Nación

Educación superior y empleo, principales preocupaciones. Sexualidad y género teñidos por prejuicios religiosos

Nicaragua y la generación “yo”

Estudio de CINCO: hijos de postrevolución se han alejado de la política para abrazar causas conectadas con desarrollo personal y el mundo espiritual



A pesar de los ejércitos de uniformados que el gobierno convoca en las plazas para corear y bailar los ritmos musicales que cada año estrena la primera dama, Rosario Murillo, los jóvenes de hoy se mantienen distantes de la  política, un escenario muy distinto al de hace cuatro décadas, cuando la lucha contra la dictadura somocista involucró a miles de jóvenes nicaragüenses. Hombres y mujeres arriesgaron sus vidas por una causa. La motivación que tenían, decían, era liberar a la patria, primero del tirano Somoza y luego de la “invasión yanqui”. Fueron diez años de guerra. En 1990 el Frente Sandinista de Liberación (FSLN) perdió las elecciones frente a Violeta Barrios de Chamorro. Después de la transición los tiempos cambiaron.

Ese cambio es visible en los pasillos universitarios, donde se puede medir el pulso de la apatía juvenil. En la salida de la Universidad Centroamericana, el estudiante de Comunicación Social Hans Ramírez, de 17 años, habla sin tapujos: “Para mí eso (la política) es un completo alboroto. Si las elecciones fueran hoy yo no votaría”, asegura.

Por su parte, María Fernanda Pulido, de 18 años y estudiante de Ingeniería Química en la UNI no cree en ningún partido. “No me gustan ni liberales, ni conservadores, ni sandinistas, porque no me ayudan ni me benefician en nada”, critica la joven universitaria.

En el mismo tono, Javier Ñurinda, de 19 años y estudiante de la UNI, dice que desconfía de todos los candidatos. “Mejor me enfrasco en la iglesia y en la universidad. Al final los políticos simplemente quieren hacerse más ricos, llenarse las bolsas y a los pobres dejarlos atrás”, fustiga el universitario originario de Masaya.

Esta apatía es parte del retrato generacional que se vislumbra en un estudio preparado por el Centro de Investigaciones de la Comunicación (CINCO), titulado “Masculinidad hegemónica en los jóvenes posrevolución”, es decir, los hijos de los que vivieron su adolescencia en medio de la guerra de los 80.

El estudio, conducido por la periodista e investigadora Sofía Montenegro, analizó 1,540 encuestas con mujeres y hombres, de entre 15 y 24 años. La muestra incluye poblaciones urbanas del Distrito II de Managua y la zona rural de La Dalia, en Matagalpa.

Montenegro dijo que uno de los principales hallazgos de la investigación es el cambio de mentalidad entre sus padres que vivieron su juventud durante la guerra, contrapuesto con las prioridades de los jóvenes objetos del estudio. “Es que mientras los padres no tuvieron oportunidad de desarrollar sus proyectos de vida personales porque estaba la guerra y vivían bajo el mandato de la heroicidad belicosa y de los héroes y mártires, los muchachos de la posrevolución están vinculados más que todo sus intereses a la movilidad social, la aspiración de certidumbre, autonomía, independencia y bienestar económico”, explicó.

La investigadora además interpretó el pragmatismo de los jóvenes de la posrevolución. “Lo que dicen es que una de las razones para no participar o involucrarse en política es porque se roban los votos. Eso ha significado un enorme disuasivo, porque perciben el espacio político como cerrado.  Entonces vos ves que hay un repliegue a la familia, a la vida privada y a actividades religiosas”, explicó la directora de CINCO.

En este estudio también se incorporan algunos criterios de la socióloga Elvira Cuadra, quien en su tesis de maestría también analizó el fenómeno de la despolitización de los jóvenes.

Cuadra coincide con Montenegro sobre las causas del distanciamiento juvenil de la política. “Usualmente se discute que los jóvenes no están en la calle haciendo política como las generaciones anteriores, movilizados, protestando, pero resulta que estos jóvenes han crecido con una serie de discursos que desestimula esa movilización. Uno de ellos es, por ejemplo: ‘¿Para qué tanta sangre y para qué tantos muertos si estamos en lo mismo?’ Los jóvenes lo que piensan automáticamente: ‘entonces ¿Por qué yo me voy a ir a la calle si las cosas en realidad no cambian?'”, explicó Cuadra.

Uso de internet y redes sociales

Los jóvenes posrevolución nacieron entre 1992 y el año 2000, es decir después de la derrota electoral del Frente Sandinista.  El estudio consultó sobre su nivel de acceso a las nuevos tecnologías de la información y comunicación, y del total de encuestados un 66% de mujeres y 74% de varones dijeron tener una cuenta en la red social Facebook.

La investigación de CINCO además se propuso conocer desde dónde se conectan los jóvenes a internet: el 56% dijo que desde el teléfono, el 37% desde su casa, el 24.5% desde el ciber café, el 4.5% desde un parque y el 4% desde el trabajo.

Y al consultarle las razones para usar el internet, el 68% dijo que para chatear con amigos y familiares, el 36% para ver videos musicales y el 34% para subir fotos. El sondeo determinó que el 17% lo usa para ver noticias, 15% para ver deportes y un 33% lo emplea para buscar información, hacer tareas o llevar cursos en línea.

La autosuperación, su única meta

Los jóvenes posrevolución están más enfocados en su propia superación. “La mayoría piensa que su interés es tener una profesión, tener una casa, tener un vehículo y tener una familia. Podríamos decir que están más tirados a la autorrealización personal dentro de su propia familia”, dice Montenegro.

El análisis de la investigación sobre esta generación de jóvenes concuerda con las respuestas que dan los muchachos cuando se les pregunta por sus propósitos de vida. “Mi interés es ahorrar, estudiar, sacar buenas notas y luego ajustar para comprar mi casa y mi vehículo”, asegura Gerson Bolaños, de 18 años, estudiante de Biología en la UNAN-Managua.

La estudiante de Matemáticas de la UNAN, Isabel Mendoza, de 16 años, está apostando también por los estudios. “Terminar mi licenciatura y luego buscar una maestría y después un doctorado”, afirma con aplomo la adolescente.

Ocupación laboral y los hijos

La investigación también preguntó a los jóvenes cuántos trabajan. El 59% de los encuestados en Managua respondió que sí tiene un trabajo, mientras que en La Dalia la cifra de jóvenes empleados bajó hasta el 50% de los consultados.

En Managua, el 46% de jóvenes son madres, mientras que solo el 38% de los varones son padres. En Matagalpa el 58% las mujeres dijo tener hijos, mientras que de los varones solo el 25% respondió afirmativamente.

¿Machismo en declive?

El estudio se propuso identificar algunas formas de pensar sobre los roles masculinos y femeninos, la violencia contra la mujeres y las relaciones adulto-adolescentes.

Los jóvenes posrevolución, según las respuestas, censuran la violencia doméstica y sexual contra las mujeres y en su mayoría desaprueban las relaciones de hombres adultos con menores de edad. 7 de cada 10 opina que las relaciones de un hombre mayor con una adolescente o con una menor de 15 años no son normales, 2 de cada 10 dicen que sí son normales y 1 de cada 10 la califica como un delito.

Donde no parece haber muchos cambios es en la mentalidad de los jóvenes sobre los roles domésticos y las brechas entre hombres y mujeres. El 92% de las mujeres lavan su propia ropa, solo el 64% de hombres aseguran hacer lo mismo.

Limpiar la casa, es un oficio que lo realiza el 88% de las mujeres, mientras que entre varones solo el 63%.  Cocinar lo hace el 84% de las mujeres y el 54% de los hombres; lavar los trastes en mujeres el 78% y en los hombres solo el 41%.

Lo único que los hombres hacen con mayor frecuencia que las mujeres es el acarreo de agua y leña. Las mujeres lo asumen en un 14% y los hombres en el 22%.

Los espacios alternativos a la política

El desencanto de los jóvenes con los partidos políticos ha abierto la posibilidad de que estos se replieguen a espacios religiosos y familiares. Javier Ñurinda es enfático en afirmar que no le interesa mezclarse con ningún partido y “mejor me enfrasco en la iglesia y en la universidad”.

Anahís Hernández, de 17 años, comenta con entusiasmo su relación con jóvenes cristianos “con quienes participo bastante en la iglesia. Me gusta socializar y me llevo muy bien con todos los muchachos”, dice la adolescente.

Elvira Cuadra explica esta relación de los jóvenes con las iglesias. “Esos son sus espacios de confianza, esos son sus espacios de seguridad. Y obviamente, uno de los resultados ha sido una restauración conservadora que tiene que ver con una serie de creencias religiosas y valores que están ahí presentes en la familia. Entonces hay una influencia muy fuerte de algunos dogmas religiosos sobre las formas de pensar de estos jóvenes”, analiza Cuadra.

Aborto y homosexualidad

Ese compromiso religioso matiza las opiniones de los jóvenes sobre temas relativos a la sexualidad y la reproducción. La investigación de CINCO recoge que el 95% de los varones y el 85% de las mujeres consideran que el aborto es un pecado.

Así lo remarcan los jóvenes en las entrevistas. “Bíblicamente es un pecado”, afirma Isabel Mendoza. Mientras, Alexa Sosa, de 19 años y estudiante de Medicina, dice que “el aborto es algo malo porque por no cuidarse o por no utilizar preservativo salen embarazada y después ahí están los lamentos”.

Esa mentalidad en los jóvenes preocupa al movimiento feminista que impulsa campañas para la despenalización del aborto. María Teresa Blandón, directiva del Colectivo Feminista La Corriente, confiesa que estas formas de pensar “tan antiguas y tan desinformadas” les preocupan porque “las religiones fundamentalistas y el Estado cómplice nos están ganando la partida con la gente joven”, cuestiona.

Blandón calificó de “grave” ese avance de las ideas religiosas en los jóvenes sobre el aborto “porque aunque las chavalas aborten clandestinamente, públicamente se sigue defendiendo como una norma de absoluto consenso la penalización del aborto, y esa penalización del aborto hace que las chavalas que interrumpan un embarazo lo hagan en condiciones de riesgo, sintiéndose culpables y avergonzadas, y este pensamiento no permite que nos democraticemos y que nos humanicemos”, explica con tono de preocupación la activista.

Los jóvenes también sustentan su discurso en la religión para cuestionar la homosexualidad.  Ante la pregunta de si considera que tener relaciones con alguien del mismo sexo es pecado, el 82% de los hombres y 87% de las mujeres dijo que sí.

“Soy cristiana y Dios hizo al hombre y a la mujer y no dice la Biblia que (pueden tener sexo) hombres con hombres y mujeres con mujeres”, argumenta Sonia Guerrero.

Ana Valencia dice: “La Biblia es bien clara. La Biblia no hay como confundirla y dice que personas que se acuesten hombre con hombre y mujeres con mujeres eso es un pecado”.

Sin embargo, el mismo estudio revela que a pesar de que el 84% de la gente joven rechaza la homosexualidad, cuando les preguntan cómo deberían actuar las familias que tienen un hijo gay o una hija lesbiana, el 76% dice que deben respetarlo y apoyarlo.

A criterio Marvin Mayorga, de la Iniciativa de la Diversidad Sexual por los Derechos Humanos (IDSDH), “ese cambio de discurso ocurre porque si vos conocés a esta persona, entendés que está pasando procesos de discriminación, la ves viviendo ese proceso y generás empatía”, interpretó el activista.

Estas opiniones conservadoras se han mantenido invariables en las últimas dos décadas. En el año 2000, la misma investigadora Sofía Montenegro realizó un estudio sobre cultura sexual en el  que se hacían las mismas preguntas sobre el aborto y la homosexualidad. En aquel entonces el 88.6% se refirió al aborto como un pecado y el 84.7% opinó lo mismo de las relaciones entre personas del mismo sexo.

“Eso tiene que ver con políticas de Estado, porque la cultura se puede cambiar, o pueden verse grandes modificaciones en la medida en que todo el aparato de la sociedad esté involucrado. Por ejemplo, el sistema nacional de comunicación en un sistema de prensa libre, independiente, fuerte, profesional, contribuye al cambio de perspectivas y de valores dentro de la sociedad, pero  aquí están atrapados, y más bien, lo que te repiten es un discurso fundamentalista en lo religioso, y  de hecho es excluyente, porque es solo para una sola línea partidaria, para los que son adscritos al régimen”, concluyó Montenegro.