Opinión

No se puede borrar la historia

Con Obama o con quien ocupe su lugar, la apertura de las respectivas embajadas dejó atrás el fracasado estilo imperial de hacer política contra Cuba, pero vendrá un nuevo estilo de injerencia menos torpe, más sutil



En la Cumbre de enero del 2014 en Costa Rica, Barak Obama expresó su aversión por la historia, porque él no vivie en el pasado. Habló el presidente del país donde mandan tras bastidores los intereses del complejo industrial militar. No habló el hombre inteligente que sabe cuánto y cómo cada página de la historia acusa los atropellos de su país en nuestro continente y en el mundo. Siempre ha habido quienes –poniendo intereses de por medio— se afanan por ocultar que históricamente los Estados Unidos han vejado a nuestros pueblos.

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Los hechos históricos son acusadores incontrovertibles. El mismo presidente Obama, antes de que terminara ese año, reconoció lo inútil que ha sido el bloqueo para doblegar a Cuba después de 54 años. Y esos años, no están en ninguna otra dimensión imaginaria, sino en la historia. Esta vez, habló el hombre inteligente, pero como todavía decide el poder de la oligarquía financiera y otras yerbas similares, sería inapropiado decir que con Obama no habló el político sensato. El embargo económico sigue vigente y cautivo de los senadores gringos, y Guantánamo sigue siendo cárcel para una parte de la soberanía cubana, y no es su culpa.

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Dirán que todo a su tiempo. Y es verdad, pero con el tiempo también se prolongará la misma lucha y vigilia que Cuba ha mantenido durante 54 años. El primer round, el diplomático, está ganado; el segundo será la lucha político-ideológica, igualmente agresiva. Con Obama o con quien ocupe su lugar, la apertura de las respectivas embajadas dejó atrás el fracasado estilo imperial de hacer política contra Cuba, pero vendrá un nuevo estilo de injerencia menos torpe, más sutil. La reapertura de las relaciones diplomáticas, es lo más positivo que podía lograrse hasta ahora, aunque este y cualquier otro cambio, no justifica imaginar el futuro con ingenuidad.

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Al menos, ya no es como en diciembre de 1960, cuando los brillantes cerebros de la CIA, los representantes del gobierno de Eisenhowar, del Congreso (un republicano y un demócrata), de la marina y un pastor evangélico, elaboraron las líneas básicas del proyecto Apocalipsis que pretendía “ser el reactivo desencadenante que producirá el alzamiento interno que derrocará al gobierno de Fidel Castro”. El proyecto –al que se opuso el senador demócrata, y no por amor a Cuba— estaba “cuidadosamente elaborado, teniendo en cuenta las características básicas del cubano (su conducta, sus principios morales, su nivel cultural, su capacidad de lucha…”

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Para su elaboración, hicieron “estudios” sobre los que suponían caracterizaba al pueblo cubano: “El cubano (salvo insignificantes excepciones) es, como la mayoría de los latinos, supersticioso y fanático; al mismo tiempo, el cubano acusa, por lo general, indolencia y es poco dado al patriotismo. Sobre la base de esta combinación de evidencias, ha sido diseñada la siguiente hipótesis: por su carácter y su propensión a cualquier tipo de fe religioso, el cubano podría ser motivado a romper su ancestral apatía y a luchar por una causa concreta (en este caso, luchar contra el comunismo, es decir, contra el gobierno de Castro) si se logra hacer creer que un mandato de tipo divino indica tal cosa”.

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Esta “cretinada” e idea “sumamente estúpida” (así calificada por un cubano infiltrado en la CIA, cuando conoció el plan), era propagar en octavillas que Fidel era el “Anticristo” y que Cristo aparecería en el malecón como una señal de luz, el 24 de diciembre… ¡por medio una bengala lanzado desde un submarino! (Un obligado paréntesis: en los años 80, cuando la CIA aupaba a la Contra, hizo aparecer a la “virgen de Cuapa” con un mensaje anticomunista. Esa “cretinada”, fue propagada por la iglesia y los medos de comunicación. Ahora, hasta Daniel Ortega, ¡se cuenta entre los fieles creyentes de la “virgen de Cuapa”!).

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Si el “estudio de la CIA lo hubiese hecho sobre Nicaragua no carecería totalmente de razón. Pero sobre los cubanos ya no era válido, sino para sus aliados internos, el lumpen de diferentes clases. Si para aquella época tan temprana del amanecer revolucionario, esa idea era “sumamente estúpida”, ahora resultaría extra estúpida con un pueblo más organizado, más culto, más consciente que entonces y patriótico como siempre. La falsa idea que tenían del pueblo cubano era insultante y falsa, porque olvidaron la historia.

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Olvidaron que ese pueblo ya había protagonizada la lucha por su independencia desde mediados del Siglo XIX; continuó la lucha contra sus títeres impuestos desde cuando los yanquis se apropiaron de la isla como trofeo de guerra, al vencer a la decadente España (1898); desde principios del Siglo XX, había luchado contra la Enmienda Platt y todos sus títeres de la pseudo república, entre ellos, había derrotado a las dictaduras de Gerardo Machado (1933), a Fulgencio Batista (1979), y junto a Batista, derrotó a la burguesía apátrida.

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Con esa breve mirada a la historia, se hace más clara la idea del porqué los Estados Unidos se ven impulsados a cambiar de estrategia posterior a la serie de estupideces derrotadas por el pueblo cubano (invasión de 1961, más de 600 intentos de asesinar a Fidel, sabotajes bacteriológicos contra su agricultura y actos terroristas como el vuelo del avión en 1976 en Barbados, matando a 73 personas. No casualmente, uno cuyos autores, Posada Carriles, vive en Miami, mimado por la Ross-Lathinen, y casualmente, el padre de Cremata, el director de La Colmenita, compañía infantil que hasta domingo actuó en Nicaragua, fue una de las víctimas del terrorismo contra el avión.

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La omisión y la negación de los hechos históricos, hace que algunos subvaloren el protagonismo de los cubanos en la apertura de las relaciones diplomáticas, y vean en la decisión de Obama algo así como si estuviera perdonando a Cuba por algo malo: su revolución. Esta atrofia de la realidad histórica, pretende confundir –y a veces lo logra en ciertos sectores—, sobre las causas del nuevo panorama de las relaciones internacionales. Algunos hasta lo ven como una claudicación de Cuba. Si fuera delito demandar independencia y respeto mutuo en las nuevas relaciones, entonces sí, Cuba sería culpable.

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No se puede dudar de los riesgos que supone para Cuba las futuras actividades de los diplomáticos estadounidenses (como antes y durante funcionó la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana) pues, ¿quién puede dudar de un turismo con droga, cuando droga ya la usaron contra Nicaragua?) Ahora cuentan con mejores técnicas y poderosos medios de propaganda y de espionaje, de lo cual no se escapan ni sus mejores aliados europeos, porque los luminosos cerebros de la CIA y sus similares, aún producen “ideas sumamente estúpidas”. (La señora Merkel y el señor Hollande, lo saben mejor).

Cronología imperial (*)

1857.- 1) Perú denunció la agresión de Estados Unidos a Centroamérica. 2) El presidente Buchanan, impuso a Nicaragua una multa de 20 mil dólares por lesiones sufridas por un yanqui en San del Norte (seguramente uno de los que declararon “república” a ese lugar); como Nicaragua no estaba en capacidad de pagarla, un barco estadounidense bombardeó San Juan del Norte y los marines incendiaron lo que pudieron. 3) Chile, Ecuador y Perú firmaron un tratado para defenderse de agresiones como la Walker a Nicaragua. 4) Patriotas de las cinco repúblicas centroamericanas se unieron y lograron expulsar a William Walker, quien después partió de Nueva Orleans para invadir la isla de Roatán y el puerto de Trujillo, en Honduras.

1858.- 1) Estados Unidos impone a Nicaragua el tratado Cass-Irisarri, por el que se aseguró libre tránsito por cualquier lugar de su territorio, sin costo alguno, asegurándose además, el derecho a la intervención armada y económica en el país. 2) El presidente Buchanan, declaró que “Centroamérica caerá por gravitación natural de las cosas, en día no lejano, bajo la jurisdicción de Estados Unidos”. 3) El mismo mandatario gringo, sostuvo en el Congreso “la necesidad de que los tres istmos americanos” (Tehuantepec, México; Rivas, Nicaragua; y Panamá, entonces de Colombia).

(Continuará)

(*) Resumida de Guía del Tercer Mundo-86.