Emergencia Coronavirus

Nueve miembros de una familia campesina enfermaron por covid-19

En comunidades de Río San Juan, campesinos prefieren "morir" o "sufrir" por covid-19 que ir al hospital

Es 30 de junio de 2020. El campesino de iniciales D.H.S., de 55 años, que tenía cuatro días luchando contra la covid-19, decide que lo trasladen hasta el hospital Luis Felipe Moncada, ubicado en San Carlos, Río San Juan, porque “ya no aguanta más”. Tenía fiebre desde el 26 de junio, desarrolló tos, cansancio, pérdida del olfato y gusto, dolor en los huesos y, el último día que estuvo con vida en su casa, afirmaba que “ya no podía respirar”.

“Josefa”, una pariente del este hombre, explica que su familiar fue quien decidió “aguantar lo más que pudiera en la casa”, pues temía que por ser opositor al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo “le pasara algo” en el hospital.

El hombre, agricultor y ganadero de la comunidad de El Dorado III, ubicada en San Miguelito, Río San Juan, aguantó solo cuatro días en su casa. Pese a los tratamientos que recibía para aliviar los síntomas relacionados a la covid-19, estos presionaron tanto su cuerpo, que pidió ser llevado al hospital.

“Josefa”, quien conversó con CONFIDENCIAL bajo la condición de que su identidad fuera protegida por temor a represalias, detalla que, antes de llevar a su pariente al hospital, estuvieron en contacto con un doctor particular que les recetó azitromicina y prednisona. Además, asegura que le suministraron “cocimientos de zacate de limón con jengibre”, pero los síntomas no cedieron.

Dos horas para llegar al hospital

El primer reto que tuvieron los parientes del campesino, al conocer que su familiar urgía ser llevado al hospital, fue encontrar un medio de transporte para trasladarlo. “Josefa” asegura que él ya no podía valerse por sí mismo, ante los síntomas de la enfermedad, por lo que pidieron una ambulancia, pero denuncia que les dijeron que “no podían” entrar hasta la casa, pese a que según los lugareños esos caminos hacia El Dorado III son “transitables”.

“Nos dijeron que no podían entrar hasta aquí a la casa, que lo sacáramos a cierto punto y de ahí se lo llevaban… No sabemos si es porque era para él, pero el camino hasta la casa es transitable, pero no entraron hasta aquí. Tuvimos que ver de dónde agarrábamos para pagar un carro que se lo llevara exprés”, detalla.

El campesino llegó hasta las diez de la noche al hospital Luis Felipe Moncada. Según la epicrisis, entregada por el mismo hospital, el hombre fue ingresado con un 84% de saturación de oxígeno en la sangre.

“Nos tomó dos horas llegar al hospital. Si ha ido peor, él se nos muere en el camino, porque ellos (los de la ambulancia) no quisieron entrar hasta la casa”, agrega “Josefa”.

El diagnóstico “es falso, porque él tenía covid”

Veinticuatro horas después de ser ingresado al hospital de San Carlos, los médicos informaron a la familia que el campesino había fallecido.

“El propio primero de julio nos dicen que se murió. Eso fue como a las siete de la noche… Pero, ellos (los médicos) no nos dicen que es covid, ni nos dicen que tengamos cuidado. Le ponen que fue por neumonía atípica”, denuncia.

En la epicrisis extendida por el hospital Luis Felipe Moncada, facilitada por la familia a CONFIDENCIAL, se detalla que llegó con una saturación de oxígeno de 84%, por lo que necesitó ser estabilizado con oxígeno, logrando llegar a un 91% de saturación.

Además, apunta que el hombre llegó con síntomas de fiebre, tos y cansancio, por lo que se le realizaron tomografías de tórax, las cuales —refiere la epicrisis— eran “subjetivas a neumonía atípica”.

El documento extendido por el hospital también detalla que el campesino fue ingresado a valoración en una “sala de respiratorio”, pero que este se negó a recibir “respiración mecánica asistida”.

“Josefa” asegura que fueron “consultados” por los médicos que pedían el consentimiento como familiares, para aplicar el procedimiento de intubación, pero “nosotros les dijimos que si él no quería, nosotros tampoco”.

El documento del hospital detalla que a las 6:00 la noche, del primero de julio, el campesino inició “cuadro severo de SDRA (Síndrome de Dificultad Respiratoria Aguda)”, presentando una “saturación del 30%”.

El fallecimiento ocurrió a las 7:30 de la noche de ese primero de julio, según el reporte del hospital, que justifica neumonía atípica y un cuadro severo de SDRA. Sin embargo, para los parientes es “extraño” que, pese a que no les dijeron o advirtieron que fue por covid, su familiar murió —según la descripción de la epicrisis— “en la sala de Cuidados Intensivos Covid del HLFM (Hospital Luis Felipe Moncada)”.

“Josefa” también asegura que —una vez hicieron todo el papeleo de la entrega del cuerpo— les indicaron que su pariente debía ser enterrado “inmediatamente”.

“Lo dieron prácticamente de inmediato, nos dijeron que lo lleváramos a enterrar inmediatamente… El cuerpo de él iba en una bolsa negra amarrada, dentro de un ataúd, pero no iba sellado”, detalla.

Sin embargo, el campesino no fue enterrado esa misma noche —confiesan sus parientes— “porque no había manera a esa hora”, debido a que “ya era muy noche”. El entierro fue hasta las 5:00 de la mañana del dos de julio, con pocos asistentes; la mayoría familiares que para entonces ya estaban contagiados.

Siete adultos y dos niños enfermos de covid

El día del entierro, la esposa del campesino, comenzó a presentar síntomas de covid-19. “Josefa” asegura que la mujer “se contagió casi al mismo tiempo que él”. Además, confiesa que el propio dos de julio, cuando enterraron al agricultor y ganadero, el Minsa llegó a la vivienda, pero a ella la escondieron porque temían que le pasara lo mismo: morir sola en un hospital.

Desde entonces, según “Josefa”, los otros seis adultos que vivían en la casa, incluyéndola a ella, también comenzaron a presentar síntomas de covid-19.

“Toditos nos contagiamos, somos siete más los dos hijos míos que son chiquitos… Todos nos enfermamos, pero ninguno fue al hospital. Nos tratamos en la casa con los cocimientos y las pastillas que ya se le daban al difunto”, dijo.

Así, todos desistieron de buscar atención en el Minsa, y en cambio permanecieron un mes recuperándose en casa.

Prefieren “sufrir o morir” en casa

Víctor Díaz, líder territorial de Río San Juan, asegura que la situación de la familia de El Dorado III es un reflejo de lo que sienten y viven los campesinos de San Miguelito, Santa Elena y El Fajardo, que comparten un temor “generalizado” de ir a un hospital por ser opositores.

“El campesino teme ir a un hospital, porque sabe que lo ven como opositor, porque saben que en esos lugares han salido muchos sin vida. Entonces, prefieren atenderse en su casa… Nosotros conocemos de varias familias de El Fajardo, El Dorado III y Santa Elena que han informado que se han contagiado, pero no van al hospital”, afirma.

Díaz revela, sin dar detalle —porque dijo no estar autorizado—, que algunos de sus parientes se han enfermado con síntomas vinculados a la covid-19, pero que tampoco han asistido a los hospitales públicos.

Pedro Mena, líder territorial de la comunidad La Fonseca, ubicada en Nueva Guinea, refiere que en esa zona los campesinos también se han visto afectados por la pandemia, en situaciones similares de temor y desconfianza ante un sistema de salud que, desde 2018, dejó en evidencia su irrespeto por la vida de los opositores al régimen, cuando dejó morir a ciudadanos heridos en las protestas contra Daniel Ortega y Rosario Murillo.

“Conocemos a unas cinco familias que se han visto afectadas por la pandemia en esta zona, pero deciden quedarse en su casa por temor. Entonces, ni el Minsa se da cuenta, porque la gente no confía en el sistema de salud, deciden usar sus cocimientos, buscan ayuda de algún médico particular y así terminan superando la enfermedad y por ahora no he sabido de ningún muerto de esta zona”, detalla.

Los casos de covid en Nicaragua, según el Ministerio de Salud (Minsa), alcanzan hasta el 20 de octubre los 5434 contagios confirmados y 155 decesos. Sin embargo, el monitoreo independiente del Observatorio Ciudadano COVID-19 registra 17 veces más muertes y a partir de la tercera semana de octubre también ha comenzado a reportar la sobremortalidad por la pandemia, que supera los seis mil casos.

Río San Juan, según el Observatorio, es el departamento que menos muertes y contagios ha registrado. En total, hasta el 14 de octubre, han documentado 28 decesos y 108 contagios sospechosos de covid-19.

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