Opinion

Oda a Ernesto Cardenal

En sus 95 años: 20/01/20 un poeta místico. Un hombre, sencillamente magnífico.

I

“En espera de la nueva creación”

Un ángel llega “casi a la velocidad de la luz”/pregonando en todos los rincones del Universo/que “La muerte es necesaria para la evolución”/y lo dice mientras nuestra Galaxia se aleja con nosotros,/astros nebulosos en nuestro sistema solar,/pero estrellas ya visibles en la Vía Láctea./Porque somos semejantes a nuestra Galaxia/nacimos esparcidos en el Universo y debemos/ comprender ese eco cósmico que en cada/ instante nos llega reiterando que/“La muerte es necesaria para la evolución”/al unísono con las palabras del Cordero: “Yo soy la luz”.

El cordero que entrega su vida en el amor/como quien entrega un cometa fugaz/a la hora de ser canjeado por Barrabás./ Es el mismo enfermo postrado en una cama/que reclama para su boca ávida/una substancia de garrobo/ sinónimo nicaragüense de sobrevivir/desde hace billones de años,/desde cuando los dinosaurios/tenían alas. Hoy, bracitos de un ángel/que moviéndolos está aleteando/mientras sus manos escriben poemas/“En espera de la nueva creación”.

II

“Marcha Triunfal”

Antes, a este ángel, le decían pizote./Se heredan los apodos y no las alas./Plantígrados glotones son los Cardenal./Tienen una mirada vivaz y compasiva./Al igual que en Pedro Joaquín Chamorro Cardenal/por la sangre de Ernesto corre la animadversión/a estirpes sangrientas, caudillos y dictadores./Es algo visceral a la vez que racional./Son así. Así es Ernesto: ángel y profeta./Siendo yo aún eslabón perdido lo divisé/más de una vez hace tiempo en el Gólgota/desprendiéndose con dolor de su cruz/haciendo saltar clavos y espinas,/clamando al Padre, para seguir en una/noche oscura a su predecesor, el Maestro,/hacia la resurrección, en medio del cortejo/que ya se avecina, hacia la nueva creación./Comprendí que aquella vez descendió/para estar entre nosotros en Solentiname:/Su plan revolucionario lo había fraguado/con  Thomas Merton en el frío de Getsemaní./No el plan de una sola revolución, sino/el de la revolución permanente. La de la vida./Una revolución que de vida y no muerte:/La revolución que no traiciona./ Por eso cuando los esbirros del actual dictador/activaron sus armas contra el cortejo invencible/y se rasgaron las cortinas del Templo de Jerusalén/supe que cuantos estaban cayendo y han caído por la patria/resucitarían de entre los muertos para integrarse/a ese cortejo multitudinario. Porque ya es la Hora Cero/y el pueblo, nuestro pueblo indómito, estremecerá/el Universo mismo con su Marcha Triunfal.

III

Un planeta está de fiesta

En el hospital parecía un  ángel caído./Cuando llegamos a su cama lo vimos/como quien divisa una creatura cósmica en su Galaxia/encogiendo y estirando las piernas con dificultad/pero con determinación otra vez bajando de su cruz/y en su mirada la negación de la nada por el todo/pues conforme vencía lo que lo aprisionaba/un arisco pizote se aproximaba a la libertad./En sus ojos asomaba ya “un planeta que está de fiesta”:/Había recibido el mensaje del Papa Francisco/absolviéndolo de “censura canónica”/-Había sido  suspendido at divinis por otro Papa-/Y pensé que nunca en sus 35 años o más,/que nunca en su vida tuvo Ernesto Cardenal/algo malo por lo que ser absuelto o suspendido/algo que fuera tan grave pecado como decir/que  amar al prójimo es revolución/y que vivir  es una necesidad cósmica./Pero me alegré con la noticia de Francisco/que hasta su lecho le llevó el Nuncio/ y me alegré por Francisco y por Ernesto/pues todos nos merecíamos esa absolución./Sentí que la inteligencia es una necesidad de la vida/cuando vi el sentido de la existencia/de un hijo de las estrellas y en la profundidad de sus ojos/ adormecida su mirada de pleamar, no cabe duda/“un planeta está de fiesta”.

IV

Por fin llegamos

Infinito, a 95 años luz de cuando nació, es desde el 20 de enero de 2020, Ernesto Cardenal. Nunca podrá ser materia lo inmaterial. Como Ángel, el Pater, es un ángel nuestro desde Coronel, Pablo Antonio, hasta los poetas cumiches. Ernesto, aquí en su nave espacial en forma de cántico sigue su travesía cósmica. Un poeta y sacerdote predicándole teología a las estrellas. La Teología de los patriotas es vandálica, terrorista, y golpista, se sabe hoy en Nicaragua gracias a quienes nos oprimen.  Es una Teología de la Liberación. La teología de la rebelión ante injustos y tiranos. Teología de Luz y Sonido. Poco a poco las Galaxias quedan más limpias de lo que eran y de una pureza con color de vida eterna. La nave de Ernesto surge triunfal desde el gran hoyo negro hacia una claridad sin límites, una claridad colectiva, de todos. La claridad de todo lo claro colonizando la luz que jamás expira. Se oyen los claros clarines anunciando la llegada. Aquí están ya, hasta donde unidos llegaron y dieron, dimos, con las casas. La Casa. Exactamente aquí donde, donde Homero y Coronel dijeron: “Y por fin llegamos.”

Aquí, ángeles astronautas e indios americanos custodian al cura que ya de por sí es una custodia. Y concelebran con él el sacrificio máximo que proviene del amor a la humanidad. La Consagración. Y a la hora del abrazo de paz, se descubre el mundo interior de lo apacible. Se escucha un nuevo Himno de la Alegría, no sé si en la concha acústica del alma o en las conmovidas paredes de nuestra historia. Se enciende el Universo y las Galaxias pululan como luciérnagas, circundadas por planetas conocidos y desconocidos. Una voz dice en griego: Dedójmia t’elson. Entonces dimos con el lugar que buscábamos de alguna manera, dice Coronel. El lugar al que de alguna manera vamos. De modo que al llegar exclamamos: “Por fin llegamos”.

V

Vandálico y magnífico

Desde el Génesis hasta el Levítico se busca al campeón Olímpico, el del verbo profético, eclesiástico, que no beatífico, que se levanta contra el paso rítmico de la muerte: Apocalipsis tiránico que lleva a la masacre. Festival orgiástico. Busca mi yo frenético, a su contraparte, para repudiarlo en todas las plazas de la república; al cínico de espíritu epiléptico. Pero en él, en Ernesto, nuestro intento es encontrar lo sinfónico en su canto angélico que a la maldad infunde pánico. Lo busco y lo encuentro. Es un astronauta cibernético a la vez contemplativo y cósmico. Un artista monástico. Busco sus cantigas desde el sosegado Índico, el caribeño Atlántico hasta el indignado Pacífico. También en el Universo único. Lo busco y lo encuentro. Porque he logrado encontrar en un espejo acústico la imagen cósmica de este poeta místico. Es justo y polémico y político y como usted y yo golpista, terrorista y vandálico. Un hombre, sencillamente magnífico.

P.D. ODA, composición poética. Se puede dividir en estrofas. En este caso en cinco, debidamente subtituladas, y sus versos, cuando los tienen, separados con plecas, por razones de espacio en publicaciones no dedicadas a publicar este género lírico.

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