Opinion

El polo electoral de centroderecha

La alianza de CxL y ACJD es un bluff, un farolazo burdo. No han avanzado un ápice de 2018 a esta parte, ni organizativa ni políticamente

Es difícil de entender, para quien carece de formación política profesional, que la unidad no se define en abstracto, sino, que es parte de una acción política orientada por consideraciones estratégicas. De modo, que quienes carecen de pensamiento estratégico no harán más que enredarse en un ovillo con el término de unidad, apelando a criterios subjetivos, a intereses de la patria, que no logran definir en un programa político combativo.

La estrategia no surge caprichosamente, basada en deseos o en el gusto personal. Debe tener fundamento en la realidad, requiere un método de interpretación de la realidad política conflictiva, un método objetivo, científico. Todo lo que se construye, como en la ingeniería, requiere de previo un diseño técnico, profesional, factible. La unidad es una ilusión, un espejismo, un engaño de la percepción, si se origina por la necesidad apremiante de encontrar un oasis en el desierto. Toda unidad política se propone derrotar a un adversario, quien a su vez se propone adelantar una estrategia contraria. Lo esencial, entonces, es conocer la estrategia dictatorial. Y plantearse metas en un cronograma de tareas a ejecutar para vencer la estrategia del orteguismo, con el fin de adquirir la fuerza necesaria para ejecutar los cambios sociales en la sociedad.

Ortega, como mesías, es mil veces más débil políticamente que los Somozas, que se podían dar el lujo de intercalar estratégicamente a René Schick, en 1963, a Lorenzo Guerrero, en 1966,  y a la pata de gallina (de Agüero,  Roberto Martínez Lacayo, y Alfonso Lovo Cordero), en 1972. Éstos títeres cumplían la función de válvula alivio, para descargar fuera de la represa las crecidas del descontento popular. Con sólo que Ortega nombrara otro candidato desarticularía la crisis asociada a su persona. Pero, su primitivo modelo mesiánico absolutista le impide maniobrar estratégicamente y lo arrastra torpemente al desastre del fraude electoral. De ahí que esté entrampado por sus propias circunstancias, dando vueltas obsesivamente en su rueda como un hámster, a paso perezoso, a punto de colapsar.

Es indispensable definir quién guarda la iniciativa estratégica. Más aún, es necesario aclarar a que lado se inclina el balance estratégico actual. A quién favorece la coyuntura, y el escenario de los encuentros. Qué oportunidades hay, y cuáles amenazas. Cuál es la tendencia de evolución de la situación estratégica (determinada por los recursos logísticos, por los combatientes, por su experiencia combativa, por la capacidad de su dirección, por la disciplina y entrenamiento, por la tecnología y por la capacidad de información), y sobre todo por el carácter de la crisis, para la población, a corto y a largo plazo. Pero, fundamentalmente, considerando que la correlación de fuerzas se define por los encuentros, por los combates tácticos planificados estratégicamente, no por la negociación en frío o por métodos de lucha escogidos a voluntad.

En la unidad prevalecerá, sobre los cambios a realizar en la sociedad, la organización que cuente en el seno de las masas con la mejor dirección y la mayor capacidad combativa. ¡No hay nada más democrático! La política es una profesión, esencialmente estratégica, no un hobby para diletantes ambiciosos.

El quid del asunto consiste en que combatir efectivamente a la dictadura es algo mucho más amplio y coherente que simplemente estar en la jugada electoral. Los militantes se inscriben conscientemente en un partido político por sus principios, ya que éstos son los que determinan la línea política a adelantar válidamente en cada circunstancia. ¿Cuáles son los principios políticos de centroderecha de CxL? Como partido, simplemente cumple con los requisitos del Consejo Supremo Electoral orteguista.

Hay una coincidencia ideal de derecha entre la Alianza Cívica y CxL, que les facilita proclamar una alianza pre electoral en abstracto, sin que tal alianza sea políticamente real. Baste leer el comunicado conjunto con el cual anuncian los acuerdos alcanzados.

¿En qué consiste la novedad organizativa respecto al 2018?

En que fracasaron en formar una alianza amplia, porque se verían diluidas en un conglomerado de organizaciones de distinta ideología, al que se integrarían en paridad de condiciones. De modo, que optaron, en la recta final, por presentarse ambas como un polo de derecha. No es una alianza estratégica ni es una alianza táctica. ¿Cuál es el carácter de la alianza? No lo dicen. Parece ser que se definan como alianza pre electoral por lo que no han hecho. Es decir, porque aún no han definido candidatos ya que requieren antes que otras organizaciones desarticuladas se les sumen, sin capacidad de negociar nada trascendental, a las que darían raid en el vehículo electoral de centroderecha.

No han avanzado un ápice de 2018 a esta parte, ni organizativa ni políticamente. Esta alianza es un bluff, un farolazo burdo. Kitty Monterrey exageró el bluff, quiso aparentar con arrogancia una capacidad de atracción magnética que anulaba al resto de alternativas existentes. Y el bluff fracasó porque engañar con las apariencias requiere, en lugar de una actitud de perdonavidas, una sutil y experimentada cara de póker enigmática, sonriente. Además, se enemistaron a la ligera con los periodistas independientes. Es el peor comienzo del supuesto polo de atracción magnética.

¿Qué dice el documento de unidad del arrogante polo de centroderecha?

  1. “Reafirmar la necesidad de elecciones libres, justas y transparentes como única solución integral y duradera a la crisis política”.

¿Y si las elecciones no son libres? ¿No hay, entonces, solución posible, ni integral, ni duradera? Nadie, con un dedo de frente, ofrece una solución a partir de una realidad poco probable. Además, aunque las elecciones fuesen libres podrían concluir en una derrota para el polo de centroderecha, si no está mínimamente preparado para resolver conflictos.

  1. “Que todos exijamos al régimen que se aborden las reformas electorales planteadas por la OEA”.

¿Y si al régimen dictatorial, como corresponde a su naturaleza dictatorial, le vale melcocha lo que exijan los ciudadanos? Para un régimen absolutista es intrascendente que se lo exijan algunos o que se lo exijan todos.

  1. “Aunar esfuerzos para el cumplimiento de los Acuerdos del 27 y 29 de marzo de 2019 firmados por la Alianza Cívica”.

¿Es que tales acuerdos no se cumplen por falta de esfuerzos aunados? Unos acuerdos que no se cumplen significa que en tales acuerdos se carece de consecuencias por incumplimiento. Es decir, no se corresponden a una efectiva correlación de fuerzas. Aunar esfuerzos por que se cumplan los acuerdos es más tonto y difícil que luchar por las demandas combativas de la población.

Además, tales acuerdos, están llenos de vicios protocolarios claudicantes ante el orden policíaco orteguista, y no son representativos de las demandas democráticas de la población, porque fueron negociados unilateralmente por la Alianza Cívica a puertas cerradas en función de sus intereses, sin consultar a la nación. Nadie le dio, ni podía darle, a la Alianza Cívica un mandato de representación absoluta con semejante discrecionalidad antidemocrática. Esta actitud de negociación unilateral no es liberal, de centro, sino, de extrema derecha, propia del modelo COSEP que se integró por más de diez años al gobierno corporativo con la dictadura, de espaldas a los intereses de la nación.

La población ha puesto en claro que la Alianza Cívica nunca ha representado a la nación antidictatorial, como abusivamente se pretendió.

  1. “Que este año no sea un año de violencia”.

¿Es que otros años sí deben ser años de violencia? La violencia no se escoge a voluntad. Una dictadura policíaca augura únicamente violencia, tanto más cuanto sienta que pueda perder el poder.

  1. “Para lograr la instauración de un nuevo gobierno democrático mediante elecciones libres, es necesario constituir una alianza opositora amplia e incluyente que lidere y movilice a los nicaragüenses”.

Para lograr la instauración de un nuevo gobierno democrático es necesario sacar a Ortega del poder. Sin embargo, proponer sacarlo sólo mediante elecciones libres es una restricción irracional que limita la toma de decisiones a coyunturas electorales. Lo cual pasa a ser un problema insoluble, debido a la incertidumbre –fuera de nuestro control- que se introduce en la solución. Basta conocer mínimamente la teoría de toma de decisiones, en la que cada paso debe abrir las máximas posibilidades de ganancia. Constituir una alianza opositora amplia con fines electorales podría ser totalmente inútil si las elecciones no son libres (como todo indica).

  1. “Iniciar un trabajo conjunto para la construcción de la alianza opositora amplia e incluyente que una a ciudadanos, organizaciones y sectores alrededor de una propuesta de gobierno”.

La tontería más grande es que la alianza opositora amplia no se construiría para sacar a Ortega (aunque sea sólo por vía electoral, como se dijo antes), sino, para gobernar. Es como si se organiza a los trabajadores no para construir un puente (con un diseño eficiente y con recursos), sino, para sembrar trigo al otro lado del río infranqueable. Antes de gobernar, además de sacar a Ortega, habrá que transformar estructuralmente la sociedad.

Después de tres años de fracasos, este galimatías es lo que ha producido el polo unitario del llamado centroderecha.

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