Opinion

Las decisiones que definirán el futuro en Nicaragua

Un apoyo decidido del sector empresarial, sin cooptar a las organizaciones políticas, es necesario para la urgente transición a un sistema democrático

Nicaragua se encuentra en una encrucijada histórica y las decisiones que se tomen en los próximos tres meses, definirán el futuro de los próximos años.  La oposición tendrá que decidir si participa o no en las próximas elecciones y en caso decida participar, si lo hará en bloques separados o unidos en una gran alianza opositora. Los poderes fácticos por su parte, tendrán que decidir si adoptan una posición pasiva-o de complicidad- o si presionan de manera efectiva para que haya elecciones creíbles. De esas decisiones dependerá si Nicaragua se enrumba hacia una transición a la democracia o hacia una mayor conflictividad política y social.

La decisión de participar o no, en realidad debería ser simple. Como se ha señalado reiteradamente, ello dependería de que el gobierno cumpla o no con los requisitos mínimos ya señalados por la OEA, organización que decidirá en el mes de mayo, si considera que se crearon o no, las condiciones necesarias para elecciones legítimas. Evidentemente, que si no se crean las condiciones para elecciones creíbles, no tendría ningún sentido asistir a una farsa electoral. Ello no implica que la oposición no deba prepararse desde ahora a participar para el caso que, en  mayo, existan evidencias claras que la elección cumplirá con los estándares internacionales.  Es positivo que ya existan pre candidaturas presidenciales. Si se espera, no habría tiempo suficiente para poder elegir democráticamente a los candidatos a cargos públicos y para desarrollar una campaña electoral efectiva.

Promover desde ahora la abstención, no es conveniente. Favorece al régimen, aunque esa no es -ni mucho menos-la intención de quienes adoptan esa posición. También favorece al régimen, la posición de los que se inclinan a participar, aún sin condiciones adecuadas. Es muy probable que el gobierno hará en el último momento, algunas reformas cosméticas tanto para intentar neutralizar la presión internacional, como para que ello sirva de pretexto a los “opositores funcionales” quienes argumentarán, que en política “no deben dejarse los espacios vacíos”. Sin embargo, en ese escenario de reformas cosméticas, nadie podrá convencer a importantes sectores de la población de asistir a las mesas de votaciones. La abstención sería masiva.

Como es muy sabido, se requieren tres elementos indispensables para que la oposición logre un triunfo electoral. Primero. Lo que es de sobra evidente: que se creen las condiciones mínimas para elecciones legítimas. Ello a la brevedad posible, ya que después es muy tarde. El fraude electoral ya comenzó con la suspensión de facto de las garantías constitucionales. Segundo. Lo que también es de sobra evidente: que las principales fuerzas de la oposición-la Alianza Cívica y la Coalición Nacional´- se pongan de acuerdo y conformen una alianza electoral. Una oposición dividida no tiene ningún sentido. Favorecería al régimen, inclusive en mayor grado, que la posición de quienes han decidido -erróneamente- promover desde ahora, la abstención. Tercero. Un apoyo decidido del sector empresarial, es necesario para lograr la urgente transición a un sistema democrático.

El apoyo de los empresarios es necesario. Sin embargo, el gran capital no debe cometer el grave error de pretender controlar cooptando a las organizaciones políticas. Más que intentos infructuosos de que exista un sector dominante, un acuerdo entre la AC y la CN, aunado al apoyo decidido de los empresarios y de la comunidad internacional por elecciones legítimas, es la única posibilidad que existe de lograr, con los menores costos humanos y económicos, la transición a la democracia. Lo fundamental, es que la Coalición Nacional y la Alianza Cívica-se pongan de acuerdo y presenten un frente común para presionar por elecciones libres y transparentes. El tema del “vehículo electoral” no es el problema central. Si se logra la unidad opositora, su solución vendrá por añadidura.  El tiempo apremia.  Es responsabilidad, no sólo de los líderes de la oposición, sino también de los líderes empresariales, presionar para que ello se logre a la brevedad posible.

Alcanzar la democracia y construir un Estado de Derecho, conviene a todos: ciudadanía en general y a grandes, medianos y pequeños empresarios. En las condiciones actuales nadie dentro de la oposición, propugna por una alternativa socializante, ni objetivamente, existe esa opción. Todas las fuerzas de la oposición coinciden en que el objetivo, es construir una economía de mercado socialmente incluyente, en el marco de un sistema democrático. Ello facilitará el crecimiento económico basado en la libre empresa. La economía de mercado socialmente incluyente a construir, no excluye naturalmente, el papel del Estado en la provisión de salud, educación e infraestructura pública y en la promoción de la transformación estructural de la economía para crear empleos de calidad y resolver los graves problemas sociales y económicos que afligen a la población. Los diferentes programas de gobierno, elaborados por la oposición, coinciden en esos objetivos fundamentales.

Ni dictadura, ni socialismo estatizante, son las opciones para Nicaragua. Los temores ideológicos de algunos, de que la “izquierda “dentro de la oposición, propugne por  volver a las políticas estatizantes que Nicaragua implementó en los ochenta, no tiene ningún fundamento. El “socialismo real¨ que existió en la Europa del Este-y que apoyó y sostuvo al Sandinismo de los años ochenta-, se derrumbó desde hace décadas. Más recientemente la utopía del “Socialismo del Siglo XXI” evidenció su fracaso total en Venezuela. Como no existe objetivamente ninguna alternativa, ni ninguna posibilidad de que Nicaragua se enrumbe hacia un sistema socialista-a la cubana o venezolana-,hoy por hoy, como se señala reiteradamente, la lucha no es ideológica. Las opciones son: dictadura o democracia. Lo que se trata es de alcanzar la transición a un sistema democrático. Naturalmente que siempre habrá diferentes perspectivas y visiones-y es sano que así sea. La democracia es la manera civilizada de resolver los conflictos económicos y sociales que siempre existirán en toda sociedad. Lo que, si debe estar claro, es que las condiciones actuales, no son las de la década del ochenta, donde se pretendió sentar las bases para crear una economía socialista.

Recientemente el MRS cambió su nombre. La evolución hacia la social democracia, de partidos políticos que nacieron en el marco de un marxismo radical, no es nada inusual. El Partido Socialista Obrero Español, el Partido Socialista Francés o el Partido Socialista de Chile, son ejemplos de ello.  La corriente ideológica actual de lo que fue el MRS, es social demócrata y es compatible con la democracia y la economía de mercado. El ahora denominado Movimiento Democrático de Renovación (UNAMOS)- puede contribuir y de hecho está contribuyendo, a la construcción de la democracia. Naturalmente, que, en el corto plazo, la necesaria unidad contra la dictadura, debe de incluir un adecuado equilibrio entre las diferentes fuerzas opositores, sin que ninguna pretenda el predominio en la conducción del proceso de transición a la democracia. Ni los grandes empresarios, ni antiguos dirigentes del FSLN que se agruparon en el MRS, deberían de pretender cooptar a las organizaciones políticas. Nadie puede atribuirse la representación del  espíritu de abril, ni pretender representar a toda la oposición.  La unidad de todas las fuerzas opositoras, es condición indispensable-sine qua non- para alcanzar la transición a la democracia. La otra alternativa es apocalíptica.

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