Opinion

Nicaragua 2021: crecimiento sin prosperidad, o la democracia necesaria

El régimen que criminalizó el ejercicio de los derechos democráticos dictó leyes para no perder las elecciones, al impedir una elección competitiva

El 2021 será el cuarto año en que la prosperidad económica estará lejos del alcance de los nicaragüenses.  La caída de ingresos es bestial, cientos de miles de personas sin percibir ingreso, con la mayoría de los trabajadores percibiendo un mes menos de lo que ganaban en el 2019, y prácticamente diez meses menos de cómo estaban en el 2017.  El nivel de privación de bienes materiales, de servicios, entre los nicaragüenses es profundo.

Este 2021 en términos macroeconómicos el país registrará un crecimiento del 5%, el cual predominantemente se origina del sector externo.  Pero la recuperación no será posible. Los daños de las crisis diversas que afectan al país están dejando a su sociedad con un retraso de 10 años porque las pérdidas no son solo económicas, también afectan el capital humano por migración, y el tiempo-esfuerzo perdido frente a los avances que ocurren en el mundo.

La prioridad en Nicaragua está en trabajar con una estabilización y modernización económica que reoriente su sociedad hacia la inversión en todo el entorno del capital humano, profundizando la actividad de la fuerza laboral en la economía del conocimiento, economía digital, diversificándose de la actividad agrícola, aumentando el financiamiento.  Aunque para muchos el invertir en una economía bajo una dictadura es inaceptable, el bien común es la prosperidad económica y democrática de los nicaragüenses, y una acción no invalida la otra, especialmente cuando no están plenamente atadas.

La economía en 2020

El 2020 cierra con otro signo negativo, de al menos -6% en relación con el 2019.  El ingreso per cápita cierra con 5200 córdobas mensuales (500 menos que en el 2017); pero el ingreso real del 65% de los hogares cierra con 6,500 córdobas.  Esto no incluye el desempleo de más de 100,000 personas que perdieron su trabajo en 2020. Con esto no da para muchas cosas, para comer, pagar recibos, y mucho menos otras cosas como vestuario.

Los microempresarios formales e informales han sufrido mucho esta caída.  A los informales se les vino la pérdida de un mes entero de ingreso y ventas; para los formales, las ventas cayeron, no hubo nuevos pedidos, el consumo bajó en más de un 20% durante todo el año.

En 2020, por tercer año consecutivo, solo las remesas llegaron a crecer. Beneficiaron a más de 650,000 hogares o un poco mas de un tercio del país, manteniendo ingresos en momentos difíciles. El resto de la economía cayó aun más.  El turismo cayo 65% en relación con el 2019 y 80% en relación con el 2017; las exportaciones cayeron 5% sin capacidad de generar empleo en medio de las restricciones sanitarias.

¿Qué pasará en la economía en el 2021?

Este 2021 habrá crecimiento comparado con el 2020, de un 5%. Es decir, Nicaragua seguirá a como estaban las cosas en el 2019. Este incremento de la economía ocurrirá predominantemente en el sector externo con una mejora en las exportaciones y continuidad en las entradas de remesas. El turismo tendrá una recuperación módica, asumiendo que el Gobierno de Nicaragua flexibilice a partir de abril las entradas al país, y las fronteras terrestres aperturen sus funciones. Este crecimiento es básico o primordial para la economía, pero insuficiente para sacar al país de la crisis económica.

Los hogares seguirán en la misma lucha de conseguir ingreso y trabajo, o de aumentar sus ventas. Sin embargo, dado que el sector más afectado por la crisis del 2020 es el sector informal, -el cual perdió más de un mes de ingreso-, y este sector no tiene acceso al sistema financiero, será muy difícil que pueda financiarse módicamente dinero extra para satisfacer cualquier demanda que pueda existir.  A lo sumo podrán aumentar su capacidad de compra en 5%, para suplir ventas y generar renta que les dé un ingreso. Sin embargo, el régimen no tiene contemplados políticas de reactivación económica.

Los cabos sueltos en medio del crecimiento

En medio de este modesto cambio económico, de tinta roja a negra en las cuentas nacionales, hay ciertas consideraciones que ponderar. Primero, la confianza en la economía para el sistema financiero es baja, lo cual pone en duda que los bancos aumenten su cartera crediticia, pero al menos puedan garantizar préstamos básicos para poder responder a la demanda de exportación alimentaria.

Lo que está en duda es si se podrá brindar financiamiento al empresariado nacional en el sector turístico.  La industria turística cayó, los hoteles transnacionales recortaron empleo al 80% o más en algunos casos.  Pero los microempresarios del turismo han sido aún más afectados y una entrada de 500,000 turistas al país (40% del 2018) necesitará de una mejora en la infraestructura e inversión para el servicio que solo podrá ser cubierta con préstamos del sector bancario.  El financiamiento será crucial para la economía a partir de junio 2021.

Segundo, la administración de una vacuna, con las previsiones necesarias con efectos importantes para la segunda mitad del 2021 garantizarán mayor estabilidad económica. La ausencia de vacunación, la continuidad de permitir la llamada inmunización de rebaño (lo cual no es real pero que Bayardo Arce reconoció que fue la política del Estado), no permitirán que el país se reposicione internacionalmente, que los microempresarios puedan aumentar su inversión y acceder a crédito.  La gran posibilidad de corrupción en el manejo de una vacuna no es un buen aliciente.

Tercero, el déficit fiscal del país ha crecido y asciende a $500 millones en el 2020, con un endeudamiento adicional en el 2021, la mayoría del dinero cuyo propósito no se ha hecho transparente. El préstamo con el FMI no es transparente y contrasta con las obligaciones adquiridas.  La confiscación de facto e ilegal de las propiedades de Confidencial y 100% Noticias, que fueron trasladadas al Ministerio de Salud, viola la obligación contractual de ese préstamo. Este endeudamiento requerirá de cumplir con obligaciones que redireccionarán el gasto de otras actividades de reactivación económica, incluyendo los subsidios.

Cuarto, el período electoral en medio de un régimen que criminalizó el ejercicio de los derechos democráticos (coartación de la libertad de expresión, de la participación política, de la organización social, del derecho a la protesta, entre otros) es un tiempo en el que el gobierno se ha organizado políticamente para no permitir perder estas elecciones, antes de ir a elecciones. El modesto crecimiento económico que ocurra se lo adjudicarán como propio.

Quinto, la cooperación internacional se enfrenta con un riesgo moral inmenso, si facilitar o no apoyo internacional para la reducción del covid-19 e incentivar la economía en un contexto dictatorial.  Tanto Estados Unidos, la Unión Europea, y otros actores importantes en la comunidad internacional quieren ofrecer apoyo a Nicaragua, pero en un contexto diferente, de reformas políticas necesarias para una elección transparente y justa. Sin embargo, el gobierno nicaragüense aun no da señales de entablar una flexibilización mínima de reformas o liberalización de la política.

Sexto, la corrupción económica puede que se extienda en el 2021. Los cambios en las tarifas de electricidad se usarán como excusa de campaña electoral, aunque relativamente hablando el gobierno generará mas ingresos y no los hará transparentes.  El traspaso de acciones del estado al aumentar a más de 90% el control propietario del Estado de las empresas Disnorte y Dissur son señales de abuso de autoridad y posible corrupción.  Esta utilización de rentas y liquidez del estado sin transparencia son fondos que no lleguen a beneficiar la economía del país.

¿Qué necesita Nicaragua para su recuperación económica?

El 2021 es un año clave para meter al país en una transición económica y política que lo saque del pantano en el que se encuentra. En Nicaragua hay que lograr dos democracias necesarias, la política y la de la prosperidad económica. En lo económico es importante introducir estrategias de estabilización y modernización económica de par en par.

La estabilización a lo mínimo requiere del aumento del financiamiento al sector privado en sectores claves y tradicionales, de aumentar la confianza internacional que hay un control efectivo sobre la pandemia y que la población está siendo protegida, y de crear incentivos para reducir la carga tributaria en el corto plazo, sin corrupción.

Paralela y simultáneamente, es importante ir mas allá de una estabilidad mínima, sino también de aumentar la riqueza mediante el empleo e inversión en modernización del capital humano.  El reto del futuro de Nicaragua no es el crecimiento económico, sino el fortalecimiento del capital humano frente a la competitividad global.

Esto significa apostarle al eje laboral, aumentando el empleo y significativamente la empleabilidad de la mano de obra con mejores calificaciones, capacidades a través de programas de mejora de las destrezas y competencias de la fuerza laboral nicaragüense.

Es fundamentalmente importante reducir el tamaño de la economía informal del país que se estima que es más del 70% de la fuerza laboral, y del 80% del sector empresarial.  La formalización no es lineal, ni tiene una guía de ruta unidimensional, sino que es parte de un lienzo de oportunidades de modernización con financiamiento, introducción de herramientas para la economía digital a las microempresas, promoviendo incentivos fiscales, y generando nuevos mercados como el de la economía del conocimiento.

Nicaragua necesita una democratización tanto política como económica. La presencia de una economía informal, de una economía de enclave en agricultura no genera riqueza para todos, más bien desigualdad y pobreza. El bien común depende sobremanera en cómo los lideres asuman seriamente los retos del cambio económico del país.

* Director, Centro para la Migracion y Estabilización Económica y Fellow del Dialogo Inter-Americano

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