Política

Familiares de productor en Jinotega acusan: "Militares lo ejecutaron"

Obispo: Falla ética del Ejército

Religioso critica actuación de militares en comunidades rulares del norte del país. “Actúan como si estuviéramos en guerra”, dice. Parientes describen el horror: agricultor, de 70 años, con brazos quebrados, fracturas en la cabeza y herida de arma blanca en uno de sus costados. Cenidh critica doble rasero del Ejecutivo: pide clemencia en EE.UU. mientras PN y militares violan derechos humanos



La mañana del 20 de agosto de 2015, el pastor David Thomas López se asomó al horror al reconocer entre dos muertos cubiertos con plástico el cuerpo de su padre, Pedro Díaz López, un productor de 70 años.

El hecho sangriento ocurrió en una comunidad rural de Jinotega, al norte de Nicaragua, un departamento que vivió con dureza la guerra de los ochenta y que desde hace años convive con la tensión de la persecución estatal a supuestos grupos armados inconformes con el gobierno de Daniel Ortega. El último episodio había sucedido a finales de enero pasado cuando, tras una infiltración a armados, se hizo estallar una mochila bomba que dejó tres muertos productos de la explosión, un operativo militar según los testigos.

López relató ante el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) que su padre tenía los brazos quebrados, la cabeza reventada y la huella de una herida de arma blanca en uno de sus costados. El religioso acusa al Ejército de ejecutar al productor cuando realizaron un operativo en San José de Bocay cuyo fin era liquidar a Francisco Reyes (Cinco Pinos), un supuesto alzado contra Ortega que se encontraba en la casa de Don Pedro, junto a otro alzado, que versiones de prensa identifican como hijo del productor. Supuestamente habían llegado a buscar comida.

Reyes (Cinco Pinos) fue herido mientras se encontraba en el potrero. El pastor señala que su padre fue ejecutado después. Dicen que en la sala de la casa había abundante sangre.

El pastor asegura que huyó por su seguridad y luego regresó para saber la suerte de su padre. En el camino se encontró con su hermana María Emilda Díaz Hernández que también está a salvo. Fue a ella a quien los supuestos alzados saludaron inicialmente cuando ingresaron a la propiedad. Preparaba entonces la comida en la casa.

Según la testigo, uno de ellos —andaban armados con fusiles AK— pasó por detrás de la cocina. De repente empezaron los disparos. “Ya miré que estaba rodeada la casa, yo sólo miré que cayó ese jefe llamado Cinco Pinos”, narró la mujer.

Al regresar a la casa el pastor se encontró con “pintos”, es decir miembros del Ejército que cubrían sus rostros con capuchas, vestían uniforme verde olivo en la comunidad de Oskiwas, en el sector conocido como arenales 2. Este hombre rechaza la versión oficial de la Policía que describió el operativo como “un enfrentamiento” de una patrulla policial con una banda yseñalóa Reyes como delincuente en una nota de prensa que leyeron en el edificio de Plaza El Sol, la sede central policial en Managua.

La versión oficial atribuyó a “Cinco Pinos” cuatro asesinatos, entre ellos el de un secretario político local del Frente Sandinista y mencionó que otro delincuente de “generales desconocidas” había perecido. Este último resultó ser Pedro Díaz, quien se dedicaba a sembrar maíz y café. Fueun hombre reconocido como trabajador en la comunidad.

El coronel Manuel Guevara Rocha, portavoz del Ejército,dijo que no hacía comentarios sobre declaraciones que había dado la Policía, en torno al “enfrentamiento”.

Obispo: “Como si estuviéramos en guerra”

El Obispo de Jinotega, Carlos Enrique Herrera, resaltó que la actuación militar no se corresponde con la actitud ética que debería tener el Ejército. El religioso dijo que Díaz nada tenía que ver con los armados.

“(Don Pedro) era un miembro de los cuadros pastorales. Él no se metía en nada, que alguno de sus familiares estuviera metido es otra cosa. Pero él no. Él siempre colaboraba en la comunidad, en la capilla. Un hijo de él andaba en los armados, pero él no”, dijo inicialmente.

“Todos (están) preocupados por esa situación (…) Un ejército no creo que sea, porque se basa en una actitud demasiada violenta: no solo quita la vida, sino destruye personas; eso ya no está en la ética del militar, (actúan) como si estamos en guerra. Está bien que si alguien está faltando al orden, se le detenga. De alguna u otra forma hay que buscar cómo detenerlo, pero no quitar la vida”, demandó Herrera.

Mauricio Picado Urbina, vicealcalde de San José de Bocay, añadió que nadie se siente seguro con el Ejército y la Policía. “Según la Policía es un delincuente más, y eso es lo que la población no acepta. Es un señor que el día antes la iglesia católica había estado orando por él. Estamos claros que no es ningún delincuente”.

Una escena dantesca

El día del operativo militar,el pastor López llegó antes del amanecer a ver a su padre enfermo. El señor se encontraba en la casa hacienda cuando empezó la balacera. Al escuchar los tiros, el religioso salió huyendo, mujeres y niños hicieron lo mismo, pero el padre no pudo moverse.

Cuando regresó, ya los militares tenían tomada la finca en su totalidad. A López lo amenazaron. Después de insistir, pudo llegar hasta dónde estaban dos cadáveres.

— ¿Conocés a ése?—le preguntó el militar señalando a Reyes.

—No lo conozco—dijo López.

— ¿No las ha oído mencionar?—insistió.

— ¡Cómo no!, lo conocen como Cinco Pinos.

—Ah, ¡ese es un delincuente!  ¿Y aquel lo conocés?—le preguntó apuntando el otro muerto.

— ¡Sí, es mi papá!, aquí él ha vivido con su única hija que ha quedado mota— respondió.

—Sí, él (no) es un delincuente, ¿porqué le anda dando de comer  a este?

—No sé, porque si aún pasan ustedes pidiendo de comer, ellos les dan de comer al Ejército y la Policía, y a ellos también porque andan armados. Nosotros, los campesinos, no tenemos como defendernos, ¿cómo vamos a negar la comida? No podemos negar la comida—le respondió.

Los detalles del crimen fueron revelados por López durante una conferencia de prensa en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), en la que lo acompañó su hermana María Emilda Díaz Hernández, otra de los testigos.

Juan Carlos Arce, coordinador de la sede en Matagalpa, considera que esta ejecución compromete la credibilidad de las autoridades y recordó que ellos preguntaron en los sitios aledaños si hubo denuncia desde 2014 contra Don Pedro, y la respuesta oficial fue no.

“Ellos relatan una intervención del Ejército, pintos lo llaman. Posteriormente llega la Policía Nacional, no como señala la nota de prensa y donde se habla de un enfrentamiento. No es cierto que Don Pedro era delincuente. Este es un caso que merece una investigación sincera”, dijo Arce, que calificó el pronunciamiento policial como una falsedad.

Arce añadió que le gustaría que la Policía explicara por qué ellos están asumiendo el operativo cuando los testigos señalan al Ejército.

Doble rasero de Ejecutivo

Gonzalo Carrión, director jurídico del Cenidh, remarcó la contradicción de la postura del gobierno a favor de que no haya pena de muerte contra Bernardo Tercero en Estados Unidos, mientras a nivel interno se aplica de hecho.

“¿Cómo pedimos indulgencia para que no ejecuten por la vía legal a nuestra compatriota y aquí se ejecuta persona  por la vía ilícita. Si estamos defendiendo derechos humanos fuera del país, demandemos que se respeten los derechos humanos de todos los que habitamos este territorio”, alegó.

Persecución desatada dura años

La presión del Ejército en el departamento de Jinotega inició en julio de 2013, después de que armados mataran al militar Davis Treminioe hirieran a otro, Nery Ramón Peralta,en el sector de Tamalaque, Pantasma, una zona donde la contrarrevolución tuvo una fuerte base social en los años ochenta.

Públicamente se habla de armados con fines políticos desde 2010, cuando el estiliano José Garmendia, alias “Yajob”, llamaba a las redacciones para informar a los periodistas sobre su inconformidad. El 14 de febrero de 2011 murió desangrado luego que le pegaron un balazo cuando fue a orinar.

“Pablo Negro” se encontraba en Honduras, lo llamaron a una reunión a la frontera. Apareció muerto. De esta zona también es Gerardo Gutiérrez, alias El Flaco, a quien las autoridades responsabilizan por la muerte del soldado en los hechos del Tamalaque.