más esas tensiones, de manera que si vos ves, hay una especie de línea continua, en el extremo izquierdo está el escenario armado, seguido (tercer escenario) de una paciente impaciencia popular, después deuna pronta salida negociada, y finalmente (cuarto escenario) de una salida negociada con elecciones para marzo de 2019. El “softlanding” que se hablaba para Daniel Ortega, de llegar al 2021, al terminar su periodo, ya hoy no es una opción para nadie. 

Esos son los cuatro escenarios en estos momentos y realmente dependen de los factores que te mencioné: un pueblo o una nación impaciente e intolerable ya de los abusos, un liderazgo nacional con una legitimidad multiclasista, un poder de convocatoria de la Alianza mucho más fuerte del que existe ahora, y una comunidad internacional más apegada a apoyar a esta Alianza Cívica mediante sanciones y boicots. Esos cuatro factores pueden llegar incluso a poner a Daniel Ortega en la cárcel.  Este proceso resalta la importancia ahora de pensar y organizar un equipo de transición y un mecanismo de justicia transicional para el país.

La política detrás de este proceso conlleva dos componentes: un calendario de implementación de arreglos que incluyen reformas políticas como son las reformas a la Ley Electoral, el control de las fuerzas de seguridad por parte de entes independientes al régimen de Ortega. Ahí hablo de la conformación de una especie de equipo de transición. 

Demanda popular vs. realismo 

En Nicaragua hay una demanda generalizada de que Daniel Ortega y Rosario Murillo abandonen ya el poder. Sin embargo, en el escenario de elecciones anticipadas, ¿vos ves viable que Ortega se mantenga en el poder hasta que se realicen esos comicios o no?

La voz de la calle es –saquemos ya a Ortega del poder; la voz del realismo político es que –eso no es posible, porque siempre hay una voluntad de darle al oponente una salida decente, honorable, y eso es lo que está sobre la mesa en estos momentos. Entonces, echar a Ortega ya, en estos momentos, no es una realidad. 

Por otro lado, que Ortega se quede hasta noviembre de 2020, tampoco suena como una opción porque la crítica internacional es muy grande, al igual que los cuestionamientos a lo interno del país. 

El sector privado no se va a echar para atrás de la noche a la mañana. 

Por tanto, la respuesta está en el intermedio, entre básicamente ya y noviembre del 2020, y ese punto intermedio podría ser marzo del 2019, realísticamente hablando. 

Aun, cuando existiese la posibilidad de echar a este individuo, en estos momentos es difícil introducir de inmediato un plan de transición, con un equipo, con una propuesta y con una estrategia de cambio. Aunque hay líderes pensando un poco en esto.

Entonces, estaría creándose un caos mucho más profundo. Echando a Daniel Ortega, el 15 de Agosto, por poner una fecha, sin tener un plan de salida es problemático. ¿Por qué es importante marzo de 2019?, porque técnicamente, al pensar en términos de lo que se necesita para una transición electoral, hacia una elección nacional, y en crear estabilidad política y normalidad, tienes que pensar tanto en las reformas a las reglas del juego como el juego mismo político-electoral. 

Tienes que darles por lo menos unos seis meses a los contendientes, que manifiesten sus agendas, que organicen sus equipos, que hagan sus campañas y peleen por el voto. ¿Menos de seis meses?, puedes hacerlo, pero sería un proceso inestable y apresurado. 

Realmente estamos a nueve meses, y en ese sentido, hay que apurarse. Si no, si las cosas siguen sin resolverse, el desgaste va a llevar a la población a una mayor impaciencia.


*Fragmento de una entrevista publicada íntegramente en estrategiaynegocios.net