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Obituario

Obando: De enfrentar la dictadura a claudicar con Ortega

Muere Miguel Obando y Bravo

Se enfrentó valientemente al somocismo y luego fue un personaje incómodo para el sandinismo y terminó como aliado del nuevo dictador



El cardenal Miguel Obando y Bravo, fallecido la madrugada de este domingo a los 92 años de edad, fue “un hombre de su tiempo”, en opinión de Víctor Hugo Tinoco, que fuera vicecanciller de la República durante una parte de la década de los 80. “Un hombre que fue antisomocista en los años 70, antisandinista en los años 80, aunque al final de su vida, desafortunadamente, claudicó ante el poder del orteguismo”, dijo Tinoco .

Quienes lo conocieron prefieren opinar de Obando a partir de sus relaciones personales con él. Es el caso del cardenal Leopoldo Brenes que lo recordó “como un padre, un amigo”.

O el rector y académico Carlos Tünnermann Bernheim, de la época en que ambos formaban parte de la comisión que en cada Navidad abogaba por la libertad de los presos políticos.

O del mismo Tinoco, que lo recuerda de su época en que él mismo fue seminarista, y cómo el religioso le libró de que le expulsaran de esa casa de formación sacerdotal, donde lo acusaban de ser comunista, pese a que había estado internado en ese sitio desde los once hasta los veinte años, de modo que no había tenido tiempo (ni influencias externas) para abrazar esa ideología política.

“En esa época de la lucha contra Somoza, Obando tenía una mentalidad amplia, y no era anticomunista”, sentencia el exseminarista.

Ya como parte del gobierno revolucionario, Tinoco detalla que encontró a Obando a finales de los años 80 como mediador en las negociaciones con la Resistencia. “Él era crítico del gobierno, y no nos gustaba como mediador, pero lo aceptábamos porque era la única forma de encontrar una salida a la guerra”, admite reconociendo que tuvieron una relación muy afable.

Pensando en “la etapa triste del final de su vida, la etapa orteguista del sandinismo”, Tinoco lamenta que se produjera un reencuentro entre el religioso y Daniel Ortega, de quien se volvió un aliado político.

“Valoro todo lo que hizo. Fue un hombre de su tiempo que vivió varias etapas: unas con muchas luces, otras menos brillantes y menos admirables, pero para evaluar su trayectoria hay que valorar tanto sus etapas previas, como su claudicación ante este régimen dictatorial”, definió.

Violencia genera violencia

Tünnermann por su parte, lo recuerda de la época en que él estaba al frente de la UNAN, y junto con Obando y otras personalidades de la época, conformaban la comisión que buscaba liberar a presos políticos como Daniel Ortega, Jacinto Suarez, y el asesinado Carlos Guadamuz.

Unos años después, el educador invitó al ya arzobispo Obando a dictar la lección inaugural de 1974, y él eligió disertar sobre la violencia.

“Su tema, (porque Obando tenía una posición muy crítica), se refería a que la violencia institucional generaba la violencia de abajo, y si se quería evitar la de abajo, había que suspender la de arriba. Fue una actitud muy valiente, en contra de Anastasio Somoza Debayle”, recuerda el rector.

Tünnermann explica que habían formado “una especie de alianza de defensa mutua entre nosotros dos y Pedro Joaquín Chamorro, porque éramos las tres personas a las que Somoza más atacaba en sus medios”, de modo que cuando cualquiera de ellos era atacado, los otros dos se pronunciaban inmediatamente en su defensa.

Además de su papel como mediador en crisis como la de la toma de la casa de Chema Castillo, o la del Palacio Nacional, y su inolvidable ‘parábola de la serpiente’ en los días previos a las elecciones de 1996, el académico no puede obviar “el viraje” de Obando, que pasó a ser un apoyo para Ortega, “algo que nadie ha podido explicar”.

Aunque las teorías más aceptadas indican que lo hizo para “proteger a Roberto Rivas -a cuya familia siempre estuvo muy ligado- cuando la Contraloría le encontró responsabilidad penal y administrativa en el manejo de Coprosa”, Tünnermann reconoce que Obando “jugó un rol importante en la historia de los últimos años en Nicaragua”.

Con todo, tampoco puede obviar que aunque el fenecido “estuvo muy grave por varios meses, no hubo ningún pronunciamiento de su parte sobre lo que estamos viviendo. Quizás es que ya no estaba lúcido”, especuló en tono exculpatorio.

El padre. El amigo. El pastor.

El cardenal Leopoldo Brenes es heredero por partida doble del desaparecido cardenal Obando, que es no solo su antecesor al frente de la diócesis de Managua, sino también como los únicos cardenales que ha tenido Nicaragua.

En su homilía durante la misa de este domingo, Brenes reveló que “nos impactó la partida física de Su Eminencia, el cardenal Obando, que fue el tercer arzobispo de esta iglesia diocesana”.

“Era para mí un padre, un amigo. Un hombre que creía mucho en la amistad. Él prefería pensar en sus colaboradores como un equipo de amigos con quienes podía compartir sus inquietudes con confianza, y los años que estuve cerca de él, también vi en él a un pastor”, añadió.

Brenes recordó que Obando sirvió 35 años a la arquidiócesis capitalina (entre 1970 y 2005). “Él amó intensamente a Nicaragua. Su formación como salesiano la hizo fuera del país, pero al regresar, vivió intensamente su nicaraguanidad. Él oraba siempre por Nicaragua”, recordó.

El religioso recordó que la última vez que habló por teléfono con Obando “fue cuando se dio cuenta que la Conferencia Episcopal aceptaba mediar en el Diálogo Nacional. Nos ofreció sus oraciones, y le recordé los tantos momentos en que él vivió la experiencia de ser mediador para encontrar la paz. Él trabajó mucho por lograr la reconciliación. Quizás fue incomprendido por muchos, pero ya forma parte de nuestra historia”.